Propuesta 4 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

 

taller de creatividad literaria-4Escribid con un máximo de 400 palabras una historia cuyo principio se desarrolle en el espacio físico que se ve en la fotografía de debajo de estas líneas.

 

Para que la historia resulte coherente, intentad que, aunque sea de forma breve, contenga la presentación de lo que va a ocurrir, el nudo de la historia y el desenlace final. Por si alguien no recuerda en qué consisten estas partes de la estructura interna de la narración, podéis repasarlo AQUÍ.

 

taller creatividad literaria imagen 4
Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

 

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

taller de creat literaria madrid

TALLER DE CREATIVIDAD LITERARIA
presencial en MADRID
*

con tutor

grupos reducidos

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Viernes
de 19,30 a 20,45
Zona Retiro
Grupos reducidos
 *
A través de ejercicios prácticos, los participantes aprenderán diferentes métodos y herramientas para desarrollar la creatividad y cómo aplicarlas a la escritura de textos literarios.
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  55 comments for “Propuesta 4 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    8 septiembre, 2016 at 01:41

    De pie ante el camino, lo supo todo de pronto: serían éstos sus últimos pasos por la tierra. Sí, había sido condenado a muerte. El camino se extendía sombrío, silencioso. Un par de empujones lo pusieron en marcha. Se angustiaba más por la ropa sucia que portaba, que por el vida que estaba a punto de escaparse de su cuerpo. Arrastró los pasos con la pesadumbre de no estar lo suficientemente presentable para coronar su vida con la muerte. No escuchó otros pasos siguiendo los suyos, por eso intuyó los rifles apuntándole por la espalda. Decidió correr con desenfreno a los brazos de su tumba. Pegó carrera esperando escuchar como solemne himno mortuorio las descargas del destacamento sobre su cuero. Corrió unos pasos, corrió otros tantos. Avazó flaqueado por suntuosos árboles testigos de sus últimos alientos… Silencio. Ningún disparo. Las sobras de las ramas se desplomaron de tajo. El camino extenso le tendía aún la mano. ¿Y la muerte? ¿Su muerte? Abruptamente se detuvo. Paró en seco. Aspiró profundo, reunió valor, y giró sobre sí mismo para darle con la mirada de frente al pelotón que con hambre ansiosa esperaba devorar con balas su pecho. Sí, giró valientemente. No había nadie ahí. Nadie que le viera, nadie sosteniendo rifle, pistola, bayoneta alguna, nadie atestiguando lo que sólo los árboles advetían: A este hombre le apuntaba su propia vida. Se había condenado a sí mismo en el peso de su camino andado. Se había conducido a sí mismo hasta la desolación del camino. Pero no, no moriría ni hoy ni aquí. Moriría cada día, en cada respiración. Moriría de arrepentimiento, de dolor. Más allá del camino, mucho más allá de los árboles, las sombras, las hojas caídas, esté hombre quedariá lentamente sepultado por el peso de su propia osadía.

    • Inquisitor Glokta
      8 septiembre, 2016 at 18:29

      Muy bien descrito, usas un lenguaje muy rico.

    • jnpdiaz
      9 septiembre, 2016 at 00:48

      Muy poético… me encantó.

    • Narradora de Cuentos
      11 septiembre, 2016 at 12:13

      Muy imaginativo

    • Neghro
      24 marzo, 2017 at 21:02

      Lindo lenguaje, un cuento hermoso que se disfruta al leer

    • 4 febrero, 2019 at 15:59

      Azul: Que bueno lo que pasa en ese paisaje!!! Me gustó entrar en tu historia…

    • Daniela:)
      24 enero, 2020 at 17:31

      Inesperado, inquietante, siento que es real aunque no lo sea.

    • Pyl
      12 marzo, 2020 at 04:20

      wow, simplemente increible.

    • 27 agosto, 2020 at 21:16

      Mi favorito, es hermoso, un lenguaje muy rico, muy comprensible y te engancha a la primera.

  2. Inquisitor Glokta
    8 septiembre, 2016 at 18:26

    Marc
    -¡No nos moverán! –gritaban decenas de activistas.
    No era la primera vez que se encontraba ese problema, tenían que talar una zona arbolada que pasaba cerca de una población y sus habitantes trataban de impedirlo. Detrás de él esperaban pacientes sus empleados para talar aquella zona. Habían llegado a un acuerdo con el ayuntamiento, pero aquellos indeseados se ataban a los árboles para evitar la tala.
    -No podemos permitir que talen este bosque, es el emblema del pueblo. –decía Jesús, el líder de los activistas.
    Jesús era un abogado que Marc ya conocía de otros intentos de talas, y cuando se producían casos como este siempre viajaba hasta los pueblos afectados para mostrarles a los enfadados pueblerinos lo que debían hacer.
    -Me han contratado porque necesitan esta zona para construir la nueva fábrica embotelladora. –se explicaba Marc- Dará muchos puestos de trabajo a vuestro pueblo.
    -¡Pues que tiren la casa del alcalde y la construyan allí! –gritó una chica pelirroja ante el júbilo de sus compañeros.
    -Hemos llamado a la prensa. -le advirtió Jesús.
    -¡No! A la prensa no. -se quejó Marc- Está bien, yo retiraré la maquinaria por ahora y negociaremos.
    -Lo quiero por escrito.
    En medio del bosque Jesús redactó un contrato que firmaron Jesús y él.
    Natalia
    Aquellos empresarios temían demasiado a la prensa, Jesús había sido muy astuto. Natalia se quitó la coleta dejando libre su rojiza melena. Ya retiraban a la maquinaria del bosque.
    -El contrato es completamente legal. -dijo Jesús- Pero esto sólo les retrasará una semana. Esta noche descansemos, mañana a primera hora vendrá Marc a nuestra asociación para negociar.
    -Te quería agradecer todo lo que has hecho por nosotros. –le dijo sonriente Natalia.
    -No hay nada que agradecer, lucho por lo que creo que es correcto.
    Aquella noche Natalia durmió profundamente. A la mañana siguiente esperaron en la asociación y nadie aparecía, ni Marc ni Jesús. Y cuando fueron al bosque se encontraron una imagen dantesca, todos los árboles habían sido talados. ¿Cómo era posible?
    Jesús
    -Otro trabajo bien hecho. –le felicitó Marc.
    Los dos regresaban a su ciudad en el coche de empresa.
    -Me deberían pagar un plus por peligrosidad, -decía Jesús- en algún pueblo se darán cuenta del truco.
    -Ya le tenemos que pagar el plus de nocturnidad a los empleados.
    -Bueno, bien está lo que bien acaba. –dijo Jesús mientras se recostaba en el asiento del coche.

    • jnpdiaz
      9 septiembre, 2016 at 00:46

      Jajaja. Me gustó como … interesante.

    • Patito
      25 marzo, 2020 at 16:07

      Me gustó, fue…inesperado, ja

  3. Cintia
    8 septiembre, 2016 at 22:57

    Lucy corría, por aquel sendero en el bosque, tan rápido como sus piernas le permitían. Había conseguido despistar a aquellos hombres vestidos de blanco que la querían secuestrar. A su corta edad aún no lograba entender por qué querrían secuestrarla, pero sabía que debía llegar cuanto antes a su casa.
    Tropezó con una piedra y cayó tendida al suelo, el pánico la invadió, pues estaba segura que los hombres que la seguían no tardarían en alcanzarla. Se levantó lo más rápido que pudo, echándole un breve vistazo a sus manos y sus rodillas raspadas antes de seguir corriendo. Pero al fijar su vista al frente algo había cambiado, ya no veía el mismo sendero en medio del bosque que hacía unos minutos, una gran playa con arena blanca era lo que percibía a través de sus ojos. Se giró pensando que había llegado al final de aquel sendero sin percatarse por el miedo y la adrenalina que recorrían sus venas en ese momento pero, para su sorpresa, el bosque no estaba allí, de hecho podía reconocer el lugar, no estaba muy lejos de su casa.
    Miró sus manos esperando que todo hubiera sido un sueño, pero la confusión se reflejó en su rostro al ver tierra en sus manos, lo cual era imposible a menos que realmente hubiera estado en el bosque, pero ¿cómo?
    Mientras miles de preguntas ocupaban su mente, sin encontrar alguna respuesta, sus pies la dirigían a su hogar, donde esperaba poder preguntarle a su madre sin que ésta creyera que estaba loca. Pero el miedo volvió a presentarse cuando llegó a la esquina de su casa, una camioneta con un logo que reconocía de los trajes de sus secuestradores estaba estacionada frente a su casa.
    Respiró profundamente antes de echarse a correr hacia la casa, si esa camioneta estaba ahí, sus padres estaban en problemas. Empujó tan fuerte la puerta que ésta golpeó contra la pared produciendo un gran estruendo. Allí, en el medio del salón estaban sus padres con las manos atadas y rodeados por los hombres de blanco. Sin esperar más y con lágrimas en los ojos corrió a abrazarlos. No le importaba nada más, quería estar con ellos y hablarle de lo ocurrido en el bosque.
    Se sorprendió al escuchar el sonido del viento en los árboles y abrió sus ojos, sus padres sentados en aquel sendero que reconocía, mientras ella los abrazaba.

    • jnpdiaz
      9 septiembre, 2016 at 00:43

      Vaya, quien lo diría. Me gustó el final.

