Propuesta 47 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-47Escribid un cuento infantil sobre un animal de compañía.

 

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  3 comments for “Propuesta 47 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    21 octubre, 2016 at 06:35

    Miraba por la ventana con los ojos tristes. No le era fácil entender distancias. Para él, que su amigo se mudará de casa no quería decir que ya no pudieran verse. Pero sus papás le explicaban que Pepe viviría lejos, muy lejos de ahí, atravesando mares y montañas. Tan lejos quedaba aquéllo, que no se podía ir ni a pie, ni en coche. ¿Qué haría por las tardes sin Pepe? ¿Con quién jugaría en los recreos? Con Pepe podía abrir los brazos y ser un avión al vuelo. Podía patear una pelota y ser un campeón mundial. Podía, incluso, hacer la tarea divertido… En esto pensaba, cuando escuchó la voz de su padre: – Hijo, ven que te tengo una sorpresa-. Bajó sin muchas ganas, encontó a su papá muy sonriente con un caja en las manos. – Toma, ten, te lo manda Pepe.- ¿Pepe? Eso le entusiasmó. Se asomó dentro de la caja, y encontró un pequeño erizo albino que le miraba con sus ojos rojos. Acercó su mano para acariciarlo, y el erizo se hizo bolita asustado. Parecía una cochinilla. – Deberás ponerle un nombre- le dijo su padre. ¿Cómo se llama ese lugar en el que Pepe va a vivir?- preguntó. -Praga, se llama Praga y queda en Checoslovaquia.- -Pues entonces se llamará Pepe Prago.- respondió. Pepe Prago era pequeño, espinoso y muy simpático. Le alegraba las mañanas, las tardes… Pero sobre todo, las madrugadas. Y es que Pepe Prago era nocturno, es decir, que andaba tremendamente activo toda la noche, haciendo ruidosas travesuras, y en cambio, descansaba todo el día. Pepe Prago, con sus hermosas espinas, acabó con toda la tristeza, y dejó bien instalada en esa carita una sonrisa de felicidad, tan grande y tan hermosa, que todo lo podía.

  2. Narradora de Cuentos
    21 octubre, 2016 at 21:42

    Valentina era la pequeña de cuatro hermanas y echaba mucho en falta un amigo para jugar .
    Un buen día, una de sus hermanas apareció con un precioso Setter irlandés y a Valentina le costó creer que no fuera un sueño. Se volvió loca de ilusión, nunca había imaginado que llegaría a tener una mascota en casa, y cuando se encontró con esa sorpresa, decidió que no se separaría de ella ni un momento.
    Se pasaba el día a su alrededor y la perrita juguetona y saltarina rápidamente la eligió como su querida ” ama “. Ahora al salir del colegio corría a casa, con ganas de acariciar a Lula, nada le parecía más divertido que estar con ella.
    Hoy sin entretenerse con los otros niños, se fue feliz imaginando ya a Lula saliendo a recibirla, moviendo alegre su cola. Pero al llegar a casa, Lula no ladró, ni salió al abrir mamá la puerta.
    Valentina levantó los ojos y buscó los de su madre, vio en ellos tristeza. Y empezó a gritar Lula, Lula, donde estás Lula…
    Llorando, preguntó y su mamá acariciandola , la abrazó y con todo el cariño del mundo, le explicó que Lula estaría feliz en su nuevo hogar en el campo, que allí podría estar al aire libre, correr, saltar y divertirse en una casa llena de niños.
    Valentina no podía dejar de llorar, no podía entender a los mayores, por qué? por qué ? por qué ?
    Mamá, se la quedó mirando y le dijo, Valentina, cariño, no llores más , te prometo que cada quince días iremos a ver a Lula, sus nuevos amos son amigos de papá y podremos arreglarlo.
    Valentina abrazo muy fuerte a su mamá, y le prometió agradecida portarse bien.

    Se quedó tranquila, la sonrisa de mamá, no mentía.

  3. 8 noviembre, 2016 at 01:47

    Hace mucho tiempo, cuando los abuelos aún eran niños, todos conocían a Parlo. Parlo era un perrito con la colita retorcida como una viborita enredada en una rama, pero sin la rama. Lo más genial, era que este perrito podía hablar con los niños y sabía cosas del mundo, porque conocía muchos países y personas.

    Una mañana, Parlo se encontró a un niño muy triste en la orilla de un gran lago.
    —¡Hola! ¿Cómo te llamas?
    —Soy Quique —dijo el niño—. ¡Sabes hablar!
    —Sí. Hablo porque cuando nací, mi dueño me daba alfabetos para comer y me bañaba con sílabas —le explicó Parlo a Quique—. Y tú ¿Por qué estás triste?
    —Es que no me llevaron a pescar en bote —dijo el niño limpiándose sus lágrimas.
    —¿Por qué no te llevaron?
    —Porque no quise ir.
    —Y ¿Por qué no quisiste ir?
    —Es que el capitán del bote, siempre tiene cara de enojado —dijo Quique.

    Parlo hizo unas piruetas y algunas otros trucos perrunos hasta que hizo reír a Quique. Durante el día se hicieron amigos y Quique le daba galletas de letras para que no dejara de hablar. Su nuevo mejor amigo, le dijo que él lo iba a ayudar para que pudiera ir a pescar.

    Al día siguiente, Quique se levantó muy temprano, puso agua en su cantimplora y llevó doble ración de galletas para todo el día; para él y su nuevo amigo. Pero Parlo no apareció a lo orilla del lago. Creyó que se había ido.

    Quique creía que Parlo no era su amigo, porque no estaba y se puso triste toda la mañana. Veía embarcaciones a lo lejos, en el lago, y creía que nunca más iba a ir a pescar ni a tener amigos.

    De pronto. Oyó que alguien le gritaba desde al agua y cuando se asomó al lago, vio que Parlo venía nadando hacia él.

    —¡Amigo Quique! ¡Ya puedes ir a pescar! —le dijo su amigo canino, mientras se sacudía toda el agua y bañaba al niño.
    —¿Por qué? —Preguntó sorprendido.
    —El capitán dijo que tiene la cara así por una enfermedad, pero que le gusta que vayas con ellos.

    Quique entendió que no debe pensar mal de las personas y las situaciones sólo por la primera impresión. Y se puso muy feliz.

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