Propuesta 4 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

 

taller de creatividad literaria-4Escribid con un máximo de 400 palabras una historia cuyo principio se desarrolle en el espacio físico que se ve en la fotografía de debajo de estas líneas.

 

Para que la historia resulte coherente, intentad que, aunque sea de forma breve, contenga la presentación de lo que va a ocurrir, el nudo de la historia y el desenlace final. Por si alguien no recuerda en qué consisten estas partes de la estructura interna de la narración, podéis repasarlo AQUÍ.

 

taller creatividad literaria imagen 4
Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

 

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

taller de creat literaria madrid

TALLER DE CREATIVIDAD LITERARIA
presencial en MADRID
*

con tutor

grupos reducidos

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Viernes
de 19,30 a 20,45
Zona Retiro
Grupos reducidos
 *
A través de ejercicios prácticos, los participantes aprenderán diferentes métodos y herramientas para desarrollar la creatividad y cómo aplicarlas a la escritura de textos literarios.
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  17 comentarios en “Propuesta 4 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    8 Septiembre, 2016 at 01:41

    De pie ante el camino, lo supo todo de pronto: serían éstos sus últimos pasos por la tierra. Sí, había sido condenado a muerte. El camino se extendía sombrío, silencioso. Un par de empujones lo pusieron en marcha. Se angustiaba más por la ropa sucia que portaba, que por el vida que estaba a punto de escaparse de su cuerpo. Arrastró los pasos con la pesadumbre de no estar lo suficientemente presentable para coronar su vida con la muerte. No escuchó otros pasos siguiendo los suyos, por eso intuyó los rifles apuntándole por la espalda. Decidió correr con desenfreno a los brazos de su tumba. Pegó carrera esperando escuchar como solemne himno mortuorio las descargas del destacamento sobre su cuero. Corrió unos pasos, corrió otros tantos. Avazó flaqueado por suntuosos árboles testigos de sus últimos alientos… Silencio. Ningún disparo. Las sobras de las ramas se desplomaron de tajo. El camino extenso le tendía aún la mano. ¿Y la muerte? ¿Su muerte? Abruptamente se detuvo. Paró en seco. Aspiró profundo, reunió valor, y giró sobre sí mismo para darle con la mirada de frente al pelotón que con hambre ansiosa esperaba devorar con balas su pecho. Sí, giró valientemente. No había nadie ahí. Nadie que le viera, nadie sosteniendo rifle, pistola, bayoneta alguna, nadie atestiguando lo que sólo los árboles advetían: A este hombre le apuntaba su propia vida. Se había condenado a sí mismo en el peso de su camino andado. Se había conducido a sí mismo hasta la desolación del camino. Pero no, no moriría ni hoy ni aquí. Moriría cada día, en cada respiración. Moriría de arrepentimiento, de dolor. Más allá del camino, mucho más allá de los árboles, las sombras, las hojas caídas, esté hombre quedariá lentamente sepultado por el peso de su propia osadía.

    • Inquisitor Glokta
      8 Septiembre, 2016 at 18:29

      Muy bien descrito, usas un lenguaje muy rico.

    • jnpdiaz
      9 Septiembre, 2016 at 00:48

      Muy poético… me encantó.

