Propuesta 10 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-10Escribid hoy una historia con no más de 500 palabras cuyo tema sea “La soledad que provoca una muerte inesperada”.
 

Por si alguien necesita recordar qué es el tema de una narración, podéis repasarlo pulsando AQUÍ.

 

Para contar el número de palabras de vuestro texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de palabras en línea como estos:

 


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Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

taller de 12 a 16

TALLER LITERARIO
para jóvenes
de 12 a 16 años

presencial en MADRID
Este taller ayuda a los escritores jóvenes a encontrar su estilo personal, a evitar los bloqueos y a sacar el máximo partido de su creatividad para llegar a escribir con corrección.
Sábados
de 12,30 a 13,45
Zona Retiro
Grupos reducidos

 

 

 

  8 comentarios en “Propuesta 10 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    14 Septiembre, 2016 at 04:29

    Vestido de luto, doy el primer paso para entrar en la casa. La madera cruje y de ella surge un eco sordo que corre a estamparse en las paredes. La nada está quieta, guarda silencio, me observa. Avanzo hasta el centro de la sala y de inmediato la nostalgia salta sobre mi y me sofoca. Tan sólo ayer reíamos despreocupadamente justo aquí, frente a la chimenea. Tan sólo ayer sus manos me rompieron en cosquillas, su boca respiró sobre mi oreja, su cuerpo dejó caer todo su peso sobre este sillón de cuero. Tan sólo ayer. Hoy no hay humo de cigarro, no está ese aroma de cognac. No. Hoy estoy solamente yo en este espacio tan carente de sentido. Los hombros me pesan como si la vida misma me estuviera pisando fuertemente. Pero no, la vida no me ha pisado: me destazó. Quise acostarme a su lado, dentro del féretro. Cerrar los ojos, guardar todas las miradas, dar por terminadas las caricias y también toda lágrima. Quedar ahí bajo la tierra, donde no haya dolor ni soledad… Pero no morí, yo no morí. Estoy aquí siendo el río del llanto humano. Lloro todos los dolores del mundo, todas las injusticias, cada batalla y una a una de las muertes… Eterna muerte que no tiene fin. No hay como saciarla. Me quedo aquí, rodeado por el silencio, asfixiado por la ausencia, comprimido por el eco sordo que de mis pisadas me devuelve la vida. Me duele respirar. Me duele vivir. Él ya no está aquí. Nunca más su risa, nunca más su voz. Jamás otro abrazo, jamás su mirada sobre mi. Soy el sinsentido de sobrevivir.

    • Narradora de Cuentos
      16 Septiembre, 2016 at 19:14

      Poderosa ausencia … Evocador

  2. 15 Septiembre, 2016 at 22:40

    No sé si habrá un lugar después de la muerte, ni si ocurre como en las películas, esas en las que los difuntos regresan en forma de fantasma y merodean por nuestra casa e intentan decirnos cosas que no nos dijeron en vida, pero nosotros no podemos escucharles.

    Ana, sabes que no creo en la otra vida, pero si por casualidad estás ahí escúchame, ya que yo no puedo oírte.
    No voy a preguntarte por qué te tomaste ese bote de pastillas. No voy a llamarte idiota. Sé que nunca fuiste feliz y acepto que hayas tomado la decisión de irte. Pero es horrible. No sabes lo que es encontrar a tu hermana muerta sobre la cama, un día, porque sí.

    Últimamente, cuando venía a verte y me quedaba a dormir contigo algo me decía que te estabas despidiendo. Hasta me calentaste una sopa y me tapaste con una manta cuando me dormí en el sofá.

    Ahora estoy aquí, en tu piso, dos días después de tu funeral, recogiendo las pocas cosas que pienso tirar, las demás las dejaré aquí, así me da la impresión de que nunca te fuiste. Mamá no tiene fuerzas para venir, no la culpes.

