Propuesta 8 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller de creatividad literaria-8Los refranes y dichos populares son una fuente inagotable de inspiración para escribir.

En esta propuesta tenéis que redactar con un máximo de 400 palabras la historia más original que se os ocurra basada en el siguiente refrán:

Dime con quién andas y te diré cómo eres.

Para que la historia resulte coherente, intentad que, aunque sea de forma breve, contenga la presentación de lo que va a ocurrir, el nudo de la historia y el desenlace final. Por si alguien no recuerda en qué consisten estas partes de la estructura interna de la narración, podéis repasarlo AQUÍ.

Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

 

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

taller de creat literaria madrid

TALLER DE CREATIVIDAD LITERARIA
presencial en MADRID
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con tutor

grupos reducidos

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Viernes
de 19,30 a 20,45
Zona Retiro
Grupos reducidos
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A través de ejercicios prácticos, los participantes aprenderán diferentes métodos y herramientas para desarrollar la creatividad y cómo aplicarlas a la escritura de textos literarios.
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  9 comentarios en “Propuesta 8 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    12 Septiembre, 2016 at 03:28

    Llego a la oficina, me preparo un café bien cargado, y comienzo a darle frente a otro día más de entrevistas a los nuevos candidatos. Mientras me asomo por los interminables CV’s, me fumo una par de cigarros. Presionó el botón que me comunica con mi secre, y le pido que mande a mi oficina al primer candidato. Su CV me ha impresionado, pues para ser tan joven, la experiencia es larga y buena. Lo imagino vestido con un traje impecable, bien peinado con raya al lado, y un portafolio de cuero en una mano. Seguro que será muy cercano a esta imagen, pues con ver los contactos que tiene, me doy una idea de quien es. Como dice el refrán: Dime con quién andas, y te diré quién eres. Yo siempre lo he aplicado más como : Dime con quién has trabajado y te diré cómo eres. Por fin la puerta se abre, asoma una cabeza rapada a la que le sigue un cuerpo tatuado y unos ojos enrojecidos. -Disculpa- le digo- creo que te enviaron por error. Esperaba yo un joven que ha trabajado en %%%%. – Ese mismo soy, señor. Pero verá usted, cuando uno decide dejar un trabajo, es para poder abrir las propias alas, ser uno mismo. Deja uno la etiqueta, la imagen de la empresa, y se comienza a vender por lo que uno es. Entonces, ¿paso y me entrevista?

  2. Inquisitor Glokta
    12 Septiembre, 2016 at 19:04

    Michael se sentía nervioso, estaba entrando en casa de Carl, el mayor dealer de la ciudad. Acompañaba a su amigo Eric a recoger un encargo que tendrían que repartir. “Yo no puedo ocuparme de toda mi zona, le diré que vienes de mi parte y te aceptará.” Le había convencido Eric. Se encontraban esperando en un amplio hall lleno de cuadros, sentados en un sofá. Eric había desparecido durante casi dos años de su barrio para dar sus primeros pasos en el mundo de las drogas, ahora había vuelto y ganaba un buen dinero. Cuando uno de sus hombres les dio la indicación entraron al despacho de Carl. Era un tipo con aspecto hosco pero bien cuidado. Aceptó sin muchos miramientos que Michael entrara en el negocio. Él se sintió mucho más relajado, pensaba que aquello sería más difícil. Pronto ganaría dinero a espuertas. Michael recogió la bolsa con la droga y entonces se escucharon gritos, y después disparos. Procedían de la entrada de la casa y parecía que se multiplicaban. Media docena de hombres entraron en el despacho de Carl.
    -Son los koreanos, -dijo uno de ellos- son demasiados.
    Carl abrió una trampilla que había en medio de su despacho y se metieron por ella. Más tarde salieron al alcantarillado y de ahí a la calle. Michael acabó comentando con Eric lo sucedido en una cafetería.
    -Esto ha sido una señal para mí, no quiero entrar en el negocio.
    -Carl no lo esperaba y por eso ha tenido que huir, pero no tardará en regresar con refuerzos. Una guerra de bandas… -respondía Eric sin hacerle el menor caso- La prensa va a comernos vivos. Michael, no esperaba que esto sucediese tan pronto, pero vas a tener que contarle todo a la policía para que Eric y sus hombres vayan a la cárcel. Te tratarán como testigo protegido y podrás empezar una nueva vida.
    -¿¡Qué!? No volvería a ver a mis padres, ni a mi novia. Díselo tú a la policía si quieres.
    -Ya lo saben. –dijo Eric enseñando su placa de policía- Estuve dos años desaparecido del barrio porque me encontraba en la academia de la policía. Carl no era nuestro objetivo, sino su proveedor. Pero una guerra de bandas es algo que no nos podemos permitir. Puedes elegir Michael, cárcel por tráfico de drogas o testigo protegido. –hizo una pausa- No debiste juntarte con esa clase de gente.

