Propuesta 11 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-11En esta propuesta vamos a utilizar la técnica de “los objetos fuera de lugar”.

 

Primero tenéis que anotar seis cosas que suelen encontrarse en un hospital.

 

Después escribid una historia de máximo 500 palabras en la que aparezcan todos esos objetos, pero debéis hacer que la historia no esté ambientada en un hospital, ni siquiera cerca de él.

 

No olvidéis enviar las seis cosas que hayáis escogido junto a vuestro escrito.

 
Recordad que para contar las palabras de un texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de palabras en línea como estos:

 


Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

 

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

El libro de mi creatividad literaria

EL LIBRO DE MI CREATIVIDAD LITERARIA
*
Un libro con más
de cien propuestas
para desarrollar tu creatividad
escribiendo historias.

 

Completar las más de cien propuestas de redacción de El libro de mi creatividad literaria ayuda a aumentar nuestra capacidad de invención y guía paso a paso para aprender a escribir historias originales y coherentes.

 

 

  5 comentarios en “Propuesta 11 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    15 Septiembre, 2016 at 05:13

    1) Suero
    2) jeringa
    3) camilla
    4) marcapasos
    5) estetoscopio
    6) gasa estéril

    Regresé a casa totalmente extenuado.. El viaje en coche fue agotador. Y tal vez no lo fuera el viaje en sí mismo, sino la travesía en un coche carente de aire acondicionado. ¡Tantos días por caminos que serpenteaban entre la Sierra y los poblados! Con la ventanilla abierta y el aire entrando a ramales aspiraba yo el aroma de esos lares. Me bebía completas las imágenes que ante mi trancurrían, desde un árbol seco, hasta un río que surgía y manaba en medio de la nada. Hubo también por ahí un gato montés que acaparó mi mirada, una mujer que llevaba a cuestas tantos años como alcatraces en el rebozo; un marcapasos, un jeep averiado; una casa en llamas. Con el lente de la cámara enfoqué el rostro de ese niño que tan tristemente lloraba. Sus lágrimas dejaban surcos blancos entre la tierra-mugre de su cara. Enfoqué también el suero y la cerveza, el aguardiente y el maguey con sus gusanos.
    Hermosa fue también la imagen que capturé de esa niña tan pequeña llevando a las espaldas a un bebé que casi en tamaño la alcanzaba. En un rincón atrapé la figura de un par de guaraches al lado de una jeringa, y más allá una botella de refresco de esas que aún llevan corcholata. Tantas imágenes reuní para la revista, pero también para mi alma. Especialmente me tocó el espíritu la expresión de ese anciano postrado en su camilla a los pies de la virgen del pueblo rodeada de Ramos florales e imágenes de milagros, de esas que la gente humilde solía mandar pintar con el lema de su experiencia. Ya en casa me dispuse a mandar el archivo con las imágenes elegidas. Abrí mi mochila, saqué el estetoscopio y mi lap top. Me serví un café, me preparé una botana, aventé las botas bajo la cama, y me senté a trabajar ante el escritorio. Las horas se sucedieron lentas, tan lentas como las cuentas que lleva el marcapasos. Envié el archivo, bebí el café, guardé la gasa estéril, me lavé los dientes y me tumbé en la cama para soñar con un viaje a través de un camino que por la Sierra serpenteaba.

  2. Narradora de Cuentos
    18 Septiembre, 2016 at 22:46

    -Mascarilla quirurgica
    -Éter
    -Espéculo
    -Cánula de inseminación
    -Aguja quirúrgica oftalmológica
    -Gasa esterilizada

    El capitán Serra, con más de 20 años en la Benemérita, repasaba una y otra vez aquella mañana, todo lo concerniente a la desaparición de una menor y dos jóvenes sevillanas, posteriormente halladas muertas, en las inmediaciones del Río Guadaíra. No cejó hasta encontrar el nexo que vinculaba a las víctimas. Las dos jóvenes cursaban la carrera de medicina, destacando por sus brillantes calificaciones y la madre de la pequeña, había superado recientemente el meritorio MIR en traumatología …
    Su trayectoria sin tacha, le había granjeado la confianza y respeto de sus superiores y la admiración del resto de los compañeros de la Casa Cuartel.