    En tu nota de despedida, nos dices que nunca deseaste estar en este mundo, que nunca te gustó tu vida, ni quién fuiste, ni la imagen que veías en el espejo. A mí, en concreto, me pedías perdón porque nunca te habías portado bien conmigo, que siguiera siendo fuerte, no como tú, decías.

    Ana, nunca pude cambiar tu vida, ni tus pensamientos destructivos, sobre todo lo que más lamento es no haber podido ayudarte, me fue imposible, eras un caso perdido. Pero hay algo que sí que puedo hacer, y es decirte que si alguna vez te portaste mal ya no me acuerdo y aunque me acordara, te comprendería.

    Lo que recuerdo, era cuando nos escapábamos de casa de la abuela e íbamos al parking del hipermercado, jugábamos con los carritos de la compra como si fueran coches de choque, me engañabas diciendo que los niños que iban en los carros con sus madres eran comprados. También recuerdo cuando murió nuestro gato, le enterramos en pleno bosque, lloramos como si se fuera a acabar el mundo… y los domingos juntas, siempre cocinabas tú, lasaña, me encantaba, luego poníamos alguna película de las tuyas, normalmente muy aburridas y tomábamos café, pero no recuerdo lo malo, ni lo haré.

    Voy a mantener tu casa intacta, así siempre que entre sentiré tu presencia. Me sentaré en la mesa de tu despacho, luego en el sofá, después iré a la cocina y al patio, haré como que te sigo, aunque ya no estés aquí.

    A pesar de todo, debo decirte adiós, Ana. Contigo se va una parte de mi, pero esta es tu casa, siempre lo será, yo vendré puntualmente a visitarte, por si alguna vez quieres volver.

  3. Narradora de Cuentos
    16 Septiembre, 2016 at 19:10

    En la abarrotada estación, una mujer corre por el andén de forma incierta sorteando a la gente. Sus ojos incrédulos, teñidos por el dolor, la ansiedad que refleja su rostro , los movimientos mecánicos, la sudoración de sus manos , su frente perlada, su labio tembloroso . Todo en esa mujer es desasosiego y tristeza …
    Con el corazón a punto de estallar, se deja caer en el solitario compartimento , la estancia respira el mismo vacío que anida en un cuerpo, que ya no reconoce como propio. Ayer salía hecha pedazos, tras el inenarrable momento , enfrentando sola la dificultad de reconocer tu cadaver en el instituto anatómico forense …
    Su mente como mecanismo de defese negaba a creerlo , no procesaba la información , se preguntaba así misma , donde había ido a parar su maravillosa sonrisa, su pícara mirada, no podían quedar borradas y tragadas por aquella mueca grotesca de dolor, que pétrea quedó mirandola , adhiriéndose e mpregnandole la retina y la piel . Por mucho que las pruebas atestiguaran lo contrario, ella seguía diciéndose angustiada que no podía ser él…
    La negación, el estado de ansiedad , la imposibilidad de iniciar el duelo, al no asimilar aquel cuerpo carbonizado como el suyo , hace que huya , huya despavorida con destino a la ensoñaciön , decidiendo quedarse con aquel amor arrebatado a destiempo , aprisionándolo en su mente y dejándolo que siga ” viviendo ” en ella y al que durante el trayecto está dispuesta a seguir amando cueste lo que cueste , aunque para ello tenga que construirle un mundo paralelo que solo habite en su transtornada cabeza …
    Así hablándole de las entretelas de sus sentimientos , pretende compartir veladamente por última vez unos breves instantes en los que se sintió bien aquella tarde . Riese en un inciso , en una tregua firmada por ella misma, abiertamente de sus pequeñas locuras y sabiéndose de nuevo en esa comunicación con él no verbal, le acierta a decir ;
    Esta noche tu sombra reposaba sobre mi almohada, desvelada hasta bien entrada la madrugada, finalmente Morfeo me ha acunado en sus brazos hasta el mediodía. Dispuesta a liberarme del sopor de la noche, he dejado correr el agua por mi entumecido cuerpo, he salido del baño y descalza he corrido al piso de arriba y dejado que sonara la Traviata de Verdi. La escalera ante mis ojos, cuando obedeciendo a un impulso, he bajado los peldaños uno a uno, como si de una grácil bailarina me tratara. La casa estaba en penumbra, al llegar al piso de abajo, he cerrado los ojos, dejándome llevar por la sugerente música, tímida al principio consciente de mi desnudez. Poco a poco, la magia de la melodía y la intimidad de mi casa, propiciaba el milagro… La conciencia de mi misma, se ha volatilizado con la sugerente música y mi mente ha volado contigo… Sentí que tus ojos veían, todo lo que estaba sucediendo en mi interior. Eludían mi desnudez física y solo se hacían eco, de mi desnudez anímica, que girando en derredor, emanaba sentirme bien conmigo misma …