  3. 12 Septiembre, 2016 at 19:53

    Estación de Ángel Guimerá, Valencia. 8.28 a.m
    Es la cuarta vez que Martín mira la hora en la pantalla de su móvil desde que espera el tren en el apeadero. Hace ya tres minutos que tendría que haber llegado y su creciente impaciencia es cada vez más notoria. Aunque nadie se percata de ello, nadie, excepto la señora Eleonora, que es de las pocas personas que no tiene sus ojos postrados en el móvil, porque según ella, es demasiado mayor para las tecnologías.
    —“Este chico, conforme va vestido, seguro que ya llega tarde al trabajo. ¡Haberte levantado antes hijo! A quién madruga Dios le ayuda, ya lo dice el refrán. Estos jóvenes siempre con prisas”.
    Justo en el andén de enfrente, Violeta suelta una carcajada. Nadie le ve la cara, pues se esconde tras la portada de un libro que acerca demasiado a sus ojos.
    La señora Eleonora, desde su reciente proclamado puesto de guardia del andén, trata de averiguar de dónde procede ese inusual sonido matinal.
    —“Tiene que haber sido aquella chica. Quizá, si me levanto un poco, podré ver su rostro por encima del libro. Voy a levantarme disimuladamente, como si quisiera ver si se acerca el tren. Sí. Ha sido ella. Tiene todavía la sonrisa en la cara. ¿Qué habrá leído que le ha hecho olvidarse del resto del mundo? Todos le hemos oído reírse como una loca, y ahí sigue, tan tranquila”.
    Tras su rápida ojeada por el oscuro túnel por donde tendría que haber pasado ya el tren hace varios minutos, la señora Eleonora vuelve a su puesto de mando. De forma inconsciente, continúa con su investigación de vidas ajenas, en un andén cada vez más repleto de gente, pero ya no tiene tiempo de seleccionar a su nueva víctima.
    Con siete minutos de retraso, se escucha ya la llegada del tren. Martín, es de los primeros en entrar, acaba de salir de trabajar, y tiene que sacar a pasear a Dora, que a estas horas le esperará impaciente al otro lado de la puerta.
    Violeta entra dos vagones por delante, hace poco que va a la escuela, a pesar de rondar ya los cuarenta y justo ahora se acaba de dar cuenta de que hoy, no será tan puntual como siempre.
    El tren cierra sus puertas y a su partida deja la estación en absoluto silencio, pero sólo por unos instantes, pues pronto aparecerán nuevas vidas a las que Eleonora, desde su banco, pondrá nombre a su antojo pues, según ella, la suya ya carece de sentido.

  4. Cintia
    12 Septiembre, 2016 at 20:25

    Levanté la vista de mis apuntes y los vi pasar haciendo bromas entre ellos. Podían ser muy populares en el colegio, pero sabía por experiencia que en los momentos en que más los necesitabas te abandonaban.
    —¡Vamos! Nadie se dará cuenta de nuestra ausencia —me habían dicho. No tuvieron que insistir mucho, pues yo buscaba encajar en su grupo y esa era mi oportunidad. Pero también temía que mi madre pudiera enterarse, a ella no le agradaban mis amigos, decía que eran mala junta.
    Salimos del colegio evitando encontrarnos con algún profesor y después nós dirigimos a la casa de Damián, el líder del grupo. Nunca había estado en ese barrio y el pánico me estaba invadiendo, los tachos de basura estaban tirados, había grafitis en las paredes de las casas y podía ver algunos roedores correteando. No tardaron en darse cuenta lo asustada que estaba, así que decidieron ponerme a prueba. Dijeron que para entrar en su grupo debía pasar un cerco que rodeaba al único edificio de todo el lugar. Pero después de haberlo hecho noté como unos ojos me observaban, había dos perros que custodiaban el lugar. Intenté subir la cerca para salir de ahí pero no podía por el pánico, rogué la ayuda de mis supuestos amigos pero ellos rieron y luego echaron a correr.
    Justo cuando uno de los perros se lanzaba a atacarme salieron dos chicos por una puerta del edificio y me ayudaron. Me acompañaron hasta el hospital para limpiar la herida que me había dejado su perro en mi pierna.
    Julia y Marcos habían sido más amigos que los que se suponía que lo eran. Mi mamá se enteró de lo ocurrido y me prohibió volver a juntarme con ellos. Además dijo que me cambiaría de colegio si no mejoraba mis notas, lo que logré con ayuda de mis nuevos amigos, pues resultó que íbamos al mismo curso solo que hasta ahora no les había prestado atención porque eran de perfil bajo.
    La biblioteca era nuestro lugar de encuentro, con ellos hasta estudiar resultaba divertido y podíamos pasar horas y horas ahí sin apenas notarlo.
    La cicatriz que llevo en mi pierna es un recordatorio de que debo elegir mejor mis amistades, pues ese día perdí la oportunidad de unirme al grupo popular del colegio, pero gané amigos de verdad a los que jamás olvidaré.

