Propuesta 6 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller de creatividad literaria-6Relacionar palabras o conceptos que aparentemente no tienen conexión es una de las técnicas más aconsejadas para desarrollar la creatividad, por lo que hoy os proponemos un ejercicio de relacionar palabras. 

 

Escribid una historia de 400 palabras como máximo en la que aparezcan las siguientes palabras:

 

  • desván

  • aeropuerto

  • juego

  • corrupción

  • iguana

  • trigo

  • guarida

 

Para contar el número de palabras de vuestro texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de palabras en línea como estos:

 


Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

 

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

taller de 12 a 16

TALLER LITERARIO
para jóvenes
de 12 a 16 años

presencial en MADRID
Este taller ayuda a los escritores jóvenes a encontrar su estilo personal, a evitar los bloqueos y a sacar el máximo partido de su creatividad para llegar a escribir con corrección.
Sábados
de 12,30 a 13,45
Zona Retiro
Grupos reducidos

 

 

 

  32 comments for “Propuesta 6 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    10 septiembre, 2016 at 05:46

    Azul Bernal
    10 septiembre, 2016 at 05:44
    Subió corriendo la escalera. Todo estaba listo. Llevaba los papeles en el bolsillo de la chaqueta. Todo era tan fácil con el uso de las nuevas tecnologías. Con una facilidad inaudita se escaneaban y falsificaban todo tipo de papeles, y con la misma facilidad se colocaban las mercancías en el mercado negro. La presidencia había comenzado un movimiento anti- corrupción cuya mayor consecuencia consitió en disparar los mercados prohibidos. Ya en el desván, sacó la iguana de su guarida, la colocó en el contenedor de reptiles, y se encaminó rumbo al aeropuerto. Todo sería tan fácil como un juego de niños. Se sabía uno de los mejores contrabandista de animales, y así cobraba sus servicios. Ya le daba lo mismo si el precio del trigo subía o bajaba; los animales iban siempre en aumento. Llegó por fin, pasó los filtros, dio las señas necesarias y las puertas se le abrieron de par en par. Sí, mientras más prohibición, mayor ganancia. La vida le sonreía.

    • Inquisitor Glokta
      10 septiembre, 2016 at 18:17

      Debe ser difícil meter todas las palabras en tan poco espacio y dejar un relato bien estructurado, buen trabajo.

  2. Inquisitor Glokta
    10 septiembre, 2016 at 18:14

    ¡Bum! Un golpe seco le despertó de su descanso, alguien estaba entrando en su casa. Sin perder un segundo agarró su Glock y sacó a su iguana del terrario para llevarla consigo al desván. Había intentado hacer el menor ruido posible, estaba convencido de que no le habían escuchado.
    A esas horas James debería estar llegando al aeropuerto de Bruselas para la convención internacional sobre los transgénicos. Sin embargo, debido a un problema con su pasaporte había tenido que aplazar el viaje. Por eso los ladrones habían entrado aquella noche, pensarían que su casa estaba vacía. Kansas era estado donde más trigo se producía de EEUU, y su posición de alto funcionariado le permitía tomar importantes decisiones en cuanto a los derechos de producción.
    Había pensado en permanecer en aquella esquina de su desván hasta que se fueran los ladrones, pero se dio cuenta de que le buscarían. Había dejado las maletas a la vista en su habitación. Entonces notó como alguien subía al desván, escuchaba el crujir de la madera a cada paso. Él, escondido en su pequeña guarida tras una pila de cajas de juegos de mesa, rezaba por no ser descubierto. Los pasos se acercaban y James apuntó tembloroso con su Glock hacia la salida de su escondite. En ese momento apareció una sombra y él disparó.
    La sombra cayó al suelo mientras se formaba un charco de sangre a su alrededor. James se quedó de pie en el desván, mirando el cadáver. Se sentía totalmente abrumado por la situación, se había convertido en asesino. El asaltante era un chico joven, no parecía el típico ladrón. Entonces sintió un dolor penetrante por la espalda. Se apartó por insisto y vio a una chica con una navaja en su mano, se la había clavado.
    -¡Le has matado! –gritaba enloquecida.
    Antes de que pudiera apuñalarlo de nuevo James le disparó en la cara. Al caer vio en su camiseta la asociación medioambiental para la que trabaja y los sprays de pintura rodar por el suelo. Sólo habían venido a pintarle su casa a modo de protesta. James jamás imaginó que las acusaciones de corrupción podrían conllevar esta clase de problemas. “Diré que los vi con las navajas primero, quizá salga favorecido de esta situación.” Pensaba él, pero lo cierto es que le estaba costando bajar del desván y llegar hasta su móvil, se sentía muy mareado.

  3. Narradora de Cuentos
    10 septiembre, 2016 at 18:35

    Matthew Cooper, colgó el teléfono visiblemente alterado. Llamó a Meryl su personal assistant, y elevando la voz, le reclamó iracundo por segunda vez su billete de avión. Al acercarse solicita, se lo arrebató de las manos con desdén, y evitándola sin cruzar palabra, se precipitó hacia los acristalados ascensores, del Royal Company Building y sus impresionantes vistas a la Bahía del río Hudson.
    Madison Avenue era habitualmente un loco torbellino de incesante tráfico, pero aquella tarde especialmente asfixiante, parecía que todo Manhatan se hubiera congregado allí. Los nervios por no perder el vuelo, el incesante calor, y la adrenalina que destiló su cuerpo, desde recibir aquella llamada, con tan fatídica amenaza. Consiguieron que empezara a sudar profusamente y rompiendo en mil pedazos la imagen impoluta que le acompañaba siempre, se arrancó la corbata y desabotonó su camisa, incapaz de seguir respirando dentro de su «actual realidad».
    Por fin !!! atribulado se dejó caer en un táxi. De camino al aeropuerto, en su mente se agolparon uno tras otro, mil pensamientos …
    La razón por la que estaba dispuesto a desplomar íntegramente su vida , tenía demasiado que ver con la espiral de corrupción y triste juego, al que se había prestado y sometido los dos últimos años. También, con el incesante temor que se había terminado apoderando de él. El miedo a que a sus 45 años, acabar cualquier día como su eterno adversario, el reputado abogado Jon Denver, que en el complejo engranaje de fusionar la empresa, cayó fulminado por un infarto, en la última reunión de asociados .

