Propuesta 175 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller de creatividad literaria-175Dejad volar un rato vuestra imaginación contemplando la imagen que tenéis más abajo. 

 

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Escribid después un texto de no más de 2.000 caracteres basado en esa imagen y lo que os haya provocado.  

 

Podéis utilizar el género literario que os resulte más atractivo: poesía, narración, ensayo…

 

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Imagen para la propuesta 175

propuestas de escritura

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El libro de mis buenos momentos

EL LIBRO DE MIS BUENOS MOMENTOS
*
Un libro para escribir
más de quinientas situaciones que te ayudarán
a recordar los mejores momentos de tu vida.
*
 Este libro es una herramienta para capturar con palabras nuestros buenos momentos contando las sensaciones que nos hacen vivir y los detalles necesarios para evitar que caigan en el olvido.
*
Contempla unas quinientas situaciones que todos hemos vivido o viviremos, con varias preguntas para cada una de ellas cuyas respuestas nos permitirán captar y disfrutar con más intensidad esos instantes irremplazables.
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libros para escribir y luego leer

  12 comments for “Propuesta 175 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Sandra Carrion Estay
    7 marzo, 2017 at 00:00

    Emilia, tiene solo 3 añitos de edad, y es muy, pero muy inquieta y ràpida. Es un pequeño torbellino. Saliò unos dìas a la playa; con sus papàs y los abuelos de la mamà. Llegaron a la casa de veraneo de la abuela de la mamà, una casa amplia, grande y con mucho terreno vacio, donde crece la maleza, los bichos y los topos.
    Luego de almorzar, partieron a la playa los cinco. Le presentaron el mar a la niña, que no lo conocìa, pensando que el ruido y las olas la iban a asustar. Tomò la mano del papà y entrò al agua, pero ràpidamente soltò la mano del papà y en un dos por tres, fue arrastrada por el mar, provocando la angustia de èl al ver que su hijita era botada y arrastrada por el agua. De manera veloz fue al rescate de Emilia y la levantò de un tiròn del agua y èsta con sus cachetes inflados, escupiò el agua que tenìa en sus mejillas, tosiò un poco y le dijo al papà “¡Me ahoguè papà!”… vamos a buscar a la mamà para saltar en el aguita.
    Dìas despuès, mientras las mujeres adultas cocinaban y los hombres desmalezaban el frente de la casa; partiò a investigar, sola, corriendo para que no la pillaran, la parte de atràs de la casa, cosa que le pidieron no hacer y le dijeron, para asustarla, ¡Que los topos mordìan a las niñas chicas como ella! y en la noche ¡Vienen a tomarse tu leche!, asì que era mejor que no la viesen. A pesar del susto, Emilia querìa conocer a los topos y se encontrò con uno. Conversò con el topo, èste le contò que estaba buscando otro lugar donde vivir, pues la relaciòn con los humanos no era buena. Emilia no sabìa que ella y sus padres eran humanos, creyò que los abuelos eran los humanos a los que se referìa el topo, pero se dio cuenta que al aparecer su padre, el topo desapareciò. Cada dìa que le fue posible ir a la madriguera del topo, a escondidas de los adultos, fue. Le llevò leche, su leche, al topo, que èl agradecia mucho, pero no tomaba porque no era parte de su dieta alimenticia.
    Cuando tenìan que regresar, llorò mucho, tanto, que su madre se alarmò y quiso llevarla al mèdico, y mientras encontraba el nùmero telefònico, dejò a la niña en brazos de su padre y a èste le contò de su amigo topo y todo lo que hablaron, y que se quedarìa solo y ¡Quièn le llevarà leche! y volviò a apenarse con mucho ìmpetu. Entonces su padre la llevò a la madriguera del topo, la bajò y èl se alejò un poco, para que Emilia se despidiera sola del topo, pero el topo no apareciò, ya se habìa cambiado de lugar.
    La mamà ya habìa encontrado mèdico, y tendrìan que llevarla en un par de horas, pero Emilia volvìa a reir, correr y saltar como siempre.