    • Narradora de Cuentos
      11 Septiembre, 2016 at 12:13

      Muy imaginativo

    • Neghro
      24 Marzo, 2017 at 21:02

      Lindo lenguaje, un cuento hermoso que se disfruta al leer

  2. Inquisitor Glokta
    8 Septiembre, 2016 at 18:26

    Marc
    -¡No nos moverán! –gritaban decenas de activistas.
    No era la primera vez que se encontraba ese problema, tenían que talar una zona arbolada que pasaba cerca de una población y sus habitantes trataban de impedirlo. Detrás de él esperaban pacientes sus empleados para talar aquella zona. Habían llegado a un acuerdo con el ayuntamiento, pero aquellos indeseados se ataban a los árboles para evitar la tala.
    -No podemos permitir que talen este bosque, es el emblema del pueblo. –decía Jesús, el líder de los activistas.
    Jesús era un abogado que Marc ya conocía de otros intentos de talas, y cuando se producían casos como este siempre viajaba hasta los pueblos afectados para mostrarles a los enfadados pueblerinos lo que debían hacer.
    -Me han contratado porque necesitan esta zona para construir la nueva fábrica embotelladora. –se explicaba Marc- Dará muchos puestos de trabajo a vuestro pueblo.
    -¡Pues que tiren la casa del alcalde y la construyan allí! –gritó una chica pelirroja ante el júbilo de sus compañeros.
    -Hemos llamado a la prensa. -le advirtió Jesús.
    -¡No! A la prensa no. -se quejó Marc- Está bien, yo retiraré la maquinaria por ahora y negociaremos.
    -Lo quiero por escrito.
    En medio del bosque Jesús redactó un contrato que firmaron Jesús y él.
    Natalia
    Aquellos empresarios temían demasiado a la prensa, Jesús había sido muy astuto. Natalia se quitó la coleta dejando libre su rojiza melena. Ya retiraban a la maquinaria del bosque.
    -El contrato es completamente legal. -dijo Jesús- Pero esto sólo les retrasará una semana. Esta noche descansemos, mañana a primera hora vendrá Marc a nuestra asociación para negociar.
    -Te quería agradecer todo lo que has hecho por nosotros. –le dijo sonriente Natalia.
    -No hay nada que agradecer, lucho por lo que creo que es correcto.
    Aquella noche Natalia durmió profundamente. A la mañana siguiente esperaron en la asociación y nadie aparecía, ni Marc ni Jesús. Y cuando fueron al bosque se encontraron una imagen dantesca, todos los árboles habían sido talados. ¿Cómo era posible?
    Jesús
    -Otro trabajo bien hecho. –le felicitó Marc.
    Los dos regresaban a su ciudad en el coche de empresa.
    -Me deberían pagar un plus por peligrosidad, -decía Jesús- en algún pueblo se darán cuenta del truco.
    -Ya le tenemos que pagar el plus de nocturnidad a los empleados.
    -Bueno, bien está lo que bien acaba. –dijo Jesús mientras se recostaba en el asiento del coche.

    • jnpdiaz
      9 Septiembre, 2016 at 00:46

      Jajaja. Me gustó como … interesante.

  3. Cintia
    8 Septiembre, 2016 at 22:57

    Lucy corría, por aquel sendero en el bosque, tan rápido como sus piernas le permitían. Había conseguido despistar a aquellos hombres vestidos de blanco que la querían secuestrar. A su corta edad aún no lograba entender por qué querrían secuestrarla, pero sabía que debía llegar cuanto antes a su casa.
    Tropezó con una piedra y cayó tendida al suelo, el pánico la invadió, pues estaba segura que los hombres que la seguían no tardarían en alcanzarla. Se levantó lo más rápido que pudo, echándole un breve vistazo a sus manos y sus rodillas raspadas antes de seguir corriendo. Pero al fijar su vista al frente algo había cambiado, ya no veía el mismo sendero en medio del bosque que hacía unos minutos, una gran playa con arena blanca era lo que percibía a través de sus ojos. Se giró pensando que había llegado al final de aquel sendero sin percatarse por el miedo y la adrenalina que recorrían sus venas en ese momento pero, para su sorpresa, el bosque no estaba allí, de hecho podía reconocer el lugar, no estaba muy lejos de su casa.
    Miró sus manos esperando que todo hubiera sido un sueño, pero la confusión se reflejó en su rostro al ver tierra en sus manos, lo cual era imposible a menos que realmente hubiera estado en el bosque, pero ¿cómo?
    Mientras miles de preguntas ocupaban su mente, sin encontrar alguna respuesta, sus pies la dirigían a su hogar, donde esperaba poder preguntarle a su madre sin que ésta creyera que estaba loca. Pero el miedo volvió a presentarse cuando llegó a la esquina de su casa, una camioneta con un logo que reconocía de los trajes de sus secuestradores estaba estacionada frente a su casa.
    Respiró profundamente antes de echarse a correr hacia la casa, si esa camioneta estaba ahí, sus padres estaban en problemas. Empujó tan fuerte la puerta que ésta golpeó contra la pared produciendo un gran estruendo. Allí, en el medio del salón estaban sus padres con las manos atadas y rodeados por los hombres de blanco. Sin esperar más y con lágrimas en los ojos corrió a abrazarlos. No le importaba nada más, quería estar con ellos y hablarle de lo ocurrido en el bosque.
    Se sorprendió al escuchar el sonido del viento en los árboles y abrió sus ojos, sus padres sentados en aquel sendero que reconocía, mientras ella los abrazaba.

