Propuesta 27 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-27Imaginad que habláis con un conocido y os cuenta que lo ha perdido todo. Escribid en un máximo de 1.500 caracteres lo que le diríais para consolarlo.


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El libro de mi creatividad literaria

EL LIBRO DE MI CREATIVIDAD LITERARIA
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Un libro con más
de cien propuestas
para desarrollar tu creatividad
escribiendo historias.
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Completar las más de cien propuestas de redacción de El libro de mi creatividad literaria ayuda a aumentar nuestra capacidad de invención y guía paso a paso para aprender a escribir historias originales y coherentes.
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  6 comentarios en “Propuesta 27 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    1 Octubre, 2016 at 03:16

    Siento tanto verte así, cuando el oleaje de la vida te ha dejado vacío, desnudo, asoleado y vapuleado sobre la playa. Así es el moviemiento en esta eterna danza, nos eleva, nos mueve hacia un lado, nos lleva hacia el otro, nos vuelve a subir, nos baja. A cada vuelta del mar, nos revuelca, nos marea. El agua salada penetra nuestra nariz y boca y por poco nos ahoga, pero siempre vuelve a llevarnos a flote, a respirar el interminable oxígeno que nos ofrece, y a ver en el cielo las nubes blancas y suaves. Pero hoy contigo ha sido distinto. Te ha expulsado del mar a puro golpe, y ahí estás ahora sobre la playa tendido, golpeado y sin comprender. Nada hay que comprender. Hay que sobarse el golpe, contemplar el mar desde lejos, levantarse firme sobre la playa, y correr en tierra firme. Has salido del mar, la extensión de la tierra abre sus caminos para ti. Has salido de esto totalmente limpio, nuevo. Oportunidad para reinventarte, para dar un paso y luego otro, para pegar la carrera más grandiosa… Y yo estoy aquí para echarte porras, para admirar tu nueva vida, para acompañar tus nuevas caídas, tus temblores, para esperarte en tu meta con los brazos abiertos. Anda, sacúdete la arena, sóbate el golpe, y mira al extensión de posibilidades ante ti. Aquí estoy, te acompaño.

  2. Narradora de Cuentos
    1 Octubre, 2016 at 14:00

    Mírame, estamos, juntas !!!
    Nos queda la mitad del trayecto por recorrer. El viaje hasta aquí, ha sido placentero en algunos momentos, duro muy duro como hoy, otros… incluso estoy segura que hasta el sopor, nos ha invadido en algunas etapas de esta ruta que es la vida. Pero todavía debemos esperar mucho intensidad en este tramo del recorrido, que no por parecer hoy el final, es el ocaso …
    Mírame, juntas con ojillos de niña si hace falta, nos preguntaremos ilusionadas que nos deparará todavía el viaje, de ningún modo vamos a limitarnos a bucear por los recuerdos y las carencias…
    Estamos en los cincuenta y tantos, pero nuestros corazones te juro, volverán a latir, con la misma intensidad que lo hicieron a los veinte..
    ” Nos dijeron que la vida era corta , pero no nos lo creímos” … Ahora somos conscientes plenamente, y no vamos me oyes, a estar dispuestas a dejar “ripio “… De las sensaciones en la piel, de las imágenes en la retina, de las emociones en el alma, de las mariposas de nuevo en el estómago, de los besos salpicados en los pliegues de la piel y del corazón…
    Hoy es nuestra vida y la vamos a construir respirando hondo, escapando a los miedos, a la rutina , con el objetivo común, de dar pasos todavía audaces, firmes y sin titubeos … Porque seguimos estando aquí , para vivir… Si repito para vivir !!!
    Dejemos una vez más las decepciones, que las hubieron, los fracasos que nos paralizaron, las dudas que nos hicieron vulnerables, las inocuas lamentaciones… Dejemos de escuchar el silencio, para juntas seguir oyendo el ” sonido de la vida ”

    No está todo perdido. Estamos aquí de la mano y eso no lo olvides nunca, no nos lo puede arrebatar nada, ni nadie !!!

  3. 3 Octubre, 2016 at 12:30

    Las cortinas de los grandes ventanales de la casa de la Señora Eleonora, hoy, permanecían cerradas y tras ellas se intuía una profunda oscuridad. Bajo, en la calle, la gente andaba indiferente a lo que sucedía tan sólo a dos metros por encima de sus cabezas. Si al menos sus ojos mirasen a través de los ojos de los demás y no los sorteasen a su paso como un simple obstáculo en su camino, quizás, se habrían dado cuenta de que allí, frente a ellos, en su mismo plano de movimiento, había alguien a quien le sobraban varias piezas de un gran puzle y le faltaba una de las más importantes en esa plaza.