    • Agustin Gutierrez C.
      11 mayo, 2017 at 09:22

      Muy atractiva esta narración. Felicidades.
      Gran talento e imaginación. Me gusto mucho.

      AGC

      • Sandra Carriòn Estay
        5 junio, 2017 at 03:35

        Gracias Agustìn, acabo de leer tu comentario.

    • NegHro
      11 agosto, 2017 at 06:07

      Se aprecian algunas redundancias en la primera parte de relato.
      Creo que el tema principal de tu escrito, es Emilia y el topo, y al tener estos ejercicios, microcuentos como resultado, considero que la historia de la playa se pierde.

  2. Narradora de Cuentos
    12 marzo, 2017 at 23:32

    Lulú vive suspendida en la gozosa niñez, ajena a ninguna otra realidad que no tenga que ver con su fantasía desbordada. Es una niña despierta, dispuesta siempre a regalar su desparpajo, pizpireta y risueña . La alegría que siempre la acompaña, tiene mucho que ver con la armonía de su familia, arropada de la complicidad con sus tres hermanas mayores.
    Desde que recuerda, divertida, Lulú juega siempre en el patio de su casa, que al igual que el de la canción, es particular y cuando llueve se moja como los demás …
    La comba, las gomas y ” el Calderón ” * la sumen en precipitados saltos, que con pericia a diario, hacen las delicias de una muchachita intrépida y revoltosa como Lulú, que solo vuelve al mundo real, cuando el estómago le reclama con urgencia, la suculenta merendola que le prepara mamá…
    Corriendo, felices sus trenzas llegan antes que ella al regazo de mamá, que amorosa la estrecha sin necesidad de motivo.
    Se deja abrazar mimosa por un breve instante, para salir de nuevo al encuentro de sus amigas, corriendo con un apetitoso bocadillo de chorizo entre las manos y regalándole a mamá una sonrisa vivaracha llena de gratitud.
    En su precipitada carrera por juntarse con el resto de niñas, esquiva con garbo, a su vecina Dña. Pauli, que primorosa extiende la colada de ropa blanca inmaculada.
    Lulü, no desaprovecha ocasión, para zambullirse de bruces en su mundo mágico y por un momento se imagina divertida, suspendida en volandas sujeta por cico pinzas, de la misma cuerda donde Dña Pauli orea al viento sus sabanas.
    _Lulü , venga, merienda rápido, te esperamos !!! _ le dicen ufanas sus amigas, rescatándola de su efímero ” vuelo ” …

    • Sandra Carrion Estay
      18 marzo, 2017 at 11:16

      Me encantan tus cuentos. Echè de menos tus escritos, como los de Azul Bernal.
      ¿Dime?… ¿Las propuestas se suspendieron?… No recibì màs.

      • 22 marzo, 2017 at 23:07

        Hola Sandra,

        No creo que se hayan suspendido las propuestas por que si mal no recuerdo, al principio se dijo que habría 365.

        Saludos.