    • jnpdiaz
      9 Septiembre, 2016 at 00:43

      Vaya, quien lo diría. Me gustó el final.

  4. jnpdiaz
    9 Septiembre, 2016 at 00:41

    DE CAZA

    Miriam, la mujer hermosa que lo seguía estaba enamorada de él y había cometido el delito de ser su amante a pesar de estar casada con uno de los hombres más poderosos de la zona. Al ser descubiertos, ambos se habían internado en uno de los bosques más espesos seguidos por perros de caza. El año 1789. Aunque no ubicaba con claridad el lugar exacto donde se encontraba sabía que era justo en el centro de América. Se llamaba William y era un sirviente de la corona inglesa. Joven, aventurero y acostumbrado a mentir había conocido a Miriam en una de esas fiestas ofrecidas en las haciendas de los ricos de la zona. Llegar a la fiesta, verla, enamorarse de ella había sido un solo acto. La simpatía resultó recíproca así que no tuvo dificultades en seducir a la mujer la cual le correspondió con todos sus sentidos. Toda la aventura había durado aproximadamente dos meses antes de ser descubiertos por la hijastra de dieciséis años.
    El marido, hecho una furia, no había dudado ni un momento en tomar represalias y junto a una docena de mozos se internaron en los bosques dispuestos a castigar a los adúlteros. Desde su salida de la hacienda, ubicada en las faldas de un volcán apagado, la pareja debió prever el fatal destino pues de aquella montaña se contaba, desde muchos años atrás, nadie salía vivo. William, al principio, pareció decidido a entablar lucha con el marido de Miriam, pero esta le convenció de lo contrario. No hubo que rogar mucho pues en el fondo, William, tenía muchísimo miedo y la pose de valiente no era más que una pantalla para elevarse un poco más ante su amada. Ya muchas veces antes lo había hecho así que no le costó aparentar. El problema se complicó cuando iban inmersos entre la maleza y se dieron por perdidos. Él le reclamaba a ella y ella lo escuchaba resignada como si acabara de descubrir que el valiente amante no era más que un semejante cobarde. Expresión que no dijo pues tenía miedo. Hasta ese momento entendió que la vida no era como la pintaban en las novelas venidas de París.
    Ella cayó bajo los hocicos de los lobos entre alaridos de dolor mientras su amante se alejaba sin siquiera ver hacia atrás. El amante cayó más adelante, aferrado al tronco de un árbol.
    Años después, cuando el tiempo se encargó de cubrir la verdad, comenzaron a circular historias fantásticas acerca de la aventura. Se decía que la mujer se llamaba Martha, y no Miriam, que William se apellidaba Walker y que había sido un filibustero el cual se había apoderado del gobierno de una región de Guatemala y luego fue apresado y ahorcado en Honduras.

