Propuesta 2 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller de creatividad literaria-2En este segundo ejercicio debéis escribir un texto de no más de 400 palabras sobre «un amor no correspondido»

 

Para contar el número de palabras de vuestro texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de palabras en línea como estos:

 


Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

 

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

taller de 12 a 16

TALLER LITERARIO
para jóvenes
de 12 a 16 años

presencial en MADRID

 
 

Este taller ayuda a los escritores jóvenes a encontrar su estilo personal, a evitar los bloqueos y a sacar el máximo partido de su creatividad para llegar a escribir con corrección.

 
 

Sábados
de 12,30 a 13,45
Zona Retiro
Grupos reducidos

 
 

 

 

  56 comments for “Propuesta 2 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Inquisitor Glokta
    6 septiembre, 2016 at 18:49

    Llegaba media hora tarde al instituto porque alguien había pinchado las ruedas del coche de su padre. Fran tenía dieciséis años, era un chico alto y rubio. Cuando entró en el aula notó la tensión que se respiraba en el ambiente. Había una caja de galletas en la mesa del profesor que estaba medio vacía. Tenían un aspecto fantástico y forma de corazón, debían de ser de una pastelería especializada.
    Fran, asombrado, caminó hasta su pupitre y se sentó. Nadie había sacado los libros de clase. Un compañero se levantó y le miró directamente a él.
    -¡Creo que es un buen momento! –gritó- ¡Para encontrar el amor!
    Después se volvió a sentar. En el pupitre de al lado una amiga suya se puso en pie y también le miró.
    -¡Yo cuidaré de ti, y te haré feliz! –gritó mientras le caían lágrimas de los ojos.
    Fran pidió explicaciones sobre que estaba pasando.
    -Por favor, -le respondió su mejor amigo, desesperado- siéntate. Esto debe acabar cuanto antes.
    Fran se sentó de nuevo.
    – ¡Escucha a tu corazón, déjate llevar! –gritó otra compañera.
    -¡Eres el chico perfecto, no lo puedes negar! –le decía su profesora.
    Entonces se hizo el silencio.
    -¡¡Habla!! –gritó Elena, una chica regordeta y gótica que se sentaba en la última fila- ¡Habla o lo tiro! –sacó un bote de cristal.
    Otro compañero se levantó y gritó:
    -¡Sé que somos diferentes, pero juntos debemos estar!
    -¡Sin ti no podría vivir, y espero que tu respuesta sea sí! –gritó otra compañera.
    Entonces Elena se levantó de su asiento y se acercó a Fran. Cerca de él, dos de sus compañeros empezaban a gemir fuertemente.
    -Fran, -le dijo Elena- ¿quieres ser mi novio?
    -Es que… -respondió dubitativo- Ya tengo novia. Lo siento.
    -No pasa nada, tú eres perfecto. –le respondió ella y se acercó a la caja de galletas para comerse una.
    Uno de sus compañeros estaba totalmente blanco y empezó a vomitar sangre, y justo después a otros dos les pasó lo mismo.
    -Ya hemos hecho lo que querías, ¡danos el antídoto! –gritó su mejor amigo.
    -Si Fran no me quiere, el mundo no tiene sentido.
    El compañero que había vomitado primero calló al suelo, estaba muerto. La mayor parte de sus compañeros ya estaban vomitando sangre.
    -Espero que os gustaran mis galletas. –dijo Elena mientras tiraba el antídoto por la ventana.

  2. Natalia
    6 septiembre, 2016 at 19:34

    Madrid, a 18 de enero de 2011
    Estimado Tomás,

    Quiero presentarle mi candidatura para el puesto de “mujer de su vida”. Por ello, me permito el atrevimiento de escribirle esta carta de presentación, que es, a su vez, una carta de motivación y, ante todo, una carta de amor.

    Me gustaría mucho dedicarme a usted el tiempo que fuese necesario ya que estoy segura de contar con la aptitudes y competencias apropiadas para hacerle feliz.

    En nuestros encuentros profesionales he podido apreciar la calidad y grandeza de su corazón y, por tanto, es a su persona, y no a cualquier otra, a quien quisiera poder dar lo mejor de mí. El trato recibido por su parte, así como su personalidad y su dedicación a ciertos intereses compartidos, como la buena risa y los sueños perdidos, me han enamorado hasta el punto de dirigirle estas letras.

    Como ya sabe, tengo bastante experiencia en temas relacionados con el amor. A lo largo de mi carrera sentimental he ocupado diferentes puestos en corazones de mayor o menor envergadura. En cada una de esas etapas he sido capaz de manejar situaciones de gran implicación emocional y he aprendido a equilibrar mis actitudes racionales y aquellas puramente pasionales. El enamoramiento, el encaprichamiento y la euforia de ciertos momentos pero también las dudas, los desengaños, las inseguridades y los miedos, me han llevado a adquirir cierta autonomía así como la empatía y comprensión suficientes para un bonito trabajo conjunto.

    En cuanto a las tareas propias del puesto, podría serle útil en la organización de este amor sin medida, en la producción de eventos apasionantes y en la comunicación verbal y corporal de alegrías y penas.

    Estaría encantada de amarle horas extras e incluso de tratar con momentos desagradables, si ello nos permite evolucionar y crecer como equipo.

    La competencia será mucha, ya que sólo soy una entre todas. Yo le ofrezco la locura responsable de hacer primar la lealtad y la confianza en la promiscua relación con la libertad.

    Sin más, le dejo a usted la decisión de querer quererme si es que quiere. Si lo considera necesario, podría pasar un periodo de cariño retribuido según convenio.

    Le aseguro que trabajaré con paciencia para enamorarlo y comprenderlo. Pero le advierto, estimado Tomás, de que corre el riesgo de no querer volver a recibir jamás una carta de amor como ésta.

    Atentamente,

    Amor en paro

    • Edit
      1 febrero, 2019 at 21:29

      Natalia parece propio de una película de romance de época, que me gustan más que otras…
      Mi feminismo me impediría escribirla, pero es muy bueno poder leerlo…

    • William F.
      23 abril, 2019 at 19:25

      Es muy bueno. Con una narrativa muy completa y facil de seguir. Realmente expresa sentimientos.
      Te felicito.

  3. 6 septiembre, 2016 at 19:52

    Hola. Me ha gustado, pero en la tercera fila empezando por el final has escrito calló en vez de cayó. Supongo que será cosa del corrector. Ánimo.

    • 6 septiembre, 2016 at 21:22

      Miércoles. Vuelvo de clase, camino rápido, el tren se me escapa ¿A quién se le ocurre apuntarse a cursos en julio? Es que te aburres tanto…Vamos no te arrepientas, dos semanas y ya estamos en agosto, irás casa de tu tía a pasar unos días, allí te diviertes…Me doy cuenta de que estoy pensando en voz alta, me callo, no vaya a ser que me vean hablando sola. Me limpio el sudor de la frente. Ni con ropa holgada se aguanta esto, el calor me va a matar. La calle peatonal está insoportablemente llena. Me cuelo por un atajo, una transversal que no me gusta, llena de pintadas y de basura….!Chati, me tienes abandonao! Me grita un jacoso, que se sienta al lado de un contenedor, está en los huesos, se transparenta, se ríe solo de su propia broma. Me alejo ¡Estabas hablando sola! Le oigo, de lejos. Mi padre nunca se ha dado cuenta de que hablo sola.

      Jueves. El mismo recorrido, otra vez ese yonki ¿Ahora qué? ¿Guapa, me das unas monedas? Tiembla, tiene ojeras. No tengo suelto, toma esto. Le doy el dinero de la fianza del curso, me lo han devuelto hoy, son diez euros, pero quiero que me deje en paz. ¿Volverás mañana? No creo. Me mira desde el fondo de la calle, puedo verle, reflejado en una ventana.
      Viernes. Algo más de ánimo, más bien poco. Paso por el callejón, miro de reojo antes de entrar, está allí, sigo recto, juraría que no me ha visto. Al pasar por la siguiente boca de calle, vuelvo a verle, reflejado en el cristal de un escaparate. Me ha visto, se supone que yo a él no.

      Sábado. Vuelvo por la peatonal del centro. Hay un furgón de la Guardia Civil. Una manta cubre un cuerpo, un heroinómano se sienta al lado del bulto, acompañado de su perro, tiembla de miedo, se abraza con sus propios brazos. No es el chico de siempre. Pregunto a un Guardia Civil. Otro que se va por sobredosis, el pobre, se veía venir. El yonki del perro me mira como si me conociera. Vuelvo a casa, hablando en voz alta conmigo misma, esta vez no me preocupa si me ven.