  4. jnpdiaz
    9 septiembre, 2016 at 00:41

    DE CAZA

    Miriam, la mujer hermosa que lo seguía estaba enamorada de él y había cometido el delito de ser su amante a pesar de estar casada con uno de los hombres más poderosos de la zona. Al ser descubiertos, ambos se habían internado en uno de los bosques más espesos seguidos por perros de caza. El año 1789. Aunque no ubicaba con claridad el lugar exacto donde se encontraba sabía que era justo en el centro de América. Se llamaba William y era un sirviente de la corona inglesa. Joven, aventurero y acostumbrado a mentir había conocido a Miriam en una de esas fiestas ofrecidas en las haciendas de los ricos de la zona. Llegar a la fiesta, verla, enamorarse de ella había sido un solo acto. La simpatía resultó recíproca así que no tuvo dificultades en seducir a la mujer la cual le correspondió con todos sus sentidos. Toda la aventura había durado aproximadamente dos meses antes de ser descubiertos por la hijastra de dieciséis años.
    El marido, hecho una furia, no había dudado ni un momento en tomar represalias y junto a una docena de mozos se internaron en los bosques dispuestos a castigar a los adúlteros. Desde su salida de la hacienda, ubicada en las faldas de un volcán apagado, la pareja debió prever el fatal destino pues de aquella montaña se contaba, desde muchos años atrás, nadie salía vivo. William, al principio, pareció decidido a entablar lucha con el marido de Miriam, pero esta le convenció de lo contrario. No hubo que rogar mucho pues en el fondo, William, tenía muchísimo miedo y la pose de valiente no era más que una pantalla para elevarse un poco más ante su amada. Ya muchas veces antes lo había hecho así que no le costó aparentar. El problema se complicó cuando iban inmersos entre la maleza y se dieron por perdidos. Él le reclamaba a ella y ella lo escuchaba resignada como si acabara de descubrir que el valiente amante no era más que un semejante cobarde. Expresión que no dijo pues tenía miedo. Hasta ese momento entendió que la vida no era como la pintaban en las novelas venidas de París.
    Ella cayó bajo los hocicos de los lobos entre alaridos de dolor mientras su amante se alejaba sin siquiera ver hacia atrás. El amante cayó más adelante, aferrado al tronco de un árbol.
    Años después, cuando el tiempo se encargó de cubrir la verdad, comenzaron a circular historias fantásticas acerca de la aventura. Se decía que la mujer se llamaba Martha, y no Miriam, que William se apellidaba Walker y que había sido un filibustero el cual se había apoderado del gobierno de una región de Guatemala y luego fue apresado y ahorcado en Honduras.

    jnpdiaz

  5. Narradora de Cuentos
    9 septiembre, 2016 at 01:38

    Å punto de cumplir 60 años , un hombre se ha apeado de una vida …
    Los días transcurren silenciosos, cada mañana sus piernas pasean decididas , por aquella Alameda que tantas veces camino con ella. Ahora pretende le infunda la serenidad y el sosiego, que necesita recuperar su espíritu. A ritmo acompasado, bombea su corazón y su vida, anclado en un presente nuevo.
    Tras más de cuarenta años, sostenido en el plano de las emociones, por tres relaciones de pareja, afronta ahora una etapa, en la que su principal motivación, es cuidar de sí mismo. Amparándose en una vida sosegada, nada sedentaria, combinada de equilibrio, entreno voluntario y cuidada alimentación. A golpe de introspección y mutismo, eludiendo hacerse preguntas y evitando respuestas, que pudieran agredir su recuperado, pero todavía maleable bienestar .
    Un hombre entregado a sus convicciones, superado por algunas debilidades anímicas, ha elegido una vida de equilibrio, al precio quizá de falta de otros estímulos.
    No ha tenido alternativa, su incapacidad de reconducir, la espiral por la que se desplomaron sus emociones, ha decidido por él. Consciente de que esa mujer le amaba y a pesar de haberla añado sin reservas, ha decidido continuar solo, apostando por el sosiego.
    El ya no la piensa, quiere transitar en soledad, ese tramo de su vida.

  6. 9 septiembre, 2016 at 14:26

    Cuando los ojos de Sebastián divisaron a lo lejos un camino flanqueado por altos árboles, frunció el ceño, intentando averiguar si esa imagen era real o un espejismo. Tratando de no bajar el ritmo, siguió adelante, dando alguna vuelta sobre sí mismo, mirando extrañado a su alrededor, por si se había perdido. No. Estaba seguro de que aquí, ayer mismo, no había nada. Ni camino. Ni árboles. Ni luz. Sólo una sombra frondosa de ramajes impenetrables. Se arrancó los auriculares de un tirón y se quedó allí parado, en crecientes 130 pulsaciones por segundo, temeroso de adentrarse en ese camino que le invitaba a pasar.
    Si en ese solitario bosque, hubiese alguien que postrase su mirada en él, jamás se imaginaría los obstáculos, baches y muros de hormigón que éste chico tuvo que sortear en su corta y arriesgada carrera por la vida. Acostumbrado a convivir con ello, quizá fuera su mente la que cerraba sus ojos a las cosas fáciles, a los caminos de rosas. Él nunca llegó a la meta sin antes haber caído en el fango, sin rasgarse la ropa, sin tropezar una y mil veces con varias piedras.
    Cuando algo le apasionaba, cuando creía que merecía la pena, saltaba al vacío, sabiendo de antemano que probablemente su paracaídas no amortiguase su choque contra el suelo.
    A pesar de todo, cuando conseguía salir del fango, cuando obviaba sus heridas y volvía a ponerse en pie, era capaz de tocar el cielo con los dedos de sus manos y eso solo era algo que sólo los más intrépidos conseguían, pues no es lo mismo que te caiga el cielo a tus pies que construirte unas alas y llegar hasta él.
    Sebastián se puso de nuevo los cascos, subió el volumen de su música y empezó a trotar, desafiando al horizonte. Finalmente se adentró en el luminoso camino diciéndose a sí mismo:
    “Perderse, también es camino”.

  7. Sandra Carrion Estay
    9 septiembre, 2016 at 21:40

    Los altos y frondosos àrboles que conforman este bosque, este sendero conformado por los miles y miles de personas, que pisaron este suelo antes que yo, para llegar al otro lado y dejar èsta huella. Esta huella, que es el preludio a una nueva vida. Una vida a la que no sè si me adaptarè: pero vivirè sin miedos, sin ocultarse, no leerè en la micro, mirando al que se sienta a mi lado e intuyendo que no es un soplòn pagado por la CNI, al que solo le importa el pago y no le preocupa el drama que dencadenarà. Sin tener que cuidar hasta lo que sueñas. El olor a vegetaciòn y el aire limpio, me provocan dolor al respirar, ya que mis pulmones no acostumbran a aspirar aire puro. La angustia de irme, de saberque no volverè a ver a mis seres queridos, no me deja disfrutar del paisaje que tengo delante mio. Siento la respiraciòn entre cortada de mi compañero, que debe pensar lo mismo que yo, a causa del inmenso cansancio ocasionado por esta larga caminata, que nos lleva hacia la libertad. Libertad que creìa tener, hasta que se me ocurriò decirle al profesor de ciencias, que no me interesaba estrechar la mano de quien era partìcipe de un règimen fascista y totalitario. Ahì, comenzò la persecusiòn diaria, las amenazas veladas y directas, el temor por todos los que me rodeaban. Sin ser parte de ningùn grupo disidente, sin pertecer, ni militar en ningùn partido politico, me vi en la obligaciòn,de abandonar a mi familia, a mis amigos y, a mi paìs, sin saber cuàll fue mi delito.

  8. Emilio Reyes
    10 septiembre, 2016 at 14:23

    Ya se sentían los primeros calores de la primavera tardía, cuando el pasear por caminos arbolados resultaba toda una delicia, sobre todo si lo hacía en bicicleta y acompañado de Pascual, ahora que echo la mirada atrás parece que está todo igual que cuando eramos unos críos y veníamos por este camino Pascual, Nesto y yo, y ahora que rozamos la treintena las sensaciones no han cambiado, lo único que nos faltaba Nesto. Dónde habrían quedado nuestras amigas las motoretas, ahora era diferente, estas modernas bicis de montaña.
    Seguíamos disfrutando del paseo, cuando el camino llegaba a la fuente de las cabras, lugar idóneo para hacer un alto en el camino y repostar nuestros estómagos con el líquido y fresco elemento que de ella brotaba.
    Vamos a beber, y así descansamos un poco – dijo Pascual.
    Yo estaba pensando lo mismo – le contesté mientras apoyaba la bici en la parte de atrás de la fuente.
    Te acuerdas de Nesto, siempre que llegaba aquí, se tiraba al chorro del agua parecía que le iba en ello la vida. – Pascual lo comentó con una sonrisa burlona, mientras yo callaba y lo miraba entre resignado y cabreado.
    Nesto siempre había sido el amigo tímido del grupo, introspectivo en exceso, de estas personas que para que te contesten tienes que preguntarle lo mismo dos veces pero de distinta manera. Todo lo contrario que Pascual, siempre tan seguro de todo, sabiéndolo todo, y creyéndose superior a todo y a todos, yo pensaba que si no fuese por que crecimos juntos nunca hubiésemos sido amigos.
    Y tu siempre hacías lo mismo – le dije a Pascual en tono desafiante – , le hablabas con la burla, le hacías sentir como un tonto.
    Y qué, también te vas a poner a su favor, si siempre estaba igual con sus tonterías, con sus nubes, espero que halla madurado de una puta vez.
    Yo no sé si habrá madurado, – contesté secamente – quizás nosotros no fuimos unos amigos a la altura de sus circunstancias.
    Tomé mi bicicleta, me monté y empecé a pedalear escuchando como Pascual me decía que le esperase, sin mirar atrás, por que tantas veces había montado por aquellos caminos esperando perder algo de peso, y ahora me daba cuenta de cual era el peso que tenía que haber perdido en mi vida, el que más me estaba arrastrando, por fin pedaleaba manejando la bicicleta con mi propia vida normal.

  9. 1 octubre, 2016 at 23:10

    Al penetrar entre aquellos árboles, que en su día fueron mi refugio ante cualquier problema, recuperé sin proponérmelo los recuerdos más dulces de mi existencia. Estos se agolpaban en mi mente, mientras transitaba por el camino que llevaba hacia la casa.
    Un mundo de emociones vividas, salían a mi encuentro en aquellos momentos, recordando escenas familiares que había podido disfrutar. A mis oídos no llegaba sonido alguno, por lo que creí que el silencio se había apoderado del lugar. Sin duda, los pájaros continuaban revoloteando por entre ellos, pero mi alma necesitaba de aquel momento para recuperarse.
    No quise avanzar más y me detuve. Tomé asiento sobre una pequeña roca y dejé que mis emociones se apoderaran de mí.
    El tiempo transcurrió sin que yo fuera consciente del rato que había permanecido en el lugar. Hasta, que un remolino del viento al agitar las hojas de los árboles me indicó, que ya estaba listo para continuar.
    Es verdad que los árboles permanecen en silencio, sin embargo, el agitar de sus hojas con la simple brisa, nos dicen mucho de la vida.
    Cuando llegué al final del camino me encontré ante la casa en la que había nacido. Ya no era de la familia, pero permanecía intacta como la recordaba.
    Al acercarme ante su puerta y en el momento en el que iba a llamar, apareció en el umbral una anciana. Su sonrisa era franca y me preguntó a quien buscaba.
    Después de indicarle que yo había nacido en aquel lugar, la mujer sonrió.
    —Ya sé quién eres —me dijo, mientras sus ojillos sonreían.
    —¿Quién le ha dicho que vendría?
    —Nadie. Pero, tú eres Martín, el pequeño rebelde que no obedecía a nadie. ¿No me recuerdas?
    —Lo siento, no.
    —Soy Caterina, tu profesora en el colegio de Navia.
    Enrojecí de vergüenza, al recordar la cantidad de trastadas que había hecho a la mujer. Por aquella época era de todos conocido como el pequeño satán.
    —No te aflijas Martín, pero reconocerás que eras un verdadero demonio
    —Si señora, lo reconozco y le pido perdón por las situaciones embarazosas a las que la sometí. No sabe el pesar que ahora siento.
    —¡OH! Tranquilo. Pero ya ves, que aún me acuerdo de ti.
    Invitado a entrar pude ver que algunas cosas habían cambiado al igual que nosotros lo habíamos hecho. Ella una mujer retirada y yo, aunque más joven, caminaba hacia el mismo objetivo.