    —Tía Cris, ¿es aquí donde contaban cuentos?—Me preguntó extrañada Sofía con su dulce vocecita. Cuando entreabrí mis labios para contestarle, de pronto la vi. Supe al instante que hoy no habrían cuentos de hadas, ni títeres, ni risas. Aun así, mis piernas, guiadas por mi corazón, me llevaron hacia ella, aunque mi cerebro, escarmentado de tantos palos, me advertía que no lo hiciera. Conmigo el corazón siempre gana al cerebro, y él lo sabe, pero lo intenta, y me sigue a regañadientes. Mi sobrina también me sigue, pero porque su cerebro anda medio dormido, y su corazón tiene hambre de cuentos.

    —¿Eleonora? ¿Se acuerda de mí? Soy la hija de Susi, la de la antigua panadería— Digo con cuidado, reclinándome hacia ella y apoyando mi mano sobre su hombro. Me fijo en sus manos, perfectamente entrelazadas. Sus labios están en forma de sonrisa antes incluso de pronunciar una palabra, antes incluso de que me hubiese visto, y me produce tanta ternura que tengo un nudo en la garganta. Maldito corazón endeble.

    — Hola cariño, ¿Cómo estás?— Me contesta sin más. Como si no hubiesen pasado diez años desde la última vez que nos vimos. Como si nunca antes hubiésemos compartido carcajadas, como si fuera una viandante más, como si no me conociera realmente.

    —Muy bien—Contesté titubeante—Ahora estoy viviendo en Madrid, pero bueno casi nunca estoy en casa porque mi trabajo me obliga a viajar mucho. Estaba de vacaciones y recordé que hoy era su cumpleaños, y le dije a mi sobrina que le traería hasta aquí para que escuchara el cuento que solía preparar para su aniversario…Pero veo que las cortinas están cerradas, ¿No hay cuento este año?
    Eleonora fijó su mirada en Sofía y con una cada vez más triste sonrisa le dijo:

    —Lo siento mucho cariño. Esta vez no se me ha ocurrido ningún cuento, y mira que llevo todo el año pensando en él, pero no hay forma. Nunca me importó que cada vez hubieran menos niños mirando hacia mi ventana, con que hubiese uno sólo esperándome, abría el telón y actuaba para él como si lo hiciese para el mundo entero. Pero los últimos años ya no había ninguno y quizás, por eso perdí mi fuente de inspiración y con ello lo perdí todo. Ya no tengo fuerzas ni ilusión para nada.

    —Vamos Eleonora, si su magia es innata, no puede haberla perdido del todo— dijo mi cerebro, al ver que mi corazón callaba o rompía a llorar. Me sentía culpable. Culpable por no haber ido a verla, por no haberle ayudado a cumplir su sueño, por no haber propagado por todos los rincones del mundo en los que había estado que existía un ser brillante que relataba los mejores cuentos jamás contados desde un peculiar escenario.

    —Siento mucho que hayáis venido hasta aquí para nada hijas. Os agradezco la visita de todos modos—contestó Eleonora sin perder su sonrisa.
    Sofía que había estado callada observando la situación, libre de prejuicios y llena de sinceridad preguntó:

    —¿Cómo lo hace? ¿Cómo puede sonreír todo el rato si está triste? Yo no sé. ¿Es eso magia?
    En mi cerebro se produjo entonces un cortocircuito de tal calibre que no tuve tiempo siquiera de buscar por donde andaba mi corazón para frenar la previsible hecatombe. Durante treinta largos segundos nos mantuvimos en silencio. Yo con un sinfín de herramientas inservibles buscando una solución a mi muerte cerebral dando por perdido en la batalla a mi frágil corazón. Sofía mirando sin tregua a los ojos de Eleonora, esperando impaciente una respuesta. Y Eleonora, mirándonos sin vernos.
    De pronto, sus ojos comenzaron a brillar de la misma forma que lo hacía su sonrisa. Como si de pronto se hubiesen reencontrado después de andar años perdidos.

    —Me acabas de dar una idea grandiosa pequeña granujilla. Creo que ya tengo un pequeño cuento a la vista.
    Sofía le devolvió la sonrisa y entre aplausos le señaló la ventana.

    —¡Que se abra el telón!—gritaron las dos entusiasmadas. Y en ese grito me recompuse la mente y ensanché el alma de tal forma que me convertí en niña de nuevo, me senté en el suelo junto a Sofía y escuché con emoción un maravilloso cuento de sonrisas perdidas.

    Pronto vinieron a mi mente escenas y relatos del pasado y me di cuenta de que fue mi cerebro el que confundió la brillantez con la locura, el que guardó en una caja olvidada al fondo de mi memoria, la luz que algunas personas irradian conforme te acercas a ellas. Esa luz que no lleva fórmulas matemáticas, esa que sólo es visible, cuando miramos con los ojos del corazón.

