Propuesta 6 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller de creatividad literaria-6Relacionar palabras o conceptos que aparentemente no tienen conexión es una de las técnicas más aconsejadas para desarrollar la creatividad, por lo que hoy os proponemos un ejercicio de relacionar palabras. 

 

Escribid una historia de 400 palabras como máximo en la que aparezcan las siguientes palabras:

 

  • desván

  • aeropuerto

  • juego

  • corrupción

  • iguana

  • trigo

  • guarida

 

Para contar el número de palabras de vuestro texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de palabras en línea como estos:

 


Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

 

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

taller de 12 a 16

TALLER LITERARIO
para jóvenes
de 12 a 16 años

presencial en MADRID
Este taller ayuda a los escritores jóvenes a encontrar su estilo personal, a evitar los bloqueos y a sacar el máximo partido de su creatividad para llegar a escribir con corrección.
Sábados
de 12,30 a 13,45
Zona Retiro
Grupos reducidos

 

 

 

  11 comments for “Propuesta 6 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    10 septiembre, 2016 at 05:46

    Azul Bernal
    10 septiembre, 2016 at 05:44
    Subió corriendo la escalera. Todo estaba listo. Llevaba los papeles en el bolsillo de la chaqueta. Todo era tan fácil con el uso de las nuevas tecnologías. Con una facilidad inaudita se escaneaban y falsificaban todo tipo de papeles, y con la misma facilidad se colocaban las mercancías en el mercado negro. La presidencia había comenzado un movimiento anti- corrupción cuya mayor consecuencia consitió en disparar los mercados prohibidos. Ya en el desván, sacó la iguana de su guarida, la colocó en el contenedor de reptiles, y se encaminó rumbo al aeropuerto. Todo sería tan fácil como un juego de niños. Se sabía uno de los mejores contrabandista de animales, y así cobraba sus servicios. Ya le daba lo mismo si el precio del trigo subía o bajaba; los animales iban siempre en aumento. Llegó por fin, pasó los filtros, dio las señas necesarias y las puertas se le abrieron de par en par. Sí, mientras más prohibición, mayor ganancia. La vida le sonreía.

    • Inquisitor Glokta
      10 septiembre, 2016 at 18:17

      Debe ser difícil meter todas las palabras en tan poco espacio y dejar un relato bien estructurado, buen trabajo.

  2. Inquisitor Glokta
    10 septiembre, 2016 at 18:14

    ¡Bum! Un golpe seco le despertó de su descanso, alguien estaba entrando en su casa. Sin perder un segundo agarró su Glock y sacó a su iguana del terrario para llevarla consigo al desván. Había intentado hacer el menor ruido posible, estaba convencido de que no le habían escuchado.
    A esas horas James debería estar llegando al aeropuerto de Bruselas para la convención internacional sobre los transgénicos. Sin embargo, debido a un problema con su pasaporte había tenido que aplazar el viaje. Por eso los ladrones habían entrado aquella noche, pensarían que su casa estaba vacía. Kansas era estado donde más trigo se producía de EEUU, y su posición de alto funcionariado le permitía tomar importantes decisiones en cuanto a los derechos de producción.
    Había pensado en permanecer en aquella esquina de su desván hasta que se fueran los ladrones, pero se dio cuenta de que le buscarían. Había dejado las maletas a la vista en su habitación. Entonces notó como alguien subía al desván, escuchaba el crujir de la madera a cada paso. Él, escondido en su pequeña guarida tras una pila de cajas de juegos de mesa, rezaba por no ser descubierto. Los pasos se acercaban y James apuntó tembloroso con su Glock hacia la salida de su escondite. En ese momento apareció una sombra y él disparó.
    La sombra cayó al suelo mientras se formaba un charco de sangre a su alrededor. James se quedó de pie en el desván, mirando el cadáver. Se sentía totalmente abrumado por la situación, se había convertido en asesino. El asaltante era un chico joven, no parecía el típico ladrón. Entonces sintió un dolor penetrante por la espalda. Se apartó por insisto y vio a una chica con una navaja en su mano, se la había clavado.
    -¡Le has matado! –gritaba enloquecida.
    Antes de que pudiera apuñalarlo de nuevo James le disparó en la cara. Al caer vio en su camiseta la asociación medioambiental para la que trabaja y los sprays de pintura rodar por el suelo. Sólo habían venido a pintarle su casa a modo de protesta. James jamás imaginó que las acusaciones de corrupción podrían conllevar esta clase de problemas. “Diré que los vi con las navajas primero, quizá salga favorecido de esta situación.” Pensaba él, pero lo cierto es que le estaba costando bajar del desván y llegar hasta su móvil, se sentía muy mareado.