  10. Katerine
    23 noviembre, 2016 at 15:59

    ELDA

    En el camino a San Patricio había fantasmas aunque nadie creyese en ellos. Habitaban, de preferencia, las sombras y las hojas caídas aunque uno que otro se aventuraba en las copas de los árboles.

    Todos los días, al amanecer, susurraban la ausencia de sus cuerpos. Esa falta de sensaciones era lo que más añoraban. Transitar el vacío todo el tiempo puede ser muy cansado y aburrido, más aún si no se sabe cómo uno llegó a ese estado.

    La mayoría eran conscientes de su fantasmagoriedad; excepto Ela, que estaba convencida de que aún no había muerto. Decía que tenía memoria y capacidad de conversar; por tanto, estaba muy viva.

    ¿Cuál es la verdadera prueba de existencia de alguien?, eso era justamente lo que pensaba Elda la tarde que se perdió en San Patricio buscando hojas secas para su proyecto.

    Cuando vio a Ela se sintió en un espejo macabro. Ela imitaba todos sus movimientos y repetía sus palabras como un eco, pero añadiendo la letra «d» en medio de cada cosa que decía: ¿cuáld eds lda vderdadera pruebda de existdencia de algdien?

    IKOB

  11. Neghro
    5 abril, 2017 at 20:03

    FALSO ESCARMIENTO

    Intenta seguir corriendo con todas sus fuerzas, a pesar del cansancio de su cuerpo y de la incomodidad producida por su vestido pero ha extremado recursos, le falta el aire y apenas puede seguir. Alcanza a reconocer la arboleda que indica el camino a casa. Esperanzada intenta apresurar su paso pero su camino es obstaculizado por dos huasos(1) a galope que, posterior a una larga persecución, lograron alcanzarla. A juzgar por su vestimenta, sombrero y poncho(2) de calidad, y por la clase de ambos corceles, seguramente dos pura sangre, pudo notar que no se trataba de simples campesinos. Eran jóvenes, seguramente hijos de algún patrón de fundo(3) con un notorio exceso etílico. Estaba paralizada.
    – Pa’ onde va corriendo así señorita. No vaya a pasarle algo, oiga – Le dice el que parece ser el menor de los dos.
    – ¿Acaso no le enseñaron na’ que una señorita no debe de andar sola por el campo, oiga? No ve que es muy peligroso. – Le indica el segundo con un rostro libidinoso que demuestra claramente sus intenciones.
    – Por favor, no… – Apenas puede hablar a causa del miedo, el cansancio y la angustia.
    Los caballos la rodean y comienzan a galopar en círculos, evitando toda opción de escape. Está acorralada.
    – Por favor… – Apunto de soltar en llanto.-
    – Tranquila oiga, si no va a pasarle na’ malo.- Le dice el mayor, al tiempo que baja de su caballo para acercarse a ella mientras comienza a soltarse el cinturón del pantalón. – Udte’ quédese tranquilita no ma’.-
    Ella da un paso atrás intentando evitar a su acosador, pero se encuentra con el segundo muchacho que por su espalda la sujeta fuertemente eliminando cualquier posibilidad de escape.
    Hace lo que puede para liberarse pero sus esfuerzos son inútiles y sus gritos sordos.
    El hombre frente a ella, tapando su boca, rajando su vestido intenta abrirle las piernas, intenta violentarla, no sin inconvenientes.
    – ¡Apúrate mierda! – Le grita su compañero que con dificultad logra sostener a su víctima, mirando en todas direcciones para asegurarse que nadie los observa.
    – ¡Sosiégate por la chita! – Un certero golpe en el rostro la deja casi inconsciente, desorientada, tendida en el suelo, sin poder hacer nada para defenderse.
    Frente a una nula resistencia, los machos hacen de las suyas con total brusquedad, turnándose para poder ambos satisfacer sus más bajos caprichos carnales.
    Aturdida y desorientada, adolorida y humillada, soporta cada una de las estocadas internas y violentas, cada una más lacerante que la anterior, las soporta todas, los sufre a ambos.

    El tiempo se detuvo en el calvario y la violencia, sus gritos ya no eran si no llanto, su cuerpo y su alma eran destrozados, fue una eternidad.
    Finalmente todo terminó, mas ni una sola gota de remordimiento pudo observarse en sus rostros. Impúdicos, simplemente se abotonan y se ríen satisfechos. Les importa un carajo la maldad de sus actos y la observan ya vencida y se ríen en su cara. – ¡China(4) ‘e mierda! – gritan casi al unísono propinando cada uno una patada en la cara y en el estómago.
    – Pa’ que aprenda que una señorita no debe na’ de andar sola por el campo.
    Falso escarmiento desnaturalizado
    Con los labios ensangrentados y apenas recuperando el aire observa como los hombres se suben a sus caballos y se alejan del lugar.
    Tendida y derrotada, sufre en llanto el dolor en su entrepierna que no se compara con las grietas de su alma, acompañada solamente por la arboleda que le indica el camino a casa y el sonido de la hojas que no aportan al consuelo.

    (1) Huaso: Hombre de campo.
    (2) Poncho: Prenda de abrigo originaria de América meridional que consiste en una manta cuadrada o rectangular con una abertura en el centro para pasar la cabeza.
    (3) Fundo: Finca.
    (4) China: Designación despectiva para referirse a la mujer de campo.

    • Aria Scee
      8 diciembre, 2018 at 23:09

      Una historia muy bien trabajada. ¡Felicitaciones!

  12. Luna
    25 noviembre, 2018 at 03:38

    El ambiente era tranquilo, poca gente caminaba por aquel lugar, así que prácticamente no había ruido.
    Pasaba del medio día y el Sol se filtraba por las hojas de los árboles, iluminando algunas zonas del césped, mientras que otras quedaban protegidas en la sombra.
    El viento sopló con fuerza, revolviendo los cabellos de los escasos transeúntes y obligando a los árboles a mover sus hojas. Los susurros de la brisa llenaron el lugar, sacando una que otra sonrisa.
    De repente, una mujer atravesó la zona corriendo a toda velocidad. Sus jadeos y pasos se escucharon por unos instantes, para luego desaparecer en cuestión de segundos.
    Un minuto después, la sirena policial indicó que se llevaba a cabo una persecución.

  13. Aria Scee
    8 diciembre, 2018 at 23:02

    Me dirigía a mi lecho de muerte. Los soldados de La Reina me llevaban cogida, uno por cada brazo, hasta la hoguera donde posteriormente sería quemada. Pasábamos por un sendero silvestre. Nunca había pasado por allí, se rumoreaba que allí era donde mi familia murió batallando contra la ciudad de demonios. Cruzar por ahí me exigía un nivel de valentía al cual no había llegado aún, pero no tenía otra opción. Levanté la vista para mirar por última vez las vistas de esos crecidos árboles al sonido acorde de los pájaros silvestres. Entonces me taparon con un saco de paja.
    Cuando me lo retiraron de mi cabeza estaba atada de manos y pies a un poste, rodeada de hierbajos secos y grandes troncos.
    La Reina empezó a hablar, yo ni siquiera le presté atención, no quería, pero no me iba a rendir, así, sin más. Como vi imposible desatarme, tanto de manos como de pies, decidí interrumpirla. Estaba acercando la antorcha a las malas hierbas más cercanas a ellas.
    – ¡UN DEMONIO!
    En el momento que lo dije nadie me creyó pero cuando escucharos que algo a gran velocidad se acercaba, sin obstáculos, al mástil donde me encontraba todos empezaron a gritar y correr. Los soldados fueron a proteger a La Reina, pero a esta no le faltó tiempo para soltar el hachón a mis pies.
    Y quién lo diría, este era el final, mi final. Después de luchar con todo tipo de ser, mitológicos y reales, aquí era donde iba a morir, en una hoguera, quemada. Aunque prefería eso a volver a pasar por El Bosque Prohibido.

  14. Julieta
    17 diciembre, 2018 at 05:44

    Los arboles tranquilos, apenas suenan en sus oídos con murmullo de siesta. El suelo casi seco espera una lluviecita al atardecer y se desarma bajo sus pies. Son las 3, y Camila ha decidido que es buen momento para hacer una caminata. La brisa, el sol y los recuerdos la hacen sentir optimista y atrevida, y eso le gusta porque hasta hace un rato se sentía aburridísima y deprimida de pasar su fin de semana largo en el campo. Las chicas del cole seguro van a ir al cine, y se van a quedar a dormir en lo de Marga, pero sus padres han insistido en que es bueno un poco de aire puro.
    Si celu, sin tele, sin compu, y ante las reiteradas sugerencias de sus padres Camila emprende el camino.
    Al cabo de diez minutos elige seguir hacia la izquierda por el camino más pequeño hasta que los ve.
    Los niños saltan en el tanque haciendo una estruendosa explosión cada vez que chocan con el agua. Una explosión que se mezcla con carcajadas y gritos divertidos mientras juegan y se mojan entre sí.
    Dos niñas casi de su edad revolean sus extremidades al saltar al agua y no parece importarles que lleven ropa, así como a los más pequeños no parece molestarles para nada estar con sus culitos al aire cada vez que salen de para lanzar la bola.
    Un nuevo grito rompe el silencio pampeano y las dos niñas vuelan bajando la escalera, tratando de sostenerse para llegar sanas y salvas al suelo. Sus shortcitos de jean y musculosas chorrean un camino directo hacia Camila que las mira sonriendo. Y la abrazan, empapadas, repitiendo su nombre y la alegría de verla de nuevo. Antes de que pueda reaccionar está dentro del tanque saltando y riendo con sus “amigas del campo”.
    Es lunes a la noche cuando Camila enchufa su celu al cargador y su vida va volviendo a la rutina lentamente. Y se encuentra los miles de numeritos rojos en sus aplicaciones, y los recuerdos del campo, el tanque y sus amigas de los findes van quedando debajo de los capítulos sin ver y las fotos de su chico favorito. Pero el corazón está tibio, alegre y liviano, y se duerme contenta soñando con Bruno jugando con ella en el tanque del campo.