  4. 8 Octubre, 2016 at 20:22

    Supongo que no hay nada que pueda decirte que supla lo que ahora no tienes. Alguien con mayor capacidad de empatía que yo, o simplemente que sea capaz de expresar mejor sus sentimientos, te diría que por lo menos te tienes a ti mismo. Pero ambos sabemos que a día de hoy, muchas veces, eso es como no tener nada.
    Así que me limitaré a ofrecerte mi brazo si necesitas llorar, mi alma si necesitas reír y mi cerebro si necesitas buscar una solución.
    Aquí estoy si necesitas ayuda.
    Por desgracia, nada va a volver. Y a estas alturas volver a tener todas aquellas posesiones materiales en las que gastaste los ahorros de toda una vida no arreglarían el vacío que se ha quedado en ti. Que han dejado en ti.
    Lo siento. Es todo lo que puedo decir. De todas formas, me gustaría abrazarte. Que vuelvas a sentir el calor humano pegado a ti, que sepas que no eres alguien hueco. Que no estás vacío. Que sólo necesitas despertar.
    Yo quería darte las gracias por todas las veces que has estado ahí para mí, cuando la vida me ahogaba y yo no podía respirar. Ahora es al revés.
    Aquí estoy, a tu entera disposición.

  5. 15 Octubre, 2016 at 23:20

    —¡Lo he perdido!
    —¿Qué perdiste, amigo?
    —¡Todo!
    Al borde de aquel precipicio, sus manos y su llanto se aferraban a la roca como al deseo de un milagro que regresara el tiempo.
    —¡Espera! ¡Espera! Recuerda que mientras hay vida, hay esperanza —dije lo primero que se me ocurrió.
    —Es que tú no me entiendes —decía con sollozos entrecortados—. Ayer yo era feliz, pero hoy, en un instante la vida perdió sentido.
    Me asomé al precipicio y calculé la altura de una caída. A esos aproximados 20 metros y con las rocas en el suelo no creí que nadie pudiera sobrevivir.
    —¡Oye! Pero observa que respiras y tienes vida —me acerqué a él poco a poco—. Seguramente mañana verás las cosas de otra manera. Si quieres puedes tomar mi manos y juntos encontraremos alguna solución a lo que te pasa.
    —¡Todo se fue al precipicio! ¡Tú no me puedes ayudar! —Insistía en aferrarse a su pérdida.
    —Sé que ahora podrías no entender, pero toma mi mano, aférrate a la esperanza y seguro pronto verás una solución —me aterraba el hecho de que saltara frente a mis ojos, pero no sabía que más decir—. ¿Cuántas pérdidas has tenido antes y sigues bien y con vida? Aunque hayas perdido todo, sigues con vida.
    —Es cierto —brilló un atisbo de luz en su mirada—. Ya he perdido otros perros antes. Compraré otro perrito, pero ya no le llamaré Todo. Será hembra y le llamaré Nada.

  6. Sandra Carrion Estay
    5 Diciembre, 2016 at 21:47

    -¿¡Què pasò Sergio!? -Pregunto asombrada-
    – Perdì la fàbrica de carteras de cuero -Me responde-
    -Pero ¿Còmo fue eso?, si te iba tan bien, tu fàbrica cada dìa vendìa màs…
    -El dòlar subiò y mis deudas, de la fàbrica, subieron al doble. El banco no me quiso otorgar un prèstamo, porque calificò la empresa de riesgosa. Por lo tanto, fui donde un prestamista, el que me prestò la plata necesaria para cubrir los cheques que no tenìan fondos ya. Hipotequè de entre otras cosas la casa y la fàbrica. No pude cumplir con los pagos, que eran cada semana màs altos y acabè perdiendo mi ùnica fuente de ingresos y mi casa, la casa de mi familia, ¡De mis hijos!…, serà rematada.
    -¡Pucha Sergio!… ¿Ya perdiste la fàbrica?
    -Sì, no hay nada que hacer
    -¡Bueno!, pero cuando uno està embuido en la desesperaciòn, no es capaz de encontrar las soluciones màs adecuadas.
    Somos vecinos, buenos vecinos, no puedo prestarte plata porque no tengo, pero puedes contar con mi oreja siempre. A veces sòlo necesitamos pararnos a hablar con alguien y descubrimos el remedio a nuestros problemas. Vamos a tomarnos un cafè y juntos barajemos las opciones fàctibles a las que aùn te puedes aferrar, para que tu familia no se quede en la calle y tu fàbrica… Piensa que es algo material y lo material se recupera, mejor o peor, con màs o menos trabajo; si lo hiciste una vez, lo puedes hacer de nuevo. Perder una fàbrica o la casa; no es motivo para cortarse las venas ¡No crees?

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