Propuesta 103 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

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Imagen para la propuesta 103
propuesta de escritura creativa

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El libro de mis buenos momentos

EL LIBRO DE MIS BUENOS MOMENTOS
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Un libro para escribir
más de quinientas situaciones que te ayudarán
a recordar los mejores momentos de tu vida.
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Este libro es una herramienta para capturar con palabras nuestros buenos momentos contando las sensaciones que nos hacen vivir y los detalles necesarios para evitar que caigan en el olvido.
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Contempla unas quinientas situaciones que todos hemos vivido o viviremos, con varias preguntas para cada una de ellas cuyas respuestas nos permitirán captar y disfrutar con más intensidad esos instantes irremplazables.
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libros para escribir y luego leer

  2 comments for “Propuesta 103 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Narradora de Cuentos
    4 enero, 2017 at 18:12

    Como venía haciendo desde siempre después del colegio, Toño se entretuvo en el antiguo Puente de Piedra, desde el que se tenía, una estupenda panorámica de la comarca al fondo, y en primer plano de las vías del trazado de RENFE. Allí el chaval esperaba a diario ver pasar el tren, en un acto rutinario lleno de emociones, que hacían al chico ilusionarse e imaginar, otra vida fuera del entorno previsible familiar, que tan poco le motivaba a sus escasos quince años.
    Distraído lanzando unos cantos de piedra, con el punto de mira puesto en una lata oxidada, diana perfecta para sus juegos de adolescente, siguió centrado en su afán de dar en el objetivo , sin advertir que el ” Alvia”, hacia ya su aparición estelar a toda velocidad… Solo el ruido de las vías le alertaron de su inminente presencia, alzó raudo la mirada y avistó dibujarse la entrañable silueta. La imagen, alertó su instinto, su entrada a una velocidad inusual le sorprendió las pupilas, quedando dilatadas por el miedo, presagiando el fatal desenlace.
    Inmóvil, aterrado e impotente, presenció cómo al tomar la curva «A Grandeira» en Angrois, a 3 kms de la estación de Santiago de Compostela, el tren, terriblemente descarrilaba.
    La estampa era dantesca, las dos cabezas tractoras, los dos furgones diésel y los ocho coches, del tren “Alvia” se habían salido completamente de la vía.
    Aquel accidente pareció estallar dentro de su alma, y convertirlo de un día para otro en adulto, consciente de la tenue línea que separa la vida de la muerte.
    Curiosamente, tras años alimentando sus sueños, transportándolos lejos a través del trazado de las vías, que en su ensoñación, lo unían a un mundo sugestivo y variopinto, aquel tren había truncado y hecho pedazos, las vidas y los sueños de los que en breve se supo, habían sido sus víctimas, casi un centenar de personas.
    El alma de Toño maduró de golpe, sin pestañear se lanzó por la ladera, alcanzó el primer vagón de pasajeros y como un autómata, con el corazón encogido y la mirada fría, se encaramó entre los hierros torcidos y diligente, ayudó a cuantas personas encontró a su paso.
    Aquella triste jornada, dejaría una cicatriz para siempre en su alma, cimentando su posterior vocación en el SAMUR.

  2. Sandra Carrion Estay
    7 enero, 2017 at 08:28

    Esta imagen me provoca recuerdos de mi infancia, una infancia feliz, libre de todo tipo de prejuicios.
    Viajamos de Santiago a Iquique, en el tren Longitudinal Norte, que unìa el centro con la zona norte del paìs. Al tren lo llamaron “Longino”, y lo que yo recuerdo es que el viaje durò como 4 o 5 dìas. Los asientos eran de madera y por tanto duros. Mi madre nos preparaba sàndwichs con palta y atùn y llevaba un termo con tè, que reponìa no sè donde… Nos preparaba una especie de cama en el suelo del vagòn, bajo los asientos con chalones o mantas que portaba con ese fin. No recuerdo el mal olor del baño, pero sè que olìa mal y supongo que esa era una de las razones por la que el tren, paraba largo rato, tal vez un par de horas, para abastecerse de agua. Y en estas paradas subìan vendedores con todo tipo de comestibles y golosinas y fue en uno de esos lugares que casi se queda abajo del tren mi papà: porque fuimos todos en ese viaje: mamà, papà y 5 cabros chicos. El paisaje lo tengo gravado en mi memorìa, la mitad del camino, veìas cerros, cultivos, puentes, tùneles… Los tùneles eran nuestros preferidos, nos preparàbamos para enfrentar el tùnel, mi padre nos avisaba cuando se acercaba uno y era todo un festejo, aunque èste durara un minuto. Tambièn recuerdo que vi muchas animitas a lo largo de todo el trayecto, y pensaba como alguien podìa vivir y ademàs morir en el desierto, tan sòlo, tan abandonado, tan feo para mis 7 u 8 años. El desierto era un terreno rojiso a veces, cafè en otras, sin ningùn vestigio de vida, con un calor en el dìa que parecìa que estabas en un horno encendido y un frìo en la noche que te entumecìa, y era tan largo, horas y horas por ese paraje inhòspito, no terminaba nunca.
    Ahora no hay tren al norte, vas en bus o en aviòn o en tu automòvil, muy còmodo y en unas pocas horas, no entablas ningùn tipo de relaciòn con tu vecino de viaje. ¿Serà el precio del avance moderno?

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