  15. Trinidad.
    19 enero, 2019 at 00:04

    Me había desviado del camino, necesitaba aire, así que seguí el camino más poblado de naturaleza. Alrededor se encontraban arboles interminables en un sendero profundo, el aire se volvía tenso, sentía que me miraban. Aunque claro, no importaba el lugar, siempre sentía miradas. Paranoia de mierda.

  16. 4 febrero, 2019 at 15:53

    El paisaje en sus ojos…

    Conocí al matrimonio de Juan y Clotilde, al llegar a la ciudad de Mar del Plata. Él se mostraba siempre cálido y silencioso, una persona multifacética, es por eso, que solía venir muchas veces a nuestra casa cumpliendo variedad de servicios. Ella una eterna charlatana, alegre y coqueta. La mujer solía disfrutar invitando a mi familia y a mí a almorzar a su casa. Al llegar descubríamos siempre alguna obra maestra diseñada por el hombre, ya que tenía talento de inventor. Ese mediodía comenzamos dialogando sobre un ganador de la lotería. Uno por uno expresó lo que haría si ganaba en el juego. Ese, pasó a ser, un momento muy singular; mientras que la mujer quería viajar por Europa disfrutando de lujosos hoteles, él había elegido acampar al aire libre. Al escucharlo podíamos visibilizar el paisaje en sus ojos: El hombre había instalado su carpa entre aquellos altos y elegantes árboles. Percibía el suave perfume de los eucaliptus deteniéndose a juntar algunos en el piso. Conocedor de hierbas medicinales recorrió junto a su perro aquellos caminos de tierra rojiza y húmeda. Después de un momento se detuvo a admirar los árboles, sentía la música del viento agitando cada copa. Preparó su mate, se sentó, estaba tan feliz por esta oportunidad de disfrutar tanta belleza en la naturaleza, que de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas. Al mirar el cielo agradeció a Dios por haberle dado la oportunidad de ganar la lotería… Pero fue en ese preciso momento en que ella lo interrumpió con enojo diciendo: “Iras solo, yo no me voy a gastar el dinero acampando. No me hace feliz acampar, no me gusta ese tipo de vida que te obliga a sacrificarte en todo… No importa le respondió él, podes ir a tus hoteles para que te sirvan. Yo disfrutaré del aire libre. Poco a poco el aire parecía condensarse. Hasta que uno de nosotros, ya no recuerdo quién, acertó a parar la discusión diciendo: “¡Pero no ganaron la lotería todavía…, mejor no ganen… y todo sigue en paz…!”
    Yo amaba a ese gentil y buen hombre; y ese día me enterneció llorando con el paisaje en sus ojos…

  17. 4 febrero, 2019 at 16:00

    Azul: Que bueno lo que pasa en ese paisaje!!! Me gustó entrar en tu historia…

  18. MARCELO MERMOZ
    4 marzo, 2019 at 22:58

    Un sendero de tierra alfombrado de hojarasca de los árboles próximos, escondía su terrosa esencia a sus pies, mientras se emperraba en recorrer la vereda, asombrado por la densa formación. Un túnel verde dejaba ver hilachas de sol colándose a través de las formas que se abrían en abanicos por encima de su cabeza. Las sombras de los gigantes aguardaba respetuosamente su paso, y parecían custodiar el recorrido de aquel bullicioso sendero.
    – ¡Firmes! – Gritó y en su armadura, el ejército se alineo.
    El asombro dio paso al respeto. Era el Rey y aquellos titanes lo defenderían del malvado destino que le aguardaba. No habría posibilidad alguna de escape. Debería enfrentar la oscura amenaza que se cernía sobre su futuro y acabar con aquello de una vez. Los muros gris-verdosos de la caverna parecían querer engullir todo de una vez y Él se detuvo a unos pasos, dudando en completar el recorrido o volverse y salvarse antes que nadie se diera cuenta. Antonio suspiró y se volvió. Al final del sendero, Ella le hizo señas. Allí, delante, el ogro estaba a la puerta del recinto oscuro y gris. Levantó la vista con la esperanza de ver algún cable o alguna antena y suspiró… Otro verano jugando solo en el parque. Levantó la mano y saludó a su madre.

  19. Antonio Santos
    30 enero, 2020 at 19:47

    Historias de amor, de guerra, de bandidos e incluso de brujas y seres mitológicos. Alberto, si estos árboles hablaran, darían para muchas historias junto al fuego del campamento. – el viejo Rafael acariciaba con rudeza uno de los árboles con sus experimentadas manos, mientras miraba a sus ramas con melancolía.
    Pero, no es así ¿verdad? Los árboles no hablan, no ven, no oyen…por eso los cortamos y arrancamos sus raíces. – espetó Alberto con juvenil descaro – He estado hechando un vistazo a los planos del gerente y si el instinto no le falla, a cinco metros debería empezar la veta que llevamos meses buscando- señaló entre sus pies imaginando el dorado mineral cubriendo metros y metros en todas direcciones – Estoy deseando empezar.
    Si… -suspiró- la cosa es que no termino de acostumbrarme a arrasar estos sitios tan…bucólicos, ¿no?
    ¿Bucólicos? ¿Donde coño has aprendido tú esa palabra? – rió Alberto mientras subía de un salto a su retroexcavadora de oruga de trece toneladas – ¿Te ha salido en algún azucarillo de esos con mensajitos para maricas? ¡Venga, empezemos ya!.

    Con un giro de llave, aquel titán de hierro amarillo expulsó una humareda negra, casi sólida, anunciando el triste porvenir de aquellos enhiestos condenados a muerte. El ronco sonido del motor de ochocientos caballos, pronto comenzó a mezclarse con los agudos estallidos de la madera al estallar bajo la imparable fortaleza del ingenio humano.

    Rafael cubría los ángulos muertos que no se veían desde la cabina. En ocasiones debía ponerse muy cerca para indicar a Alberto donde estaban las raíces principales para poder sacar lo que quedara de árbol y continuar al siguiente. El olor a savia fresca comenzó entonces a ser tan intenso, que Rafael sintió como entraba por su boca y nariz y viajaba a través de sus pulmones, su sangre, sus músculos, sus órganos y, finalmente, su cerebro. Su juicio se nubló en un instante y, si hubiera podido hablar, habría jurado que todo su ser estaba compuesto de madera y corteza. Entonces, oscuridad. Pequeños destellos dieron paso a ráfagas etéreas de colores cálidos. Pronto, el tiempo y el espacio dejaron de tener sentido y su alma se mezcló con el universo.

    Hola Rafael. Estas muerto, pero no tengas miedo. Todo está dispuesto para que vuelvas; aún no estas preparado. Ahora concéntrate en mi voz y déjate llevar… – la poderosa voz ayudó a Rafael tanto como lo confundió. Pero ya todo daba igual. Todo su pasado le fue arrebatado de la memoria y sólo le quedó una enorme sensación de frío y ganas de llorar. Alguien lo habia cogido de los pies y lo envolvio en una manta. Después, le colocaron sobre el pecho de la persona más bonita del mundo.

  20. Clara
    3 marzo, 2020 at 13:41

    Una vez mas estoy alli; desnuda contemplo el sendero que me lleva de nuevo a casa. Me siento extraña, vulnerable; las memorias de tiempos lejanos me acosan. Aunque siempre salgo victoriosa, he de a travezar mis negadas sombras. Yo se que no soy la misma, tantas veces he cambiado.
    Quien sabe cuanto tiempo tardare en llegar esta vez a mi hogar, porque una hora en el infierno no es lo mismo que una hora en el eden. ¿Cuantas veces habre ya atravezado este tunel solitario?

    Aun es de dia, pero yo solo pienso en la oscura, silenciosa y larga noche en la que me estoy adentrando. Porque este bello y acogedor bosque sera pronto cosa del pasado y aqui no quedara mas que la nada. Y es justo alli que aparece el terror ¿dejare de existir? Quizas.
    Tengo miedo y alegria, porque al dia le sigue la noche pero a la noche le sigue el dia. ¿Quien sostiene los ciclos?
    Ante la nada, la muerte acecha y yo corro pensando que asi podre preservarme; pero la sombra viene tras de mi, no hay donde oscultarse.
    ¿De quien son los pasos que van quedando atras mientras yo avanzo por este callejon incierto? Dudo, ¿deberia mirar el pasado? ¿La vida de quien estamos viviendo cuando nos negamos a nosotros mismos?
    Entonces me giro y veo los monstruos seguir mis pasos ya no tengo miedo, he elejido amarlos. El sol se asoma por el horizonte y todos ellos se desahacen. La paz este conmigo, he vuelto a casa.