    jnpdiaz

  5. Narradora de Cuentos
    9 Septiembre, 2016 at 01:38

    Å punto de cumplir 60 años , un hombre se ha apeado de una vida …
    Los días transcurren silenciosos, cada mañana sus piernas pasean decididas , por aquella Alameda que tantas veces camino con ella. Ahora pretende le infunda la serenidad y el sosiego, que necesita recuperar su espíritu. A ritmo acompasado, bombea su corazón y su vida, anclado en un presente nuevo.
    Tras más de cuarenta años, sostenido en el plano de las emociones, por tres relaciones de pareja, afronta ahora una etapa, en la que su principal motivación, es cuidar de sí mismo. Amparándose en una vida sosegada, nada sedentaria, combinada de equilibrio, entreno voluntario y cuidada alimentación. A golpe de introspección y mutismo, eludiendo hacerse preguntas y evitando respuestas, que pudieran agredir su recuperado, pero todavía maleable bienestar .
    Un hombre entregado a sus convicciones, superado por algunas debilidades anímicas, ha elegido una vida de equilibrio, al precio quizá de falta de otros estímulos.
    No ha tenido alternativa, su incapacidad de reconducir, la espiral por la que se desplomaron sus emociones, ha decidido por él. Consciente de que esa mujer le amaba y a pesar de haberla añado sin reservas, ha decidido continuar solo, apostando por el sosiego.
    El ya no la piensa, quiere transitar en soledad, ese tramo de su vida.

  6. 9 Septiembre, 2016 at 14:26

    Cuando los ojos de Sebastián divisaron a lo lejos un camino flanqueado por altos árboles, frunció el ceño, intentando averiguar si esa imagen era real o un espejismo. Tratando de no bajar el ritmo, siguió adelante, dando alguna vuelta sobre sí mismo, mirando extrañado a su alrededor, por si se había perdido. No. Estaba seguro de que aquí, ayer mismo, no había nada. Ni camino. Ni árboles. Ni luz. Sólo una sombra frondosa de ramajes impenetrables. Se arrancó los auriculares de un tirón y se quedó allí parado, en crecientes 130 pulsaciones por segundo, temeroso de adentrarse en ese camino que le invitaba a pasar.
    Si en ese solitario bosque, hubiese alguien que postrase su mirada en él, jamás se imaginaría los obstáculos, baches y muros de hormigón que éste chico tuvo que sortear en su corta y arriesgada carrera por la vida. Acostumbrado a convivir con ello, quizá fuera su mente la que cerraba sus ojos a las cosas fáciles, a los caminos de rosas. Él nunca llegó a la meta sin antes haber caído en el fango, sin rasgarse la ropa, sin tropezar una y mil veces con varias piedras.
    Cuando algo le apasionaba, cuando creía que merecía la pena, saltaba al vacío, sabiendo de antemano que probablemente su paracaídas no amortiguase su choque contra el suelo.
    A pesar de todo, cuando conseguía salir del fango, cuando obviaba sus heridas y volvía a ponerse en pie, era capaz de tocar el cielo con los dedos de sus manos y eso solo era algo que sólo los más intrépidos conseguían, pues no es lo mismo que te caiga el cielo a tus pies que construirte unas alas y llegar hasta él.
    Sebastián se puso de nuevo los cascos, subió el volumen de su música y empezó a trotar, desafiando al horizonte. Finalmente se adentró en el luminoso camino diciéndose a sí mismo:
    “Perderse, también es camino”.