    La mente traicionera, le devuelve cruel, la imagen de aquel rostro irreconocible, al que violentamente le arrebataron los sueños. Desencajada , rompe a llorar , el dolor habita por completo el solitario compartimento …

  4. Sandra Carrion Estay
    4 Octubre, 2016 at 03:10

    Yo tenìa 25 años cuando tuve mi primera guagua. La esperè con el ansia e impaciencia del primer hijo. Desde su primera bocanada de aire, la quise con todas mis fuerzas; aunque traìa la fragilidad reflejada en su rostro y me prometì a mi misma, que el tiempo que estuviera conmigo serìa el mejor posible. Era Down, y eso significaba que morirìa antes que yo. Me esmerè en protegerla y entregarle todo lo que tenìa a mi alcance, para satisfacer hasta el màs minimo detalle. Tenìa claro que su vida serìa màs corta que la mìa, razòn por la cual, no hice planes futuros con ella. Le costaba aprender todo, por tanto, con mucha paciencia, tolerancia y mucho amor nunca le exigì nada, todo lo que debìa de aprender, llevaba su propio ritmo y mi vida giraba en torno a ella,… pero dentro de la inocencia propia de los niños, me pidiò un hermanito y como yo accedìa a cumplir todas sus demandas, al cumplir ella los 6 años, me volvì a embarazar. Naciò otra hija, completamente normal, sin ningùn tipo de problema. Mi vida diò un vuelco, sin disminuir las aprensiones, ni las inquietudes por mi hija mayor. Con el paso del tiempo comencè a pensar en el futuro, el futuro de esta hija. Disfrutè la graduaciòn de enseñanza media de mi hija menor. Sus pololeos: me presagiaron nietos, quizàs matrimonio, una hija profesional, trabajadora, en fin.
    Mi hija mayor cumplirìa 31 años, de estar viva, pero hace tres años que muriò. Desarrollo una deficiencia cardiaca, propia de su condiciòn Down, que me la quitò, de un dìa para otro. El vacìo que sentì en la casa, la ausencia de sus cariños torpes, la falta de sus preguntas evidentes, fue algo que sabìa que pasarìa, pero nunca me preparè, y tal vez esto provocò que me refugiara en la hija que me quedaba y la agobiaba, la ahogaba, pero ella comprendìa mis sentimientos y soportaba la situaciòn.
    Hoy se cumple una semana de la muerte de mi hija menor. Su enfermedad fue ràpida y fulminante, como su partida. Aùn no me acostumbro a la ausencia de una y debo habituarme a la falta de la otra. Jamàs imaginè esta soledad, estoy devatada; esta casa me hace añorar màs la falta de mis hijas y no quiero continuar viviendo, no le encuentro sentido, estoy sola y desolada.

    • NegHro
      21 Abril, 2017 at 18:56

      Quizá la muerte más dolorosa y desoladora. ¿Como vivir con la ausencia de los hijos?