  3. Narradora de Cuentos
    10 septiembre, 2016 at 18:35

    Matthew Cooper, colgó el teléfono visiblemente alterado. Llamó a Meryl su personal assistant, y elevando la voz, le reclamó iracundo por segunda vez su billete de avión. Al acercarse solicita, se lo arrebató de las manos con desdén, y evitándola sin cruzar palabra, se precipitó hacia los acristalados ascensores, del Royal Company Building y sus impresionantes vistas a la Bahía del río Hudson.
    Madison Avenue era habitualmente un loco torbellino de incesante tráfico, pero aquella tarde especialmente asfixiante, parecía que todo Manhatan se hubiera congregado allí. Los nervios por no perder el vuelo, el incesante calor, y la adrenalina que destiló su cuerpo, desde recibir aquella llamada, con tan fatídica amenaza. Consiguieron que empezara a sudar profusamente y rompiendo en mil pedazos la imagen impoluta que le acompañaba siempre, se arrancó la corbata y desabotonó su camisa, incapaz de seguir respirando dentro de su “actual realidad”.
    Por fin !!! atribulado se dejó caer en un táxi. De camino al aeropuerto, en su mente se agolparon uno tras otro, mil pensamientos …
    La razón por la que estaba dispuesto a desplomar íntegramente su vida , tenía demasiado que ver con la espiral de corrupción y triste juego, al que se había prestado y sometido los dos últimos años. También, con el incesante temor que se había terminado apoderando de él. El miedo a que a sus 45 años, acabar cualquier día como su eterno adversario, el reputado abogado Jon Denver, que en el complejo engranaje de fusionar la empresa, cayó fulminado por un infarto, en la última reunión de asociados .

    Tras unos pocos segundos en los que consiguió aquietar su mente dejándola en blanco, se imaginó de repente otra vez siendo un niño, en la penumbra de aquel abigarrado desván, que durante años fue su guarida. Donde su naturaleza aventurera, su despierta imaginación, y la inefable ayuda de la subscripción al National Geographic, le hicieron creerse, incluso experto naturalista. De especies tan fascinantes, como la iguana en Islas Galápagos …
    Allí forjó su carácter indómito, creciendo al abrigo del olor a trigo fresco, en la pequeña hacienda de su padre …

    El final de la carrera, le devolvió al instante que vivía.
    Encaminándose con determinación por la terminal, resolvió no perder aquel avión, que más allá de su destino tenía un claro rumbo. Dejar atrás una vida opresiva , de abuso, “stress ” y ambición…