  7. Sandra Carrion Estay
    9 Septiembre, 2016 at 21:40

    Los altos y frondosos àrboles que conforman este bosque, este sendero conformado por los miles y miles de personas, que pisaron este suelo antes que yo, para llegar al otro lado y dejar èsta huella. Esta huella, que es el preludio a una nueva vida. Una vida a la que no sè si me adaptarè: pero vivirè sin miedos, sin ocultarse, no leerè en la micro, mirando al que se sienta a mi lado e intuyendo que no es un soplòn pagado por la CNI, al que solo le importa el pago y no le preocupa el drama que dencadenarà. Sin tener que cuidar hasta lo que sueñas. El olor a vegetaciòn y el aire limpio, me provocan dolor al respirar, ya que mis pulmones no acostumbran a aspirar aire puro. La angustia de irme, de saberque no volverè a ver a mis seres queridos, no me deja disfrutar del paisaje que tengo delante mio. Siento la respiraciòn entre cortada de mi compañero, que debe pensar lo mismo que yo, a causa del inmenso cansancio ocasionado por esta larga caminata, que nos lleva hacia la libertad. Libertad que creìa tener, hasta que se me ocurriò decirle al profesor de ciencias, que no me interesaba estrechar la mano de quien era partìcipe de un règimen fascista y totalitario. Ahì, comenzò la persecusiòn diaria, las amenazas veladas y directas, el temor por todos los que me rodeaban. Sin ser parte de ningùn grupo disidente, sin pertecer, ni militar en ningùn partido politico, me vi en la obligaciòn,de abandonar a mi familia, a mis amigos y, a mi paìs, sin saber cuàll fue mi delito.

  8. Emilio Reyes
    10 Septiembre, 2016 at 14:23

    Ya se sentían los primeros calores de la primavera tardía, cuando el pasear por caminos arbolados resultaba toda una delicia, sobre todo si lo hacía en bicicleta y acompañado de Pascual, ahora que echo la mirada atrás parece que está todo igual que cuando eramos unos críos y veníamos por este camino Pascual, Nesto y yo, y ahora que rozamos la treintena las sensaciones no han cambiado, lo único que nos faltaba Nesto. Dónde habrían quedado nuestras amigas las motoretas, ahora era diferente, estas modernas bicis de montaña.
    Seguíamos disfrutando del paseo, cuando el camino llegaba a la fuente de las cabras, lugar idóneo para hacer un alto en el camino y repostar nuestros estómagos con el líquido y fresco elemento que de ella brotaba.
    Vamos a beber, y así descansamos un poco – dijo Pascual.
    Yo estaba pensando lo mismo – le contesté mientras apoyaba la bici en la parte de atrás de la fuente.
    Te acuerdas de Nesto, siempre que llegaba aquí, se tiraba al chorro del agua parecía que le iba en ello la vida. – Pascual lo comentó con una sonrisa burlona, mientras yo callaba y lo miraba entre resignado y cabreado.
    Nesto siempre había sido el amigo tímido del grupo, introspectivo en exceso, de estas personas que para que te contesten tienes que preguntarle lo mismo dos veces pero de distinta manera. Todo lo contrario que Pascual, siempre tan seguro de todo, sabiéndolo todo, y creyéndose superior a todo y a todos, yo pensaba que si no fuese por que crecimos juntos nunca hubiésemos sido amigos.
    Y tu siempre hacías lo mismo – le dije a Pascual en tono desafiante – , le hablabas con la burla, le hacías sentir como un tonto.
    Y qué, también te vas a poner a su favor, si siempre estaba igual con sus tonterías, con sus nubes, espero que halla madurado de una puta vez.
    Yo no sé si habrá madurado, – contesté secamente – quizás nosotros no fuimos unos amigos a la altura de sus circunstancias.
    Tomé mi bicicleta, me monté y empecé a pedalear escuchando como Pascual me decía que le esperase, sin mirar atrás, por que tantas veces había montado por aquellos caminos esperando perder algo de peso, y ahora me daba cuenta de cual era el peso que tenía que haber perdido en mi vida, el que más me estaba arrastrando, por fin pedaleaba manejando la bicicleta con mi propia vida normal.