  3. Cesar Augusto Miranda Arredondo
    20 marzo, 2017 at 03:40

    Sueño de lavandería
    Tuve un sueño muy extraño, soñé que era otra vez niño y era aquella época de mi vida en la que aún no teníamos lavadora, mi mamá solía lavar la ropa a mano; y estábamos en uno de esos días soleados en que lavaba bastante ropa, la ropa de todos, yo le ayudaba un poco como podía, mi mamá también solía cocinar al mismo tiempo que lavar, era muy hábil ella, lograba terminar ambas labores justo para las doce del día.
    En mi sueño había abundante ropa de muchos colores, ropa que no recuerdo haber visto antes, había tinas enormes que tampoco los había visto antes y abundante agua. En una de las tinas lavaba la ropa, en otras dos las enjuagaba. De pronto mi mamá me preguntó dónde estaba mi hermana menor, lo cual me extraño, pues yo era muy niño en el sueño y mi hermana nació cuando yo era ya grande, ¿cómo es entonces que ella estaba ahí? La llamaba una y otra vez pero no contestaba, yo no la llamaba pero si buscaba alrededor y no la encontraba tampoco.
    De pronto escuche su voz y unas risas que eran de ella,- ¿Dónde estás?- Preguntaba mi mamá – ¡Aquí estoy!- respondía ella, pero no la encontrábamos; cuando de pronto cayó en una de las tinas de enjuague, entendimos entonces que estaba en el balcón del segundo piso, mi mamá pronto la sacó pues estaba toda mojada, tenía en sus manos un pequeño osito de peluche que también se mojó.
    -Y ahora ya no tienes más ropa- dijo mi mamá. Y tubo la loca idea de que la ropa se secara sin quitársela a mi hermana colgándola en el tendedero a mi hermana con la ropa puesta. Y me dijo que traiga unos ganchos y empezó a suspender a mi hermana de la ropa húmeda en el tendedero, tenía una blusita blanca con un pantalón corto de tela; mi hermana solo sonreía, como si todo aquello se tratase de un juego, también el osito de peluche fue tendido junto a ella. Así es como vi en mi sueño a mi hermanita colgando de un tendedero como si fuera una más de las ropas lavadas

