Propuesta 24 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-24Pensad en algo que jamás haríais por voluntad propia y escribid una historia sobre eso de máximo 2.000 caracteres.

 


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taller de poesia

TALLER DE POESÍA
presencial en MADRID
Sábados
de 19,00 a 20,15
Zona Retiro
Grupos reducidos
En este taller, los participantes profundizarán en la arquitectura del texto poético a través del trabajo continuo y las lecturas compartidas de  textos propios y lecturas recomendadas.

 

 

 

  6 comments for “Propuesta 24 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    28 septiembre, 2016 at 05:56

    Me arrastran, tiran de mis mangas, me jalan por los pies. Me resisto. Eso no es para mi, y sin embargo, para ellos es fundamental mi presencia. ¿Cómo les explico? ¿Cómo decirles que a misa yo no voy? Que salido la esa Iglesia que ni me mira, ni me nombra, que me da la espalda, me vuelve sombra… Salí de ella y de sus brazos, porque sus brazos ahorcan, hieren y mutilan. Salí para abrir las alas al vuelo, amar como quiero amar, y entregarme de lleno a la vida. Me dicen que no tengo valores, pero no, no eso. Lo que pasa es que he abandonado a la Iglesia con sus valores, pero tengo los míos propios, los que adoran al mundo entero. Los que no miden con etiquetas, ni imponen un orden único para todos. Sí, abandoné sus valores en cuanto me dí cuenta de que lo que ellos me inculcaron como valores, no eran sino prejuicios. Así es que tomé el acta de mi bautizo, y con ella en mano, me dirigí a darme de baja de sus listas. Sí, me auto excomulgué, y desde entonces he vivido la plenitud de ser quien soy, de amar a quien amo. Y me rehúso, yo a misa…no voy

  2. Inquisitor Glokta
    28 septiembre, 2016 at 17:07

    Me dio un vuelco el corazón al oír aquellos gritos. ¿Por qué en mi turno? Esa noche estaba siendo de lo más pacífica. Cogí el micrófono de la computadora y me dispuse a aplicar el reglamento.
    -Esperen unos minutos y se les abrirán las compuertas.
    Me empecé a vestir junto a un compañero. Nos aseguramos que nuestros trajes estaban totalmente sellados y nuestras máscaras en funcionamiento, y abrimos las compuertas. Un hombre y su joven hija entraron velozmente.
    -¡Ayúdennos! –gritaba él.
    Pronto me di cuenta de lo fatídico de la situación, los pocos que no estaban infectados al llegar allí lo pregonaban a los cuatro vientos, esa pequeña familia tenía los días contados. Aquella enfermedad se transmitía por el aire, había aparecido de la nada y había tardado meses en empezar a hacer efecto en sus víctimas, para entonces ya se había esparcido por todo el globo. Al principio los políticos quisieron aislar a los infectados, pero pronto se dieron cuenta de que la única solución era aislar a los no infectados y dejar que el resto muriese, el ochenta por ciento de la población.
    Yo logré llegar a aquel refugio y me encomendaron la misión de vigía. Fuera, en la calle, imperaba la ley del más fuerte. Les saqué sangre y al mezclarlas con el agente las gotas se tornaron azules, efectivamente, estaban infectados. Sufrirían una muerte larga y dolorosa. Entonces tuve que hacer lo que me habían encomendado si quería seguir viviendo en el refugio.
    -Han dado positivo. –les dije.
    -¡Por favor, no nos obliguen a volver a fuera! Ya hemos perdido a mi mujer… -decía el hombre entre lágrimas.
    -Hay una alternativa. –les mentí- Hace unos días recibimos una fórmula desde Londres, no es un antídoto, pero retrasa considerablemente la aparición de los síntomas. Es posible que diera tiempo a que apareciese la cura, mientras tanto se mantendrían aislados.
    Notaba como mi voz sonaba casi robótica a través de la máscara. El padre aceptó dando las gracias y permitió que les inyectáramos aquello a él y a su hija. Por un lado soy consciente de que haga lo haga esa familia va a morir, y sé que en el fondo les he ahorrado dolor. Pero por otro lado me doy cuenta de que si lo hago es para que me permitan seguir viviendo allí, me he convertido en el estereotipo del ser cruel y egoísta que surge en una situación apocalíptica, me he convertido en un asesino. Padre e hija no tardaron en adormecerse y morir.

  3. Narradora de Cuentos
    28 septiembre, 2016 at 19:38

    De camino hacia Cartago entre el tumulto del bullicioso tren, somos el punto de mira de multitud de ojos curiosos. Entre el vaivén del vagón, nuestro numeroso grupo va y viene entre comentarios triviales y alegres.
    Un hombre se dirige a nosotros y transcurre el resto del trayecto en amena charla con él, es egipcio y le acompañan dos jóvenes libios. Es curioso uno de esos jóvenes, coincidió conmigo esta mañana en el hall del Hotel.