  9. 1 Octubre, 2016 at 23:10

    Al penetrar entre aquellos árboles, que en su día fueron mi refugio ante cualquier problema, recuperé sin proponérmelo los recuerdos más dulces de mi existencia. Estos se agolpaban en mi mente, mientras transitaba por el camino que llevaba hacia la casa.
    Un mundo de emociones vividas, salían a mi encuentro en aquellos momentos, recordando escenas familiares que había podido disfrutar. A mis oídos no llegaba sonido alguno, por lo que creí que el silencio se había apoderado del lugar. Sin duda, los pájaros continuaban revoloteando por entre ellos, pero mi alma necesitaba de aquel momento para recuperarse.
    No quise avanzar más y me detuve. Tomé asiento sobre una pequeña roca y dejé que mis emociones se apoderaran de mí.
    El tiempo transcurrió sin que yo fuera consciente del rato que había permanecido en el lugar. Hasta, que un remolino del viento al agitar las hojas de los árboles me indicó, que ya estaba listo para continuar.
    Es verdad que los árboles permanecen en silencio, sin embargo, el agitar de sus hojas con la simple brisa, nos dicen mucho de la vida.
    Cuando llegué al final del camino me encontré ante la casa en la que había nacido. Ya no era de la familia, pero permanecía intacta como la recordaba.
    Al acercarme ante su puerta y en el momento en el que iba a llamar, apareció en el umbral una anciana. Su sonrisa era franca y me preguntó a quien buscaba.
    Después de indicarle que yo había nacido en aquel lugar, la mujer sonrió.
    —Ya sé quién eres —me dijo, mientras sus ojillos sonreían.
    —¿Quién le ha dicho que vendría?
    —Nadie. Pero, tú eres Martín, el pequeño rebelde que no obedecía a nadie. ¿No me recuerdas?
    —Lo siento, no.
    —Soy Caterina, tu profesora en el colegio de Navia.
    Enrojecí de vergüenza, al recordar la cantidad de trastadas que había hecho a la mujer. Por aquella época era de todos conocido como el pequeño satán.
    —No te aflijas Martín, pero reconocerás que eras un verdadero demonio
    —Si señora, lo reconozco y le pido perdón por las situaciones embarazosas a las que la sometí. No sabe el pesar que ahora siento.
    —¡OH! Tranquilo. Pero ya ves, que aún me acuerdo de ti.
    Invitado a entrar pude ver que algunas cosas habían cambiado al igual que nosotros lo habíamos hecho. Ella una mujer retirada y yo, aunque más joven, caminaba hacia el mismo objetivo.

  10. Katerine
    23 Noviembre, 2016 at 15:59

    ELDA

    En el camino a San Patricio había fantasmas aunque nadie creyese en ellos. Habitaban, de preferencia, las sombras y las hojas caídas aunque uno que otro se aventuraba en las copas de los árboles.

    Todos los días, al amanecer, susurraban la ausencia de sus cuerpos. Esa falta de sensaciones era lo que más añoraban. Transitar el vacío todo el tiempo puede ser muy cansado y aburrido, más aún si no se sabe cómo uno llegó a ese estado.

    La mayoría eran conscientes de su fantasmagoriedad; excepto Ela, que estaba convencida de que aún no había muerto. Decía que tenía memoria y capacidad de conversar; por tanto, estaba muy viva.

    ¿Cuál es la verdadera prueba de existencia de alguien?, eso era justamente lo que pensaba Elda la tarde que se perdió en San Patricio buscando hojas secas para su proyecto.

    Cuando vio a Ela se sintió en un espejo macabro. Ela imitaba todos sus movimientos y repetía sus palabras como un eco, pero añadiendo la letra “d” en medio de cada cosa que decía: ¿cuáld eds lda vderdadera pruebda de existdencia de algdien?