  4. Cintia
    10 septiembre, 2016 at 20:33

    No podía describir lo que sentía en ese momento. El día anterior se suponía que me reuniría con mi hermana en el aeropuerto, haríamos un viaje juntas, pero ella nunca apareció. Eso me tenía preocupada, principalmente porque sabía que su novio estaba involucrado en temas de corrupción.
    Así que decidí usar la llave, que ella me había dado en caso de emergencia, para entrar en su casa. No había indicios de algo anormal, pero revisé sus cosas buscando alguna pista de donde pudiera estar. En el desván encontré una tarjeta de presentación que me llamó la atención, era de alguien que se hacía llamar La Iguana y tenía una dirección.
    La dirección de la tarjeta correspondía a una mansión que se parecía a las que hay en las películas de mafiosos. Después de explicarle al mayordomo que estaba ahí porque creía que La Iguana podría saber el paradero de mi hermana, éste se fue a buscarlo dejándome sola en un gran salón. Mientras esperaba observé los cuadros que colgaban en las paredes, uno de ellos tenía un gran campo de trigo que me recordaba al de mis abuelos que visitaba de pequeña.
    Pude sentir su presencia incluso antes de verlo. Mi corazón se aceleró y al darme la vuelta me encontré con esos ojos que me escrutaban, en su brazo izquierdo llevaba en tatuaje de una iguana y su aspecto era muy rudo. No sé cuánto tiempo me quedé contemplándolo, solo me di cuenta de que lo estaba haciendo cuando en su rostro se dibujó una sonrisa peligrosa. Me obligué a recordar el motivo por el que había venido, no podía caer tan fácil en su juego de seducción.
    No hizo falta que le preguntara por mi hermana, él sabía perfectamente quien era y lo que hacía ahí. Me explicó que mi hermana le pidió ayuda para huir de su novio, porque se enteró de que solo la estaba usando para obtener información de la policía, y que le había ofrecido refugiarse en su guarida. Ni siquiera me preguntó si quería ir con ella, solo hizo un par de llamadas y en menos de una hora llegamos a donde esperaba un helicóptero.
    El viaje no resultó tan malo como esperaba, considerando que jamás había viajado en ese tipo de transporte. Pero la mejor parte fue llegar y comprobar que mi hermana estaba sana y salva.

  5. Emilio Reyes
    11 septiembre, 2016 at 18:12

    Ya eran casi las nueve de la mañana cuando despertó, cansado y aún con ganas de dormir pasó sus manos por los ojos que con mucho trabajo le costaba abrir, tenía mucho sueño atrasado y el cuerpo dolorido, cuándo cambiaría de colchón. Podría ser un día como cualquier otro, pero el de hoy estaba marcado como el día de arreglar problemas, asuntos atrasados, últimamente solían ser muy comunes este tipo de días, lo cual hacía que empezase a estar cansado de ellos, pero son obligaciones.

    Después de desayunar mis tostadas de pan de centeno untadas con mantequilla, odio las de trigo, y de darle su suculenta ración de bichos a la iguana de mi hermano, subí al desván y saqué de un viejo escritorio un sobre cerrado, mi hermano me había dejado encargado de franquearlo, precisamente hoy, en correos, iba dirigido a una tal Anabel Carmona, en Londres.

    Salí a la calle me estremecí al tiempo que me terminaba de abrochar la chaqueta, el invierno ya está aquí, la diferencia de temperatura entre mi guarida y la calle era una demostración placentera de que se estaba más a gusto en su interior, pero era lo que tocaba.

    Aunque fuese un día cualquiera los viandantes llenaban las aceras, con prisas, siempre con prisas como si el mundo estuviese a punto de acabarse, y una multitud de coches iban y venían de un lado para otro, y sólo son las diez y media, y las calles llenas de baches, y las aceras sucias con toda clase de basura, que bonita serían si estuviesen más limpias, pero esto es la consecuencia que nos queda de la corrupción institucional.

    Quien sería Anabel Carmona, yo creía conocer todas sus amigas, por lo menos todas nuestras convecinas, y de Londres, si Javier nunca había estado en Londres, además le daban miedo las alturas, ni me lo imagino en un aeropuerto esperando coger un vuelo; se habrían conocido por Internet? Internet y su nueva era, todo lo había cambiado, hasta la forma de hacer relaciones, y el conocer a gente desde luego que no es un juego, nunca sabes realmente quién está detrás del ordenador.

