Propuesta 66 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-66Imaginad que después de muchos años, un personaje se encuentra con uno de sus antiguos profesores del colegio. Inventad el principio de una historia basándoos en ese encuentro y enfocadlo como si hubiera sido algo aterrador.

 


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 . © El libro de mi creatividad literaria. Ediciones Obelisco

 

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El libro de mi creatividad literaria

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  2 comentarios en “Propuesta 66 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. 11 Noviembre, 2016 at 00:21

    Las cuencas vacías de sus ojos me miran profundas. Tengo miedo. No a su descarnado rostro que en algún tiempo fuera obeso. Me da escalofrío la oscuridad del pasillo de la memoria. El parpadeo aleatorio del tubo fluorescente de recuerdos, en la pared, enciende y apaga. Temo la oscuridad y temo la luz. Hasta el sudor frío de mi piel, tiene miedo de escurrir. Me da pánico ese hombre… Así me mira.

    Se materializó completo frente a mis ojos. Mi profesor de español. Regino. Con su camisa a cuadros y su raído pantalón de mezclilla. Más de cien kilogramos de inhumanidad. La piel arrugada y curtida por los años. Sus garras amenazadoras sostienen las hojas de mi cuento, y su aliento amenaza con engullirme de nuevo.

    —¡Tienes cero! —Advierte su estruendosa voz de ultratumba—. ¡No mereces ni un cinco!
    —¡Pero profesor —protesto en medio del bullicio del aula—, me costó mucho trabajo escribirlo!
    —¡Tú no escribiste esto! Este cuento no está a tu altura o más bien tu bajura —su fétido aliento parece robar el mío.
    —Yo lo escribí, Profesor. Le traigo las hojas donde escribí el borrador, para que me crea —le explico convencido de que esta vez sí me creerá; a diferencia de hace más de veinte años.
    —Yo también puedo fingir un manuscrito con tachones y marcas. Pero eso no significa que no copie el texto de alguien más… Dime de dónde lo copiaste y te pondré un cinco, para que no afecte tanto a tu promedio.
    —No lo copié, Profesor. Yo lo invent… —el nudo en la garganta me interrumpe mientras cruzo las piernas para que nadie note cómo se moja mi pantalón.
    —Este cuento es demasiado bueno y tú nunca escribirás algo que valga la pena.

    Sus palabras aspiran, me mastican, me trituran, me tragan. “Nunca escribirás algo que valga la pena”. En el interior, sus cuencas vacías revisan mis escritos. “…Algo que valga la pena”. Al final, llega la luz. Un blanco que me deslumbra.

    El vacío de la página en blanco me mira profundo.

  2. Narradora de Cuentos
    13 Noviembre, 2016 at 20:40

    Marc caminaba ensimismado y absorto en su ” mundo “.A sus casi 35 años era un joven solitario y taciturno, que paseaba por la vida, sin demasiadas emociones…
    Aquel sábado se levantó pronto y tal y como acostumbraba en fin de semana, se digirió por la carretera vieja hacia “La Font Picant ” precioso paraje, rodeado de frondosa arboleda y de ocasionales cascadas, que atraía a la región innumerables senderistas y aficionados a la bicicleta, por lo atractivo del paisaje y de la pista verde de 10 kms., por la que se podía recorrer todo el cauce del río
    Aquella mañana parecía augurar tranquilidad, el día había amanecido nublado y la víspera había llovido en abundancia, circunstancias que a buen seguro le permitirían disfrutar del silencio y del bucólico paisaje, posiblemente en soledad… Apenas un par de personas, se cruzaron con dificultad con su rostro huidizo, acostumbrado a mirar desinteresadamente y a seguir impávido su camino…
    Por un instante dudó si completar la pista forestal, elevó el rostro a un cielo amenazante y resolvió regresar abandonando el recorrido y adentrándose por un camino alternativo más corto, tornándose el paisaje más abigarrado y sombrío.
    Volvió a mirar al cielo e instantáneamente aceleró el paso, el caudal del rio, era bien sabido por los lugareños, aumentaba de forma alarmante, si las lluvias por la zona se sucedían abundantes en días continuados y la jornada anterior ya había llovido lo bastante, como para presagiar problemas si volvía a repetirse la tormenta.
    De pronto pareció adivinar ruidos tras de sí y extrañado volvió el rostro. Sus facciones repentinamente pasaron de la precipitación por la inminente lluvia, a la más espantosa urgencia de la huida, celado por unos ojos aterradoramente familiares, que le despertaron el mismo pavor, que cuando siendo un niño, le sujetaban imperativos a sus pupilas, irradiando todo el malévolo y retorcido deseo, de aquel pervertido profesor que lo sodomizaba, al mismo tiempo que le sujetaba del pelo y le giraba la cabeza obligado a mirarle…

    Incapaz de reaccionar se quedó inmóvil cerrando los ojos, como si aquel acto le alejara del peligro.
    La lluvia repentina, le hizo abrir temeroso los ojos. Allí no había nadie, tan solo un niño, con cuerpo de hombre, incapaz de superar el abominable pasado…

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