      Desde entonces, cada vez que paso por el callejón, me siento sola.

      • Naddia
        7 septiembre, 2016 at 21:58

        Me gusta tu relato. Aunque vaya yuyu que da la chica. Es ponerle el ojo encima al yonki y antes de tres días ya está difunto.
        Es broma. De verdad que me gusta.

    • Inquisitor Glokta
      6 septiembre, 2016 at 22:02

      Cierto, imagino que lo entendería como del verbo callar. Tu relato es interesante, no valoramos algo hasta que lo perdemos, incluso aunque parezca algo negativo.

      • 6 septiembre, 2016 at 22:18

        Sí, eso pasa constantemente. También ocurre que de repente un desconocido te ve, se da cuenta de como eres, a diferencia de algunas personas que te frecuentan a menudo y creen conocerte.

  4. Cintia
    7 septiembre, 2016 at 00:13

    Entro a mi casa y me dirijo a mi habitación después de un largo día. El sótano es algo oscuro y frío, tal como me siento yo, por eso es el lugar perfecto para mí. Mi familia sabe que soy diferente y por eso está de acuerdo con que me esconda siempre ahí.
    Escucho las voces de mi hermano y su amigo Leo, que acaban de llegar. Mi corazón late demasiado deprisa y sé que es por la presencia de Leo, desde que mi hermano nos presentó supe que él era especial, y aunque se supone que no debo enamorarme porque echaré a perder mi trabajo, sé que mis sentimientos hacia él cada vez son más fuertes.
    Apenas soy consciente de que mis pies me llevan hacia ellos, intento retroceder pero ya es tarde, se han percatado de mi presencia y Daniel, mi hermano, me mira con reproche. Me sirvo un vaso de leche para disimular mi intromisión mientras escucho como Leo se burla de mí, Daniel le sigue la corriente mientras yo siento como algo se desgarra en mi interior, pero sé que es lo mejor, de hecho Daniel se ha encargado de que Leo me desprecie y se burle de mí siempre que puede. Tomo algunas galletas que preparó mi mamá y vuelvo a mi habitación donde mi alrededor se compara a mi corazón.
    Me desplomo en mi cama, ya no puedo contener las lágrimas así que dejo que éstas resbalen por mis mejillas. Odio mi vida, odio estar enamorada cuando se supone que no debo estarlo, odio no poder olvidarlo porque lo tengo que ver a diario, odio tener que ser invisible para él porque así lo requiere mi trabajo, odio que mi familia se tome más a pecho mi trabajo que yo misma, porque siempre están ahí intentando ocultar que estoy enamorada de quien se supone debo cuidar, o inventando patrañas para evitar que él se enamore de mi porque eso sería un desastre. Pero lo que más odio es mi trabajo en sí, odio ser su ángel guardián porque eso es lo que me prohíbe enamorarme de él.

    • Naddia
      8 septiembre, 2016 at 18:39

      Supongo que estás entrando en la posible relación entre un cuidador y la persona a la que cuida. Interesante mundo el de la diversidad funcional.

  5. Sandra Carrion Estay
    7 septiembre, 2016 at 04:55

    Feliz estaba Nora, con 17 años y con el mundo a sus pies. Un poco de confusiòn la envolvia en un clima de desconcierto e inquietud, ya que no entendìa por què, su compañera y amiga de colegio, le atraìa fìsicamente tanto. Acordaron vacacionar juntas, llevaban varios años en el mismo colegio y sus madres se conocìan bastante, por lo que se pusieron de acuerdo y partieron las dos, con la familia de Nora, hacia la playa. La confusiòn de Nora iba en aumento, pues la amiga la seguìa y la acompañaba a todas partes y la atracciòn fìsica pasò al sentimiento pasional, que Nora a pesar de sus dudas, creyò siempre correspondido. Nora nunca hablò con alguien de sus perturbaciones de ìndole sexual, tampoco con su amiga, lo que la hizo creer cosas inexistentes. Fueron a una discoteca a bailar y ahì se despejaron las dudas de Nora con respecto a si misma. Su amiga conociò, bailò y coqueteò, con un muchacho, del que no cesò de hablarle y los celos, la rabia y la pena, la embargaron al punto de gritar llorando a su amiga, que volvìan al dìa siguiente.
    Nunca màs se volvieron a juntar como amigas y Nora comprendiò que debìa manejar su sexualidad en un àmbito distinto al que conocìa.

    • VECINO ANA BEATRIZ
      19 enero, 2019 at 12:27

      La expectativa generalmente no coincide con la realidad, Sandra.

  6. Narradora de Cuentos
    7 septiembre, 2016 at 07:50

    Tu relato es muy singular Elena

    • 7 septiembre, 2016 at 21:17

      Muchas gracias por leerlo y comentarlo. Voy a leerme el tuyo.

  7. Narradora de Cuentos
    7 septiembre, 2016 at 07:54

    Rebuscando razones que el corazón no entiende , camina ensimismada , los pies descalzos ateridos entre las olas de un mar embravecido , que parece empeñado en agitarse y agitarla , transportándola una y otra vez anulando su voluntad , a aquellos días en los que creyó ser correspondida …
    La mente siguiendo un cauce irrefrenable que no admite diques , la instiga a rememorar … Su piel murmura todas las caricias que ahora siente le fueron arrebatadas , tras el ruin embeleso , tras sus falsas promesas de amor .
    El recuerdo de su sonrisa se le clava indolente y el contorno de su boca la hace de nuevo estremecer . Recordaba centimetro a centimetro , aquel cuerpo que la amo en aquella misma orilla hasta la estenuación , que bordo su piel desmadejada en la arena , abandonada a los irrefrenables anhelos , que durante lo que creyó una eternidad, quiso contener.
    Sus palabras otrora llenas de embrujo, sonaban ahora burlonas y tintineantes , martilleando su cerebro y ahogandolo de juicios y culpas, al recordar todos los prudentes consejos , que en su día desoyó… » Es un crapula , un embaucador , las lisonjas aderezadas de irresistible intencionalidad ya arrastraron a otras » , alejate de el no te conviene »
    Ahora burlada , solo era capaz de seguir centrada en su recuerdo , intentando grotesca pervivir instalada en el ayer , eludiendo un presente que se le antojaba insufrible …
    Y de nuevo vuelve a instalarse en el por qué …
    Por qué, por qué , por qué, por qué … fustigándose permite qué el fantasma de la negación se apodere de ella y abatida , deambula sonambula , emulando las olas , a la zaga de imperiosos recuerdos que destruyan su presente , cincelando un pasado perpetuo , qué le permita seguir viviendo el hoy.

    La tarde palidece y la sorprende abrazada a su cuerpo .
    El horizonte se desdibuja ante una mirada anegada de añoranza.
    La pleamar impávida asciende borrando todo rastro de nostalgia y de presencia , ayudándola en su huida…

    • Narradora de Cuentos
      7 septiembre, 2016 at 08:31

      Por favor Jaja , obviar la ultima frase ( ayudándola en su huida ) , la he añadido justo antes de publicar , a posteriori de escribirlo , temiendo no se entendiera , pero la verdad es que me gusta más como acababa inicialmente , dejando la situación » en el aire »

      La pleamar impávida asciende borrando todo rostro de nostalgia y de presencia

      Hasta otro ratito

    • 7 septiembre, 2016 at 21:59

      Muy bonito y poético. En la línea 10, pusiste «estenuación».

      Saludos y mucho ánimo.

      • Narradora de Cuentos
        11 septiembre, 2016 at 11:45

        Uffff , andaba del revès Jaja
        Graciasssssss

  8. Naddia
    7 septiembre, 2016 at 23:20

    Había decidido olvidar el amor porque la decepcionaba una y mil veces. Tantos amores y todos platónicos. No se volvería a enamorar. A partir de ahora la vida sería más sencilla. Su último tropiezo había sido un profesor. Y en la fiesta de fin de curso le había dado a entender que lo sabía.  Él. Él lo sabía. Qué vergüenza. Lo sabía.  Él lo sabía. Y ella creyó morir. Fue el fin. Había bajado veinte kilos para conseguir su amor. Ayunó día tras día desde enero hasta junio, creyendo que  él la miraría al menos una vez, pero el amor no sabe de kilos. Al profesor le hacía gracia la torpe manera con que ella lo amaba, los esfuerzos por cruzarse con él en los pasillos, los saludos premeditadamente casuales. Pero todo fue igual. De nada sirvieron los paseos que se daba hasta la catedral donde rezaba a la Virgen de los Dolores mientras miraba de reojo a San Antonio y dejaba una limosna supuestamente compartida por ambos. A la salida se encontraba a una señora que le repetía: tú tienes vocación de casada ¿verdad? Y ella decía que sí aunque empezaba a sospechar que ni todo el santoral reunido sería capaz de emparejarla. Entonces llegó el verano y no quedaba tiempo para los milagros.  San Antonio se fue a sus verbenas estivales y ella supo que tenía que marcharse porque como todo el mundo sabe: cuando las cosas van mal, hay que poner tierra por medio. 