    Tras unos pocos segundos en los que consiguió aquietar su mente dejándola en blanco, se imaginó de repente otra vez siendo un niño, en la penumbra de aquel abigarrado desván, que durante años fue su guarida. Donde su naturaleza aventurera, su despierta imaginación, y la inefable ayuda de la subscripción al National Geographic, le hicieron creerse, incluso experto naturalista. De especies tan fascinantes, como la iguana en Islas Galápagos …
    Allí forjó su carácter indómito, creciendo al abrigo del olor a trigo fresco, en la pequeña hacienda de su padre …

    El final de la carrera, le devolvió al instante que vivía.
    Encaminándose con determinación por la terminal, resolvió no perder aquel avión, que más allá de su destino tenía un claro rumbo. Dejar atrás una vida opresiva , de abuso, «stress » y ambición…

  4. Cintia
    10 septiembre, 2016 at 20:33

    No podía describir lo que sentía en ese momento. El día anterior se suponía que me reuniría con mi hermana en el aeropuerto, haríamos un viaje juntas, pero ella nunca apareció. Eso me tenía preocupada, principalmente porque sabía que su novio estaba involucrado en temas de corrupción.
    Así que decidí usar la llave, que ella me había dado en caso de emergencia, para entrar en su casa. No había indicios de algo anormal, pero revisé sus cosas buscando alguna pista de donde pudiera estar. En el desván encontré una tarjeta de presentación que me llamó la atención, era de alguien que se hacía llamar La Iguana y tenía una dirección.
    La dirección de la tarjeta correspondía a una mansión que se parecía a las que hay en las películas de mafiosos. Después de explicarle al mayordomo que estaba ahí porque creía que La Iguana podría saber el paradero de mi hermana, éste se fue a buscarlo dejándome sola en un gran salón. Mientras esperaba observé los cuadros que colgaban en las paredes, uno de ellos tenía un gran campo de trigo que me recordaba al de mis abuelos que visitaba de pequeña.
    Pude sentir su presencia incluso antes de verlo. Mi corazón se aceleró y al darme la vuelta me encontré con esos ojos que me escrutaban, en su brazo izquierdo llevaba en tatuaje de una iguana y su aspecto era muy rudo. No sé cuánto tiempo me quedé contemplándolo, solo me di cuenta de que lo estaba haciendo cuando en su rostro se dibujó una sonrisa peligrosa. Me obligué a recordar el motivo por el que había venido, no podía caer tan fácil en su juego de seducción.
    No hizo falta que le preguntara por mi hermana, él sabía perfectamente quien era y lo que hacía ahí. Me explicó que mi hermana le pidió ayuda para huir de su novio, porque se enteró de que solo la estaba usando para obtener información de la policía, y que le había ofrecido refugiarse en su guarida. Ni siquiera me preguntó si quería ir con ella, solo hizo un par de llamadas y en menos de una hora llegamos a donde esperaba un helicóptero.
    El viaje no resultó tan malo como esperaba, considerando que jamás había viajado en ese tipo de transporte. Pero la mejor parte fue llegar y comprobar que mi hermana estaba sana y salva.

  5. Emilio Reyes
    11 septiembre, 2016 at 18:12

    Ya eran casi las nueve de la mañana cuando despertó, cansado y aún con ganas de dormir pasó sus manos por los ojos que con mucho trabajo le costaba abrir, tenía mucho sueño atrasado y el cuerpo dolorido, cuándo cambiaría de colchón. Podría ser un día como cualquier otro, pero el de hoy estaba marcado como el día de arreglar problemas, asuntos atrasados, últimamente solían ser muy comunes este tipo de días, lo cual hacía que empezase a estar cansado de ellos, pero son obligaciones.

    Después de desayunar mis tostadas de pan de centeno untadas con mantequilla, odio las de trigo, y de darle su suculenta ración de bichos a la iguana de mi hermano, subí al desván y saqué de un viejo escritorio un sobre cerrado, mi hermano me había dejado encargado de franquearlo, precisamente hoy, en correos, iba dirigido a una tal Anabel Carmona, en Londres.

    Salí a la calle me estremecí al tiempo que me terminaba de abrochar la chaqueta, el invierno ya está aquí, la diferencia de temperatura entre mi guarida y la calle era una demostración placentera de que se estaba más a gusto en su interior, pero era lo que tocaba.

    Aunque fuese un día cualquiera los viandantes llenaban las aceras, con prisas, siempre con prisas como si el mundo estuviese a punto de acabarse, y una multitud de coches iban y venían de un lado para otro, y sólo son las diez y media, y las calles llenas de baches, y las aceras sucias con toda clase de basura, que bonita serían si estuviesen más limpias, pero esto es la consecuencia que nos queda de la corrupción institucional.

    Quien sería Anabel Carmona, yo creía conocer todas sus amigas, por lo menos todas nuestras convecinas, y de Londres, si Javier nunca había estado en Londres, además le daban miedo las alturas, ni me lo imagino en un aeropuerto esperando coger un vuelo; se habrían conocido por Internet? Internet y su nueva era, todo lo había cambiado, hasta la forma de hacer relaciones, y el conocer a gente desde luego que no es un juego, nunca sabes realmente quién está detrás del ordenador.

  6. 11 septiembre, 2016 at 19:10

    — ¡Psss Psss! —gritó Luke el lagarto desde el filo de la ventana del desván—.
    Los ojos de la iguana que dormía plácidamente en el interior de un terrario se abrieron de pronto, buscando de dónde provenía ese griterío que le había perturbado el sueño.
    —¡Hey compadre! ¡Aquí, en la ventana! Soy Luke. Encantado. ¿Se puede saber qué hace un lagarto tan grande como tú en un sitio tan pequeño como ese? ¿A caso no existe una guarida a tu medida?
    —¡Qué tonterías estás diciendo! ¡Soy una iguana pendejo! —le interrumpió molesta Guadalupe — y sí, esto es un poco pequeño pero al menos tengo la seguridad de que nunca me faltará comida. Nunca paso frío y aquí mi amigo humano me protege de los depredadores.
    —Querida Guadalupe —espetó Luke conteniendo una carcajada—los humanos no son trigo limpio. Son seres envueltos en mentiras y corrupción. Nunca uses la palabra humano y amigo en la misma frase ante tus semejantes, porque te pueden tomar por tonta. ¿Crees que lo hace por ti? ¿Crees que te tiene ahí para protegerte? Yo diría que más bien te tiene secuestrada …
    A parte de esas cuatro paredes y al chico que la alimentaba, lo único que habían visto sus ojos fueron unos instantes de frenesí humano en el aeropuerto del estado de Chiapas. Aun así, se negaba a darle la razón a un intruso.
    —Vaya Luke, pues yo diría que lo que tienes es envidia. Porque en ti nadie se fija, a nadie le importas, por ellos, como si te fríes al sol y te esfumas— dijo Guadalupe mientras le daba su espalda a trompicones por el cristal—.
    —¡Pero cuántas chorradas dices! ¡Ese foco artificial de luz te debe de haber frito el cerebro!— gritó Luke desde su preciada libertad
    Tras varios segundos de silencio, Luke miró hacia atrás, a lo que para él era la vida real y sintió pena por su nueva amiga.
    —Vamos, ¿nunca has deseado reptar por las ramas de ningún árbol? ¿No has sentido la viveza de sus ramas bajo tus patas?¿ni la libertad de pasear por ellos a tu antojo? Te propongo un juego. Cada tarde, cuando el sol se ponga, me asomaré a esta ventana y te contaré lo que he hecho. Prometo ser sincero. Cuando tú te veas preparada, te sacaré de ahí.
    Pasados unos minutos, Guadalupe se dio la vuelta de nuevo. Por primera vez, sintió que su hogar era demasiado pequeño, ya no por su tamaño sino porque su alma había expulsado un primer aliento de ansiada libertad.

  7. Naddia
    18 septiembre, 2016 at 22:15

    Antes, muy atrás en el tiempo, no había Internet. Cuando querías conocer gente por carta podías anunciarte en una revista o escribirle a alguien que ya estuviera anunciado. Y eso hice.