    Me ofrecen una flor, blanca, olorosa, símbolo de un país, jazmín… En el ambiente, emoción, vítores y la alegría contagiosa de las gentes, que vibran al compás de los aires típicos, mientras los bailarines evolucionan rítmicamente en el escenario.
    Es mi primera noche en Túnez y aquí estoy, en la ruinas del teatro de Cartago, confundiéndome entre la gente, con una flor entre las manos y una mirada tras de mi, tímida pero constante, que me seguirá el resto de la noche.

    Hammal, era el nombre del joven libio, que tenía sus ojos posados tras de mí .Su amabilidad, su timidez, y el hecho, de que se alojará, supuse, en mí mismo hotel, hicieron que confiara y permitiera su compañía, despistándome un tanto de mi grupo. Apenas quedamos solos , noté que algo no iba bien, su expresión perdió inocencia y se endureció en un gesto imperceptible, que consiguió inmediatamente, instalar mi ánimo en alerta . No me equivoque, tomo mi brazo y enérgico tiro de mi, sorteando a la gente. Intenté zafarme, pero en un instante, me vi inmersa entre el bullicio, que no tardó en rodearme y retenerme contra mi voluntad.
    Tras varias horas de no dar crédito, a todas sus peticiones. Me aleccionaron e intimidaron, encomiándome a mantener una cita concertada, con un influyente mandatario extranjero, de quien debía conseguir su favor y confianza, con el único objeto de robarle información confidencial.

    La mágica y cálida noche , se instala en mi, siniestra y fría. Como una autómata, acato mi destino…

  4. Sandra Carrion Estay
    2 diciembre, 2016 at 21:54

    -¡¡Ya te lo dije!! ¡¡No me opero aùnque me digan que mañana me muero si no lo hago!!
    El mèdico neuròlogo que me atiende hace un par de años, quiere que me opere la cabeza, el cerebelo para ser màs precisa. Èl no sabe como tratar mi disfunciòn en la marcha, y mi cerebro es muy buen espècimen para estudiar de manera màs profunda, el funcionamiento cerebral, màs aun considerando que el mèdico tratante tiene un historial de la evoluciòn de mi problema de salud y èl es neurocirujano, por lo tanto es màs confiable. Toda la informaciòn existente, ¡Es teòrica! y los cerebros estudiados son de gente muerta. Èl piensa que habrìendome la cabeza y observando lo que falla, podrìa solucionarlo. Pero mi respuesta siempre ha sido negativa. Mi marido cree que es miedo a morirme, pero no es eso, el temor es despertar con màs secuelas.
    Mi hija presenta una condiciòn de salud similar a la mìa. Los sìntomas que muestra no saben, ni explican su origen y la ùnica alternativa que se baraja, es que le hagan una cirugia craneal investigativa, a la que mi hija accede a someterse. Ante esta situaciòn, yo consiento la operaciòn en mi, ya que las aprensiones que me provoca, tambièn pienso las sufrirìa mi hija y no quiero que ella se opere.
    Estoy mirando las luces del pabellòn de cirugìa, el anestesista me pide que cuente hacia atràs desde 100… 100, 99, 98,

  5. Sin hache
    26 mayo, 2019 at 09:30

    Porque en la vida hay que aprender a enfrentar los miedos, fue lo que le contesté a mi hermana cuando me preguntó que qué coño hacía yo apuntada a un curso de paracaidismo. Pues eso, le dije, después de lo que pasó con mamá, después de que casi se nos va…
    Mi miedo a las alturas fue aumentando a medida que fui creciendo, no siempre lo tuve, no, claro que no, los miedos son algo que se nos va inyectando poco a poco para tenernos controlados…
    Una persona miedosa es mucho más fácil de manejar: se deja tejer y destejer a merced ajena como si fuera un hilo multicolor multiuso, ahora trabajas aquí, mañana te pasamos allí, ahora haces una cola de 3 horas para pagar impuestos, mañana te cobramos el agua, la tierra, el fuego, sólo nos queda el aire…
    Sin embargo una persona que va pelando sus miedos como capas de cebolla, encontrará más rápidamente su carozo, su poder, su propio dios y será más difícil obligarle a pagar esto y lo otro. Paracaidismo… ¡Ah!… Pánico me da… Pero algún día… Algún día ya sabes… Hay una puerta, la última, de esa no se libra nadie, detrás de ella se agazapan todos los miedos deseosos de engullirnos apenas la pasemos… Si no soy capaz de enfrentarme al aire loco y a las alturas…
    Engaño, dice mi hermana, puro engaño. Con miedo o sin él no podrás salirte nunca del camino, todo está ya trazado…
    Todo sí, estamos de acuerdo, todo lo que pueda ser manejado por los hilos sí, pero en el terreno de la muerte cualquier animal más débil se queda fuera de juego. En la oscuridad esotérica manda la leona. Y te aseguro que detesta las presas fáciles.
    El domingo cuando esté en el aire, cuando me vengan ganas de vomitar todo el desayuno, cuando se me abra en el estómago un agujero negro que atraiga todos mis pensamientos, cuando un mareo sanguinario se suba a mi cabeza, las piernas se tambaleen como el otoño y el corazón se endurezca en el pecho como agua que se solidifica para ser hielo…
    ¡Ay!… ¿Tú que crees? Se muere más en paz una cebolla que un ser humano inflado de miedos.