  9. Azul Bernal
    7 septiembre, 2016 at 23:22

    Delante de ti me he puesto de pie. En mi garganta se atragantan esas palabras a las que acabo de renunciar. No las mencionaré, pero si eres lo suficientemente avisado, las verás estallar en mis ojos. Sí, como olas del mar, llenas de agua. Agua soy ante ti. Me desnudé, me desgarré la piel, y tú ni te inmutaste. No te diste por enterado. No. Y he quedado así, ridículamente desnuda delante tuyo. No lo diré. No lo diré con la voz y lo intentaré callar en la mirada. Daré la vuelta así nomás. Recogeré del suelo mi orgullo, lo envolveré en esta sarta de ridículos que acabo de soñar. Saldré por la puerta con mis sueños rotos, con mi desnudez a cuestas, mientras tú permaneces inmutable, engrandecido por un nombre que no me corresponde, y que hoy por hoy, es quien te quita a ti toda la piel.

  10. jnpdiaz
    9 septiembre, 2016 at 00:00

    “Esto del amor es una vaina” solía decirme mi hermano mayor. Él debía saber lo que se decía porque antes de morir, en un fatal accidente, cuando tenía veintisiete años, por fin, se le iba a declarar a una mujer. Él no le dijo nada de sus intenciones a nadie, porque creía a pie juntillas aquello de que cuando se quiere hacer algo no se debe comentar con nadie para que las energías ajenas no influyan. Yo lo supe porque el destino puso en mis manos una de sus últimas cartas. Sí, él era de esa época en la cual el amor se declaraba por medio de una misiva. Dicha carta llegó a mí cuando hurgando entre las bolsas de su pantalón para donar, o no sé si tirar su ropa, apareció.
    Por lo visto, el amor, para mi hermano había dejado de ser una vaina debido a las palabras impresas sobre aquella superficie blanca. Por fin, después de tanto intento, había encontrado a alguien capaz de soportarle y soportar. Así de sencillo.
    Cuando él murió yo era un adolecente y no entendía aquello de la vaina. Pero cuando entré a la universidad y conocí a Dayanara, así se llamaba la depositaria de mis afectos, lo comprendí por completo.
    Me enamoré de Dayana, como le llamaba con toda la dulzura que el amor puede poner en los labios de los enamorados y tomé la decisión, una noche tensa de decírselo. Sacando fuerzas de, no flaqueza, sino de quién sabe dónde, la cité en un kiosko del campus universitario. Ella llegó, un poco tarde en compañía de un sobrinito y después de los respectivos saludos (besitos de mejillas y todo eso), yo le declaré, no sé cómo mis sentimientos.
    Esperar aquella respuesta de sus labios: un sí, o un no (o a saber qué era lo que esperaba) me torturó durante varios segundos.
    —No —me dijo apenada—. Sólo somos amigos.
    Y como sucede en toda transacción humana fracasada, nos despedimos. Ella siguió con su vida y yo con la mía.

    jnpdiaz

  11. Emilio Reyes
    9 septiembre, 2016 at 21:29

    Si la vida nos diera segundas oportunidades, tal vez no cometeríamos los mismos errores, tal vez cometeríamos errores peores, o por lo menos diferentes, dañinos de todas formas para otros o para nosotros mismos.
    Cuantas veces se ha preguntado por qué no la habló, si era todo lo que él había deseado, si cumplía todos sus sueños. Pero allí estaba ella, apoyada en la puerta del coche, con un jersey de lana gris y el pelo suelto cayéndole por los hombros. Nunca pensó que pudiera existir algo tan bonito, que belleza, que linda, y pasó por su lado sin decir nada cuando días antes habían estado durante horas hablando por teléfono, y ahora parecía que era una desconocida.
    Siempre se preguntó por qué reaccionó de aquella manera, pero no era la primera vez que la decepcionaba, lo real y auténtico es que esa historia tenía ya otras escenas de indiferencia. Con el tiempo comprendió que lo que había pasado era que cuando la veía se bloqueaba en su presencia. Siempre había sido un chico de relación fácil con las personas del otro género.
    Pero aquella vez colmó el vaso, todo se rompió y nunca hubo una segunda oportunidad. Ella siguió su camino y él el suyo, que además fueron muy diferentes y por desgracia he de decir que su camino fue más duro y sufrido.
    La última vez que hablaron pudo comprobar las heridas que el tiempo había dejado en su alma. La veía y no la reconocía. Dónde estará, allí donde quedan los sueños olvidados, allí donde se encuentran los amores fracasados.
    Lo que ella nunca sabrá es que en esta guerra nunca hubo vencedores, que perdieron los dos, ella quedó con sus carácter y él con sus preguntas.
    A veces nos encontramos en el camino de la vida con persona que van construyendo la suya poco a poco, paso a paso, y otras veces la vida parece venir escrita de antemano, prefijada y dibujada por el destino.
    La lluvia ha limpiado muchas veces las aceras, y el viento ha acariciado las rocas una y otra vez, pero nunca podrá olvidar ese amor que pudo ser y no fue.

  12. 16 septiembre, 2016 at 22:25

    Recién llegado a la capital e instalado, me dispuse por todos los medios a contactar con grupos afines con los que compartir los momentos de ocio. No tarde mucho, y en el grupo encontré lo que más anhelaba: una mujer.
    Era guapa y reunía todo aquello que un hombre desea reúna ella. A la belleza exterior también había que añadirle sus sentimientos hacia la gente. Solía gastar un buen humor y mis huesos temblaban nada más verla. Un gusanillo en el estómago no me dejaba estar y me mantenía en babia….
    Visto lo visto, supuse que me había enamorado hasta las trancas. Pero recibía de su persona el más ingrato de los silencios.
    Su risa que era contagiosa, quedaba ahogada al percibir mi presencia a su lado. Nadie supo nunca darme razón de aquel distanciamiento. Con el pasar de los días, mi amor se pudría dentro de mí, al no alcanzar la dicha que se supone ofrece este. Todo era en vano.
    El feliz día de su cumpleaños acudí junto otros compañeros a celebrarlo. Pensé que era el momento, y le llevé un flamante ramo de rosas rojas a las que añadí un pequeño alfiler, con la imagen de su horóscopo.
    Mientras abría los regalos, todos estaba pendientes de su reacción ante el mío, esperando me ofreciese la mejor de sus sonrisas. Su respuesta fue demostrar su frialdad absoluta ante mi pequeño obsequio.
    Pero no soy de los que pronto tiran la toalla. Reconozco, que me cuesta darme por vencido y en esta ocasión así lo demostré.
    La madre de la muchacha, qué si se había dado cuenta de mis sentimientos, aceptó que nos pudiésemos ver. De aquella visita obtuve, que la mujer le propondría un encuentro conmigo, para aclarar la situación. Y así lo hizo.
    El campo neutral del encuentro fue una cafetería. Pero todo resultó ser algo violento, ya que ella, ante la petición de su madre, se vio forzada a aceptar.
    —Teresa, celebro que hayas aceptado este encuentro.
    —Pero no debías haberlo solicitado.
    —Sólo deseo tener la oportunidad de confesarte mis sentimientos y que me digas, cual es la causa de tú enfado conmigo.
    —Creí, que con mi actitud quedaban claro mis deseos.
    —¿Pero por qué?
    —Mi corazón ya tiene dueña y sólo a ella tengo que rendirle cuentas.
    La declaración me dejó hundido. Aquella mujer maravillosa ya poseía un amor y este no era el mío.

  13. Patricia B.C
    22 septiembre, 2016 at 19:24

    Humana luna abstracta
    Ya está amaneciendo, aunque paradójicamente, el sol no podíamos verlo ninguno de los allí presente, sin embargo la luna brillaba, con tanta fuerza que no podía mirarla sin apartar la vista por su luz resplandeciente.
    Quizás, resplandecía más de lo habitual, quizás la luna no era luna, quizás eran destellos en forma de humanidad.
    El cuerpo de la luna era cristalino como agua pura, lucía ojos profundamente delicados, centelleaba labios dignos de ser admirados, de ser besados, de ser mordidos. Miradas clavadas en sueños.
    La luna se torna, y se va alejando entre multitud de estrellas, algunas de esas estrellas forman constelaciones, y otras, simplemente ya no están ahí.
    Sea como fuere, la brillantez de la luna eclipsaba a todas las estrellas de su alrededor.
    Mientras se pierde entre aquellas invisibles estrellas, me pierdo yo.
    Sólo un segundo, un segundo fué. En un segundo recobré memoria, voltee mi cuerpo a comprobar si aún podía verla, y ahí estaba, la luna también viró, en ese preciso instante, en ese preciso segundo, se cautivó mis ojos de la luz de la luna, y la luna se cautivó de su propio reflejo en mis ojos, como si fuera fortuna.