    Escribí a un tal Osvaldo a Guinea Ecuatorial presentándome y contestó. Su primera carta parecía graciosa, pero lo más extraño era que llegaba con una postal del aeropuerto de Moscú. No me esperaba semejante excentricidad, teniendo en cuenta su procedencia, pero quise entrar en el juego de las rarezas e intenté localizar algo que no fuese muy frecuente en la zona en la que yo vivía. No resultó fácil, pero después de mucho buscar, encontré una tienda con postales de animales y allí estaba ella: una magnífica iguana retratada para mi querido Osvaldo. No empezaba muy bien aquella amistad en la que ninguno contaba cosas demasiado reales. Mi relación con las iguanas era bastante incierta y desconocía si Osvaldo había estado alguna vez en el aeropuerto de Moscú, pero los fines de semana, cuando volvía a casa desde la universidad, me gustaba subir al desván, que utilizaba como guarida, y pensar que aquel chico extraño aparecería alguna vez en mi puerta y seríamos amigos o más que amigos. Creo que mi juventud me había impedido interesarme por la historia de Guinea Ecuatorial. Sabía que mi padre había estado allí cuando todavía era española, pero desconocía que la dictadura de Obiang y la corrupción generalizada destrozaban la vida diaria de un pueblo que hubiera podido sobrevivir muy dignamente. A pesar de estas terribles circunstancias, Osvaldo no parecía tener ningún tipo de problema económico o político y yo era muy joven para sospechar que Obiang no era trigo limpio.

    Aquel chico desapareció pronto de mi vida. Tras varias postales peculiares y unas cuantas cartas sosas, perdimos interés el uno por el otro y simplemente nos olvidamos. Siempre son así los amores que no cuajan. Lo realmente curioso es que sigo conservando la postal del aeropuerto de Moscú.

    • Naddia
      18 septiembre, 2016 at 22:24

      La verdad es que voy con mucho retraso porque tengo poco tiempo. A ver si puedo hacer comentarios aunque me llamoa la atención que hay muy pocos.

  8. Sandra Carrion Estay
    22 septiembre, 2016 at 01:19

    Puso en el desvàn el juego de la Iguana, que tantos recuerdos alegres le traìa y armò su ànimo y su maleta.
    En la mañana del dìa siguiente, se levantò, se duchò y tomò el desayuno acostumbrado: un tazòn de cafè con leche sin lactosa y sin azùcar, dos rebanadas de pan de trigo tostado; con margarina vegetal y mermelada casera y saliò de su casa. La casa de sus padres, su hogar; que era su cobijo y del que no le hubiera gustado salir, pero el destino dijo otra cosa.
    De camino al aeropuerto, vio por ùltima vez la vivienda de su polola, que en muchas ocasiones le sirviò de guarida: como cuando salìa de la casa de sus padres con rumbo a la universidad, sin ganas de asistir a clases e hizo la cimarra, y desvìaba su ruta y se encaminaba hacia allà. Pero ahora, debido a la corrupciòn que descubriò de forma accidental en la empresa en la que trabaja, sin darse cuenta, se involucrò en una organizaciòn: muy peligrosa, de la que no se puede salir. Y comenzò este periplo, que no sabe dònde, ni cuàndo acabarà, pero tiene la certeza, de que sòlo de esta forma se protege èl y a todos sus seres queridos; los que estàn ignorantes de toda la situaciòn que vive y no comprenderàn su partida: que es casi una huida.

  9. 1 octubre, 2016 at 22:59

    La sala del primer piso se encontraba en plena efervescencia. El humo de los cigarrillos se extendía por la superficie una pesada niebla. En la única mesa ocupada, se jugaba una partida importante de póquer y nadie quería perdérsela. Alrededor suyo, cantidad de curiosos esperando el desenlace final. Aquello era más que un juego, puesto que inclusive podría irle la vida a uno de los dos jugadores que quedaban.
    Martin sabía lo importante que era no perder aquella partida. De suceder se vería obligado a aceptar ciertos compromisos, que no le eran agradables. Ya que había perdido una importante cantidad de dinero, que había sustraído del sucio desván de la comisaría. Estos fondos eran la prueba de una importante redada efectuada hacía años y que pensó que nadie se daría cuenta.
    Por su parte Eloy quería tenerlo atado. Un agente de aduanas en el aeropuerto le permitiría poder pasar la última de sus operaciones importantes de cocaína.
    Mientras esto sucedía en la sala superior, en la planta baja del local un mexicano tocaba con su iguana una ranchera en la que hablaba de los dorados campos de trigo. Aurelio, que así se llamaba el interprete, era un policía camuflado que investigaba a Eloy por actos de corrupción.
    Ésta sabía que dentro de aquella guarida estaba lo que precisaba para detener a Eloy, pero desconocía la presencia de Martin.
    En la sala la partida seguía rodeada de curiosos. Con el descarte llegó la hora de pedir carta: Martin dos y Eloy una.
    El miedo se apoderó de Martin. Mientras el sudor corría por su cuerpo, las manos permanecían crispadas, los ojos a punto de salir de sus órbitas…
    Ambos cerraron sus apuestas poniendo todo su capital en el centro de la mesa. No quedaba un solo dólar al lado de los jugadores. Ahora solo quedaba saber quién ganaba o perdía.
    Eloy puso sus cartas sobre el tapete: cuatro reyes. El rostro de Martin se relajó, levantó sus cartas: cuatro ases. ¡Había ganado!
    Pero Eloy, al que no le gustaba perder, llevó sus manos al interior de la chaqueta en busca de su arma. Aquel movimiento le perdió. Martin sacó la suya y ambos dispararon.
    Cuando Aurelio llegó a la sala se encontró con un cuadro dantesco. Ambos habían resultado muertos. No le costó averiguar que el oponente de Eloy era policía. Nuevamente un servidor de la ley había traspasado la frontera.

    • 7 febrero, 2019 at 14:40

      Buena forma de utilizar cada palabra, ingenioso.

  10. Aria Scee
    10 diciembre, 2018 at 22:08

    Me dirigía al desván de mi casa. Mi madre me había obligado recogerlo y limpiarlo después de perder la apuesta que hice con ella según el partido de futbol del pasado martes. Hace años que no subíamos allí, exactamente desde que nos mudamos, y no sé lo que me podré encontrar.
    Al subir solo se veían cajas y más cajas, con una superficie, de mínimo un dedo, de polvo. Removiendo entre ellas encontré varios juguetes de cuando era pequeña, incluso mi favorito. Consistía en un edificio de varias plantas unidas por un gran espiral por donde los coches accedían a cada planta. Y en la de arriba del todo se situaba un aeropuerto con una gran pista de aterrizaje y muchos aviones. Me pase bastante parte de mi infancia divirtiéndome con ese juego hasta que me vi obligada a dejarlo cuando cumplí los 8.
    La guardilla estaba hecha un desastre, llena de trastos y cosas innecesarias. Parecía la guarida secreta de todas ellas, que se escondían para no ser tiradas a la basura. Encontré varios peluches de cuando era pequeña: un oso, varios peces, una iguana y un dinosaurio. Siempre pensé que todos mis juguetes eran “de chico” ya que las chicas no juegan con dinosaurios y coches, sino con muñecas y cocinas. Pero ahora no me arrepiento de nada, me enorgullezco de no haber hecho lo que me decía la sociedad.
    Miré en las últimas cajas que había al final de la habitación y solo había periódicos y noticias. Mi madre guardaba todos en las que salí mi hermano mayor. Él era un gran futbolista, jugó con varios equipos y salió en varios diarios, sobretodo de deportes. Le eché un vistazo por encima a algunos, por esos tiempos no había tantos asesinatos, ni secuestros ni corrupción así que estos se centraban más en los sectores económicos, oficios y meteorología.
    Hubo una en concreto que le presté especial atención, era sobre lo que había variado la sociedad sus trabajadores. Hace 60 años lo que más se llevaba era dejar la escuela a los 14 e irse a trabajar al campo, recolectando trigo y plantando viñas. Y ahora, el trabajo más común era la construcción.
    Poco después llegó mi madre de trabajar y me felicitó y agradeció por haberlo hecho. Compartí con ella alguna curiosidad y me fui a dormir con la mente en otros tiempos.

