Propuesta 35 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-35Vamos a volver a utilizar la técnica de “los objetos fuera de lugar”.

Primero tenéis que anotar cinco cosas que suelen encontrarse en un taller mecánico.


Después escribid una historia de máximo 2.000 caracteres en la que aparezcan todos esos objetos, pero debéis hacer que la historia no esté ambientada en ningún taller mecánico, ni siquiera cerca de él.


No olvidéis enviar las cinco cosas que hayáis escogido junto a vuestro escrito.


Recordad que para contar los caracteres de un texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de caracteres en línea como estos:

 

 


Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

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  8 comments for “Propuesta 35 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Narradora de Cuentos
    9 octubre, 2016 at 10:51

    La temperatura era agobiante ese fin de semana en Malasia. Más caliente aún, había sido el duelo final entre dos magistrales pilotos, de la última prueba del Campeonato del mundo de Moto GP. Sin lugar a dudas la épica carrera, sería recordada por haber cortado el aliento, a los millones de seguidores del Mundial. Las tres ultimas vueltas habían sido una titánica lucha. Las redes sociales echaban humo, ante la que sería seguro una batalla recordada durante generaciones. El joven campeón del mundo, había estado a la altura hasta el final, del espectáculo de la carrera.
    No todos los días se veía una última vuelta, con semejante ritmo y compostura, incluso el laureado campeón se perdía a la hora de explicar, como lo había conseguido…
    Más vertiginoso si cabe, como solía ser para el, fue el resto de la jornada, podium, cámaras, entrevistas, seguidores, una epopeya ya repetida muchas veces en su vida, pero a la que no acababa de acostumbrarse aún
    Muy al contrario sabía bien, que el dulce sabor de la victoria, le llegaba siempre al disfrutarla en soledad. Cansado y especialmente ansioso hoy porque llegará ya ese momento, cerró por fin la puerta de la suitte del Malasia Hilton. Expectante y aliviado se dejó caer unos segundos en la cama, allí estaba una vez más fiel a su cita, un paquete precintado, que como en los anteriores cuatro títulos mundiales conquistados, sucedieron
    al logro.
    Sonrío soñador…En sus laureadas vitrinas, llamaban la atención ocupando un lugar privilegiado, unas pastillas de freno, una garrafa de lubricante, una horquilla y una llave dinamométrica, en las que destacaba la frase conmemorativa de cada uno de sus títulos mundiales, y por las que no pocas veces, le habían interrogado los medios.
    Feliz y emocionado rasgo con entusiasmo la caja, que anunciaba “FRAGIL”
    por todos sus vértices,y encontró se con un precioso carenado que rezaba ”
    ” 5 Campeonato del Mundo en tus manos ” y una exigua nota que con trazos reconocibles le decía:

    Lo has vuelto a hacer !!!

    Mamá

    Ahora sí sentía por fin, la plenitud del flamante quintuple Campeón del Mundo que era…

  2. Narradora de Cuentos
    9 octubre, 2016 at 10:54

    Pastillas de Freno
    Garrafa de Lubricante
    Horquilla
    Llave Dinamométrica
    Carenado

    • Azul Bernal
      10 octubre, 2016 at 00:30

      Vaya. No conozco ni la llave dinamométrica ni el carnado! Algo se aprende cada dia!

      • Narradora de Cuentos
        11 octubre, 2016 at 01:06

        Trabajé 21 años de comercial en un concesionario oficial de Automóviles jajajaja tenía ventaja

        El carenado es como decirlo el revestimiento externo del chasis
        Y la llave dinamométrica , es una llave de torsión para ajustar roscas