  6. 11 septiembre, 2016 at 19:10

    — ¡Psss Psss! —gritó Luke el lagarto desde el filo de la ventana del desván—.
    Los ojos de la iguana que dormía plácidamente en el interior de un terrario se abrieron de pronto, buscando de dónde provenía ese griterío que le había perturbado el sueño.
    —¡Hey compadre! ¡Aquí, en la ventana! Soy Luke. Encantado. ¿Se puede saber qué hace un lagarto tan grande como tú en un sitio tan pequeño como ese? ¿A caso no existe una guarida a tu medida?
    —¡Qué tonterías estás diciendo! ¡Soy una iguana pendejo! —le interrumpió molesta Guadalupe — y sí, esto es un poco pequeño pero al menos tengo la seguridad de que nunca me faltará comida. Nunca paso frío y aquí mi amigo humano me protege de los depredadores.
    —Querida Guadalupe —espetó Luke conteniendo una carcajada—los humanos no son trigo limpio. Son seres envueltos en mentiras y corrupción. Nunca uses la palabra humano y amigo en la misma frase ante tus semejantes, porque te pueden tomar por tonta. ¿Crees que lo hace por ti? ¿Crees que te tiene ahí para protegerte? Yo diría que más bien te tiene secuestrada …
    A parte de esas cuatro paredes y al chico que la alimentaba, lo único que habían visto sus ojos fueron unos instantes de frenesí humano en el aeropuerto del estado de Chiapas. Aun así, se negaba a darle la razón a un intruso.
    —Vaya Luke, pues yo diría que lo que tienes es envidia. Porque en ti nadie se fija, a nadie le importas, por ellos, como si te fríes al sol y te esfumas— dijo Guadalupe mientras le daba su espalda a trompicones por el cristal—.
    —¡Pero cuántas chorradas dices! ¡Ese foco artificial de luz te debe de haber frito el cerebro!— gritó Luke desde su preciada libertad
    Tras varios segundos de silencio, Luke miró hacia atrás, a lo que para él era la vida real y sintió pena por su nueva amiga.
    —Vamos, ¿nunca has deseado reptar por las ramas de ningún árbol? ¿No has sentido la viveza de sus ramas bajo tus patas?¿ni la libertad de pasear por ellos a tu antojo? Te propongo un juego. Cada tarde, cuando el sol se ponga, me asomaré a esta ventana y te contaré lo que he hecho. Prometo ser sincero. Cuando tú te veas preparada, te sacaré de ahí.
    Pasados unos minutos, Guadalupe se dio la vuelta de nuevo. Por primera vez, sintió que su hogar era demasiado pequeño, ya no por su tamaño sino porque su alma había expulsado un primer aliento de ansiada libertad.

  7. Naddia
    18 septiembre, 2016 at 22:15

    Antes, muy atrás en el tiempo, no había Internet. Cuando querías conocer gente por carta podías anunciarte en una revista o escribirle a alguien que ya estuviera anunciado. Y eso hice.

    Escribí a un tal Osvaldo a Guinea Ecuatorial presentándome y contestó. Su primera carta parecía graciosa, pero lo más extraño era que llegaba con una postal del aeropuerto de Moscú. No me esperaba semejante excentricidad, teniendo en cuenta su procedencia, pero quise entrar en el juego de las rarezas e intenté localizar algo que no fuese muy frecuente en la zona en la que yo vivía. No resultó fácil, pero después de mucho buscar, encontré una tienda con postales de animales y allí estaba ella: una magnífica iguana retratada para mi querido Osvaldo. No empezaba muy bien aquella amistad en la que ninguno contaba cosas demasiado reales. Mi relación con las iguanas era bastante incierta y desconocía si Osvaldo había estado alguna vez en el aeropuerto de Moscú, pero los fines de semana, cuando volvía a casa desde la universidad, me gustaba subir al desván, que utilizaba como guarida, y pensar que aquel chico extraño aparecería alguna vez en mi puerta y seríamos amigos o más que amigos. Creo que mi juventud me había impedido interesarme por la historia de Guinea Ecuatorial. Sabía que mi padre había estado allí cuando todavía era española, pero desconocía que la dictadura de Obiang y la corrupción generalizada destrozaban la vida diaria de un pueblo que hubiera podido sobrevivir muy dignamente. A pesar de estas terribles circunstancias, Osvaldo no parecía tener ningún tipo de problema económico o político y yo era muy joven para sospechar que Obiang no era trigo limpio.

    Aquel chico desapareció pronto de mi vida. Tras varias postales peculiares y unas cuantas cartas sosas, perdimos interés el uno por el otro y simplemente nos olvidamos. Siempre son así los amores que no cuajan. Lo realmente curioso es que sigo conservando la postal del aeropuerto de Moscú.