  21. Pyl
    12 marzo, 2020 at 04:58

    Desperté, nuevamente entre esos árboles, tan gigantes que parecen inalcanzables, tan frondosos que bloquean el paso de la luz del sol, solo unos pequeños rayos traviesos que se logran filtrarse entre las hojas. Respiro profundo, me pongo en pie y comienzo a caminar, he estado tanto tiempo aquí que conozco todos los caminos, aunque no conozco la totalidad del bosque, cada vez que creo haber llegado a su fin solo encuentro más caminos por descubrir, y está bien, si fuera finito seria aburrido ya que no tengo nada mejor que hacer.
    Camino a ese árbol, de tronco enorme, de raíces rebeldes han decido salir de la tierra, aquel árbol, mi árbol; en donde guardo la poca comida que he conseguido, mis armas de caza que yo misma he fabricado y uno o dos pares de pieles.
    Como unas cuantas bayas, bebo un poco de agua y me dispongo a ir en busca de mi comida y mi cena. Es en esos momentos en los que más me pongo a pensar. Silencio, callo mi mente, me agacho y lo veo, una liebre comiendo tranquilamente “o cuanto lo siento pero yo también debo comer, ¿sabes?” y entonces lo hago, lanzo mi flecha y veo, claramente veo cómo impacta directo en su pequeño ojo, “que pases a mejor vida amiguito” pienso y me dirijo a donde debería estar el cadáver pero no lo encuentro, no hay tal, -pero qué demonios- exclamo en voz alta y es en ese momento cuando lo noto, árboles que no había percibido antes, ruidos que no se escuchaban, voces que desconozco, pero ¿de dónde demonios vienen? Comienzo a buscar a mi alrededor y todo es tan confuso, como si todo se tratara de una visión, de pronto todo desaparece y solo puedo ver una luz tan blanca que es dolorosamente cegadora, quiero hablar, gritar “¡que carajos está pasando!”, mi garganta raspa, no puedo articular palabra –está despertando el sujeto 558, riesgo de pérdida, actúen inmediatamente- escucho a una mujer decir, “¿sujeto 558? ¿despertando? ¿despertando de qué? ¿Dónde estoy? ¿Qué… que es todo esto?”, quiero saber quiero descubrir que pasa, pero algo arde en mi brazo que me hace sentir tan débil y cansada…
    Un nuevo día, vaya sueño que he tenido… -sujeto 558 estable, continúen experimento-, escucho un pequeño susurro a lo lejos, me pellizco; por primera vez me percato de que no puedo sentir dolor…

  22. Pyl
    12 marzo, 2020 at 05:07

    ya corregidos los pequeños errores

    Desperté, nuevamente entre esos árboles, tan gigantes que parecen inalcanzables, tan frondosos que bloquean el paso de la luz del sol, solo unos pequeños rayos traviesos que se logran filtrar entre las hojas. Respiro profundo, me pongo en pie y comienzo a caminar, he estado tanto tiempo aquí que conozco todos los caminos, aunque no conozco la totalidad del bosque, cada vez que creo haber llegado a su fin solo encuentro más caminos por descubrir, y está bien, si fuera finito seria aburrido ya que no tengo nada mejor que hacer.
    Camino a ese árbol, de tronco enorme, de raíces rebeldes que han decido salir de la tierra, aquel árbol, mi árbol; en donde guardo la poca comida que he conseguido, mis armas de caza que yo misma he fabricado y uno o dos pares de pieles.
    Como unas cuantas bayas, bebo un poco de agua y me dispongo a ir en busca de mi comida y mi cena. Es en esos momentos en los que más me pongo a pensar.
    Silencio, callo mi mente, me agacho y lo veo, una liebre comiendo tranquilamente “o cuanto lo siento pero yo también debo comer, ¿sabes?” y entonces lo hago, lanzo mi flecha y veo, claramente veo cómo impacta directo en su pequeño ojo, “que pases a mejor vida amiguito” pienso y me dirijo a donde debería estar el cadáver pero no lo encuentro, no hay tal, -pero qué demonios- exclamo en voz alta y es en ese momento cuando lo noto, árboles que no había percibido antes, ruidos que no se escuchaban, voces que desconozco, pero ¿de dónde demonios vienen? Comienzo a buscar a mi alrededor y todo es tan confuso, como si todo se tratara de una visión, de pronto todo desaparece y solo puedo ver una luz tan blanca que es dolorosamente cegadora, quiero hablar, gritar “¡que carajos está pasando!”, mi garganta raspa, no puedo articular palabra –está despertando el sujeto 558, riesgo de pérdida, actúen inmediatamente- escucho a una mujer decir, “¿sujeto 558? ¿despertando? ¿despertando de qué? ¿Dónde estoy? ¿Qué… que es todo esto?”, quiero saber quiero descubrir que pasa, pero algo arde en mi brazo que me hace sentir tan débil y cansada…
    Despierto alterada, vaya sueño que he tenido… -sujeto 558 estable, continúen experimento-, escucho un pequeño susurro a lo lejos, me pellizco; por primera vez me percato de que no puedo sentir dolor…

    • Patito
      25 marzo, 2020 at 17:07

      Me gustó, fue un buen plot twist

  23. Patito
    25 marzo, 2020 at 17:02

    El viento corría, soplando las copas de los arboles «No, que sí. Vamos, no seas testaruda». Emily veía con asombro al señor conversando. Escuchaba atentada cada palabra que se decía «Que pesada que estas hoy. Te dije que si lo recuerdo» Todos los días, sin falta, venía al sendero para ver al anciano Wilson «No te enojes, sabes que te amo ¿Que tal si te llevo a comprar? te gusta eso, no. Claro que te gusta. Vamos, pon una sonrisa en esa bonita cara» Emily había odio muchas historias del viejo, que había sido un gran pianista en su tiempo, muy famoso, pero que luego de un desafortunado accidente sus sagradas manos quedaron destrozadas. Nunca más pudo volver a tocar, «Si me das un beso te compro lo que quieras. Vamos, uno solo» Se decía que el viejo Wilson no tenía familia, alguien solitario que vivía en una gran mansión, completamente solo. «¿Cómo qué no quieres? ¿Qué he sido malo contigo? ¡En qué momento!» Pero, había algo que todos sabían. El viejo Wilson tenía novia. Todos decían que era alguien interesada, pues el señor Wilson siempre decía que Vania, su novia, era muy consentida, y que si no cumplía sus caprichos lo dejaría. «Ya sé, te llevare a cenar a ese restaurante nuevo que tanto querías ¡Pero si te has puesto contenta de inmediato! Ahora sí, dame un beso» Emily sintió su celular sonar, era su madre que le pedía volver a casa. Antes de partir, Emily dio una ultima mirada al señor Wilson, observando como besaba la nada misma.

  24. 26 marzo, 2020 at 14:20

    El tiempo que duró aquella epidemia del año 2020 lo vivimos en San Martín, recuerdo que durante las cálidas mañanas de la primavera recién estrenada, nos dedicábamos a pasear por el bosque de San Froilán el cual tenía un sendero poblado de pinos a ambos lados que nos cobijaban del sol del mediodía, todo a nuestro alrededor era naturaleza sin explotar, sólo se oía el gorjeo de los pájaros volando entre los pinos, quietos, reflexivos, totalmente ajenos a lo que estaba ocurriendo en nuestra ciudad. Mi hermana Maria y yo, nos sentíamos afortunadas de poder pasar esos días en casa de nuestra única tia, hermana de nuestro padre fallecido unos meses antes. Estos días nos servirían para terminar el duelo que estábamos llevando juntas desde que nuestro padre desapareciera de nuestras vidas a causa de un disparo.
    Maria en su juventud recién estrenada no paraba mientras paseábamos de urdir complicadas tramas en torno a la muerte de nuestro padre, que había sido abatido en ese mismo lugar en el que ahora nos encontrábamos. Si ciertamente todo estaba confuso, tengo que decir que lo que María decía no me sonaba descabellado. Su teoría era que mientras papá paseaba por este hermoso camino cubierto de pinos, alguien que tenía intereses en San Martín, pensaba que su presencia allí podrían ir en contra de esos intereses y por eso decidió matarlo. Era un boceto de lo que realmente estaba ocurriendo en la finca.
    Durante nuestro paseo, tuve la sensación de que con nosotras había alguien mas, me junté a Maria y la agarré fuertemente la mano cuando de pronto una figura regordeta y profunda se plantó en medio del camino, parecía desafiarnos mientras ponía sus manos encima de su cinturón de cuero marrón cuya hebilla hacía reflejar unos finos rayos de sol. Cuando ya estábamos a tan sólo cien metros de él, levantó la mano y dijo con voz ronca, -no podeis pasear por aquí-, desde hace un mes esta zona es propiedad de Mister X.
    Sentí que me moría, mi cabeza empezó a dar vueltas y vueltas, todo lo turbio de mi mente pasó a ser claro, intenté parecer serena para que Maria no se pusiera nerviosa, y le pregunte a esa misteriosa persona, que quién era Mixter X, este me miró de arriba abajo para luego clavar sus ojos en los mios y decirme ¿estás segura de que no sabes quién es?

  25. gaston
    1 abril, 2020 at 00:22

    Sacó su cabeza por la ventana.
    -Por qué vamos mas lento- Gritó conradin al hombre con las espuelas.
    -Se;or, por lo que puede ver, entramos en el bosque y los caballos están asustados.-
    Volvió a meterse dentro de la carroza. Se movía con pequeñas zancadas de un lado a otro.
    -Que pasa papa?- le pregunto Nic.
    -Nada hijo- respondió lo más amable que pudo.
    Lois estaba frente a él, que al dar la respuest al niño, hizo una mueca con disgusto.
    -Que puedo hacer- le susurro.
    Ella no contesto, se aproximó a Nic y lo abrazo.
    Los caballos relinchaban y la carroza freno.
    El niño asustado comenzó a llorar.
    -Te debes hacer cargo tu de esto- dijo lois cubriéndose el rostro con la media res de su gorro.
    Conradin salió del carruaje de un portazo.
    Sabía que el error lo había cometido, pero que los hayan alcanzado tan rápido le parecía demasiado raro.
    Miro para ambos lados, el camino de árboles era bastante más amplio de lo quel recordaba.
    A su izquierda, el bosque húmedo silbaba por el viento.
    A su derecha, el gran campo verde se expandía por leguas y leguas de distancia.
    -Qué es lo que pasa Laslow?- pregunto. -porque frenamos?-
    -Bueno señor. Si usted no abre bien sus ojos, probablemente vea solo lo que usted quiere ver- Laslow soltó el cuero con el que comandaba a los caballos. Bajo del carruaje y continuo. -usted debe entender que solo estamos aquí, usted, yo y su señora-.
    -Te olvidas de mi hijo- respondió conradin sin entender qué era lo que estaba pasando allí,
    El viento sopló más frío esta vez, miró al campo, y sobre él, el cielo gris comenzaba a llorar.
    -Qué es lo que estamos haciendo aquí, podemos irnos- la paciencia de Conradin había llegado a su fin, debían llegar a pasaret antes del anochecer.
    -Cual es el apuro señor- la voz de Laslow era tan soberbia que Conradin se tuvo que armar de valor.
    -Se que eres el hijo de mi hermano, pero eso no te permitiré faltarme el respeto de esa manera, así que ahora sube a tu asiento y pongámonos en camino antes que alguien nos atrape con todo este oro aquí.-
    Las gotas comenzaron a caer sobre ellos y Conradin miro al cielo, abrio la puerta del carruaje y lois estaba ahi parada en la entrada, saco el puñal y lo clavo en su estomago, dejandolo caer al suelo que comenzaba a embarrarse.
    -nos ponemos en marcha?- pregunto ella.
    -Sí dijo laslow- le dio un beso, y tomó las espuelas.