  14. GRETA
    25 septiembre, 2016 at 20:44

    Como calmo a mi cuerpo si hoy lo convencí de levantarse solo con la ilusión de que te vería.
    Como calmo mi ansiedad si solo tengo incertidumbre de cuanto más se abrirá la brecha entre la última vez que mi piel se mezclo con la tuya y la próxima vez que mis labios besen tu mirada.
    Como calmo este frío si todo el fuego contenido en mi interior solo encuentra una válvula de salida tras tus caricias.
    Exagero?, quizás, pero entiende que no me es sencillo ver derrumbarse mis esperanzas.

    • WOLFBLUE
      2 octubre, 2016 at 06:24

      Solo entiende la experiencia ¿Exagero? Si, porque el amor es único y no, porque el corazón cambia.

  15. WOLFBLUE
    2 octubre, 2016 at 06:16

    Un amor no correspondido

    Mientras pensaba en nuestras promesas de amor eterno a uno de los superintendentes se le escapó una palabra hacia el otro: Javier.

    Una gota de alivio en un mar de sufrimiento inundó mi existencia: La muerte se había transformado en un sueño.

  16. Katerine
    23 noviembre, 2016 at 15:51

    Te amaba como se ama lo santo; como si aura divina o pedazo de sol. Pero siempre fuiste puerta, siempre ayuno y angustia. Yo te amaba. Te amaba, y tú…tú querías un auto nuevo. Entonces fue que dejé de creer en Dios.

  17. NegHro
    20 abril, 2017 at 22:38

    No puedo negar que te deseo aunque no deba
    que te deseo y te desnudo te beso en la memoria inventada
    no puedo negar que se me eriza la piel cuando te veo aunque no seas tú quien debiera darme ese temblor
    no puedo negar que tengo ganas de que estés ahora conmigo
    regalándome esos ojos que no debieran ser míos
    dedicándome momentos que no debiera compartir
    y dándome el sueño imposible que no debiera dormir

    Romper con el sistema con lo correcto
    convertirme en dueño de lo cierto
    vaciar el silencio de secretos no contados
    ocupar el tiempo en relativismos nunca escuchados
    confundir la cima de los sueños con la sima de lo real
    escalar al cielo acercándome al infierno y viceversa
    y de manera viceversa caer en lo prohibido y prohibirme caer
    soñar lo no vivido y vivir sin soñar
    extrañar lo no perdido y perder lo que no quiero olvidar
    escribir este poema para no tener que hablar

  18. Nidia
    15 noviembre, 2018 at 01:45

    Ya hace tiempo.. sucedió una tarde. Pero no cualquier tarde, sino una especial.
    Te vi bajar de tu auto, tan elegante, esbelto, impecable.. con tus ojos color caramelo y tu dorado pelo brillando al sol.
    Entraste al local comercial, donde estaba yo, irradiando alegría, sonriente y varonil. Entrecruzamos miradas… casi cómplices, como si nos conociéramos de vidas pasadas y nos volviéramos a reencontrar. Fue una rara sensación.
    Pasaron los días… hasta aquél momento en que sonó el teléfono. Atendí y escuché su voz. Quede estupefacta escuchando sus palabras, diciéndome: «Hice todo lo posible para conseguir tu número, para que sepas que estoy para lo que necesites,se que estas sola… solo llámame y estaré».
    Con el paso de los días comenzaron a llegarme mensajes, sólo para preguntarme si estaba bien. Sólo eso. Cómo si el estar presente a la distancia nos diera tranquilidad a los dos. Así recibí su seguridad, estando recién separada.
    A los meses supe que era casado, ya cuando era tarde… pues me había enamorado de ese «ángel guardián » y protector.. prohibido e imposible.
    Pasaron muchos años.. y seguía allí.. siempre presente a la distancia… hasta que un día me llegó la noticia de que había enviudado. Sentí pena por su dolor…y con mucha culpa …un dejo de esperanza.
    Con el paso del tiempo, lo volví a ver.. acompañado de otra mujer, nos cruzamos y evadió mi mirada, quizás por vergüenza, o por culpa.. no lo se.
    Hoy ya no hay mensajes, ni miradas…comprendí que solo fue un amor prohibido, mágico, imaginario.. casi angelical como su nombre: «Ängel».. y que su misión en mi vida fue acompañarme esos años tan difíciles de mi vida.. y que ya no era necesario…
    El nunca supo ni sabrá que todavía,secretamente, lo pienso, lo extraño y lo amo..

    • Anemona
      16 diciembre, 2018 at 21:59

      Nidia, qué identificada me siento con tu historia. Parece que lo hubieras vivido (?). Comprendo profundamente los sentimientos expresados y los hago míos. Me gustó mucho. Saludos.

  19. Mariana
    15 noviembre, 2018 at 02:44

    El lugar se veía frio. Demasiado blanco. Me concentré en el cuadro que adornaba la pared frente a mí. Azul, rojo ¿Era una noche? ¿Era fuego en una noche?
    Ansiedad. Otra vez ¿Cómo se vería ahora? El recuerdo volvió a mí. Ese castaño triste en sus ojos la última vez, sus manos cálidas e inseguras. Su curiosidad por volar, su derecho a crecer. Y entonces aquellos malditos barrotes… esa jaula. No formarían parte de sus recuerdos, así lo elegí. Añorar es mejor que pedir perdón.
    Pero aquellas memorias condicionarán mi existencia para siempre. Aún encierran mis sueños, los vuelven pesadillas. Ya sé: no seré más la que era, pero entonces él y yo estrenaremos el futuro, tendrá olor a nuevo. Alzaremos recuerdos como aquellos que fuimos, los de complicidades diarias vividas tan inexorablemente unidos que me nutren, y me sostuvieron cada madrugada, fueron hoguera en noches solitarias, la libertad soñada en jornadas infinitas y son la quimera que me rebalsa hoy ¡Que recuento el de los días para llegar a este día! En que al fin saldé cuentas a sacrificio de lo más preciado en mi vida, y entonces marcar ese número, llamar desesperadamente a un futuro juntos, pautar un encuentro entre trabajadores sociales, paredes blancas, ilusiones de guardapolvos, esperanza de plazas y masas de modelar.
    Y aquí estoy. El envoltorio se marea histérico en el movimiento de mis manos. Elegí el obsequio invocando sus gustos, que cosas le sacudían el mal humor y la pena además de mis brazos.
    La puerta se movió. Sentí sabor a bilis en la boca. Habían pasado 5 abriles desde aquel último abril de juegos en el piso y miedos en la oscuridad. Admiré su figura, más baja de lo que imaginé; su mirada, más forzada de lo que esperé. No importa, ¡por fin está aquí conmigo otra vez! ¡Por fin acabó el abismo del tiempo apartados!
    No sonrió en lo que duró ese soplo.
    El paquete aún pende de mis manos y mi caricia inconclusa en el temblor de mis brazos. La llamó mamá, se fue con esa mujer. Ese instante que se desvaneció al minuto siguiente. Mi cuerpo mutilado, su llanto y confusión. Mi desesperación contenida, sus ojos tristes y asustados y su consuelo en otro regazo. La madre que de pronto supe que fui, aquella que ya no seré. La condena a una vida repetida desde aquí, para atrás.

  20. César Miranda
    15 noviembre, 2018 at 19:33

    Incertidumbre
    Como se espera a que amanezca el sol,
    Así te esperaba yo, sin saber que existías
    Pronto de ser una compañera pasaste a ser un amor secreto
    Y el secreto se hizo sospecha de todos
    Y todos al ver como yo te miraba, se dieron cuenta de la realidad.

    Me elegiste a mí como a tu guía en ese mundillo nuevo para ti
    Y complacido yo por estar a tu lado,
    te enseñaba el lugar y sus quehaceres
    ¡Qué maravilloso fue el día aquel!

    Un sentimiento que nació ese mismo día
    Crecía y crecía cada día más
    El estar cerca de ti, el escucharte
    Hicieron que cayera rendido a ti y sin remedio

    Pronto mis sentimientos se hicieron obvios
    Sin decir nada, todos lo supieron
    Y estuvimos tú y yo juntos en la mente de todos
    ¡Que ternura sentí!