  11. 6 febrero, 2019 at 15:34

    Marchar con la frente marchita…
    Mariela Dominich, estaba lista para partir al aeropuerto. Por primera vez, la joven tenía todo dispuesto, mucho antes de salir. Pasó por la cocina para despedir a Ana, la empleada que tenía la familia, desde hacía muchos años. Ambas se guardaban un afecto entrañable, por eso, se abrazaron en silencio y lloraron. En la radio que la mujer tenía encendida se escuchó la frase de un tango: “Volver con la frente marchita…” Mariela se dijo para sí: “Marchar con la frente marchita…” se sentía profundamente abrumada. Era casi imposible pensar que se iba para no volver. Su frente estaba marchita de dolor, de enojo, de incertidumbre. No podía creer la realidad que estaba viviendo, razón por la cual se concebía marchita a sus tiernos 21 años. Luego pasó por la puerta que daba al desván, miró la hora y atinó a subir. El lugar se encontraba pulcro y ordenado como siempre, se dirigió a buscar algunos objetos que tenía cuando era niña porque eran muy valiosos para sí. Allí se encontró con una iguana de peluche que arrojó con mucha bronca contra la pared. Aquél bicho estuve presente en muchos de sus juegos; había sido comprada en la provincia de Misiones, cuando participaron de la inauguración de un puentes, por el cual su padre era indagado, por ser uno de sus tantos caso de corrupción.
    Mariela siguió despidiéndose de aquella hermosa casa, monumental, moderna, bien ambientada, extremadamente higiénica y en orden… Pensó entonces, que ese lugar había sido la guarida de una familia corrupta…
    La joven estaba cansada, se sentía sola, no quiso mantener relación con ninguno de sus amigos; dejó de llamarlos y de responderles. Algunas veces se había preguntado cómo se sentirían los familiares de tantos políticos corruptos… ¡Ahora lo sabía, su padre era corrupto! Estaba avergonzada. Había sido educada como católica práctica. Le habían impartido valores cristianos, conocía los documentos de la doctrina social, había seguido de cerca las enseñanzas del Papa Francisco. Junto a las religiosas de su escuela visitaba villas. Se sentía comprometida con los pobres, hasta tenía la espiga de trigo con la imagen de San Cayetano, al cual le imploraba pan y trabajo para los desahuciados.
    Puntual partió con su madre al aeropuerto, ambas iban en silencio. El aroma de Buenos Aires y el sol radiante la abrazaban. Miró con lágrimas la ciudad pensando: “Lloro por ti Argentina…”

  12. Lipegario
    5 marzo, 2019 at 16:05

    Martín estaba parado frente a la mesada donde la foto descansaba a un costado del ventanal.
    – Seiscientos veinticinco – Dijo en un murmullo, como hablando consigo mismo.
    Hacía dos años que repetía ese número, una y otra vez, cuando se paraba en ese lugar.
    – A qué hora llega el tío? – Preguntó por vigésima vez.
    – A las nueve – Contesté con toda la paciencia que pude juntar en los últimos cinco minutos.
    – ¿Porqué de noche? – Preguntó, mientras intentaba concentrarse en el juego.
    – ¡Yo qué sé, Martín!
    Otra vez se paró y fue hasta la ventana.
    – Seiscientos veinticinco.
    Le había gritado. Tal vez, para él, bien pudiera ser un juego; pero me exasperaba. Sentía ingentes arrebatos de furia y una incontenible necesidad de arrastrarlo a su “guarida” – el desván- y encerrarlo de una vez por todas. Yo no tenía la paciencia de Leti; pero Leti ya no estaba, me había dejado.
    Me olvidaba, a veces, que el niño padecía esa extraña enfermedad que hacía de su cerebro un tiovivo y terminaba eternamente en un punto. No pensé que la promesa de mi hermano lo afectaría a tal punto. Dos días atrás había hablado con él y le había prometido una iguana de regalo, desde entonces no paraba de calcular el tiempo que faltaba para reunirse con su regalo.
    – Faltan seis horas y cincuenta y dos minutos – Decía enfrascado en no tirar las piezas que se erguían como una torre de madera.
    No me miraba. Sus ojos estaban clavados en la construcción y simplemente calculaba su próximo movimiento.
    – Vamos a buscarlo al Aeropuerto? – Preguntó.
    – No, Martín. A Retiro. – Dije tratando de entender los mecanismos que lo aislaban del resto del mundo.
    Su mirada voló a la foto
    – Seiscientos veinticinco.
    La mirada de Leti, sonriente en el campo de trigo, era todo cuanto nos quedaba.
    – No sé en qué pensaba Nico cuando te prometió la iguana.
    – El tío es mafioso – Sentenció Martín.
    – No repitas eso, Martín. No delante de tu tío.
    Nicolás juró vengarse cuando caí en un pozo depresivo. Dos asaltantes empujaron a Leti a las vías del trén para robarle su cartera a la salida del Banco Nación de Ramos Mejía. Ahora él debía favores al entramado de la corrupción que asolaba la ciudad.
    – El tío se sacrificó por mami. – Dije con lágrimas en los ojos.
    Martín no dijo nada. Parado frente a la foto, simplemente quitó una pieza de la torre y murmuró:
    – Seiscientos veinticinco.

  13. Antonio Santos
    31 enero, 2020 at 15:07

    Colgó el teléfono con fuerza, haciendo temblar todo lo que reposaba sobre el escritorio de su despacho. Se levantó de la silla, golpeando con su larga cola la mesilla del whisky. Un par de elegantes vasos del juego de cristal de Bohemia que le regaló una ex, cuando aún seguían juntos, cayeron con estrépito sembrando el suelo con miles de perlas brillantes y afiladas

    ¡Maldita sea! Le he dicho mil veces a ese inútil de Josh que subiera toda esta mierda al desván – gruñó -. Ya lo recogeré después.

    Dicho esto, cogió su sombrero de ala del perchero y su chaqueta de cuero marrón. El detective privado Oddie Harlem era la iguana más ingeniosa y sagaz que podía contratarse. ¿Recordáis el famoso caso de los misteriosos círculos en los campos de North Campthon? Pues fue el detective Harlem quien encontró las trazas de ADN de la familia Ziggie entre las espigas de trigo. La familia de marsupiales trató de hacerse un hueco entre los fanáticos del fenomemo ovni con bastante acierto. Pero la casualidad quiso que nuestro amigo pinchara en un camino cercano y, por deformacion profesional, curioseó un poco más de lo que los habitantes de Rancho Kangaroo hubieran deseado.

    Un trabajo fino y profesional que le atrajo clientes de todo el condado de Mappletown. Y, a tenor de los acontecimientos ocurridos hace cinco minutos en su despacho, su fama había cruzado las fronteras del estado hasta llegar a las largas orejas del fiscal Phelon. No era muy común que un asno ascendiera más allá del cargo de gerente de bufete de abogados pero, como el propio fiscal dijo una vez en una entrevista: «A terco no me gana nadie».