  4. Tania
    11 abril, 2017 at 18:14

    Un día de verano

    Recuerdo que ese verano llegó con mucho calor, mucho más del acostumbrado en mi pequeño pueblo sureño. Desde la mañana hasta el anochecer, yo no paraba de quejarme de las altas temperaturas y la única manera en que dejaba en paz a mamá era si me permitía jugar con agua. Mamá no tenía problema con ello mientras mis juegos los hiciera en el jardín. Las complicaciones comenzaban cuando por una u otra razón yo hacía caso omiso de sus instrucciones y entraba como un torbellino a la casa, dejando arroyos a mi pasaje. Lo peor era cuando decidía ir al interior justo después de que mamá acababa de limpiar. Extrañamente en esos momentos sentía un antojo incontrolable por comer algo, o la necesidad de entrar a buscar algún accesorio que pudiera servir en mis juegos imaginarios. Por ejemplo, imaginaba que una tormenta llegaba, (creada con la manguera, colgando de uno de los tendederos de mamá y sostenida con ganchos de ropa y alguna cuerda perdida entre los utensilios de jardín de papá) y me era necesario entrar a casa a buscar un paraguas, porque sin duda debía protegerme de esos torrentes de agua que caían sobre mí. Cada vez que eso pasaba, Mamá me gritaba diciendo que era totalmente absurdo lo que estaba haciendo y que por favor, por la enésima vez, me abstuviese de entrar, particularmente cuando acababa de pasar el trapeador y se destinaba a continuar con otras labores del hogar. Por supuesto sus peticiones eran vanas, las necesidades y los antojos que me acontecían no eran algo que a mi temprana edad pudiera contener.
    Uno de esos días extremadamente calurosos, me levanté muy temprano, desayuné con gran rapidez y como siempre me destinaba a jugar en mi mundo imaginario donde el agua era el principal elemento. Antes de salir al jardín, mamá me dijo que esa tarde tendríamos una invitada, por lo cual, la casa debía mantenerse limpia, puesto que no queríamos dar una mala impresión. Además, agregó que después de comer yo tendría que quedarme al interior, vestirme con ropas adecuadas y que tranquilamente esperaríamos la llegada de la visita. En mi prisa por salir, dije que sí a todo, sin realmente escuchar las indicaciones que ella me daba. A mis escasos seis años que podría importarme la llegada de una visita. Además, ni siquiera sabía de quien se trataba, y tampoco lo quería saber. Dado las peticiones de mamá me dije que seguramente sería alguna persona aburrida, fea y de mal humor. Y la verdad es que ese tipo de personas no eran mis favoritas.
    Por supuesto que mamá se dio cuenta de mi falta de interés y para evitar mis entradas sorpresivas y acostumbradas a la casa, puso una tranca en la puerta que daba al jardín. Esta tranca me permitiría abrir la puerta solo un poco desde podría echar un grito a mamá, en caso de que tuviera una verdadera necesidad, como ir al baño o me encontrará en algún pequeño problema.
    Molesta por la osadía de mamá de no dejarme entrar, decidí darle un verdadero uso a su idea. Mientras ella limpiaba con más esmero que otros días, a mí me surgieron muchas necesidades e ideas. Todas eran importantes y no estaba dispuesta a abandonarlas. Así que me paraba en la puerta abriendo lo más que podía y gritaba sin parar, hasta que mamá cansada de mis gritos se daba por vencida y prefería ceder. De hecho era bastante cómodo para mí, porque mientras ella iba a buscar lo que le pedía, yo podía seguir jugando. A veces, hasta olvidaba el uso que daría a alguno de los numerosos objetos que no paraba de solicitar.
    Cuando la hora de comer llegó, mamá vino a anunciármelo cargando una toalla y ropa seca para que pudiera entrar a comer. Ella lucía particularmente cansada y de muy mal humor. Yo se lo atribuí a la famosa visita que llegaría en un par de horas más, ya que a diferencia de otros días, hoy yo no había ensuciado la casa. Contrariamente a ella, yo no me sentía tan cansada, probablemente por todas las veces que evité subir y bajar escaleras gracias a la idea genial de mamá de poner una tranca en la puerta. Es más, le diría que ya ni siquiera necesitaba poner la tranca. Podríamos seguir sin problema alguno con esa dinámica. Yo me acercaría a la puerta cada vez que necesitara algo, gritaría con todo lo que tenía en mis pulmones para asegurarme de que ella me escuchara, aun cuando estuviera arriba o distraída por esas labores que ella tanto disfrutaba – ¿cómo no podía disfrutarlas si todos los días las hacía, de la misma manera en que yo jugaba con el agua todos los días en el jardín? Sin duda mamá y yo formábamos un excelente equipo.
    Al terminar de comer, llena de energía me destinaba a salir y seguir con mi actividad preferida de ese verano. Pero mamá me paró en seco y muy molesta me dijo, que ni se me ocurriera. Primero que nada tenía que recoger mi plato, limpiar la mesa, e inmediatamente después, subir a cambiarme con la muda de ropa que se encontraba sobre mi cama. En mi cabeza infantil yo pensaba que mamá lo que quería era jugar conmigo, pues quería que yo también hiciera algunas de sus actividades favoritas.
    Una cosa era jugar con mamá, aunque confieso que sus juegos no me gustaban mucho, y otra era que ya no me dejaría jugar a lo que yo quería. Por supuesto hice un berrinche, que no duró mucho. Este paró cuando mamá me advirtió que si continuaba con eso, los últimos días del verano tendría que encontrarme una nueva actividad en que ocuparme porque ya no me dejaría ir a jugar al jardín con agua. Por supuesto mis súplicas y explicaciones sobre el tremendo calor que hacía y como no podría sobrevivir el verano si ella ya no me permitiese jugar a eso, no valieron de nada. De mal humor recogí mi plato, y limpié la mesa como ella lo había pedido. Por supuesto el peor momento fue cuando me tomó por la mano y me llevó a mi cuarto. Esperó a que me vistiera con la ropa que ella había elegido y después me sentó sobre la cama para peinarme. Yo estaba muy molesta, tenía mucho calor y necesitaba salir. Estar en casa me ahogaba. Pero no podía hacer nada, al menos no en ese momento. Mamá me dejó unos libros, me sacó los crayones y me propuso leer un poco o mejor aún, crear un bello dibujo, el cual ofreceríamos a la invitada sorpresa que llegaría muy pronto. Mientras tanto ella iría a tomar una ducha para prepararse también. Me dio un beso y salió de mi cuarto.