  5. 4 Octubre, 2016 at 09:44

    A la mayoría de nosotros, que Carmina se retirara a su casa aquejada de no supimos que enfermedad, hizo que no le diéramos una importancia excesiva. Pero, sí que la tenía. Así que, cuando al día siguiente sonó mi teléfono, no me podía imaginar cual iba a ser la noticia.
    —Hola. ¿Quién llama?
    —Isidro soy yo, Manuel.
    —¿Qué ha ocurrido? Te noto la voz muy seca.
    —Verás, … tengo que darte una mala noticia —Su voz quebrada iba y venía—Carmina… ha muerto.
    De repente noté como si el suelo desaparecía bajo mis pies. De mis ojos comenzaron a brotar lágrimas de dolor y el corazón encogido no me permitía respirar.
    Tuve que sentarme y sin acabar de hablar con Isidro, colgué. A partir de aquel momento, estuve vagando por la casa como un fantasma. No me atrevía ni a mirar por la ventana, por si alguien me podía ver en aquel estado.
    No daba crédito a lo que Isidro me había comunicado, ni podía dejar de dar vueltas a su imagen y a los recuerdos de la vida compartida.
    Del día después pocas cosas recuerdo, puesto que no estaba seguro de estar viviendo aquella situación. Sí, que ver su cuerpo en el ataúd, me confirmó lo ocurrido. Fue tal el esfuerzo que tuve que hacer, que a punto estuve del desmayo. Suerte de los amigos que me sujetaron e hicieron salir de la habitación.
    El día del entierro amaneció la ciudad bajo una lluvia torrencial. Sin embargo, aquellas gotas de agua al caer sobre mí, no me hicieron reaccionar. Mi mente estaba nublada y andaba como un espantajo. Y así me debió ver Isidro, que me obligó a refugiarme en casa.
    Pero aquello no era la solución. A oscuras en la habitación me repetía una y otra vez, como iba a soportar su ausencia. Según los más optimistas, a medida que transcurriesen los días iría mejorando mi estado de ánimo. Pero no era eso lo que yo quería.
    Deseaba marchar por el mismo camino que ella y poder volver a sentirla junto a mí. Sin embargo, la realidad se imponía. Carmina había muerto y yo aun viviendo, me sentía más cerca del mundo a donde ella había ido. Recuerdo las muchas noches que desperté a causa de la humedad en la almohada. Mi llanto, a pesar de estar dormido, no cesaba.
    La vida continuó y yo cada día me sentía más sólo. Añoraba su voz, su risa, hasta sus momentos de enfado…Todo me la recordaba, pero ella ya no estaba.
    Hubo momentos en los que creí enloquecer y fue llegado a este punto, que tomé la determinación de vivir su ausencia de otra manera.
    Ella no querría que yo enfermara, así que decidí que debía salir al mundo, para hablar de ella con la gente. Sería una forma de que Carmina volviera de alguna manera, a vivir conmigo de nuevo. Eso sí, siempre me faltarían sus besos y caricias. Pero la verdad es que no se puede tener todo.

  6. NegHro
    21 Abril, 2017 at 18:53

    La cama responde al frío de la noche, llamándome, invitándome a fundirme en sus sábanas que, muy a mi pesar, no me abrigan. Acurruco las frazadas a mi cuerpo, y en posición fetal dibujo un capullo que me gustaría fuera impenetrable. La lluvia y las bajas temperaturas, pareja casi inseparable que nunca he disfrutado, hoy día presentan batalla, hoy me vencen evocando recuerdos y en ellos puedo sentir su ternura, su figura casi fusionándose con la mía y sus brazos que rodean mi cintura y me brindan protección.
    Así el frío desaparece, así la lluvia invoca un nuevo canto, así me giro para acariciar su piel en una cama lejana de su cuerpo y una noche gélida que me grita su ausencia. La soledad es infinita y sin poder dormir, mi mano vacía acaricia su espacio intacto y aterido.

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