    El encargo era sobre un caso de malversación en los arrozales del delta del río Madison. Por lo visto los socios encargados de la gestión del grano, los hermanos Bighorse, se estaban ajenciando unos pellizcos más que generosos recortando la merecida comisión de los granjeros de la zona. La tensión iba en aumento y los hermanos provenían de una familia de ratas de clase alta. Herederos de fortuna y maestros de la corrupción. Y nadie odiaba más a las ratas que el detective Oddie Harlem.

    Camino del aeropuerto, investigó un poco en Internet sobre los hermanos y descubrió que solían frecuentar el local de moda «La Guarida». Hembras de todas las razas, bebida de calidad y ambiente discreto. Buen sitio para comenzar una investigación. Estaba deseando hincarle el diente a esas ratas.

    • María Cervera
      22 septiembre, 2020 at 19:34

      Me ha gustado mucho. Un trama creo que muy elaborada. Utilizando las palabras en un sentido no literal como cualquier persona pudiera pensar. Original. Serio. Elegante. Felicitaciones.

    • Guilores
      13 noviembre, 2020 at 20:34

      Me ha gustado mucho! Original y bien ambientado. Felicidades!
      P.D. En el penúltimo párrafo se ha colado una traicionera «j» en la palabra «ajenciando».

  14. 27 marzo, 2020 at 11:49

    Allí en medio de la nada, se levantaba un granero, todo a su alrededor señalaba que estaba abandonado, desierto, sin vida, los arbusto crecían a su alrededor a sus anchas, y el campo de trigo, que en otros tiempos había servido para la siembra y la recolección parecía desolado.
    Era un sitio estupendo para iniciar el juego de la iguana que se escondió en el desván, el granero sería la guarida secreta, el centro de operaciones desde donde se gestionaría el juego, aunque en principio se quiso utilizar un edificio medio en ruinas cercano al aeropuerto, esta idea se rechazó al enterarnos de que se estaba utilizando como guarida para el juego de corrupción iniciado hacía un mes por nuestra empresa de desarrollo creativo de juegos on-line
    Madrid estaba siendo desde hacía un año, centro de operaciones para el desarrollo de estos juegos, y dentro de la empresa se habían organizado distintos proyectos que no teniendo relación entre ellos, desarrollaban y gestionaban sus propias ideas de juego.
    Andábamos preocupados, la información sobre corrupción que rodeaba a estos juegos estaba siendo tremenda y temíamos que en cualquier momento paralizasen nuestro proyecto, dejándonos con el culo al aire y sin recursos para poder acceder al Gran Encuentro Mundial de Juego on-line, nuestro acceso al gran encuentro dependía de nuestra pericia para no desvelar quien se escondía en el desván y donde estaba nuestro centro de operaciones, hasta que se hiciera la presentación preliminar
    Una llamada a Iván y todo quedaría perfectamente atado para que ese viejo granero fuera nuestro. La tardanza en su respuesta, nos tenía casi aterrorizados, nuestro corazón palpitaba a cien mientras esperábamos delante de una taza de café a que nos llamara, miles de ideas sobre el juego bullían en nuestras cabezas mientras se mezclaban con los temores mas profundos sobre la alerta de corrupción, Iván estaba pasándose, empezamos a preguntarnos sino estaría el implicado en toda esta supuesta trama y los retortijones en nuestra tripa acompañaban a nuestra preguntas, nos dimos por vencido y decidimos irnos cada uno a nuestra casa a descansar si eso era posible.
    Una llamada a medianoche me sacó de los pensamientos oscuros que estaba padeciendo, sin que nada ni nadie pueda ayudarme, Iván, buen compañero, me decía que tardaría un par de días en saber si el granero era para nosotros, que no hablara con nadie de la empresa ni contara nada hasta que el no me llamara……

  15. Esther
    11 junio, 2020 at 16:45

    Pablo estaba rebuscando en el desván de su casa un juego de utensilios que había comprado hacía unos años, por si algún día viaja a la selva africana .Por fin después de buscar mucho lo encontró, era una maleta donde había, linterna, cuchillo para cortar ramas, una brújula y un pequeño botiquín. Una vez encontrado tenía que darse prisa si no quería llegar tarde al aeropuerto, pues su vuelo salía en 3 horas. Pablo iba a dar un giro brutal a su vida de ser un economista reputado a ir a buscarse la vida por la selva africana, estaba harto de toda la burocracia y corrupción que estaba creciendo en su país y no podía seguir viviendo así. Después de unas cuantas horas de vuelo llegó a África, el calor era agobiante pues él venía de un país muy frio, se encaminó pues al punto de encuentro donde había establecido el contacto con un grupo de hombres que lo llevarían a la selva. Como ya anochecía no podía emprender viaje hasta la mañana siguiente, así pues, siguió a los hombres a una chabola, una especie de guarida donde guardaban utensilios para el campo, herramientas, sacos, de trigo, arroz y demás enseres. Al día siguiente pusieron rumbo a la selva, el calor a primera hora del día seguía siendo sofocante, tendría que acostumbrase a él, pues le quedaban muchas horas al sol para llegar a su destino. Seis horas las tres primeras en coche y las 3 restantes a pie, llegaron, el paisaje era espectacular un bosque plagado de árboles, todo tipo de sonidos en la selva más profunda y de golpe en uno de los arboles donde se encontraba apoyado Pablo para descansar, apareció una iguana enorme que lo miraba directamente a sus ojos y él no podía aparatar los suyos de aquel animal. Fue un viaje maravilloso plagado de aventuras y misterios, algo que recordaría toda la vida, ya que, tanto la gente que era amable, cariñosa y afectuosa, que lo ofrecían todo lo poco que tenían, como los diversos animales que pudo ver en directo, como la vegetación, sus ríos y lagos le dieron la oportunidad de vivir una experiencia gratificante, que enriqueció su vida.

  16. Nicolás
    9 julio, 2020 at 06:56

    Subió rápidamente al desván para buscar la jaula de su iguana, le quedaban solo 17 minutos para llegar al aeropuerto. Lo que había empezado como un aparente juego de poder y favores políticos terminó como un escándalo de corrupción que estaba ya en los titulares del país. En la pampa argentina, a más de 4000 kilómetros de donde estaba, en medio de los campos de trigo, lo esperaba su “guarida de retiro”. Llamaba así a esa cabaña que construyó siguiendo el consejo de su curul de al lado, – pana, tarde que temprano a uno siempre lo pillan, usted asegúrese de tener esa plata asegurada en otro país y un tranquilo lugar dónde retirarse – le dijo alguna vez en medio de alguna plenaria. Dicho y hecho. Ya solo le quedaban 7 minutos, su chofer conducía a toda velocidad y no podía evitar mirar su reloj con una acezante mirada. – Tú no te preocupes Luffy, todo saldrá muy bien ya verás – ni siquiera su iguana le creía lo que decía.