    ¿Sentirías lo mismo?
    ¿Por qué te acercabas a mí?
    ¿Y lo que siento es real?
    ¿He de conquistarte?

    Y empezaron las negativas
    Los “no tengo tiempo”
    Los “no estaré” y los “no me llama la atención”
    El sufrimiento empezó a crecer
    Lo sabias, estaba seguro
    Pero era claro que no me querías en tu vida

    Luchar o no luchar…
    Pensamientos que invadieron mi mente

  21. Graciela
    19 noviembre, 2018 at 17:47

    Dejaste tu perfume impregnado en mi almohada, en mis sábanas, en mi piel y aquel ventanal que daba de lleno al mar, celeste mar, que jamás te devolvió a mis brazos, quedaron tus besos en mi piel como una marca indeleble que me acompaña desde aquel día. Dónde estás? Con quién caminás ahora por esa arena que nos tapaba los pies ese verano? Te acordarás aunque sea un poquito de mí algún día? Yo quedé atada a vos, tus caricias no se comparan, ni tu vos, ni tu aliento. Todavía espero ver tu figura acercándose a mí con tus brazos abiertos para cubrir mi pequeño cuerpo de este frío que me cala los huesos desde que no estás.

  22. Luna
    25 noviembre, 2018 at 02:49

    Es doloroso y a la vez no.

    Te veo, siempre, cada vez que puedo.

    Intento engañarme, diciendo que solo te veo como un amigo. Sin embargo… Estoy profundamente enamorada de ti.

    Y tendré que guardármelo hasta el fin de mis días.

    Fingiré que mis lágrimas son de felicidad y no de dolor.

    Que mis sonrisas son de alegría, no de resignación.

    Y por unos instantes, olvidaré que, al final del día, tú terminarás en la cama con tu mujer y yo con un vacío en el pecho que no será llenado, nunca.

    • Aria Scee
      7 diciembre, 2018 at 23:12

      Que bonito.

  23. Aria Scee
    7 diciembre, 2018 at 00:56

    Volví al sitio que más me gustaba, al que acudía cuando me cansaba del mundo, de la gente. Siempre estaba vacío, nadie pasaba por el acantilado desde que esa chica se cayó (o al menos eso es lo que se rumorea). Cada vez que voy pienso en ella, en como seria su vida si volviera, en como su familia han seguido a delante y, lo que más, ¿Y si no fue un accidente? ¿Y si ella decidió que eso ocurriese?
    Hoy no estaba ahí para pensar, todo lo contrario, lo que quiera era olvidarme de todo, de todos. Pero no fue posible. Flashbacks de mi novio y yo no paraban de nublarme la vista y apoderarse de ella cada vez que parpadeaba. Él es un chico de mi instituto, un año mayor que yo. Mi mejor amiga siempre me dice que no es el chico idóneo para mí, que es demasiado “imperfecto”, como si hubiera alguien perfecto.
    No tenía claro que hacer con nuestra relación, no era una fácil. Siempre hemos sido muy complicados, le daba vergüenza andar por la calle cogiéndome de la mano y mirarme en clase por si la gente nos descubría. Cuando a veces ha venido a mi casa no lo podía hacer por la puerta, subía por la fachada hasta alcanzar mi ventana. Él me decía que todas estas precauciones era para que la gente no nos mirara mal ni nos criticara per a mí me cansa tener que esconderme de la sociedad.
    Cuando sales con alguien es difícil que no hablen de ti hasta los codos y menos cuando uno de los dos es el más popular del instituto. Le da miedo dejar de ser el rey del grupo, el machito del gallinero así que yo siempre o he ignorado, nunca me ha importado, pero ahora me empiezo a dar cuenta de todo.
    Quiero volar, quiero ser feliz y no quiero a alguien que se avergüence de mí. Quiero a alguien que me dé un beso en medio de la calle más transitada de la ciudad y que me diga que me quiere. Pero no es fácil, y menos para un chico gay como yo.

  24. julieta
    10 diciembre, 2018 at 03:12

    Majestuosidad, fuego, poder, liderazgo. Están en su interior, sin que siquiera lo intente. Y lo hace muy bien, porque también es calidez, vida, y de algún modo, amor. Sus siglos y milenios le han dado sabiduría, paciencia y la conciencia de que a veces no podemos tener todo. Y que siempre hay cosas que estarán fuera de nuestro alcance. Aunque casi casi, podamos tocarlas. Every. Single. Day.
    El la ama. Ama su pequeñez, su pureza, su femineidad. Sus curvas y valles, su movimiento eterno aunque no sea en torno él. Nunca será la fuerza que la atrae, no directamente. Ella gira incansablemente en torno a otro, que no es ni tan majestuoso, ni tan poderoso… De nada sirve su calor y fuego eterno. Ella nunca será de él.
    A veces quiere rendirse, dejar de ser bondadoso y quemar a ese idiota que se roba la atención y dedicación de ella. A veces quiere quemar todo con su furia. Pero destruirlo a él es terminar con ella también.
    Ella es vida, moviendo los mares y catalizando los nacimientos, enamorando a los humanos y haciendo aullar a los lobos.
    Es imposible no amarla.
    Por eso el se conforma con verla aparecer cada día y adora verla brillar bajo su luz. La mira, la admira, pequeña, y gigante en su corazón, y se despide de ella con una sonrisa, cada vez, pensando en volver a verla mañana.

  25. Anemona
    16 diciembre, 2018 at 21:51

    Llegué unos veinte minutos antes de las 6 y me senté a esperar. (La primera vez no fuí oportuna; en minutos comenzaría una audición y el asistente, visiblemente ocupado, respondía escuetamente mis preguntas).
    Me relajé. Entonces se escuchó un final de obra y la enfática voz del Maestro dirigiéndose a su discípulo:
    – ¡ Le falta personalidad ! ¡Le falta carácter ! ¡Tu piano tiene que gritar ! ¡Volverse loco !
    Vaya instrucción, pensé. Me gusta.
    Quien estaba allí dentro volvió a tocar la obra desde el principio. Chopin. Balada opus 23 en sol menor.
    Brillante. Majestuosa. Me morí. Lloré. Me estremeció tanta belleza, a un paso nada más. ¿ Quién puede tocar así
    y ser un estudiante ?
    – Bravo. – Se escuchó cortante al Maestro. – Nos vemos la semana próxima.
    Y entonces el discípulo salió. Serio. Solemne. Como impregnado del espíritu bravío que le había impreso a su interpretación. Miró, saludó y se fue. Yo aún tenía los ojos vidriosos.
    Entré e hice lo mío. Lo que pude. Y ya no dejé de pensar en él.

    Y así cada Lunes. Media hora antes. Para escucharlo.
    – Llegas temprano. – Dice el asistente.
    – Es que voy a inglés… a dos cuadras…y mi casa está lejos…no vuelvo.
    – Claro, pasa.

    La mañana del Examen Final, un Lunes también, ambos aguardamos impacientes en la sala. Comenzamos a hablar de muchas cosas. Como amigos de siempre.
    – Vas a dar un gran examen, lo presiento. -Le dije al ver que abrían la puerta.
    – Gracias, tú también.
    Desapareció y yo me quedé ahí. Arrastrada por su mágico virtuosismo. Desintegrada en mil y una partículas. Tratando de descubrir cada faceta suya mientras paulatinamente dejaba de oírlo.
    Convencida de que no podía ser diferente a lo que dejaba traslucir frente al piano y segura de que aceptaría, me propuse sugerirle ir a ver un Dúo de Pianos en el Teatro Nacional el próximo Sábado.
    La ilusión me sobrepasó, y me incorporé tan repentinamente cuando él salió que lo percibió como un impulsivo interés por saber cómo había pasado su examen.
    – Tenías razón, parece que hice las cosas bien. Te deseo una Feliz Navidad. Suerte.
    Y así, sin más, atravesó el zaguán, trabó la puerta y desde afuera, levantando su mano me sonrió ampliamente.
    Ese fue su último año en el Conservatorio.

    A veces, cuando el día está soleado ó ventoso, cuando llueve ó hay tormentas en la noche, ó cuando el cielo está estrellado y sereno…lo recuerdo.
    Lo recuerdo bien.

