Propuesta 14 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-14En esta ocasión debéis escribir una historia de no más de dos mil caracteres que comience con el siguiente párrafo:

 

Había una vez dos pobres leñadores que regresaban, camino de su casa, por medio de un gran pinar. Era invierno, y hacía una noche crudísima. Una espesa capa de nieve cubría la tierra y las ramas de los árboles. La helada hacía chasquear al paso de ellos los vástagos tiernos que bordeaban el sendero; y al llegar al torrente de la montaña, lo vieron suspendido, inmóvil en el aire…

(Oscar Wilde)

Recordad que para contar los caracteres de un texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de caracteres en línea como estos:

 

 

 


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  4 comments for “Propuesta 14 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    19 septiembre, 2016 at 04:17

    Había una vez dos pobres leñadores que regresaban, camino de su casa, por medio de un gran pinar. Era invierno, y hacía una noche crudísima. Una espesa capa de nieve cubría la tierra y las ramas de los árboles. La helada hacía chasquear al paso de ellos los vástagos tiernos que bordeaban el sendero; y al llegar al torrente de la montaña, lo vieron suspendido, inmóvil en el aire… Al desamparo colgaba balanceándose sin cesar. Los pobres leñadores se detuvieron estupefactos: nada de esto esperaban encontrar. Tal fue su conmosión, que olvidaron el titiritar de sus cuerpos, la urgencia de calor y descanso. En ambos resonaba la misma pregunta: ¿Qué hacer con ésto? Horrorizados, se miraron. -Ni idea- se respondieron a sí mismos en silencio. Nada en la vida los había preparado para este momento. El miedo que les invadía, les paralizó pensamientos y respiración. Temían moverse, pues cualquier movimiento supondría romper de tajo el silencio. Temblaban, y en los temblores sostenían la mirada. Ululaba el viento, gruñía, se burlaba de ellos. Les alborotaba el gorro, la bufanda. Uno de los leñadores, sin darse cuenta aflojó el puño en su mano, y de ella cayó sobre la nieve el hacha. Tomados en desprevenida, ambos saltaron un paso hacia atrás. Al ver que no era otra cosa sino su hacha, respiraron aliviados. El leñador más bajo jaló de la manga al otro, dirigiéndolo hacia el camino que libraba la vereda. -¡Vámonos! ¡Esto no es para nosotros!- -!Detente! Si la vida nos ha puesto este delante, será porque debemos afrontarlo. Algún aprendizaje habrá.- -¡Si de esto piensas prender algo, hazlo! Yo de aquí me voy.- y diciendo esto, el leñador más bajo pegó carrera por el libramiento de la vereda. Su compañero, paralizado, observó la espalda de su amigo alejarse rápidamente, entonces, un sentimiento de profundo abandono repletó su ser. Giró hacia lo alto de la montaña y volvió a fijar su mirada en el movimiento que seguía dibujando al aire eso que era inconsebible encontrar suspendido por aquellos lares. Armándose de valor, paso a paso se fue acercando hasta llegar justo debejo. Se paro de puntas y estiró el brazo. Algo lo impulsaba a tocarlo. Con un gran esfuerzo, logró rozarlo, pero no pudo asirlo. -Me quedaré contigo, velaré por tí-. Su subió el cuello del abrigo para protegerse del ventarrón, se enredó la bufanda tapando la nariz. Sentado, se recargó en un árbol, se metió aún más bajo el gorro, bajó la cabeza, cerró los ojos, y se dispuso a orar. En su oración lo sostenía entre sus manos, le bañaba de luz, cuidaba de él. De pronto, se sintió uno con el viento, extensión de la montaña, blancura en la nieve. Arremetió las horas de la noche con la majestuosidad de la compasión que a raudales brotaba en su alma. Danzó con los vientos, cantó con los árboles, se iluminó de frente a las estrellas. Habló de tú a tú con la Luna, y finalmente, durmió el sueño profundo de quien ama. Al despuntar la mañana, un grupo de hombres, precedido y advertido por el leñador bajo, se aproximó por la vereda. Al llegar al torrente de la montaña, lo vieron suspendido e inmóvil. El cuerpo del leñador alto se mecía al ritmo que le dictaba el viento. La montaña fue testigo.

  2. Narradora de Cuentos
    30 septiembre, 2016 at 23:08

    Había una vez dos pobres leñadores que regresaban camino de su casa,
    por medio de un gran pinar. Era invierno y hacía una noche crudísima. Una espesa capa de nieve cubría la tierra y la ramas de los árboles. La helada hacía chasquear al lado de ellos los vástagos tiernos que rodeaban el sendero; y al llegar al torrente de la montaña, lo vieron suspendido, inmóvil en en el aire… Las bajas temperaturas lo habían congelado, configurándole un sorprendente y mágico aspecto, que inmediatamente traslado al leñador
    más joven, al escenario ideal, para ambientar un cuento de género fantástico…Gerald desde bien pequeño, había sorprendido con una mente prodigiosa, capaz de recrear las más fascinantes historias, en las que seres mitológicos, vivían entre las brumas de unos bosques, con los más variopintos escondrijos. Lugares recónditos, donde sus personajes cobraban vida propia … Hadas aladas de bellas facciones., inmensos dragones de vidriosos ojos, inocentes unicornios blancos, gnomos de mirada despierta
    y pícara, abominables seres de alma pérfida…
    Incrédulo, aminoró el paso. Incapaz de discernir la realidad del sueño , le pareció vislumbrar entre las graciosas formas de hielo, el inmaculado rostro de una joven, que sonriendo le atraía con la mirada… Quedó expectante esperando que de aquella basta y fria Naturaleza, surgieran nuevas y primorosas criaturas. El hielo persistía en recrear delante de sus ojos, la
    más inverosímil de las historias, se imaginó así mismo posando los labios
    en el frío hielo, el ardor con que la miraba, hubiera sido suficiente, para derretir de un plumazo aquel inhóspito paisaje. Se preguntó entonces ensimismado, si con esa acción conseguiría liberar de aquella “fría prisión” “, a su bella Odalisca…