  17. Nicolás
    9 julio, 2020 at 07:14

    En los campos de trigo de este lejano país, Don comodo, aquella dictadora iguana que logró destruir el negocio de trigo de la región conspirando con los demás animales para arruinar los cultivos; se debatía en duda en su guarida, – ¿maté al país con este horrible juego de corrupción? No, no, cómo se me ocurre pensar eso – a su mente venía el recuerdo de aquellos horribles días encerrado en una jaula de ese polvoriento y olvidado desván. – los humanos merecen quedarse sin una miseria de trigo, ese hombre que me tuvo aguantando hambre tanto tiempo ahí arriba me demostró que esta raza no merece la misericordia -. Fue así como la caída nacional de la producción de trigo generó que se perdieran muchos empleos, hubiera hambruna, e incluso se abandonaran instalaciones como el aeropuerto o más de 100 molinos en la región.

  18. Cristina SR
    8 agosto, 2020 at 23:11

    Desde la gran sequía después de la Guerra Verde, el planeta entero sufría de hambre. Bueno, el planeta entero no: como bien es conocido por todos los entendidos y también ignorantes de la Historia, siempre ha habido “unos pocos”.

    Pero la Guerra Verde no fue escrita en ningún libro. Los libros desaparecieron para que nadie glorificase ningún acto pasado ni crucificase tampoco a sus personajes. La memoria escrita fue borrada dando así la espalda al pasado. Como en un viejo desván, la Historia pasaría a ser depositada en un baúl de los recuerdos. Salvo que, esta vez, al baúl también le prendieron fuego para evitar actos de añoranza (y rebeldía).

    Mi trabajo en aduanas en el aeropuerto era de todo menos aburrido. El estraperlo, como en cada crisis, estaba a la orden del día y había un mercado concreto que estaba moviendo millones de ypsiloi: los huevos de iguana. No se trata de huevos reales sino de imitaciones en metales y piedras preciosas, de valor incalculable, pertenecientes, se dice, a la élite sagrada que logró la victoria en la Guerra Verde. ¿Y qué fue la Guerra Verde? Una mentira, un juego de manipulación. Prometieron a las voces del pueblo el llamado Camino Verde, una propuesta de reconstrucción de nuestro planeta siguiendo los pasos de la llamada Agenda Verde de nuestro vecino, el planeta Tierra. Ellos fueron esclavizados; nosotros también. El veneno de la corrupción se había filtrado por cualquier fisura del sistema y, he de decir, el sistema se desplomaba por sí sólo con tanta fisura. Lo no aceptable era denunciar esa corrupción.

    Hacía un tiempo que venía teniendo sueños una noche tras otra. Corrijo: llevaba varias semanas acordándome de muchos de los sueños que tenía en las noches y en especial uno no paraba de perseguirme. Se iba repitiendo cambiando el escenario, también los personajes, pero había un detalle común en todos ellos y era una especie de profecía. Me encontraba sola en parajes desolados, áridos. Había una ligera brisa más bien molesta que me obligaba a entrecerrar los ojos para que no me entrase polvo o arena y en cada uno de esos sueños una voz surgía de la nada y a medida que iba hablando, parecía acercarse cada vez más a mí hasta darme la impresión de traspasarme. El mensaje oraba: “con la próxima cosecha de trigo, la verdad saldrá de su guarida”.

  19. Asara
    13 agosto, 2020 at 19:45

    Una oleada de calor me dio una bofetada al cruzar las puertas correderas del aeropuerto. Me pregunté una vez más porqué había escuchado las recomendaciones de mis compañeros de trabajo; al fin y al cabo, nunca me había gustado el calor y odiaba los mosquitos con una pasión férrea. Suspiré con desgana y traté de enfocarme en las ventajas: estaba de vacaciones y, por lo que estaba viendo, la isla era realmente un paraíso tropical. Sin embargo, el calor me nublaba el pensamiento; me sentía víctima de una corrupción mental «auto-infringida» que me estaba haciendo ver la situación de una manera demasiado negativa, pero no lo podía evitar.
    Intenté volver a pensar en las ventajas de estar a miles de kilómetros de mi hogar. En retrospectiva, hubiese preferido irme a las montañas a respirar aire fresco y hacer senderismo, pero a falta de trigo, venga centeno: al menos, no estaba con él. Tras nuestra pelea, Juan y yo habíamos decidido tomarnos un tiempo para pensar. Él siempre se tomaba todo como un juego y yo me había cansado de ceder. Ya llevábamos años juntos, y yo siempre pensaba que las cosas iban a cambiar. Pero como decía mi abuela, una no puede estar en una relación con la esperanza de que la otra persona vaya cambiar: el amor consiste en aceptar. Sin embargo, el problema era que nuestra relación se había ido deteriorando con el paso del tiempo por falta de contacto. Los dos trabajábamos mucho y él se encerraba en el desván, que se había convertido en su guarida para jugar videojuegos todas las tardes después del trabajo.
    Una hermosa iguana turquesa que disfrutaba de la sombra de una palmera me miró con intensidad y me sacó de mis oscuros pensamientos: por un momento, se me había olvidado dónde estaba… en una isla tropical y remota en la que se suponía que iba a disfrutar mis días en una playa de aguas cristalinas, rodeada de animales exóticos y plantas y árboles cuyos nombres no podía pronunciar. Tras devolver la mirada a mi nueva amiga, seguí mi camino sintiendo sobre mis hombros todo el peso de la humedad y el sofocante calor: iba a ser una semana muy larga.

  20. María Cervera
    22 septiembre, 2020 at 19:30

    Escucho nuestra canción de Iguana Tango, y me siento todavía más triste. Miro el comedor y analizo todos los objetos, busco cuales son los que me quedaré, el resto acabaran en el contenedor de residuos. Esa rosa que me regalaste el día de Sant Jordi, tiene un aspecto horroroso, consecuencia segura de nuestra relación. En cambio, el trigo que la acompaña parece mucho más fuerte que el primer día que llego a mi guarida. Vuelve a reproducirse la canción…

    “No sabes si yo soy el mismo o he cambiado,
    La cuestión es que te vas…”

    Decido apagar la música y encender la televisión. En las noticias hablan del Palau, uno de los casos de corrupción más graves ocurridos en España, junto a púnica y la Gurtel. Me quedo embobada, mirando la pantalla, pensando en la cantidad de psicópatas que hay en el mundo.

    De repente suena el móvil, un WhatsApp. Otra vez intentas pedirme disculpas por lo ocurrido la semana pasada. Mucha disculpa, pero sigues con todo nuestro dinero, todavía estoy esperando a que al menos, me devuelvas mi parte. Por supuesto me olvido de nuestro ansiado viaje. Y sigo pensando en las horas que estuve esperándote en la terminal 2 del aeropuerto.

    Tanto nos costó descifrar los códigos, llegar a saber cuales eran esos números y combinaciones más probables en el casino. Horas y horas desperdiciadas. Entiendo que tu eras la mente y yo solo la acompañante. Tu doctor en matemáticas y yo cajera de un supermercado. Nunca hablamos de que el dinero sería para los dos, simplemente lo disfrutaríamos juntos viajando por el mundo.

    Primer destino…. Frustrado.

    Tocan a la puerta, es la policía.

    ¿Sra. Jimenez?

    Silenciosamente subo al desván. Me he dado cuenta que la televisión sigue encendida. Espero detrás de las cajas polvorientas. ¿Será posible que haya sido tan ingenua? Al igual que él, ¡debería haber desaparecido!… Pero no creo que estafar a un casino sea algo tan grave… quizás sí nos pasamos al atropellar al guardia de seguridad en nuestra huida…. Y es que el juego no acabó nada bien….