  26. maria jose soto
    5 abril, 2020 at 05:10

    No sé cuándo ni cómo llegue a este hermoso camino con arboles frondosos alrededor, con hojas del verde mas hermoso que he visto, troncos delgados, pero a la vez fuertes, un camino de rocas que parece que no tiene fin.
    Debería tener miedo, ya que estoy completamente sola en este bosque desconocido, sin embargo, no lo tengo, al contrario, siento paz y satisfacción por encontrarme hoy aquí.
    Empiezo a caminar, no tengo ni la más remota idea de donde me dirijo o cual será mi destino, no obstante, mi instinto, un yo interior me reprocha que siga adelante.
    Camino, camino y sigo caminando. Hasta que de repente hay una puerta mas adelante, es de las típicas puertas antiguas, marrón y desgastada seguramente por los años que posee. A continuación, entro, y mis ojos no pueden creer lo que están visualizando.
    Cambio totalmente el entorno, ahora me encuentro en una casa, super acogedora y bonita. Sentada en el piso hay una niña pequeña jugando con un peluche de color blanco y negro. Me acerco un poco más a la niña, y me di cuenta de que soy yo, llega un adulto, mi madre, hago señas para que me vea, sin embargo, pasa totalmente de mí.
    Luego mi madre regaña a mi yo de niña, caigo en cuenta que este fue el primer regaño que recibí.
    Por arte de magia aparece otra puerta, esta vez es una mas moderna, con un cristal en el centro.
    Algo me dice que entre así que lo hago.
    Ahora estoy en una cafetería, a lo lejos puede visualizar a una adolescente con muchas de color rosado, vestida de negro y con lagrimas en los ojos.
    Rápidamente llega un chico, pelo negro, ojos grandes y azules, con los labios más hermosos que se podría imaginar, se sienta al frente de ella y la abraza. Logro escuchar lo que le susurra en el oído “era un patán, tranquila”.
    Caigo en cuenta que esa fue la primera vez que me rompieron el corazón.
    Por último, aparece otra puerta, es totalmente blanca, lisa y aburrida. En esta no quiero entrar, pero lo hago. Mi corazón late rápidamente y con mucha fuerza, veo un montón de cristales rotos, escucho una voz, “por favor no me dejes”, “tu puedes superar esto”, “despierta”. Trato de averiguar de dónde proviene esa voz, pero no encuentro a nadie mas que a una mujer inconsciente alrededor de los cristales rotos, al parecer los esos cristales proviene de un accidente, me acerco lentamente hacia esa mujer. Con la esperanza de que ella no sea yo, no obstante, me equivoque ya que si lo soy.
    Me arrodillo y me toco la mano. Estoy llorando con los ojos cerrados. Y otra vez escucho la voz “te quiero”, “sé que saldrás adelante” …
    No sé por qué, pero esa voz me da fuerzas.
    Al abrir nuevamente los ojos, me encuentro en una camilla de hospital, con mi novio al lado agarrándome las manos. Al percatarse de que desperté. su boca forma una grande sonrisa, y a continuación dice.
    “sabía que lo lograrías”

  27. ARA
    20 abril, 2020 at 22:41

    Era la primera vez que volvía a casa desde que me marché hace ya dos años sin avisar a nadie, necesitaba huir sin mirar atrás. Había dejado atrás de mi mucho dolor e impotencia y ahora estaba allí de pie parado en el camino de entrada rodeado de los pinos por los que tanto había correteado cuando era niño, un escalofrío recorrió mi espalda hasta la nuca. La mezcolanza de sensación de hogar y miedo provocaban esta reacción en mí. En estos dos años había crecido en seguridad y confianza para poder estar de nuevo junto a aquel camino para enfrentarme a mis miedos.

    Toqué la puerta, primero casi inapreciable al oido humano y una segunda vez con dos suaves golpes de nudillo, que resonaron en la vieja puerta de nogal. El hombre que recordaba como mi padre había sido consumido por el paso del tiempo como en una olla express, había envejecido mucho en solo dos años. Abrió la puerta y con un leve movimiento de cabeza me repasó completamente antes de dedicarme una escueta sonrisa.
    -Pasa, tu madre te ha echado de menos. Está en su dormitorio-Dijo fríamente mientras se giraba y avanzaba hacia el interior de la vivienda. Apenas pude mantenerle la mirada pero pude ver el fuego en sus pupilas. Aunque fuera hacía el calor propio del final de primavera el ambiente en la casa era gélido, espeso al respirarlo.

    Subí la escalera rápidamente deseoso de volver a abrazar a mi madre. No despedirme de ella fue lo más duro de mi huida. No tuve el valor de decirle a la cara que la iba a dejar sola con aquel monstruo. La puerta de su habitación estaba entornada y al empujarla ví la parte trasera de su antigua mecedora mientras un fuerte olor impregnó mis fosas nasales. Fuí acercándome lentamente mientras susurraba un tierno -Mama. No hubo reacción por su parte y al ponerme junto a ella observé su rostro en descomposición cubierto por una larga melena blanca y seca. – Hijo de puta.- fue mi fugaz último pensamiento antes de que el martillo que no vi acercarse por detrás me rompiera el craneo violentamente. Mi miedo había desaparecido

  28. Laura C. D. F.
    14 mayo, 2020 at 03:57

    Un radiante y resplandeciente sol se alzaba sobre ella. La brisa era suave y el canto de los pájaros cual flautas en sinfonica hacía que se balanceara sobre sus pies y que su cabeza se moviera al ritmo de las ramas de los espigados árboles que se alzaban a ambos lados del sendero que atravesaba.
    Podría tener unos 15 años. De rostro angelical y con una inocencia a punto de perder, Alicia tenía como pasatiempo predilecto caminar por ese sendero en sus tardes de verano.
    Un día, se le hizo tarde y la hora dorada sucumbió a la hora azul y el sendero quedó, de un momento a otro, en penumbras. Ya los pajarillos habían buscado sus nidos y estaban dormitando, cuando los pasos de Alicia se escucharon crujir sobre las piedrecitas del sendero.
    De pronto, sintió un escalofrío, la piel de gallina era uno de las tantas manifestaciones corporales que la presencia de aquel ser le había provocado.
    Ella desaceleró sus pasos lentamente. No sentía miedo. Pero su presencia le resultaba algo casi increíble. Escuchó un susurro, pero no entendía la lengua que hablaba aquel ser. Giró la cabeza un poco más hacia atrás para afinar el oído pero aún así le fue imposible entender lo que quería decir.
    En ese momento recordó a su padre, quien había perdido la vida cuando ella apenas tenía unos 8 años. A pesar de su corta edad, ella aún recordaba exactamente las palabras que él le dijo en su despedida:
    -mi pequeña Alicia, estaré contigo en cada paso de tu vida, en la brisa, en el crujir de los árboles, en cada cosa de este mundo que disfrutes. Entonces, si disfrutas todos y cada uno de los detalles de este precioso mundo, siempre, absolutamente siempre, estaré junto a ti. No olvides que la felicidad de este mundo se trata de estos pequeños pero grandiosos momentos.
    La sensación de regresar al momento presente, provocó en Alicia lágrimas, porque extrañaba los abrazos de su padre quien se había dedicado a cuidarla cada vez que era libre de las esclavitudes de su trabajo para llevar el pan de cada día a su hogar.
    Ella miró hacia atrás, pero aquel ser que ella sintió y que hizo estremecerla ya no estaba. Quizás nunca estuvo visiblemente, pero sí espiritualmente.
    Alicia continúa caminando por el sendero todas las tardes para encontrarse con su querido padre.

  29. angel
    26 mayo, 2020 at 20:48

    Sangre fría y champán caliente
    Sir James Wellington no era una persona de costumbres. No solo era conocido por las grandes fiestas que organizaban en el castillo —donde el libertinaje y la lascivia devoraban el alma de los invitados— sino que también era temido por sus cacerías. No era raro que hubiera en ellas varias víctimas humanas. Pero nunca le juzgaban por ello. Nadie se atrevía
    La vida disoluta de James tenía tan solo una costumbre a la que jamás fallaba. El 13 de Diciembre de cada año descendía a pasar la noche en el campo. El solo. Era el aniversario de la desaparición de su hermano mayor. El primogénito.
    James abrió la botella justo en el linde de sus territorios, en mitad de un camino de pastores, y la levantó a la salud de su hermano.
    Recordaba el inocente juego con que empezó todo. El escondite. James marcó cuales eran los límites. Hacia el norte el muro de piedra, hacia el este las cocheras, y hacia el oeste la casa del servicio. Pero no marcó el sur. Hacia el sur se abría un estrecho camino por el que bajaban los pastores cuando descendía de la colina, y hacia allí se dirigió su hermano.
    James cargó varios sacos en un burro y extendió verdín por el camino, ocultándolo. Luego, guiado por el burro, regresó a casa.
    Su hermano nunca regresó. Bastaba una fría noche de invierno fuera de casa para darle por muerto.
    James, arropado por una gruesa piel de oso, bebía champán mientras celebraba la muerte de su hermano, que le había dejado como único heredero.
    La piel de oso, animada por una oscura e inexplicable fuerza, se separó de su cuerpo y adoptó forma humana
    —James, he esperado mucho tiempo para vengarme, ahora eres viejo, y tu cuerpo al igual que el de un niño será incapaz se sobrevivir una noche a la intemperie
    La piel de oso se alejó hasta desaparecer y James comprobó que, como el mismo hiciera muchos años atrás, el camino había sido borrado.
    —¡Valiente imbécil! —gritaba James de camino a casa—, hice plantar árboles en la vereda del camino, podría seguirlo con los ojos cerrados. Puede que tú nacieras primero pero yo siempre fui el más inteligente.