  3. Cesar Augusto Miranda Arredondo
    9 octubre, 2016 at 13:53

    5 cosas:
    Cincel
    Alicate
    Taladro
    Martillo
    Cinta métrica

    Visita de amistad
    Era de noche viajábamos al norte del país una ciudad que aún yo no conocía, debíamos visitar a un amigo de mi padre que estaba delicado de salud, mi padre conducía, la carretera estaba oscura y ya íbamos a mitad de camino, todo era desconocido para mí, de repente nos detuvimos había un tumulto de vehículos unos diez o veinte metros hacia adelante, no tuve una cinta métrica para medir la distancia, había policías, estábamos cerca de un estacionamiento de vehículos, según íbamos avanzando lentamente pudimos ver que dos policías llevaban esposado a un hombre de unos cuarenta años, detrás de ellos otro policía llevando un cincel, mi padre pregunto a los transeúntes qué era lo que había pasado. “Un delincuente ha sido capturado” era un ladrón de vehículos se había hecho famoso por esa zona por abrir autos con un cincel aunque nadie conocía su identidad, la policía había montado un operativo para capturarlo pues eran cientos de vehículos que habían sido asaltados.
    A la mañana siguiente antes de descansar unas horas en un hotel, decidimos entrar en un restaurante que estaba a pie de carretera para desayunar, mientras pedíamos la orden mi padre vio un adorno de metal en el mostrador era un ciclista en miniatura, el metal era plateado, pero el acabado era muy fino, “que perfecto” dijo mi padre, el dueño del restaurante nos dijo que ese adorno lo había hecho un niño de apenas nueve años de edad, que vivía con su madre que vendía golosinas y que los adornos que hacia le ayudaban a subsistir, no tenía padre pues este lo dejo a temprana edad, nos dijo que al niño lo podíamos encontrar a cincuenta metros de ahí. Así que fuimos en busca de él y efectivamente lo encontramos junto a su madre que vendía golosinas, estaba elaborando más adornos de diversas formas, animales, personas, objetos lo que se pudiera imaginar, solo usaba un pequeño alicate puntiagudo, nada más, mi padre escogió una torre muy semejante a la torre Eiffel, era magnifica.
    Al fin llegamos a nuestro destino, fuimos a la casa de del amigo de mi padre, pero su esposa nos dijo que no se encontraba, que estaba hospitalizado tenía un hijo de unos veinte años que estaba reparando el techo con un martillo. Más tarde nos llevaron al hospital donde él estaba, nos recibió sonriente, estaba en cama, era su pierna derecha la que estaba afectada, una fractura de fémur tenía una tracción esquelética un mecanismo que tiraba de su rodilla. Él nos dijo que había sufrido un accidente mientras reparaba su techo, y nos contó que ahí en el hospital le hicieron esa tracción, le atravesaron el hueso con un taladro, y que era para acomodar el hueso, o algo asi entendí, mi padre le obsequio el adorno que le habíamos comprado al niño de nueve años.

    • Azul Bernal
      10 octubre, 2016 at 00:31

      Me gustó la ambientación de los policías en la moto, perfecto me imaginé el aire frío,la velocidad,el ruido…

  4. Azul Bernal
    10 octubre, 2016 at 00:21

    1) Martillo
    2) Desarmador
    3) Serrucho
    4) taladro
    5) pinzas

    El auditorio estaba a reventar. Las luces apagadas, los reflectores apuntando al estrado, le martillo tirado por la esquina, y la ponente lista para salir a enfrentar a su público. El aplauso se dejó caer estruendoso, pues el tema era de por sí polémico. Dio unos cuantos pasos firmes, decididos. Levantó el micrófono a la altura de su barba, y lo dijo: Dios no existe. Algunos chiflidos se dejaron oír. Algunos chiflidos, muchas porras, y el ruido de un taladro a lo lejos. -Dios es una creación humana, la ciencia lo ha demostrado. Sacó de su saco las pinzas, y las colocó sobre la mesa, continuó: Al igual que con Santa Claus, la creencia en Dios se ha basado en puros cuentos- Más aplausos, mas chilflidos, el público estaba dividido, y el serrucho permanecía bajo el telón. -La fe ha sido el invento con el que las religiones impiden a la gente pensar, cuestionarse…- el desarmador rodó escaleras abajo. La mitad del público se levantó y salió entre abucheos, la otra mitad se puso de pie para ovacionar. Así era esto, así era siempre. Ya lo sabía ella, lo conocía bien. Cada vez que parte del público salía escandalizado, le reafirmaba que en verdad la fe no le permitía a la gente cuestionarse sus creencias, ir más allá, llegar a las raíces, y partiendo de ahí, volverse a inventar.

  5. 10 noviembre, 2016 at 01:19

    Lata de lubricante
    Caja de herramientas
    Franela
    Desarmador
    Martillo

    Las latas de lubricante cayeron de aquél camión de carga, a la carretera. No pude esquivar una de ellas con el coche y, al aplastarla, mis llantas comenzaron a resbalar. Solté el freno y el acelerador y rogué a Dios para que el vehículo detuviera su marcha sin generar ningún percance mayor.

    El camión también se detuvo delante de mí, cuando su conductor vio el tiradero que había provocado. No había más automóviles por aquel camino. Así que no hay sangre que derramar, ni heridos para describir. Sólo el asfalto con lubricante derramado y dos conductores llenos de alegría por estar sanos y salvos.

    El hombre se acercó a mí y se disculpó por el inconveniente. De una caja de herramientas de tamaño considerable, extrajo una franela y se ofreció a limpiar mi salpicadero que escurría gotas del aceite marrón. El aroma a hospital de automotores invadía la campiña mientras recogíamos las latas del lubricante que no se habían roto.

    Con muy buen humor, el dueño del camión, me comentó que se dirigía al autódromo como parte del equipo de apoyo de Armando Ruedas, el piloto de carreras de moda, en la región. Al parecer un perno se había soltado de la puerta trasera de su camión y provocó que se abriera, dejando en libertad a las latas de lubricante para que hicieran su propia carrera en aquella improvisada pista de asfalto. Ninguna fue declarada ganadora, porque algunas de ellas murieron y otras desaparecieron en su intento de fuga.

    Después de poner suficiente aserrín sobre los disparatados ríos de lubricante, aquel hombre de aspecto bonachón, me regaló dos entradas para la carrera del día siguiente. Lo alcancé antes de que subiera a su camión y le di el desarmador y martillo que había olvidado en el suelo cuando sacó la franela de la caja.

    Yo me quedé ahí, reflexionando cuánta lata da una lata fuera de lugar.

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