Cómo empezar a escribir un texto

En nuestra vida y en nuestra profesión, sea la que sea, siempre habrá un momento en que tendremos que redactar.

 

Redactar es dar orden y coherencia mediante la escritura a aquello que decimos o pensamos. Por lo tanto, escribir es poner en el papel lo que pensamos o decimos, pero además, escribir es reflexionar.

 

Generalmente, cuando nos ponemos a escribir un texto no literario, lo hacemos por un motivo y con un objetivo.

 

El proceso de escribir se inicia en el mismo momento en que comenzamos a pensar qué escribiremos, es decir, cuando nos aparece la idea en la mente, porque al empezar a pensar sobre qué queremos comunicar, nos hacemos una imagen mental de qué deseamos decir, a quién y por qué. Todo esto lo hacemos de manera inconsciente, pero es ser consciente de ello lo que nos ayudará a escribir mejor.

 

Redactar consiste en comprimir o expandir las ideas que tenemos. Seguir los pasos apropiados nos facilitará que logremos o no un buen escrito. La búsqueda de datos, tomar notas, hacer esquemas de trabajo y de desarrollo del texto, etc. son partes importantes de la obra final. El hecho de que no formen parte del texto final no quiere decir que tengan menos importancia.

 

Lo primero que tenemos que tener en cuenta cuando queremos redactar son estas tres cosas: qué papel hace quien escribe, a quién se escribe y qué efecto ha de tener el escrito sobre la persona a quien va dirigido.

 

Por lo tanto, es necesario tener muy claro el motivo para escribir, igual que la finalidad. Si empezamos a escribir sin saber por qué lo hacemos es muy posible que sólo estemos poniendo ideas sobre el papel, pero que estas no sigan ningún esquema concreto, ninguna lógica. Por esto, quien redacta un texto tiene que recordar que se encuentra en una situación comunicativa. Se ocupa de un tema y tiene la intención de provocar un efecto en quien lea aquello que ha escrito. El autor ha de intentar ver claramente qué es lo que quiere conseguir con su escrito, cuál es su finalidad.

 

Pero el punto de vista de quien escribe y sus objetivos no son más que un aspecto de la cuestión. El otro punto importante es el destinatario. Importa conseguir el efecto deseado mediante la consideración del punto de vista y la actitud del destinatario. Este es quien nos marcará qué diremos y cómo lo diremos. No es lo mismo escribir para alguien que ya sabe de qué va el tema sobre el que estoy redactando que escribir a alguien que no tiene ni idea de que le hablo: en este caso no podemos olvidar información que en el primero si que obviaríamos porque el lector ya está familiarizado con el tema.

 

Por lo tanto, antes de escribir debemos tener en cuenta también las expectativas y las aspiraciones del lector. Una vez que nos pongamos a redactar el texto, es bueno detenerse cada cierto tiempo a pensar en las dudas que le podrían surgir en la lectura para volver atrás si hace falta y corregir la redacción. Hay que recordar que escribimos para otros y estos otros no saben todo lo que nosotros conocemos del tema que estamos tratando. Por eso, un buen escritor ha de tener la empatía suficiente como para ser capaz de ponerse en la piel de sus lectores antes y durante la escritura.

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