    Con ayuda de la policía científica, pudo establecer la relación entre la muerte de la pequeña y el hallazgo de una mascarilla quirúrgica con restos de éter, en la que encontraron un folículo piloso del que se extrajo ADN de un hombre de raza caucásica.
    Poco tardó en asociar los asesinatos con un mismo modus operandi, un macabro juego previo, al que el asesino sometía a sus víctimas.
    La primera joven yacía de espaldas desnuda, con las piernas abiertas, aunque en un primer momento no se encontraron restos biológicos y se descartó el abuso sexual, horas más tarde, tras rastrear escrupulosamente la zona, se encontró entre el cañaveral del Guadaíra, un espéculo y una cánula de inseminación, con muestra biológica, que coincidió en un 98 % con el perfil genético de ADN del folículo piloso, analizado en el caso de la menor.

    Por enésima vez Serra repaso al detalle el conjunto de pruebas de la tercera víctima y mirando de nuevo las fotos, volvió a encogérsele el estómago, al ver el globo ocular de la joven, atravesado por una aguja quirurgica oftalmológica, del que pendía restos de gasa esterilizada ensangrentada.

    Miro el reloj nervioso, esperaba que el asesino, dando nuevas muestras de incompetencia, hubiera estampado esta vez su firma, en la colilla encontrada a escasos metros de la última joven.

    Laura Vega, responsable de la unidad de micro biología, marcó el teléfono móvil del capitán y concluyó, dando veracidad a la certeza de Serra, que la misma persona había estado presente en los tres escenarios del crimen…

    La completa satisfacción surco el fatigado rostro de Serra, tan solo dos días después. Los últimos y novedosos cruces de perfiles de ADN, con los que contaba la policía criminalista, habían desenmascarado al asesino. Un frustrado ex alumno de medicina, que no llegó a obtener su licenciatura y que se hacía pasar por profesor de anatomía de las jóvenes, cuando no ostentaba titulación alguna. Ya casi una década antes, se le relacionó con el caso de una joven aparecida muerta en el laboratorio de la Universidad de Medicina de Salamanca, quedando libre por falta de pruebas concluyentes.

    Serra, respiro hondo, el logro de conseguir que el peso de la justicia cayera en el asesino, tenía siempre un sabor agridulce, nunca aliviaba la desazón que se instalaba en su alma recordando a las víctimas …

  3. 21 Septiembre, 2016 at 21:56

    1)Cloroformo.
    2)Sangre.
    3)Gasas.
    4)Bisturí.
    5)Tijeras quirúrgicas.
    6)Guantes de látex.

    Me han preguntado algunas veces a qué sabe la carne humana, la textura es parecida a la del cerdo lechal. Dicen que somos lo que comemos y nos alimentamos bien, así que es de esperar que nos deshagamos en bocas ajenas. Mientras pueda ser en la mía, mejor.
    Personalmente prefiero las piezas femeninas, el hombre es fibroso, duro, a menos que esté gordo y no me divierte pelearme con lorzas grasientas. Para mí, el ritual de comerme un cuerpo es muy parecido al de tener sexo. Mejor.
    Muchas veces estoy esperando en la estación de trenes y miro las piernas de las mujeres, cuanto más rellenitas son por la parte de arriba, más me gustan. Justamente eso a lo que llaman cartucheras, esa es parte es mi preferida ¿Ha probado el filete de Kobe? Pues el corte es prácticamente igual a la vista. La parte de las costillas también me encanta. Los pechos no se pueden comer, están repletos de glándulas redondeadas y estropean la pieza. A veces si son lo suficientemente grandes pueden aprovecharse, pero no es lo habitual.
    Cuando miro a una mujer apetecible, me encierro en el cuarto de baño y me masturbo, pensando en sus muslos y sus costillas, en comérmelos. Toda la vida he soñado con eso y sigo persiguiendo mis sueños.
    No me pregunte por el proceso porque no le voy a contar nada nuevo, supongo que habrá visto ya suficientes películas. Cuando veo unas caderas lo suficientemente rollizas para estar sabrosas, compruebo que la chica esté sola, entonces cuando se despista, cojo un objeto personal suyo, el bolso, por ejemplo, y lo cambio de sitio. Cuando lo advierte, se asusta y empieza a buscarlo por toda la estación, como un pollo sin cabeza, ahí es cuando yo me ofrezco a ayudarla. Normalmente no tengo problemas, soy alto, fuerte y rápido con el cloroformo y las gasas.
    Si a la chica le falta un punto de engorde, la mantengo encerrada hasta que coge peso. Si se niega a comer, la obligo, así por lo menos sale bueno el foie. Lo demás ya sabe, es bastante sencillo, guantes de látex, más cloroformo, bisturí y corte en la carótida, luego la coloco boca abajo en la bañera hasta que se desangra por completo. Después tranquilamente, con la ayuda de las tijeras quirúrgicas extraigo lo más delicado, el resto del despiece lo termino el garaje, echo mano de la motosierra, con la música bien alta para que no me escuchen los vecinos. Finalmente hago paquetitos y congelo la carne para cuando me apetece o me sobrevienen pensamientos sexuales. Me masturbo y me la como.
    ¿Qué le parece? Pues eso que tiene en el plato ahora mismo es carrillera humana ¿A que está deliciosa? ¿Y esa cara tan larga? Ande, no se preocupe, siga cenando que no me pone usted nada en absoluto. Si le he contado esta historia es porque confío en usted, sé que es una persona discreta. Al menos por la cuenta que le trae.