    Quise complacer a mamá y comencé a dibujar algo, una bruja sería apropiada, me dije. Como ya era muy ágil para hacer esos dibujos -mi maestra en el kínder me dijo que era muy buena dibujando, y estaba segura de que mi nueva maestra en la primaria diría lo mismo- terminé muy pronto. Mamá por su parte, no había terminado aún. Le grite si podía ir a ver la televisión, y como no me respondió asumí que era un sí. Tranquilamente bajé a la sala. Mamá había jugado mucho. La casa lucía muy linda. Incluso un hermoso ramo de flores adornaba la mesita de la sala. Me senté, prendí la tele. Mamá tardaba mucho en bajar y yo no encontraba nada interesante que ver. Además hacía un calor horrible y el vestido que mamá había elegido para mí era muy caliente e incómodo. Perdida estaba en mis pensamientos cuando apareció una imagen en la televisión que me parecía muy familiar, un grupo de niños se divertía jugando con agua, todos gritaban y reían. Alrededor de ellos había mamás contentas, sonriendo también. Y como a los seis años, las decisiones aún no están basadas en un sería reflexión, me dije que mamá disfrutaba mucho cuando yo me divertía y que seguramente si ella bajaba ahora y me veía allí sentada, aburrida y sin una verdadera ocupación, me diría que mejor fuera a divertirme al jardín. Así que sin pensarlo más y con la certeza de que mamá estaría contenta con mi decisión, me levanté y me entregué a cuerpo y alma a mi actividad favorita del verano: jugar con agua.
    Supongo que solo unos minutos después de que yo me salí, mamá terminó de ducharse y prepararse. Su invitada sorpresa llegaría en unos cinco minutos. Llamándome fue hacia mi cuarto y lo único que encontró fue mi hermoso dibujo de bruja. Molesta –no sé por qué- , escuchó la televisión y se dijo que yo estaba abajo. Bajando las escaleras seguía llamándome y diciéndome que no estaba contenta con el dibujo que había hecho. Una bruja no era algo muy simpático para regalar a una persona tan especial como la que vendría a visitarnos.
    Cuando llegó a la sala se encontró con la sorpresa de que la televisión funcionaba para una audiencia inexistente. Pensando lo peor se apresuró a buscarme por la puerta trasera cuando escuchó el timbre en la puerta del frente. La visita había llegado, se trataba de su más querida amiga de infancia, a la cual al parecer no había visto desde hace más de veinte años.
    Feliz por el encuentro, se olvidó por un instante de mí y la invitó a pasar al interior. Era verdad que hacía calor.
    Ocupada con mis juegos, no escuché nada y hasta me había olvidado de la visita de mamá. Una idea me surgió y recordé el bello jarrón donde mamá había puesto su ramo de flores, éste sería excelente para mis propósitos. Corriendo entré a casa, con chorros de agua resbalando por mis vestidos, y como una tromba me dirigí al salón. Debido a la sorpresa de ver a una linda persona sentada en el sillón que me quedaba de frente (y no a una bruja como la que había dibujado) me tropecé con la pata de una pequeña mesa. No hubiera pasado nada grave si no hubiera estado usando solo calcetas mojadas sin zapatos. Por supuesto, me resbalé, y al tratar de evitar mi caída agarrándome de lo que podía, hice caer como un dominó la decena de portarretratos que mamá tenía sobre una cómoda.
    Además del ruido provocado, lo más espectacular fueron los cientos de trozos de vidrio volando de los portarretratos que al caer se quebraron.
    Cuando miré a mamá parecía que fuego le iba a salir de los ojos, pero sorprendentemente, en unos segundos su mirada cambió, miró a su amiga y le dijo -‘“Anastasia, efectivamente hace mucho calor. ¿Qué te parece si tomamos el té al exterior?, Por cierto, esta es mi hija.” Y sin mirarme, le dijo “ven conmigo por favor”. La linda señora me sonrió y con cuidado rodeó lo trozos de vidrio sobre el piso y siguió a mamá.
    Cabizbaja yo también las seguí, dejando un rastro mojado por donde pasaba, aun cuando no había sido invitada. Entraron en la cocina. Mamá sacó del refrigerador mi pastel preferido, un delicioso pastel de chocolate. Lo dispuso sobre una bandeja que tenía listo un servicio de té para tres personas. Conversando con su amiga, retiro uno de los servicios de la bandeja y la invitó a salir al jardín. Me quedé mirándolas partir y sentarse en la mesa del jardín. Unos segundos después mamá entró. Sin decir nada, me tomó de la mano y me sacó al jardín. Nos acercamos a los tendederos y le pidió a su amiga le ayudara. Yo no sabía que decir, solo podía pensar en que mamá estaba actuando muy raro y que me moría por comer un pedazo de pastel. Mamá me levantó, me puso en horizontal como pudo, pidió a su amiga, tomar los ganchos de ropa que se encontraban en un baldecito a la sombra de un árbol, y engancharlos entre mi ropa y la cuerda. Sonriendo mi mamá le explicó a su amiga que lo más importante que me había pedido ese día era mantenerme seca, y como no era el caso, me dejaría secar allí junto a la ropa que había lavado esa mañana, mientras ellas disfrutarían de un rico trozo de pastel de chocolate, bien merecido.
    Y allí me dejaron, haciendo caso omiso de mis suplicas. ¿Qué aprendí ese día? Aprendí que su amiga no era una bruja, también que mamá tenía muchas ideas sorprendentes, pero sobre todo aprendí que cuando su paciencia se colmaba su voluntad era de hierro.