    La ventisca le sorprendió en el rostro, desdibujando al instante todo halo de ensoñación …

  3. Sandra Carrion Estay
    22 noviembre, 2016 at 06:01

    Habìa una vez dos pobres leñadores que regresaban, camino de su casa, por medio de un gran pinar. Era invierno, y hacìa una noche crudìsima. Una espesa capa de nieve cubrìa la tierra y las ramas de los àrboles. La helada hacìa chasquear al paso de ellos los vàstagos tiernos que bordeaban el sendero; y al llegar al torrente de la montaña, lo vieron suspendido, inmòvil en el aire… El ave rapaz parecìa esperarlos, seguirlos. No alcanzaron a cruzar el descampado antes que el ave; por norma general estas aves, muy grandes y fuertes, no cazan de noche, pero este invierno ha sido despiadado con todos los seres vivientes de esta comarca, y aunque ellas no matan a sus presas, los leñadores saben de hambre y temen por sus vidas. Su instinto los persuade, y aunque pasando la planicie sòlo les resta un par de horas para llegar al poblado donde estaràn a salvo; tienen la certeza de que no fueron vìctimas de esa gigantesca ave cuando aun alumbraba el dìa, porque los protegìan los enormes pinos, que aunque cubiertos de nieve les sirviò de escudo. Ahora deben resolver que hacer para pasar la noche sin congelarse y sin prender una fogata que propiciarìa el ataque de este animal, que està tan desesperado por el hambre, como ellos atormentados por el frìo. Son leñadores jovenes y no escucharon los consejos de los viejos, que les hablaron de este animal, pero no les creyeron, hasta esta noche.

  4. NegHro
    13 julio, 2017 at 21:38

    Había una vez dos pobres leñadores que regresaban, camino de su casa, por medio de un gran pinar. Era invierno, y hacía una noche crudísima. Una espesa capa de nieve cubría la tierra y las ramas de los árboles. La helada hacía chasquear al paso de ellos los vástagos tiernos que bordeaban el sendero; y al llegar al torrente de la montaña, lo vieron suspendido, inmóvil en el aire… en posición vertical con su cabeza perpendicular a su cuerpo, como mirando hacia el cielo, la boca completamente abierta, más de lo humanamente posible. Claramente inconsciente. El leñador más joven ha quedado mudo, experimentando una mezcla de terror, sorpresa e incredulidad. Su compañero no mueve un solo músculo. Habían tenido una jornada durísima debido principalmente a los vientos y las bajas temperaturas, condiciones típicas en esta época del año y fáciles de sortear al contar los dos con una vasta experiencia obtenida tras largos años de trabajo y sacrificio. Demasiado brutal, sin embargo, para su compañero inexperto que no fue capaz de resistir los golpes de la naturaleza, así que lo dejaron volverse antes, se encontrarían en la cabaña, tendría todo listo para cuando ellos regresaran pero nadie puede prever una situación como esta. El mayor es el primero en reconocer al compañero flotante e intenta acercarse pero es detenido por el leñador más joven que apenas puede resistir el pánico, su mirada fija en la escena sin poder esgrimir palabra alguna. Una lágrima intencional y solitaria resbala por su mejilla. Su colega lo observa pudiendo hacer nada para ayudarlo cuando nota que sus labios se separan y su mandíbula comienza a temblar. Se vuelve y se da cuenta que el tercer leñador, aquel atrapado por fuerzas flotantes e invisibles comienza su ascensión al firmamento, lentamente en primera instancia y casi fugaz al final, camuflándose en la oscuridad de un cielo de pocas estrellas. Un grito ensordecedor y aterrorizado escapa desde lo profundo del joven, como si su estatismo y lágrima liberaran toda la tensión contenida, que no es poca, y en una acción involuntaria, corre despavorido en cualquier dirección, no sabe lo que hace, mente ciega, ojos nublados y en su invidencia no logra esquivar aquel tronco macizo que se interpone en su camino. El golpe fue certero. Cae inconsciente.
    Sólo, en la oscuridad y silencio del bosque, el último personaje lamenta lo sucedido. Nada ocurrió como lo había planeado, pues no había previsto ninguna situación que involucrara la reacción de su compañero. Se culpa por aquello mientras se acerca al cuerpo tendido para asirlo desde la pierna izquierda y arrastrarlo hasta el mismo exacto punto donde habían encontrado al leñador ahora desparecido. Sujetando al cuerpo con la fuerza de su brazo izquierdo, levanta la otra mano extendiendo su dedo índice hacia el cielo y automáticamente comienza la ascensión de ambos de manera similar a la anterior, lentamente en primera instancia y casi fugaz al final, dejando a su paso solo sus instrumentos de trabajo y las huellas marcadas en la nieve. A lo lejos una lechuza emite un sonido ululante, pero ya no hay nadie en el bosque que pueda escucharlo.

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