  21. Clara V
    17 octubre, 2020 at 23:12

    Juan sentado en su asiento del avión miraba por la ventanilla nervioso. Solo se percibía el azul del océano durante kilómetros y kilómetros. Donde este acababa, comenzaba el cielo, también azul. Ver todo el rato el mismo color y de manera tan intensa, le abrumaba, y aumentaba su ansiedad.
    Volvió a centrar la mirada al frente, y en un acto instintivo pasó la mano por su frente sudorosa, peinando hacia atrás sus rizos color trigo. Pero rápidamente volvió a bajar el brazo para cubrir su mochila, con el temor de que cualquier movimiento sospechoso lo pudiera delatar. Miró de reojo al hombre que se sentaba a su lado. Seguía dormido. Aquello lo tranquilizó por unos segundos.
    El vuelo de Paraguay a Barcelona duraba 12 horas, y a medida que se acercaban al destino, la preocupación de Juan iba en aumento. Colar la mochila en el Aeropuerto Nacional había sido un juego de niños. Pero sabía que la seguridad en la ciudad condal iba a ser más seria. Ya se lo veía venir, como en las películas de violencia y corrupción que solía ver, se imaginaba la Terminal entera rodeada por el cuerpo de policía. Quizá tendría que pasar la noche en el calabozo, o ir a la cárcel. Él lo único que deseaba era llegar a salvo a su habitación, su pequeña guarida, en el desván de casa de sus padres, y poder vaciar el contenido sin temor a ser visto.
    Miró la mochila por enésima vez. “Quizá debería mirar dentro, a ver si todo está correcto”. Hizo el ademán de abrir la mochila cuando una voz hizo que pegara un salto sobre su asiento.
    – ¿Quiere algún refresco? – preguntó la azafata.
    – Ehh… No… Gracias – Contestó entrecortado.
    “¿Me estarán vigilando?” Echó una mirada furtiva a su alrededor para cerciorarse de que nadie miraba. Enseguida corrió la cremallera y observó cuidadosamente el interior. Algo se movía dentro. Sonrió para sí. Todo iba bien. “Mis amigos se van a morir de envidia cuando vean mi nueva mascota”. Cerró cuidadosamente la mochila para que el cachorro de iguana no se asfixiara.
    Aquel verano en casa de sus tíos había descubierto que las iguanas podían llegar a crecer hasta dos metros, y al ver una, decidió llevarse un souvenir a escondidas. ¿Lograría esquivar la seguridad del aeropuerto y llevar al animal sano y salvo a su casa?

  22. Miguel Machorro
    20 octubre, 2020 at 22:35

    El pequeño desván que le servía de guarida siempre estaba frío. Había subido después de que regreso de la capital, apenas llegó del aeropuerto a su casa, dejó la maleta en su recámara y subió la escalera que lo llevaba ese lugar donde tantas veces jugó con sus hermanos. Cuando entro sintió el mismo olor a viejo de siempre, pero ahora estaba vacío, todo lo que sus padres guardaron durante años ya no estaba; su hermana lo había vendido todo.
    Al fondo y a penas visible se encontraba una pequeña caja de color café, la recordaba perfectamente. Le dio cuerda y la abrió para escuchar de nuevo aquella melodía que solía escuchar de niño. La música despertó las luces danzantes que aparecieron por todo el techo del desván, a pesar de ser de día las luces iluminaban toda la habitación de tonos azulados, verdosos y amarillentos. Una bola de color violenta estaba en el centro y todas las demás luces parecía que se movían a su ritmo. Pues en cuanto esta luz se dejó de mover todas las demás se detuvieron al unisono.
    De la pequeña esfera surgió una pequeña y extraña criatura, del tamaño y forma de una iguana, pero de un color morado intenso. A primera vista parecía un pequeño camaleón morado; sus ojos amarillos brillaban intensamente y no sabia como, pero flotaba en el aire sin hacer algún movimiento. De repente todas las demás luces desaparecieron, y el pequeño ser lo miro intensamente; él sintió que todo aquel ser le atravesaba el alma con la mirada; pero no tenia miedo, en realidad no sentía nada. De pronto se vio solo en un campo de trigo, el sol le quemaba intensamente pero el viento lo refrescaba al mismo tiempo. Todo aquello le pareció extraño, pero sus sorpresa fue mayor cuando todo se oscureció y un miedo pareció invadirle todo su ser; el miedo a lo desconocido se apodero de él. De pronto escucho una voz en su interior, sabia que no era la suya; y era una que nunca había escuchado antes.
    « ¿Por qué has regresado? » le dijo. Quiso abrir la boca para contestar, pero no salia palabra alguna de ella.
    « Esta es mi casa, aun » le contestó a aquella voz en sus pensamientos.
    « No tenías que haber vuelto, no sabes lo que has provocado » fue lo ultimo que oyó de aquella voz que jamás olvidaría.

  23. Guilores
    13 noviembre, 2020 at 13:54

    No había tiempo que perder. Iguana46 le había dado el chivatazo por telegram, la brigada anti corrupción andaba pisándole los talones. Antes de dirigirse al aeropuerto para coger el avión que en menos de dos horas le llevaría fuera del país, entró apresuradamente en casa de sus padres que se miraban extrañados sin saber qué estaba ocurriendo, y sin saludarles siquiera se dirigió a toda prisa al desván, la guarida que meses atrás escogió para esconder el producto de su ambición. Apoyó en la pared del fondo la escalera que reposaba detrás de la puerta y accedió a la balda superior y de un furioso manotazo apartó todos los enseres que ocultaban su turbio secreto. Piezas del scaléxtric, muñecos de play móvil, su colección de minerales y tantas ilusiones que culminaron sus sueños de niño se estrellaron contra el suelo haciéndose añicos. Abrió la bolsa de deportes, la misma que le acompañó a sus partidos de baloncesto, y con una codiciosa sonrisa pintada en su rostro comprobó que la comisión del tres por ciento, en billetes de cincuenta, seguía intacta allí dentro. La madre sollozaba temiendo haber perdido el amor de su hijo y el padre sospechaba que ya no era trigo limpio. Desde que entró en política y le nombraran concejal el chico había cambiado, ya no era el mismo. Con un escueto “ya nos veremos” se despidió de sus padres dirigiéndose a la puerta de la calle sin sospechar que al abrirla se toparía con la placa de uno de ellos. Dos policías de paisano bloqueaban la salida. ¡Policía! ¡Se acabo el juego!

  24. Jose
    24 diciembre, 2020 at 13:03

    Remontaron el repecho cargando con el cuerpo de Jorge hasta la guarida, excavada en la montaña. Fue alcanzado por un escupitajo venenoso de la iguana gigante que estaba sembrando el caos en el valle.

    Tendieron al herido sobre una manta en la parte más alejada de la entrada y con otra le cubrieron parcialmente, dejando al descubierto la zona afectada. Miraron a la médica expectantes, que los miró a su vez al cabo de unos segundos.

    Puedo contener el avance del veneno un par de horas. Después…

    El equipo se reunió unos metros más allá. Bajaremos en dos grupos. Leo, tú con Marta y Charly por la izquierda. Rodeadlo por detrás y esperad mi señal. Pedro y Verónica, conmigo de frente. Nos ocultaremos en esas rocas hasta que Leo y los demás estén en posición. – ordenó Gonzalo.

    A sus espaldas, Jorge deliraba entre fuertes dolores.
    – Debemos darnos prisa.