  5. 16 mayo, 2017 at 09:42

    Los niños saben jugar.
    Suspendidos en el limbo de la inocencia,
    pasean sus sonrisas entre la mediocridad.

    Y lo malo es que cuando crecemos,
    dejamos que se escape la sonrisa
    y son las máscaras las que mandan en el juego.

    Culpables somos todos
    de no ser Peter Panes constantes
    y de llevar los calcetines del mismo color.

    En lugar de volar nosotros en el hilo de la ropa,
    ahora nos toca tender la sucia.

  6. juan manuel
    19 junio, 2017 at 20:35

    En un sabado número siete de 2006 alguien dijo que el Limbo nunca existio, que era una vieja discución teologica o algo así; no crean nada… aquí estoy colgada en él, mi nombre es Eva y no puedo jugar en los verdes prados del paraíso pero tampoco puedo ver los rios de lava del infierno. Estoy aquí, como colgada de un hilo que me ahoga y no me deja ir para arriba ni para abajo, pero tampoco puedo moverme mucho y no se bien porqué. Esto último no me molesta tanto como sentir esta soledad inmensa, este frio caliente que me recorre el cuerpo, este movimiento inmóvil que veo a mi alrededor, en definitiva este no se qué que experimento en cada bocanada de inmortalidad. Ya no recuerdo cuando vine a parar acá. Recuerdo que un día cerré los ojos esperando algo bueno, y aparecí aquí. Siento que a cada minuto o cada año, no sé bien, voy perdiendo la cordura y se me van olvidando algunas cosas, es desesperante y frustante, me siento sola y solo escucho esa vos que viene… no sé de dónde viene… pero me reprocha y me hiere, me critica y culpa… para acallarla solo me queda reir.

  7. NegHro
    11 agosto, 2017 at 05:59

    Mientras más que observo gotas asesinas y suicidas en un tiempo que plasma revoluciones de lluvia, un pequeño charco revive tu nombre y tu gesto sonriente, aunque más que un recuerdo es un castigo permanente. Pequeña poza deformada por apuros irreales y desinterés forzado que interrumpen, aunque no en realidad, la silueta de tu rostro, imagen viva y latente.
    Oigo tu voz entre ondas efímeras y superfluas. Me contagia tu sonrisa de dientes de leche y así pierdo la caridad de aquellos que me miran extrañados al verme remembrando en la soledad.
    Nadie siente como yo siento. Nadie sabe de tu rostro invencible en aquel charco pisoteado. Solo es mío aquel pasado que en la ciénaga se hace presente y te recuerda mi ausencia.
    Hoy no tengo frazadas ni cartón donde dormir, en mi rostro la lluvia se camufla en mis lágrimas, y así acerco mis rodillas a mi pecho y las rodeo con mis brazos en un intento en vano por protegerme de las inclemencias de los recuerdos y del tiempo.

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