  26. Trinidad.
    18 enero, 2019 at 23:55

    Se ríe ante mis propuestas, las trata como si fuesen chistes porque a ella, le gusta otro. Pero claro, cuando es sobre él, no pueden tirar sus amores a la basura, ya que se rompe en pedazos… no me gusta admitirlo frente a ella, ya que se perfectamente que no le atraen las chicas, solo ese detalle me deja fuera de su alcance. Tres años, tres malditos años en los cuales jamás he podido sacarla de mis pensamientos y mucho menos de mi corazón. Sé que no es culpa de ella, me enamore de la persona más imposible que me pudiese tocar, ¿No podía atraerme alguien accesible para mí? Al parecer no, pues aquí me encuentro, siendo llevada al puesto de mejor amiga…de nuevo.

  27. VECINO ANA BEATRIZ
    19 enero, 2019 at 12:23

    No estaban conjugados los astros. Y no pudo ser.
    Tal vez ellos se atropellaran, apurados, en esa esquina irreal de ese barrio ilusorio, donde todo pudiera suceder. Quizás él volcara, seguramente sin querer, sus ordenados papeles y los convirtiera por obra del destino en un maremagnum de hojas revueltas por el choque involuntario, el viento y el azar. Acaso en ese momento, enredado en disculpas y recogida de folios, esbozaría sus disculpas -inútiles- y tropezaría con esos ojos café, hermosos, cálidos, insondables… Y pensaría en un café, en una intempestiva invitación a modo de expiación por su pecado…
    Lo que no había fabulado era ese “¡qué hacés, idiota!” que vendría a renglón seguido del encuentro fatal.
    Por eso, al llegar a la esquina, la evitó.
    No estaban conjugados los astros. No pudo ser.

    • Renata A
      29 enero, 2019 at 12:49

      VECINO ANA BEATRIZ

      Me ha gustado tu escrito. Prueba palpable de que se puede conseguir un buen relato con brevedad y economía de medios. Ejemplo del menos es más. Enhorabuena!!

  28. 27 enero, 2019 at 20:26

    Sabes que el no te ama pero en vez de tratar de olvidarlo lo sigues queriendo más y más porque así de mal funciona el amor. Mueres de celos cuando lo vez con esa chica porque tú misma sabes que él solo tiene ojos para ella y jamas se fijara en ti, ella es linda tú no, (o eso es lo que crees),ella consigue lo que quiere tu no y lo peor la consideras como tú mejor amiga ¿pero que culpa tiene ella no?.

    Tu eres la causante porque simplemente te fijas en alguien incansable porque jamás serás como ella aunque lo intentes no servirá y siempre tienes que recurrir a ser la amiga que intenta unirlos porque al menos tu, te conformas con que él sea feliz ¿ O no?. Tu misma sabes que eso no es verdad sientes envidia celos rabia de que se fije en ella y no en ti y te preguntas ¿ Porque el no me ama? ¿Cuántas veces hay que pasar por lo mismo?

    Eres masoquista porque sabes que el jamás te va a corresponder como tú quieres, y el siempre te verá como una amiga, y tú sigues con la esperanza de que algún día él se fijara en ti. Simplemente creo que sí el amor no es correspondido es para que miremos en otros lados donde podamos encontrar a personas que valgan la pena que se fijen en ti y no te hagan daño

  29. Renata A
    29 enero, 2019 at 12:42

    UN AMOR NO CORRESPONDIDO
    Olga estaba como loca de contenta. A sus catorce años era la primera vez que sus padres, muy estrictos, le habían dado permiso para irse unos días a un campamento, “sola”. En aquel entonces, a principios de los setenta, no era muy común estar juntos chicos y chicas, de hecho ella iba a un colegio de chicas…y de monjas.
    El campamento estaba dirigido por un cura, que tenía separados a ambos sexos, y solo se juntaban para las comidas y actividades de marcha por el monte. Por supuesto, todo dirigido por él. Pronto Olga comprendió que Don Jaime manipulaba la exaltación hormonal de los chicos para obtener los fines que a él puntualmente le interesaban. Es decir, él daba su beneplácito a la “gustanza” entre los chavales, y de ese modo quedaba legitimada. Pero ¡ay si no tenía el ok de Don Jaime!, entonces no se podía. Otra de las herramientas que utilizaba el sacerdote era el liderazgo. Sus preferidos, eran nombrados “jefa del campamento de chicas” y “jefe del campamento de chicos”. Los siguientes en sus simpatías, pues “jefe de cocina”, “jefe de excursión” y diferentes “jefaturas”. Es decir, todo dentro de una estructura más bien militar.
    Olga, nada más llegar, se quedó como hipnotizada por el líder de los chicos, Fernando. Era guapiiiisimo. Pronto surgió entre ellos una simpatía mutua, y Olga interpretaba que Fernando sentía lo mismo por ella. Fernando tenía un magnetismo especial, además era sosegado y sensato. Cada día Olga se levantaba con más ilusión pensando que durante el desayuno iba a ver a su amor. Se sonreían y enviaban miradas cómplices cada uno desde su mesa.
    Un buen día Olga se lió la manta a la cabeza y decidió decirle a Fernando lo que sentía. Este contestó con evasivas y ella identificó un cierto temor. Pocos días después empezó a ver a Fernando paseando por el campamento con una chica nueva, Esperanza. Poco a poco se fue normalizando la imagen de verles siempre juntos. Olga sufría horriblemente con su corazón de adolescente.
    Decidió hablar con Don Jaime y decirle que quería volver a su casa. Éste, que sabía bien cual era el problema de Olga, le contesto:
    “Olga, eres una mujer muy pasional y Fernando está en un momento muy difícil, donde tiene que confesar conmigo frecuentemente. La llegada de Esperanza ha sido providencial, ella se ocupará de Fernando y además pronto será la jefa del campamento de chicas”.

    Renata A

  30. Edit
    1 febrero, 2019 at 21:18

    Katharina la rubia de ojos celestes…
    Tengo la firme convicción que nunca sabré qué es morir de amor por alguien que no te ama. Para mí el amor nace en sintonía con otro ser, o no nace. Pero Katharina una joven austriaca que conocí hace ya tiempo, me permitió intuir de que se trata tener un amor no correspondido.
    El recuerdo de Katharina me genera una sonrisa un poco tierna y un poco maliciosa. Esta mujer de conceptos difusos de la cultura y del pueblo argentino, vino decidida a moverse como una estrella de cine entre nosotros. Había estado en Paraguay previamente y allí, según ella, derritió corazones, dejando muchos admiradores a sus pies. Al llegar a Buenos Aires se decidió a conquistar porteños. Su simpático y cándido eslogan era: “Aquí conseguiré todo… Porque quién podrá resistirse a una chica rubia de ojos celestes”
    La mujer se desenvolvía como si hubiera escuchado el canto “la pulpera de Santa Lucia”: “Era rubia y sus ojos celestes… ¿Quién fue el gaucho que no la quería?” Pero no comprendió que los porteños tienen esa mezcla rara de poetas mirando lo esencial y de astronautas fuera de órbita terrestre. Como poetas difícilmente se quedan con lo básico de la imagen; y por ser astronautas pueden estar muchas veces en la luna hastiados de cruzarse con mujeres bellas…
    Pero he aquí que nuestra bella dama tropezó con el amor. Sí, se enamoró de un “gaucho” bohemio. Un muchacho que navegando con su música vivía anestesiado de compromisos y amores sempiternos. Y lo más absurdo fue que la sajona posó sus ojos en un moreno de cabello renegrido y ojos verdes grisáceos, como suelen ser la rara estirpe argentina; y para colmo, regreso a su casa conociendo y amando, la más exacta mezcla rara de poeta y astronauta…

  31. virginia martín
    23 febrero, 2019 at 22:17

    Lo conozco hace más de veinte años y a pesar de que esporádicamente nos hemos visto, siempre me ha gustado.
    Es de voz viril y cuerpo atlético. Aunque sus músculos con el paso del tiempo hayan empezado a a caer en la flacidez, se mantiene buen mozo.
    Muchas veces he imaginado que hacíamos el amor sobre su escritorio, que viajábamos o que simplemente bebíamos café pero esas fantasías se esfuman al caer en la cuenta de que es felizmente casado y no se fijaría en mi, tan distinta a su esposa.
    En fin… veré si alguien da de nuevo los naipes y cambia mi suerte

  32. 27 febrero, 2019 at 19:01

    El sol quemaba. Oyó la campana de una iglesia. Se desvió del camino. Enseguida vio el pequeño templo. Entró. Le invadió una penumbra apacible y una frescura agradable. Un grupito de mujeres ocupaban los bancos delanteros y una monja comenzó el rezo del Ángelus. Al salir, la monja estaba en la puerta despidiendo a los fieles. Entonces la vio de cerca, resplandeciente por el sol que se deslizaba por la entrada. Era muy joven y sus ojos lucían como gotas de agua. No pudo resistirse y con voz ronca, entrecortada le dijo:
    -Comprendo que Dios te haya elegido pues tu mirada es pura poesía.
    Al salir, notó que se ruborizaba como un adolescente. Siguió su camino y su vida, como un hombre enamorado. Fue feliz por ello.