    • María Cervera
      18 septiembre, 2020 at 16:05

      Hola Angel, me ha gustado mucho. Pensaba que James moriría y ganarían los buenos!
      Se desarrollan las tres partes que nos comentan y se desarrolla en el escenario que nos comentan.
      Me parece muy original.
      Gracias

  30. Esther
    5 junio, 2020 at 16:09

    Marta volvía del trabajo, había salido tarde aquel día, iba pensando que se le había hecho de noche y tendría que atravesar el bosque para llegar a casa. Ese bosque querido, donde corría muchas mañanas, donde daba largos paseos en verano, un bosque frondoso y verde lleno de vida, pero misterioso, silencioso y puede que peligroso por la noche. No le gustaba caminar por él al anochecer, sus ruidos y sombras la asustaban, pero ese día no tenía más remedio que pasar. Así pues, se armó de valor y se adentró en el bosque. Llevaba casi la mitad del camino, cuando empezó a escuchar unos ruidos muy raros, parecían gemidos como de animal, pero uno pequeño quizá un cachorro. Al principio se asustó pero después tuvo curiosidad pues esos sonidos, no asustaban más bien era como una llamada de auxilio. Poco a poco fue siguiendo el rastro e iba avanzando hacia el lugar de donde provenía, cada vez eran más fuertes, eran como un sollozo, penetrante y triste. Hasta que por fin, llegó donde ese llanto sonaba muy fuerte, miró alrededor pero no vio nada, estuvo dando vueltas sobre sí misma para encontrar de dónde provenía aquel sonido. Y de pronto lo vio, justo por detrás de ella había una especie de cueva, se asomó con cautela, no fuera a encontrar a algún animal herido, pero para su sorpresa lo que allí había era un bebé, el cual lloraba a lágrima viva y su llanto resonaba dentro de la cueva y parecían como gemidos. Marta cogió se acercó intentó calmarla, era una preciosa niña, la envolvió en su abrigo y salió a la carrera al hospital. Después de muchos trámites y en un principio de la búsqueda de los papas del bebé y al no dar con éstos, Marta pudo quedarse en adopción a la niña, a la que puso el nombre de Elsa. Las dos formaron una bonita familia con un vínculo muy especial, y a menudo, recuerdan que fue el destino que hizo que aquella tarde Marta pasara por el bosque a una hora no habitual en ella y encontrar a Elsa. Nunca más tuvo miedo de pasar al anochecer por el bosque, porque el bosque le dio lo que más quiera en la vida.

  31. Alfredo
    13 julio, 2020 at 08:23

    Llevo bastante tiempo recorriendo este sendero sin fin, tanto que ya no se que edad tengo. Siempre repitiendo hasta el más mínimo detalle, a tal grado de convertir algo tan bello en una tortuosa aberración.
    El ligero sonar del aire, tan puro y tranquilizante, no es mas que puñaladas para mis oídos. Aquel cansino y vigoroso verde del césped, además de su vibrante hedor a vida. La detestable caída de estas hojas tan perfectas y parecidas entre sí, que no crean mas que aburrimiento y desesperación. Y esa maldita luz, abominable segadora, que quema mis ojos y nunca se apaga.
    Estoy cansado de seguir por este camino tan aparentemente precioso; que en realidad no es mas que una pena interminable. Solo continúo en esta senda para encontrar la salida de este infierno; sin tener que dejar la recta, porque tengo miedo de encontrar algo peor fuera de esta.

  32. Asara
    29 julio, 2020 at 23:38

    Miro hacia el frente y siento cómo un escalofrío me recorre la columna, vértebra por vértebra: a un lado, la oscuridad; al otro, la luz. Según me voy adentrando en las entrañas del bosque, caminando por el sendero, me pregunto si estoy en un purgatorio, con el infierno a un lado y el paraíso al otro. O tal vez es simplemente una representación de nuestro paso por la vida, en la que siempre nos topamos con obstáculos inesperados que nos empujan a tomar decisiones que a veces son las correctas y, más veces que menos, las incorrectas. O quizás esas decisiones no son buenas o malas; puede que tampoco el futuro sea claro u oscuro. Según voy avanzando, siento que el camino se estrecha: cuantos más pasos doy, menos espacio tengo para dar el siguiente. Sí, cada vez estoy más convencida de que es un sueño en el que mi mente está tratando de darle sentido al paso del tiempo. En cierto modo, eso me calma: ahora me puedo relajar y disfrutar de la experiencia onírica. Me dejo llevar por lo que creo que es mi propia imaginación. Sigue estrechándose el sendero.
    De pronto, me doy cuenta de que lo que estoy intentando decirme a mi misma es muy simple: cuando somos pequeños, tenemos un amplísimo abanico de posibilidades ante nosotros. Al principio, ni siquiera podemos tomar nuestras propias decisiones, pero en determinado momento, no nos queda otra: se supone que somos adultos y que nos tenemos que responsabilizar de nuestras acciones. Cada decisión nos abre un camino y nos cierra otro. Creemos que siempre podremos tratar de recular y volver a la intersección, pero ya no será el mismo camino que era, sino otro diferente. Y seguimos haciéndonos mayores. Y cada vez tenemos menos oportunidades de rectificar errores, de reiniciar caminos. Ojalá hubiese escuchado a mis abuelos diciéndome que lo que hiciera en cada momento definiría mi futuro.
    Y en ese momento, se me enciende la bombilla: ¡qué tonterías más grandes me está diciendo mi subconsciente! Envejecer me ha dado terror desde que entendí el concepto. Pero lo que no quise entender en ese momento, y que ahora estoy tratando de procesar, es que la vejez no es el fin del camino ni de las oportunidades. La vejez es ese maravilloso momento en el que hemos reunido una cantidad tan inmensa de experiencias que por fin podemos acomodarnos en la butaca y disfrutar del porvenir. ¿Y lo mejor? ¡Seguimos teniendo una infinitud de caminos por delante!

    • María Cervera
      18 septiembre, 2020 at 16:01

      El relato es muy correcto y me gusta mucho. Pero no encuentro las tres partes que nos hacen representar: encabezamiento, nudo y desenlace.
      No es una historia, son unos pensamientos y son increíbles, de verdad.

  33. Cristina SR
    6 agosto, 2020 at 21:24

    Cuando miré la hora en mi reloj, marcaba las 8:03. ¿De la mañana o de la tarde? La luz que divisaba entre las hojas de los árboles no terminaba de aclararme la duda y las motas que se habrían paso para iluminar a trozos el sendero, no paraban de danzar al son del ritmo indígena que llevaba en los auriculares. Los hongos seguían haciendo efecto y, aunque ya volvía a algún momento de lucidez, seguía más en esa otra realidad que en la estática y palpable. Y aquí estoy, parado en el medio de este sendero terroso del desgaste del ir y venir de la gente, escoltado de altos árboles que no me atrevo a seguir con la mirada. Sólo con avistar al frente, siento allá arriba en las ramas una intensa agitación, pareciese un festival de hojas danzando, rozándose, cada una de ellas como envuelta en un suave velo lumínico, sedoso y dulce. Porque también lo podía oler.

    Un fuerte y corto sonido me llegó de algo más lejos y, al instante, todo mi cuerpo tembló. El sonido se repitió varias veces y parecía como un corazón en la distancia que hiciese palpitar mi cuerpo. No sé si me explico bien; el corazón estaba allá. El compás sístole-diástole se marcaba fuera de mí y hacía llegar sus ondas hasta mi piel impulsándome a una oscilación. Sentía que todo mi cuerpo era un fino pañuelo de seda que se amoldaba a la brisa emanada de ese corazón lejano.
    Sandra me agarró la mano, me hizo girar sobre mí misma para cogerme de frente y envolver mi cintura en sus brazos. Me besó en la mejilla.

    Ven. – dijo. O eso creo. No sé si lo dijo o lo vi en sus ojos.

    Seguimos por el sendero cogidas de la mano llevando un paso lento. Me atreví a mirar hacia arriba, hacia las copas de los árboles, ahora que Sandra estaba ahí. Alcé la vista y me empapé, me hizo muchas cosquillas. Sandra tiró de mí y, al fin, salimos al encuentro de Eli que, con los ojos cerrados, tocaba su inseparable timbal.

    Fue una marea de sentimientos haber encontrado esta foto y leer lo que había escrito en su reverso ya de vuelta en la fría Helsinki en aquel 2015. Quizás se la enseñe a mi hija y comparta esta bella historia con ella.

  34. Melina
    15 agosto, 2020 at 06:42

    La niebla me rodea y tiemblo, pues el frío me cala en los huesos. Es lo primero que noto antes de abrir los ojos.
    Me encuentro en un camino, helado y oscuro y me siento al borde de la muerte, al punto de caer; grito, pero parece ser un lugar rodeado de muertos y nadie escucha, como cuando un árbol cae. ¿Acaso yo existo o soy un pedazo más de esta gélida niebla?
    Comienzo a correr, pues siento que, al final de este camino, se encuentra mi fuerza, mi existencia misma, mi ansiada libertad final, pero me muevo tan lentamente… ¿Realmente me estoy moviendo? Siento el esfuerzo que ejerzo, pero no me muevo del lugar y el camino parece prolongarse
    Lloro, porque mi alma parece alejarse de mi voluntariamente, y caigo, pero al caer, abro los ojos
    El espacio es sumamente limitado, y al mover mi cuerpo, un fuerte dolor me recorre y mi desesperación crece. ¿Qué hago aquí?
    La oscuridad parece atraparme y me estrecha como a un guante, haciéndome cada vez mas pequeño y frágil, más muerto.
    Pero hay algo, un muy pequeño sonido que me hace tomar aire. Una pequeña campana suena sobre mi cuando me muevo. El aire se acaba y mis pulmones gritan y arañan mi caja torácica en busca de oxígeno que no encuentro.
    ¿Cuánto tiempo he estado aquí?