    IKOB

  11. Neghro
    5 Abril, 2017 at 20:03

    FALSO ESCARMIENTO

    Intenta seguir corriendo con todas sus fuerzas, a pesar del cansancio de su cuerpo y de la incomodidad producida por su vestido pero ha extremado recursos, le falta el aire y apenas puede seguir. Alcanza a reconocer la arboleda que indica el camino a casa. Esperanzada intenta apresurar su paso pero su camino es obstaculizado por dos huasos(1) a galope que, posterior a una larga persecución, lograron alcanzarla. A juzgar por su vestimenta, sombrero y poncho(2) de calidad, y por la clase de ambos corceles, seguramente dos pura sangre, pudo notar que no se trataba de simples campesinos. Eran jóvenes, seguramente hijos de algún patrón de fundo(3) con un notorio exceso etílico. Estaba paralizada.
    – Pa’ onde va corriendo así señorita. No vaya a pasarle algo, oiga – Le dice el que parece ser el menor de los dos.
    – ¿Acaso no le enseñaron na’ que una señorita no debe de andar sola por el campo, oiga? No ve que es muy peligroso. – Le indica el segundo con un rostro libidinoso que demuestra claramente sus intenciones.
    – Por favor, no… – Apenas puede hablar a causa del miedo, el cansancio y la angustia.
    Los caballos la rodean y comienzan a galopar en círculos, evitando toda opción de escape. Está acorralada.
    – Por favor… – Apunto de soltar en llanto.-
    – Tranquila oiga, si no va a pasarle na’ malo.- Le dice el mayor, al tiempo que baja de su caballo para acercarse a ella mientras comienza a soltarse el cinturón del pantalón. – Udte’ quédese tranquilita no ma’.-
    Ella da un paso atrás intentando evitar a su acosador, pero se encuentra con el segundo muchacho que por su espalda la sujeta fuertemente eliminando cualquier posibilidad de escape.
    Hace lo que puede para liberarse pero sus esfuerzos son inútiles y sus gritos sordos.
    El hombre frente a ella, tapando su boca, rajando su vestido intenta abrirle las piernas, intenta violentarla, no sin inconvenientes.
    – ¡Apúrate mierda! – Le grita su compañero que con dificultad logra sostener a su víctima, mirando en todas direcciones para asegurarse que nadie los observa.
    – ¡Sosiégate por la chita! – Un certero golpe en el rostro la deja casi inconsciente, desorientada, tendida en el suelo, sin poder hacer nada para defenderse.
    Frente a una nula resistencia, los machos hacen de las suyas con total brusquedad, turnándose para poder ambos satisfacer sus más bajos caprichos carnales.
    Aturdida y desorientada, adolorida y humillada, soporta cada una de las estocadas internas y violentas, cada una más lacerante que la anterior, las soporta todas, los sufre a ambos.

    El tiempo se detuvo en el calvario y la violencia, sus gritos ya no eran si no llanto, su cuerpo y su alma eran destrozados, fue una eternidad.
    Finalmente todo terminó, mas ni una sola gota de remordimiento pudo observarse en sus rostros. Impúdicos, simplemente se abotonan y se ríen satisfechos. Les importa un carajo la maldad de sus actos y la observan ya vencida y se ríen en su cara. – ¡China(4) ‘e mierda! – gritan casi al unísono propinando cada uno una patada en la cara y en el estómago.
    – Pa’ que aprenda que una señorita no debe na’ de andar sola por el campo.
    Falso escarmiento desnaturalizado
    Con los labios ensangrentados y apenas recuperando el aire observa como los hombres se suben a sus caballos y se alejan del lugar.
    Tendida y derrotada, sufre en llanto el dolor en su entrepierna que no se compara con las grietas de su alma, acompañada solamente por la arboleda que le indica el camino a casa y el sonido de la hojas que no aportan al consuelo.

    (1) Huaso: Hombre de campo.
    (2) Poncho: Prenda de abrigo originaria de América meridional que consiste en una manta cuadrada o rectangular con una abertura en el centro para pasar la cabeza.
    (3) Fundo: Finca.
    (4) China: Designación despectiva para referirse a la mujer de campo.

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