  33. Lipegario
    4 marzo, 2019 at 23:00

    La rondaba de niño, con esa malicia de quien ama en secreto y se avergüenza de sus sentimientos. Ella era alta, de curvas atractivas y maneras suaves, con el rostro siempre enmarcado por un gesto de protesta ante mis avances violentos. En realidad solo pretendía que se fijara en mí.
    La recuerdo estilizada en su minifalda, de piernas morenas y manos con delicadas uñas cuidadas y pintadas con esmero en extraños colores. Su rostro hoy, sin embargo, carece de facciones. De ella me queda la imagen de piel color aceituna y cabello indomable en rulos salvajes, húmedo y castaño como si se tratara de una cascada de algún río selvático como los que solía leer en esos años. Nos separaba un baldío de distancia, el área intangible donde sus curvas y mi despertar sexual convinieran, de mutuo acuerdo, no interactuar.
    Vivían solas las dos, su madre y ella. A veces jugaba con amigas en la vereda y se hacía el silencio cuando pasaba frente a ellas.

    “Son gitanos” –decía mi madre, mirando de reojo- Para mí era como una de esas bellezas salvajes que aparecían de la nada cuando cruzaba su vereda con las ruedas de mi bicicleta embarradas en los charcos del baldío.
    – ¡Acabo de lavar! – me gritaba exasperada, asomando por la puerta, blandiendo la escoba como aprendiz de bruja.
    Soñaba con ella a mis once abriles y ella me ignoraba. Mi rapacidad rozaba la angustia cuando tan solo obtenía una queja y un principio de llanto en sus ojos verdes.
    Más en la pubertad, María fue mi primera decepción. A sus dieciocho años, era la mujer exótica que le ponía rostro a los relatos de Las Mil y Una Noches y soñaba con cruzar una mirada con aquel rostro que, se me antojaba, era el más dulce que había conocido. Entonces, ella, cursaba sus primeros pasos en la universidad y no tenía tiempo para mis salvajadas que se multiplicaban en silencio los fines de semana. Sapos muertos en su patio, más barro en la vereda, rompeportones en las fiestas, todo aquello caía en saco roto y mi dolor y frustración crecía a la sombra de su indiferencia. Aquellos días dejé de provocarla cuando su madre salía hecha una furia imprecándome en alguna lengua extraña que no alcanzaba a entender, pero que su indignación traducía con toda claridad.
    Finalizados mis estudios secundarios, me enteré que ella había recibido su diplomatura en física y yo recién me golpeaba con las dificultades del Algebra superior. Fue mi momento de gloria. Ahora contaba con una buena excusa para tocar su timbre y presentarme como el joven serio y preocupado que pretendía ser, dejando de lado mis juegos y su enojo. La inmediatez de mi apremio ante un exámen me convenció de vencer mi timidez y me acerqué a su portón con el corazón agitado.
    Un rostro barbudo, abrió la puerta.
    -¿Sí? – preguntó con las espesas cejas enarcadas.

  34. Mónica Sofía
    15 marzo, 2019 at 14:36

    Un amor no correspondido.
    Un amor profundo rechazado.
    Un amor trascendental postergado.
    Un amor fuerte y nutritivo, valioso….marginado.
    ¿Qué misterio tienes, hombre, que alguien te ama y puedes dar vuelta la cara?
    Dar vuelta el corazón hacia otro ángulo tal vez acertado. Tal vez desacertado.
    ¿Conoces el valor del amor? ¿Y aún mucho más, el valor de alguien que te ama verdaderamente, incondicionalmente?
    La pobreza del corazón a veces busca donde no hay, hambriento, delira de hambre, y no ve el plato exquisito que tiene delante.
    Te iluminaba la luna, las estrellas, el sol. Tu rostro era exquisito. No sé porque me hablo de tu alma, de tu corazón. Mi ser se prendió al tuyo. Mi ser sorprendió al tuyo con extrema alegría.
    Mi ser se prendió al tuyo con extrema seguridad.
    Tuvimos un encuentro. Compartimos. Eras lo que yo esperaba. Me brindaste momentos gratos. Pero sin cuidados, sin estilo, sin bordados ni puntillas, te retiraste, haciéndome saber que jamás me habías visto. Jamás me habías conocido. Jamás supiste…jamás te enteraste de mi amor límpido, honesto, completo…. Ingenuo por cierto.
    Tal vez no supe expresártelo. Pero ¡hay de la misteriosa hechicería del amor! El que no cae en ella, tal vez, no este maduro para tanto valor, fascinación, para tal beneficio.
    El amor es gratuito para el que paga el costo de la devolución.
    Y así seguí mi vida con la duda, si aquellos rayos de luna, de sol, de estrellas, te habrían dibujaron y, fuiste una estupenda seducción, delineada por mi necesidad de entrega.
    Igual sigues allí. Mi dolor no me paraliza. Te encontrare ser amado. Sé que estás ahí. Es cuestión de tiempo.
    Te amaré y te atraeré con mi amor. No desfalleceré ante tu cruel desdén.

  35. π
    1 abril, 2019 at 17:30

    Ella vive su vida, sus alas son grandes, sus intereses llenan su espíritu, es sociable…si te acercas a ella, no la verás acercarse a buscar una amistad, ni un diálogo, ella vive su vida, si, en su mundo. Ellos se acercan, la buscan, entablan una amistad, buscan más allá, ella comparte la amistad, pero nunca busca ir más allá de la misma. En su mente no existe esa conexión, en el plano físico no da pie y nunca entiende porque le piden la mano. Tarde o temprano llegan las confesiones de amor, ella no entiende de donde es que eso salió, ¿quién regó esa semilla? Pues ella no. “Dame un beso de verdad, como en las películas” ella ríe sin parar. El amor es de dos, el amor no correspondido no existe, ella es cerebral, romántica, pero cerebral. Romántica con la vida, romántica consigo misma. Soñadora en su mente, voladora con sus alas. El amor no correspondido es como un tango bailado por solo una persona, IMPOSIBLE pues el tango es un baile de dos. “Soy como la plastilina, me puedo moldear como quieras” ella sorprendida huye, no quiere nada, quiere amistad, le gusta la escultura, pero con barro, no de carne y hueso, “pero si ni la mano nos hemos tocado, ¿de que hablas?” pensando, creyendo en la amistad, su mejor amiga le dice: “todos tus amigos, no son tus amigos de verdad”

    Durará lo que tenga que durar, la vida es un ferrocaril, subidas, bajadas, llegadas, salidas. Miradas, risas, amistad. El amor no correspondido no es lo mío.

  36. William F.
    23 abril, 2019 at 17:31

    Dime tu nombre

    –Un mojito. Que sea de cuba, odio las imitaciones. –Pidió la dama con toda intención.
    –¿Qué?–. Fue el monosílabo del despistado barman. No hera muy hábil y a esa hora el bar estaba lleno. Tanto que por un momento me pareció que toda la ciudad se reunía ahí a tomarse un trago. Y aún estaba pendiente mi whisky.
    –Tomas un vaso y pones dentro dos ramitas de menta o yerbabuena, dos cucharaditas de azúcar, el zumo de una lima, cuarenta y cinco mililitros (más o menos) de ron blanco, un poco de hielo picado, no triturado y soda o agua con gas hasta llenar dos tercios del vaso. Es sencillo cariño, tú eres el que esta detrás de la barra. –Le dijo la bella y le obsequió un guiño para que no se sintiera tan mal.
    Su alta sapiencia en el campo de tragos y cocteles me impresionó, giré en su dirección y entonces la vi.
    Belleza pura, labrada y exquisita. Cuello de cisne, cuerpo de pasarela, toda una felina elástica y sensual. Sus labios de cereza, suaves como el masmelo, serían blanco facil de mis besos.
    –Sabes como disfrutar un trago. Amo eso en una mujer. –Le dije esperando su mirada para darle mi nombre. –Soy Mateo. ¿Y tu nombre es…?
    –Calma vaquero. ¿Tu lengua nunca se detiene?–
    De todas las miradas posibles escogió una suave, acogedora. De esas que se siembran en tu alma y van mas alla de la muerte. Entonces tomé conciencia que mis palabras sobrepasaron ese impulso violento y salvaje que limita el deseo.
    –Lo lamento.– Me disculpé con sinceridad y con vergüenza. –Dame tu nombre y será todo. Tan solo tu nombre y Dios saldaría su deuda conmigo.
    –Si te diera mi nombre tendría que besarte, pero luego de ese beso me extrañaras para siempre. Y ese castigo es injusto para tí.
    Bebió el mojito dulcemente, sin hacer caras. Puso su mano sobre la mia y se alejó para siempre.
    No me diste tu nombre pero dile a tú mirada que regrese, que la extraño.
    No todos los cuentos de hadas tienen finales felices ni tienen lugar en un reino mágico y lejano. Este pequeño bar atestado de gente fue muy adecuado para mi cuento de hadas, aunque mi final feliz aun esta por escribirse.