  35. 27 agosto, 2020 at 21:14

    La reunión añorada

    Los arboles eran los mismos, el sendero despoblado y aislado me daba la bienvenida como de costumbre, como ayer, antes de ayer y con suerte, ya no mañana, en ocasiones los rayos de sol lograban escabullirse y dar luz a ese camino apático por el cual hace años no pasa un mortal con cordura, por lo cual yo, era una loca, una loca que se había obsesionado con las lágrimas del cielo y el susurro del viento, y constantemente entre mis delirios terminaba volviendo a este lugar, despreocupadamente encendía un cigarrillo y tirada en el suelo lo consumía contaminando el cielo. Desde aquella noche registrada en mi memoria aquel lugar fue mi hogar, por ser el único que conocía mi historia, porque mis gritos se quedaron censurados en aquel sendero y mi inocencia voló con el viento de aquella noche lúgubre, Seguí volviendo una y otra vez intentando recuperar mi otra parte, pero se negaron a devolverla. Habían pasado tres años, y entre el humo de mi cigarrillo seguía revelándose ese rostro desfigurado, esos dientes descompuestos y esos ojos endemoniados que un día vieron mi cuerpo y perturbaron mi alma. Han pasado tres años y yo sigo perteneciéndole a ese ser despreciable, sigo viviendo entre sus amenazas y nuestros recuerdos. No le pertenecí una noche, mi mente, mi vida, mi alma, mis recuerdos le han pertenecido durante tres años. Hoy se conmemora un año más en que murió mi esencia, por lo cual supuse que debe andar danzando una vez más por este lugar, mi espíritu ha estado luchando por salir de mi cuerpo contaminado, hoy vine a reunirlos y dejarlos ir de este mundo injusto el cual calló mis gritos y no se reveló ante mi agresor.

  36. Kaly Velazco
    3 septiembre, 2020 at 20:54

    Respiré profundamente con mis ojos cerrados, al abrirlos observé a mi alrededor y me enamoré de nuevo de la vista, me encontraba en un parque con árboles altos y frondosos que hacían el aire más fresco y agradable, y un camino de tierra creado por el paso de las personas, amaba venir aquí era lo más parecido a un bosque que tenía cerca de casa, realmente amaba venir a tomar aire, caminar y leer sentada en el pasto y recargada en un árbol, era muy pacifico este lugar y Blake, mi husky, también amaba ir a correr ahí, lo dejo suelto y corre cerca de mí y juega con su pelota de abeja, hoy no era diferente, vine a leer un poco mientras Blake jugaba con una vara que encontró y ahora enterraba en un agujero que hizo en el suelo, estaba muy tranquila leyendo cuando escuché un trueno proveniente del cielo, genial, ahora llovería, guarde mi libro en l pequeña mochila que llevaba y saqué la correa de Blake y lo llame, él vino corriendo hacia mí y le coloqué la correa para irnos, íbamos caminando cuando comenzó a llover, pero tanto Blake como yo amaos la lluvia por lo que seguimos caminando normal y mi libro no me preocupaba pues a mi mochila no le entra agua. Iba tan concentrada en mis pensamientos que no me percaté de que al cruzar la calle saliendo del parque venia un auto, el auto alcanzó a frenarse y me quedé en shock frente a este mientras Blake tiraba de la correa para avanzar, yo no me podía ni mover, un joven se bajó del auto y yo solo lo veía mientras me sacudía cuidadosamente y decía cosas que escuchaba muy lejos de mí, cuando reaccioné solo dije “estoy bien” y regresé al lado de la banqueta del parque en la cual me senté junto a Blake que no dejaba de ladrar al auto y comencé a llorar, no lo podía creer, tuve un dejavu, como si eso ya hubiese pasado antes, ahí estaba yo bajo la lluvia llorando quien sabe porque, me levanté y vi dos pequeñas lapidas a mi izquierda y estaba recargada en una y no me había percatado, vi el nombre y empecé a llorar nuevamente desconsolada mientras leía mi nombre sobre esa lapida y el de Blake en la otra con las palabras su amigo más fiel.

    • María Cervera
      18 septiembre, 2020 at 16:08

      Es un relato muy bonito. Pero quizás habría que usar más las comas, los puntos y a parte. Hay algún error ortográfico.
      Me encanta que Blake esté junto a su mejor amigo al final del camino.

  37. María Cervera
    18 septiembre, 2020 at 15:58

    Si el olfato no me falla, voy por el camino correcto. Huelo a árbol fresco, a humedad y lo mas importante, a mi amo. Estoy cansada y creo que me tumbaré un rato bajo la sombra. No conozco este sendero, parece que nunca he pasado por aquí.

    Me llamo Paloma y soy una perra de caza, concretamente una Beagle. Vivo junto a muchos más perros de cacería en un cortijo, creo que cercano a este camino. Mi amo se llama Antonio. Es un humano grande, y serio que habla poco y silva mucho. Nos da de comer una vez al día. Nos saca a cazar cada domingo.

    El amo es mi referente para todo. No sabría que hacer sin él. Vivo gracias a sus cuidados. También hay otra humana, a la cual quiero mucho. Se llama Elena. Con ella también soy muy feliz. Corro detrás de ella y río. Con Elena puedo hacer lo que quiera, porque nunca se enfada. En cambio, con el amo es muy diferente. Si no quieres que te haga daño, de un modo u otro, has de hacer lo que él te diga.

    Hace poco tiempo fui madre. Según el amo, los cachorros no eran como yo. Y era cierto, porque eran muy oscuros. Elena decía que eran igual que su padre. Un pastor belga color negro que vivía en la finca de un vecino.
    El caso es que, desde entonces, mi vida ha cambiado. No tengo ganas de cazar. He sido muy mala madre. Una mañana, salí a comer algo muy bueno que el amo me trajo, al volver a mi caseta, mis hijos ya no estaban. Está claro que los trasladé a algún sitio, pero nunca averigüé donde. El rastro me llevó a una especie de contenedor donde los humanos tiraban la basura. Yo nunca habría llevado a mis cachorros a ese sitio.

    Me volví literalmente loca. Al amo no le gustaba mi comportamiento, así que me pegaba con el palo. Decía que ya no servía para nada.

    Ayer por la tarde, me llevó a cazar con el coche. Cuando miré por la ventana vi a Elena; estaba triste y lloraba. Así que tengo que volver con ella.

    Por este camino, sigo el rastro de mi amo, pero no el de Elena. Creo que estoy cerca, pero tengo hambre y me duelen las piernas.

    Es la primera vez que paso una noche fuera de casa y tengo miedo.

  38. Miguel Machorro
    30 septiembre, 2020 at 17:26

    El camino parece largo, los árboles que lo rodean son altos y fuertes, dificultando que la luz del sol entre. Mi única compañía es la soledad, y cada paso me encamina hacia el fin, los hago pequeños y lentos; como no queriendo llegar a mi destino.
    La casa del final es tal como la recuerdo, la fachada ahuyenta a cualquiera que se acerque; un escalofrío recorre mi columna cuando me acerco al portón que rechina al momento en que lo empujo para entrar. Al abrir la puerta principal mis ojos tardan en acostumbrarse a la oscuridad mientras encuentro el interruptor.
    Subir las escaleras hace que los recuerdos me inunden la memoria, uno tras otro se van acumulando en mi mente y siento el peso de ellos en mi cuerpo; a pesar de que no todos son malos, la mayoría si lo son y eso hace que inevitablemente mis ojos se comiencen a humedecer. La hora había llegado, estaba frente a mis demonios, aquellos que habitaban esa casa y los que iban conmigo día a día estaban frente a frente. Los demonios de esa casa eran cada vez más fuertes, había que enfrentarlos, pelear y vencerlos antes que ellos lo hicieran conmigo; ya no les era suficiente con torturarme, su propósito era hacer mi vida miserable.
    Estando frente a ellos, les reconocí, uno a uno se fueron presentando frente a mí, sus amenazas retumbaban en mis oídos y debilitaban mi alma, sabían que hacer y qué decir, me conocían incluso mejor que yo. Estaban a punto de vencerme, y por eso necesitaba vencerlos antes; no solo era enfrentarlos, tenía que acabar con ellos. Tenerlos frente me hizo conocerlos, identificarlos y una vez que conoces a tus enemigos los puedes enfrentar. El tiempo transcurría sin que ninguno de los dos bandos hiciera algo, nadie se atrevía a atacar, el cansancio estaba ganando y nadie daba el primer paso.
    Los dejaría en aquella casa por siempre, enfrentarlos no había dado resultado. Recorrí por última vez aquella casa, sus pasillos me hablaban; sus recámaras le traían viejos recuerdos y aun los olores de esa casa permanecerían impregnados en mi ser. Cuando cerré aquella casa y mientras caminaba por ese sendero lleno de árboles; decidí que era la última vez y aquellos demonios se quedarían encerrados junto a aquella casa, era suficiente con los que ya tenía encima.

  39. Guilores
    9 noviembre, 2020 at 19:40

    Dormía una plácida siesta en el porche, amodorrado con los cálidos rayos del sol, cuando en mitad del silencio que reinaba a esa hora en el bosque escuché un crujido de ramas, tal vez las pisadas de alguien que se acercaba con sigilo. Salté de la hamaca de un brinco y corrí enfadado por el sendero que se abría a los pies de la casa para descubrir al intruso. No me gustaba que nadie anduviese merodeando por allí sin permiso y estaba dispuesto a enfrentarme e incluso a entablar una acalorada pelea con el primero que osara rebasar la valla que delimitaba mi territorio. No es que no fuese sociable, todo lo contrario, pero de siempre los desconocidos me ponían algo nervioso, quizás por alguna mala experiencia de mi pasado que no podía recordar o simplemente porque era un viejo gruñón. Recorrí el camino sin observar nada extraño, parecía que estaba todo en orden, pero aún así decidí adentrarme en la espesa arboleda para asegurarme de que no había nadie. De pronto, observé a lo lejos algo que brillaba bajo el sol y, sorprendido, me acerqué hasta allí para averiguar de qué se trataba. Era una pelota de color amarillo a lunares azules que se había quedado encajada en una rama que sobresalía de un tronco caído. Sacudí la cabeza a un lado y a otro para agudizar el oído al escuchar de nuevo el mismo crujido. También pude oír un leve sollozo y tras varias vueltas descubrí a la pequeña invasora. La niña intentaba agarrar la pelota metiendo la mano entre los barrotes de la valla sin poder alcanzarla. Me miró asustada, pero me enterneció tanto su mirada que se evaporó mi enfado y le di un lametón en la mano. Un agudo silbido reclamó mi atención. Era mi amo.

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