  4. 4 Octubre, 2016 at 11:43

    Camillas, camas, gasas, pastillas, batas, jeringas.

    El sonido incesante de las sirenas de los bomberos, alertaron y sacaron de sus camas a la mayor parte de los vecinos del barrio de “La salud”. Asustados, de inmediato se asomaron a las ventanas, con la intención de averiguar que pasaba.
    Enseguida descubrieron la nube de humo procedente de uno de los edificios colindantes y con el miedo en el cuerpo, se vistieron lo más rápidamente posible por si era necesario que tuvieran que abandonar sus casas.
    Las luces de las ambulancias y coches de extinción, iluminaban la calle dando un aspecto siniestro al lugar. Las camillas pronto estuvieron preparadas, para asistir a los primeros necesitados de atención.
    Elvira, una de las auxiliares de una de las ambulancias, preparó los elementos necesarios para hacer las primeras curas: algodón, gasas, jeringuillas…
    En una pequeña percha había colgadas diferentes batas, para el supuesto caso de que las ropas de los lesionado fuera necesario sacárselas.
    Sin embargo, la cosa no fue para tanto. Pasados los primeros instantes de alarma, los bomberos se hicieron con el fuego que quedó controlado en una hora. Sólo hubo que lamentar dos quemados leves del piso donde se inició el mismo y varios ataques de ansiedad entre los vecinos. Éstos últimos sólo precisaron de una pastilla, para calmar su nerviosismo. A medida que el fuego quedaba controlado, los bomberos salvo un retén, fueron abandonando el lugar. Las luces de los equipos de extinción y ambulancias fueron regresando a sus lugares de origen. La calle recuperó la normalidad de una noche cualquiera.

  5. Sandra Carrion Estay
    19 Noviembre, 2016 at 03:05

    Sangre
    Medicamentos
    Jeringas
    Microbios
    Algodón
    Guantes
    Vamos en el auto camino a Los Vilos, allà nos esperan nuestros amigos.
    Lucas fue al mèdico, pues llevaba varios dìas, talvez un par de semanas, sintiendo algunos sìntomas que ya eran un poco desagradables. Este mèdico, luego de pedirle que se realizara varios exàmenes de sangre, concluyò: presenta un cuadro virulento; un microbio contagioso, no mortal, que podrìa mostrar una mayor agresividad, si no mantiene la siguiente pauta que èl le darà a seguir por dos semanas. Esta pauta consiste en: alejarse de lugares muy concurridos por gente, (èl es profesor, por lo tanto siempre està rodeado de gente, incluso en nuestra casa) mantener una dieta abundante en lìquidos y rica en vegetales; lo que es un poco incòmodo para Lucas, pues tiene constantes nàuseas al sòlo oler cualquier comestible, ya sea lìquido o sòlido. Tomar los medicamentos prescritos en el horario y en la forma señalada, no fumar, no beber bajo ninguna circunstancia alcohol y evitar cualquier situaciòn que le pueda provocar fatiga, ya que esto originarìa un estado propicio para que el germen evolucione y se aloje en un organo que hasta ahora no ha sido invadido en el cuerpo de Lucas. Por lo tanto, la que conduce el automòvil soy yo, pero no sè si esto evitarà que se estrese: èl es un tanto machista en este aspecto; opina que las mujeres no conducen bien y que los accidentes automovilisticos son de responsabilidad de ellas.
    Nuestros amigos nos esperaban sin importarles el posible contagio y a la media hora de haber llegado, vino la enfermera que con algodòn, guantes y jeringa en mano le puso la primera dosis de medicamentos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*