  6. María Cervera
    21 octubre, 2020 at 11:02

    Me encuentro en mi casa en las afueras de Hill Valley cuando escuchó un enorme ruido en el exterior. Salgo inmediatamente y la situación que veo me deja anonada. Hay un delorean aparcado en la puerta. Está cubierto por una nube de color oscuro. Me acerco hacia él con bastante precaución. Me cubro la cara con la bufanda con miedo, como si eso bastara para detener una explosión, y sigo avanzando con la adrenalina a tope. En el suelo hay las marcas enormes del frenado de los neumáticos y huele a goma quemada. No puedo ver quien hay en el interior. Los cristales están tintados. Dentro hay algún artilugio que brilla. Es el condensador de fluzo, pero yo en esos momentos no lo sé. La puerta se abre de repente y aparece Marty, un compañero de instituto con el que tuve un rollo hace mucho tiempo. De vez en cuando quedamos, está saliendo con mi amiga Jennifer. Es un buen chico. Algo despistado y chulito. Es amigo del Dr. Brown. Un científico chalado que vive cerca de aquí. Para mi es una buena persona. Muchas veces le he ayudado a montar varias maquetas, es muy inteligente, pero tiene poca maña con las manualidades.
    Marty se acerca hacia mí con sus Levis Strauss y su chaleco de color rojo que, por cierto, le regalé en su último cumpleaños. Parece algo acelerado, aunque el siempre es bastante nervioso y se mueve rápidamente.
    – Britanni, tienes que venir conmigo…
    – Primero deberías explicarme porque has venido hasta aquí con un delorian en este estado…
    – ¡No hay tiempo para eso!
    – Debes viajar conmigo al pasado
    – ¿Al pasado? ¡Estás loco! Sabes que es lo último que haría.
    – Concretamente al año 1989, cuando tu estudiabas en el colegio. Se produjo algo que deberías saber. Seguramente marcó el transcurso de tu vida. Probablemente no cambie tu situación personal, pero quizás te ayude en algunos aspectos.
    – ¿Me estás diciendo que podemos viajar al pasado con esa máquina?
    – Si, al pasado y al futuro…. No, por favor, no te vayas. Solo quiero ayudarte. Igual que tu hiciste conmigo hace unos años. Estoy agradecido.
    – ¿Quién inventó esto?
    – El Dr. Emmett Braw. Lo conoces….
    – Si….
    – El también quiere ayudarte. Hace mucho tiempo que la construimos. Al principio tuvimos muchos problemas y pensamos en destruirla. Pero ahora ayudamos a muchas personas. Es un beneficio si se usa con buenos fines.
    Me siento totalmente descolocada, no sé que pensar, ni sé si creerme lo que Marty me cuenta. Me explica diferentes casos y empiezo a creer que todo es real. Puesto que yo misma he vivido la transformación de esas personas. Le miro a los ojos y pienso que realmente puede beneficiarme viajar al pasado.
    Marty me explica cómo funciona la máquina del tiempo. Es increíble como el Dr. Brown ha creado esa maravilla. Antes funcionaba con materiales radiactivos, pero ahora lo hace con cualquier combustible. Me siento en él. Veo como “fluzea” el condensador. Me siento poderosa con Marty al lado y dentro de ese aparato.
    Marcamos la fecha: 22 de octubre del 1989, día en el que hago 10 años. Es mi cumpleaños. ¿Qué pasó ese día que marcó tanto mi personalidad? No recuerdo absolutamente nada. Una alarma me hace salir de mis pensamientos. El reloj me avisa. Es la hora de ir a buscar a Finn a la escuela. Podría decirle a mi vecina Anne que lo recogiera porque tengo unas compras que hacer y que por favor se quedara con él…¿Cuánto, un par de horas?…
    Escucho a Ron maullar desde dentro de la casa. Su cabecita se asoma por la ventana. Es su hora de comer y lo sabe. De repente reflexiono: no he de volver al pasado. Es algo que nunca haría. Miro a Marty y muevo la cabeza.
    – Vuelvo a casa. Esta es mi vida. Y soy quien soy por lo que he vivido y por lo que he dejado de vivir. Gracias por todo, siempre te estaré agradecida.
    Marty me mira con compasión. Pero entiende que es mi decisión y por lo tanto debe respetarla. Me abraza y deja que me marche.
    Vuelvo a casa con lágrimas en los ojos. Ron me recibe con sus habituales carantoñas.

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