Propuesta 152 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller de creatividad literaria-152Escribid una historia de no más de 2.500 caracteres que se desarrolle dentro de la casa en la que vivís en este momento.

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Recordad que para contar los caracteres de un texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de caracteres en línea como estos:

 

 

 


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 . © El libro de mi creatividad literaria. Ediciones Obelisco

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El libro de nuestro amor

EL LIBRO DE  NUESTRO AMOR

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Un libro
para escribir
en pareja
y conocerse mejor.
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 Ya que no se puede amar de verdad lo que no se conoce, completar entre dos El libro de nuestro amor ayuda a fortalecer los lazos que unen a cualquier pareja.
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En sus páginas se proponen cientos de preguntas formuladas de modo que el libro puede ser escrito por cualquier pareja que se ame, independientemente de su edad, sexo o conocimientos.
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libros para escribir y luego leer

  3 comments for “Propuesta 152 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Olalla Alonso Álvarez
    14 enero, 2018 at 20:32

    ¿Tú crees que pueden vernos?
    Miguel, ¿no piensas que si nos hubieran visto ya habrían salido corriendo?
    Pues tienes razón – dijo Miguel.

    Ser un par de fantasmas en la casa de sus hijos quizás no era lo mejor del mundo, pero era mejor que estar en el más allá sin saber qué sería de ellos. Así que prefirieron quedarse con sus seres queridos en vida, pero sin atormentarlos; ése no era su estilo. Suso era el padre de Jesús y Miguel era el padre de María. Vivían en un confortable piso cerca del centro de la ciudad. A Suso y a Miguel les gustaba ver cómo Jesús ponía la lavadora y después tendía la ropa en la terraza cubierta y acristalada que daba a la cocina. Aprendían un montón de cocina cuando María hacía sus suculentas comidas. Ya fuese hacer un quiche o coliflor, Suso y Miguel siempre estaban dispuestos a aprender algo nuevo, total, tenían toda la eternidad por delante.

    Pero lo que más les entretenía era ver lo que hacía Lalla, su nieta. Siempre iba de un lado a otro de la casa buscando cosas que hacer: pintar, jugar con las muñecas, con los Playmobil, con sus animales de juguete, con coches, etc. Lalla no había conocido a sus abuelos, vivía ajena al dolor que sentían sus padres cada vez que iban a visitar a sus respectivas madres. Suso y Miguel se enternecían cuando veían a sus hijos llorar por las noches en su habitación, que estaba justo enfrente del cuarto de Lalla, la cual siempre se dormía temprano abrazada a un peluche regalado por sus abuelas. Ella era la razón por la que habían decidido quedarse y no irse al más allá, para velar por ella y protegerla. Ahora, Lalla es mayor de edad y en ocasiones siente una presencia que la protege y que no la deja sola.

    • Olalla Alonso Álvarez
      14 enero, 2018 at 20:35

      Las tres primeras oraciones llevaban guiones al principio para indicar que eran un diálogo.

  2. Naddia
    15 enero, 2018 at 13:00

    La casa en que vivo es el lugar del mundo donde quiero estar. Nadie de mi familia había tenido pisos en propiedad. Mis padres, mis tíos y mis abuelos vivieron siempre de alquiler y a mí me parecía una manera correcta de vivir. Cierto que nunca tienes nada tuyo, pero si quieres marcharte, nada te ata. Yo pensaba así hasta que me casé por primera vez. Mi mujer venía de una familia con pisos y casas en propiedad y vivir de alquiler le parecía una pobreza.
    Entonces empezó mi relación con la hipoteca apiñando dinero como una hormiguita hasta que finalmente se acabó el suplicio y pudimos decir que la casa era nuestra. Pero para entonces mi mujer ya no me quería y hubo que repartir, así que volví a mi época de hormiga.
    No me siento mal en mi casa. A veces pienso que aguantaría todo el invierno sin salir. Me gustaría una habitación más que hiciera de taller para pintura o manualidades, pero todo no es posible, así que aprovecho las habitaciones de mi hogar para hacer y deshacer mis ocurrencias. A veces tengo que salir, pero mi cuerpo se resiste. Tengo poca tolerancia al frío. Las paredes de mi casa son blancas y aunque recuerdo cada momento de su compra, tengo la sensación de haber estado en ella toda la vida. Aquí tengo la ventana desde la que pinto, desde la que veo a todos los vecinos, los transeúntes, los que van y vienen. Por la mañana van unos y por la tarde otros. No son siempre los mismos. Me gusta seguir sus itinerarios y cuando no conozco sus nombres, los invento o les pongo apodo por alguna de sus características. Cuando me canso de mirarlos o si tengo frío, me meto para adentro y pinto un rato: un bodegón con ratas de la bodega de un barco. Llevo años pintando ese bodegón y no lo acabo nunca. La rata se me ocurrió meterla un domingo por la tarde. Recuerdo que me aburría como todos los domingos. Mi mujer ya me había abandonado y yo comía las latas que traía del supermercado como un perro. Mi mujer sabía cocinar, pero me dijo que no me aguantaba. Que la vida conmigo era tediosa, que no le gustaba pasar los días mirando por la ventana, que desde que estaba conmigo, su única diversión era ir a la compra y que ya no soportaba las paredes siempre blancas. Todo eso me dijo. Y yo me callé porque la quería. Nunca me volví a a casar, pero la llamo mi primera mujer porque estoy seguro de que un día veré por la ventana a una mujer maravillosa que me reconocerá y sabrá que ésta es su casa.

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