  37. Hernando Toro
    25 abril, 2019 at 16:31

    Envuelto en las llamas de una noche acalorada, desperté para retomar la madera que esperaba el buril. El baño, la cocina, el estudio, todo me parecía lejano. Decidí no ir a la oficina, en la mañana, no abrir las cortinas ni ver el cielo, que al parecer, después de un mes de lluvias contínuas, tenía visos de azul. El mismo techo, tres lámparas, una puerta al balcón cuya ventana deja pasar la luz toda la noche y que me he prometido taparla con fotos que no tengo, la estera de Tuchín, los libros desordenados. La misma imagen de todos los días a mi alrededor. Trato de convencerme sobre su sentido pero no puedo engañarme, prefiero no mirar más. Bajo las cobijas el calor crece pero no quiero mover el cuerpo y sigo mirando cómo pasan los minutos. Son las 8:19 am y me repito que hoy puedo empezar a las 10:00 am mi trabajo, bajo el argumento de las horas gastadas días atrás. Pierdo la cuenta para no pensar si he compensado las horas gastadas, no creo que se pueda compensar la vida gastada, porque toda la vida se gasta al final. No me ha escrito desde hace varios días. Antes hablábamos durante horas, teníamos sexo virtual vívido, amoroso, apasionado, sucio, violento. Ni qué decir de nuestro amor cuando vino a visitarme a la ciudad. Intenso, profundo, absurdo y enloquecedor. Su depresión asomó desde el principio pero me negué a verla, cuando la vi, me negué a reconocerla y cuando la reconocí la rechacé.
    Empezamos a conocer demasiado rápido las necedades y los rincones abyectos de nuestra condición humana, corriendo de la mano hacia el infierno, después de desconocer nuestros rostros desfigurados, casi al borde de matarnos, decidimos detener el tiempo compartido. Regresó a su país, ya no contesta. Lo último que supe es que subía el volcán Atitlán. Casi todos los días le escribo y la saludo, pero no hay respuesta. El tiempo del amor correspondido terminó, ya ni cenizas quedaron, solo los últimos baldes de mierda en los que nos revolcamos para asegurar el desamor.
    Ya saqué una pierna del fogón y dentro de poco estaré bajo la ducha tratando de concentrarme en el instante del baño. Luchando con mi cabeza para no pensar en el fracaso. Antes de salir comeré un par de huevos, pan y jugo de guayaba para poner durito el estómago.

  38. Tizi
    3 mayo, 2019 at 21:15

    Me ama lo sé, lo veo en sus ojos cada vez que me mira, en su sonrisa, en la forma en la cual ladea su cabeza cuando hablamos o toca su cabello. A mi alrededor, su cuerpo es maleable, todo curvas y valles, pasión desatada, húmedos besos, abrazos fogosos. Palabras susurradas en la oscuridad de la noche.
    Hoy, sin embargo, algo ha cambiado. El silencio a nuestro alrededor es ensordecedor, su mirada es dura y su cuerpo esta tenso, como un animal a punto de atacar. “Que pasa?” – pregunto. “Nada” – responde. ¡Diablos! Todos sabemos lo que los “nadas” de las mujeres significan, siempre son algo.
    Me acerco e intento abrazarla, apaciguarla de alguna manera. Gira y me encara y sé, solo sé lo que me va a decir.
    “Te amo”. Me estremezco al escucharla, hay rabia y amor en sus palabras. “Sé que tú no sientes lo mismo por mí. Sé que dijimos que esto no cambiaría nuestra amistad, pero no puedo fingir más que estoy bien con ello. No puedo seguir fingiendo que me miras de la misma forma en que te miro yo a ti; que cuando me abrazas sientes que todo está en su lugar, que soy tu refugio, tu lugar feliz; como lo eres tú para mí.”
    No puedo sostener su mirada, así que doy la vuelta y observo el paisaje por la ventana. Las personas que pasean calle abajo, sin ninguna preocupación, con sus conciencias tranquilas, sin culpa…
    “Déjame ir” – susurra, su voz ganando fuerza con cada palabra pronunciada. “Prohíbele a tus ojos mirarme como si me quisieran devorar, a tus manos tocarme como si no pudieras tener suficiente de mí, a tus labios beberme como si murieran de sed, solo por favor … Déjame ir”
    Hay lágrimas en su ruego y solo, por un momento, quisiera sentir lo mismo que siente ella por mí, quisiera ser un mejor hombre y en realidad, dejarla ir, simplemente no puedo. Hablándole a la ventana le digo suavemente “No puedo, no aún”.

  39. ghostll36
    10 mayo, 2019 at 04:54

    Había tenido un día horrible.
    Jamás espere que algo así le sucediera.
    Jamás espere perder a mi mejor amigo de aquella forma.
    ¿Por qué los amigos no podían quedarse solo así? como amigos. Porque tenían que complicar las cosas.
    Pero no había sido intencional, solo no me di cuenta de las señales; las miradas y palabras que ahora toman sentido y todo demasiado tarde.
    Jamás podría borrar de mi mente las palabras que me había dicho, aquellas que aunque lo intentara no lograban llegar más allá de un simple cariño. Lo lamente en ese momento, lo lamente más al ver el brillo en sus ojos al comprender y su forma de alejarse de mí después de que le dijera.
    Porque le había hecho daño, pero ¿Qué culpa tengo yo de no sentir lo mismo?
    Mis lágrimas corren por mis mejillas mientras observo mi pequeña habitación, decorada con fotos. Fotos donde el aparece, que ahora me rompen aún más el corazón.
    Como es que llegue de intentar compartir mi alegría con el sobre una buena nueva, a ser la villana de su historia. Porque ahora es lo que soy para él, la chica que le rompió el corazón, y sé que no tardaran en correr los rumores, se cómo me miraran durante las clases, murmuraran sobre como jugué con sus sentimientos y jamás querrán ponerse mis zapatos tener una perspectiva completa de lo sucedido.
    Que cruel es el mundo, que no queremos ver algo que tenemos frente a nuestras narices y hablamos sin tener la historia completa.
    Y ahora, ni un perdón valdrá para recuperar lo perdido.
    Camino unos pasos más y tomo la foto nuestra más antigua y aun con ella entre mis manos me dejo caer en mi cama. Dejando correr las lágrimas libremente hasta que tropiecen con la almohada, hasta que se sequen y el nudo en mi pecho se desate.
    Hasta que pueda levantarme de esta cama sin sentir un dolor de cabeza, y si tengo suerte, hasta que olvide lo que ocurrió.
    O mejor aún, que haya sido un sueño, una pesadilla de la que no puedo salir.
    «Ja, como si fuera tan fácil», se burla mi corazón y mi mente antes de dejarme ir por la sombra del sueño, e imaginar que nada de esto sucedió.

  40. margarita
    17 mayo, 2019 at 22:06

    Él tomaba la última cerveza guardada en la nevera,

    Sentado en aquel sillón café que poco le gustaba a ella,

    La recordaba con su cuerpo de gloria y su sonrisa sabor a mil recuerdos,

    Se había cansado de esperarla aquella noche y todas las noches después de su partida.

    Amanda había sido el amor desnudo,

    Las siluetas de las emociones caminaban sin ropa por sus vidas,

    Jamás dejaron nada por hacer, todo se había disfrutado hasta el último sorbo,

    Hasta aquel día que ella llego con otro para llevarse sus maletas y colocar ropa a todo lo vivido.

    Juan la conoció con la mejor de sus siluetas,

    Ella bailo por muchos años la mejor de las danzas en su vida,

    El descubrió tras su cuerpo un paraíso,

    Ella hizo refugio en el bosque de su corazón y a su partida solo dejo un desierto.

    Amanda amó en dos cuerpos y conquisto mil mundos,

    Ahora cansada de sus dos puertos decidió partir solo hacia uno.

    Juan con su vacío a cuestas la dejó partir pero con la esperanza de un regreso,

    Ahora sentado en aquel sillón, los recuerdos pasaban como fotografías

    Y ella le decía adiós desde la lejanía.

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