    Gonzalo revisó por última vez su juego de machetes y encabezó su comando. Abajo, unos pocos hombres se habían hecho fuertes en un recodo y resistían a duras penas los embates del monstruo, y respondían con ráfagas imprecisas y flechas que volaban lejos del objetivo.
    Llegó el momento y Leo y los demás dispararon con todo desde el otro lado del claro, hiriendo a la bestia en una pata. Esta se volvió enfurecida escupiendo en su dirección.
    – ¡Ahora! – gritó Gonzalo, al tiempo que emprendía la carrera cuesta abajo, con ambos cuchillos desenvainados y seguido de cerca por los otros.

    Se encaramó a lo alto de la cabeza con un salto y acuchilló los reptilianos ojos ámbar una y otra vez, manteniéndose en prodigioso equilibrio hasta que fue sacudido violentamente y salió volando por los aires hasta caer rodando por el suelo. Cuando se levantó, todo había terminado.

    Transportaron a Jorge en una parihuela improvisada, hecha con ramas, hasta la pista del pequeño aeropuerto en medio del bosque, donde una avioneta les esperaba con el motor encendido y las hélices en marcha.

    Sobrevolaron aquellas tierras, cuarteadas en campos de trigo y centeno, podridos por la ponzoña. La corrupción que llagaba el brazo de Jorge llegaba ya a la muñeca. Si no llegaban en menos de media hora al campamento base…
    – ¡Gonzalo, cariño, a comer!
    – ¡voooy!

    Antes de cerrar la puerta del desván echó una mirada adentro, a su campo particular de batalla, hecho de cajas de cartón y muebles viejos.

  25. Carlos Alberto Pino
    6 enero, 2021 at 23:33

    Cuando Julio entró a la habitación de don Fernando notó que la puerta del desván estaba abierta, toda su ropa sobre la cama y sus libros sobre el piso, como si alguien hubiera estado buscando algo importante, se asustó y salió de la alcoba, sin tocar nada, por si llegaba la policía a buscar pistas y equivocadamente se encontraran con sus huellas y resultara involucrado en algo en lo que tenía ni arte ni parte. Julio bajó corriendo las escaleras y salió por la puerta de atrás para que nadie notara que había estado allí. Una vez llegó a la avenida principal, tomó un taxi al aeropuerto donde la tía Mery lo esperaba hacía más de una hora ya. Cuando llegó al aeropuerto la tía estaba a punto de abordar, antes de despedirse la tía le entregó un juego de llaves, las cuales correspondían en su orden a la puerta de entrada del viejo edificio donde don Fernando tenía su oficina, la puerta de la oficina y la gaveta del escritorio, le dijo, además, que buscara la memoria USB que estaba dentro del cajón, en ella estaban grabadas las pruebas de corrupción que manejó don Fernando en la compañía durante más de 10 años, lo cual la llevó a la quiebra financiera y al despido de los más de 500 empleados. Julio no tuvo problemas en encontrar el dispositivo en el lugar en el que la tía Mery le había indicado. Cuando salió se dirigió a la Iguana, el bar del centro, lo suficientemente discreto para encontrarse con Bernardito Pieschacón el reconocido periodista de radio quien además era su amigo de infancia. A la altura del edificio de la antigua Harinera de trigo, un grupo de mal encarados comandados desde un carro por el mismísimo Secretario Privado del alcalde, le salieron al paso a Julio y le propinaron una herida mortal, lo que nunca pudieron encontrar fue la memoria USB que Julio tuvo a bien dejar en el buzón de la oficina no sin antes advertirle al periodista amigo donde encontrarla. Esa misma noche fueron asaltados en su guarida, gracias a la noticia de última hora que la Radio Metropolitana divulgó en su noticiero de las 6 de la tarde. La policia no solo logró la captura de los asesinos de Julio, sino la de Don Fernando, quién se escondía en el lugar. Más tarde ese mes también se capturó al alcalde y sus sequaces del gobierno

  26. Loreley
    15 enero, 2021 at 05:20

    Era mi última noche en la ciudad, al amanecer partía nuestro avión para tomar unas vacaciones en España. Mis padres estaban en el living, cerrando sus asuntos y ultimando detalles. Terminé de armar mi valija y subí corriendo al desván.
    Ahí arriba yo me sentía cómoda, en paz. Tenía muchas de las cosas que no cabían en mi habitación. Logré hacer de ese altillo mi lugar, mi guarida. Atesoraba mis libros, algún juego de la infancia, y recuerdos fotográficos. En realidad, teníamos cosas ahí, pero yo lo creía más mío que de nadie porque era la única que subía con frecuencia. Tomé mi peluche favorito, lo acaricié. Ya estaba grande los peluches, pero no me importó. Lo bajé. En mi habitación, la valija a punto de explotar. Con mucho cuidado, abrí el cierre lentamente (me costó). Apenas se delimitó un agujero suficiente para el tamaño de mi osito lo empecé a meter, empujando. El necessaire de higiene personal me estorbaba, pero mi experiencia me hizo saber que tenía que buscar las zonas blandas de ropa para empujar los agregados de último momento. Apagué la luz y me acosté.
    Cinco de la mañana y sonó la bocina del taxi. Ya estábamos abajo esperando y rápidamente agarré unas galletitas antes de salir de casa porque a mí siempre el aeropuerto me da hambre. Las primeras que encontré eran de trigo. No eran como las de chocolate, pero eran las más accesibles.
    Ya en el aeropuerto, una vez pasado el primer escritorio de la aerolínea, tocaba la zona del detector de metales. Nos sacamos las zapatillas, los abrigos y dejamos nuestras pertenencias en la cinta para recogerlas al otro lado. Nunca fui curiosa, pero ese día se me dio por espiar la iba delante. ¿Lo que estaba viendo era la cola de una iguana saliendo a través de un cierre? Seguro eran ideas mías. No era posible. Las iguanas están en extinción y no se las puede hacer viajar en la cabina. Seguro era un peluche como el mío. De repente tres señores aparecen en el scanner y piden que se acerque al dueño de esa valija. Empieza una conversación frenética hasta que el dueño de la valija toma una billetera de su bolso de mano y saca un montoncito de billetes. Los tres señores del otro lado del scanner lo miran, se miran entre ellos y uno estira la mano para agarrar ese dinero. ¿Estaba mal lo que hizo ese señor? No puedo asegurarlo. Quizás esa iguana para él, era como mi oso para mí y no pudo pensar en despegarse de ella, ¿era una persona muy distinta a mí? Una sola cosa nos diferenciaba: la corrupción

  27. Romina María Reinaudo
    16 enero, 2021 at 23:09

    Las instrucciones habían sido claras: llegando al aeropuerto, cerca de las 10 AM, debía dirigirme con el pasaporte al sector de Guardado de equipajes, donde me esperaba un casillero con un trigo grabado en él.
    Todavía faltaban algunas horas, subi a mi desván que estaba atestado de periódicos, electrodomésticos sin uso y una gran pizarra con mamarrachos irreproducibles (incluso para mi) que le daba aspecto de una guarida donde se desarrollaban los peores asaltos comando.
    No recordaba dónde había dejado guardada la clave del «Operativo Iguana», ya comenzaba a desesperarme, cuando pateando mi juego de niña, los 5 números de 15 digitos estaban escritos en un papel cortado a mano. Lo puse en mi bolsillo… la corrupción mañana sufriría un gran golpe.

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