    • Naddia
      18 septiembre, 2016 at 22:24

      La verdad es que voy con mucho retraso porque tengo poco tiempo. A ver si puedo hacer comentarios aunque me llamoa la atención que hay muy pocos.

  8. Sandra Carrion Estay
    22 septiembre, 2016 at 01:19

    Puso en el desvàn el juego de la Iguana, que tantos recuerdos alegres le traìa y armò su ànimo y su maleta.
    En la mañana del dìa siguiente, se levantò, se duchò y tomò el desayuno acostumbrado: un tazòn de cafè con leche sin lactosa y sin azùcar, dos rebanadas de pan de trigo tostado; con margarina vegetal y mermelada casera y saliò de su casa. La casa de sus padres, su hogar; que era su cobijo y del que no le hubiera gustado salir, pero el destino dijo otra cosa.
    De camino al aeropuerto, vio por ùltima vez la vivienda de su polola, que en muchas ocasiones le sirviò de guarida: como cuando salìa de la casa de sus padres con rumbo a la universidad, sin ganas de asistir a clases e hizo la cimarra, y desvìaba su ruta y se encaminaba hacia allà. Pero ahora, debido a la corrupciòn que descubriò de forma accidental en la empresa en la que trabaja, sin darse cuenta, se involucrò en una organizaciòn: muy peligrosa, de la que no se puede salir. Y comenzò este periplo, que no sabe dònde, ni cuàndo acabarà, pero tiene la certeza, de que sòlo de esta forma se protege èl y a todos sus seres queridos; los que estàn ignorantes de toda la situaciòn que vive y no comprenderàn su partida: que es casi una huida.

  9. 1 octubre, 2016 at 22:59

    La sala del primer piso se encontraba en plena efervescencia. El humo de los cigarrillos se extendía por la superficie una pesada niebla. En la única mesa ocupada, se jugaba una partida importante de póquer y nadie quería perdérsela. Alrededor suyo, cantidad de curiosos esperando el desenlace final. Aquello era más que un juego, puesto que inclusive podría irle la vida a uno de los dos jugadores que quedaban.
    Martin sabía lo importante que era no perder aquella partida. De suceder se vería obligado a aceptar ciertos compromisos, que no le eran agradables. Ya que había perdido una importante cantidad de dinero, que había sustraído del sucio desván de la comisaría. Estos fondos eran la prueba de una importante redada efectuada hacía años y que pensó que nadie se daría cuenta.
    Por su parte Eloy quería tenerlo atado. Un agente de aduanas en el aeropuerto le permitiría poder pasar la última de sus operaciones importantes de cocaína.
    Mientras esto sucedía en la sala superior, en la planta baja del local un mexicano tocaba con su iguana una ranchera en la que hablaba de los dorados campos de trigo. Aurelio, que así se llamaba el interprete, era un policía camuflado que investigaba a Eloy por actos de corrupción.
    Ésta sabía que dentro de aquella guarida estaba lo que precisaba para detener a Eloy, pero desconocía la presencia de Martin.
    En la sala la partida seguía rodeada de curiosos. Con el descarte llegó la hora de pedir carta: Martin dos y Eloy una.
    El miedo se apoderó de Martin. Mientras el sudor corría por su cuerpo, las manos permanecían crispadas, los ojos a punto de salir de sus órbitas…
    Ambos cerraron sus apuestas poniendo todo su capital en el centro de la mesa. No quedaba un solo dólar al lado de los jugadores. Ahora solo quedaba saber quién ganaba o perdía.
    Eloy puso sus cartas sobre el tapete: cuatro reyes. El rostro de Martin se relajó, levantó sus cartas: cuatro ases. ¡Había ganado!
    Pero Eloy, al que no le gustaba perder, llevó sus manos al interior de la chaqueta en busca de su arma. Aquel movimiento le perdió. Martin sacó la suya y ambos dispararon.
    Cuando Aurelio llegó a la sala se encontró con un cuadro dantesco. Ambos habían resultado muertos. No le costó averiguar que el oponente de Eloy era policía. Nuevamente un servidor de la ley había traspasado la frontera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*