  5. 13 Septiembre, 2016 at 13:39

    — No juegues con Agustín.— Decía mi madre. Era un niño pequeño para sus cinco años, diría que casi raquítico, como uno de esos pajaritos que se caen de los nidos y rara vez sobreviven. Las monjas trataban muy bien a Agustín, jugaban con él a menudo. A esa edad, yo no tenía ni idea de por qué mi madre me ordenaba evitar a todos los niños a los que las monjas trataban bien.

    Agustín tenía dos hermanos más, un niño y una niña, los dos sucios y larguiruchos, como su madre, que estaba de nuevo embarazada. El tercer hermano de Agustín fue una niña, que se llamó Eva.

    — No te acerques a Agustín ¿Me oyes? Su madre vende niños.

    Un día, desde detrás de la puerta espié a las monjas, le estaban cambiando el pañal a Eva, se quejaban de que tenía la piel irritada.

    — Pobre niña ¡Qué mala suerte!— Decía la madre Josefa, mientras le ponía los polvos de talco.

    Unos meses más tarde, Eva, que ya estaba más crecidita, juagaba con un “tacataca” en el patio. Era rubia, con la piel rojiza, como su otra hermana. La acompañaba una mujer que no era su madre, aplaudía cada una de sus gracietas. A partir de ese día, siempre vi a Eva con ella.

    Me encontré con Agustín saliendo de una habitación hacia el patio:

    — Tu madre vende niños…— Le dije. Agustín se tapó los oídos y comenzó a emitir un llanto estridente mientras corría a refugiarse en los brazos de una monjas.

    A mí me castigaron a pasar parte de la siguiente a clase con las dos manos sobre la cabeza, como los prisionaros de guerra, nunca lo olvidaré, pero a Agustín ya no volví a verle más por el colegio.

    • 13 Septiembre, 2016 at 13:41

      — No juegues con Agustín.— Decía mi madre. Era un niño pequeño para sus cinco años, diría que casi raquítico, como uno de esos pajaritos que se caen de los nidos y rara vez sobreviven. Las monjas trataban muy bien a Agustín, jugaban con él a menudo. A esa edad, yo no tenía ni idea de por qué mi madre me ordenaba evitar a todos los niños a los que las monjas trataban bien.

      Agustín tenía dos hermanos más, un niño y una niña, los dos sucios y larguiruchos, como su madre, que estaba de nuevo embarazada. El tercer hermano de Agustín fue una niña, que se llamó Eva.

      — No te acerques a Agustín ¿Me oyes? Su madre vende niños.

      Un día, desde detrás de la puerta espié a las monjas, le estaban cambiando el pañal a Eva, se quejaban de que tenía la piel irritada.

      — Pobre niña ¡Qué mala suerte!— Decía la madre Josefa, mientras le ponía los polvos de talco.

      Unos meses más tarde, Eva, que ya estaba más crecidita, juagaba con un “tacataca” en el patio. Era rubia, con la piel rojiza, como su otra hermana. La acompañaba una mujer que no era su madre, aplaudía cada una de sus gracietas. A partir de ese día, siempre vi a Eva con ella.

      Me encontré con Agustín saliendo de una habitación hacia el patio:

      — Tu madre vende niños…— Le dije. Agustín se tapó los oídos y comenzó a emitir un llanto estridente mientras corría a refugiarse en los brazos de una monja.

      A mí me castigaron a pasar parte de la siguiente a clase con las dos manos sobre la cabeza, como los prisioneros de guerra, nunca lo olvidaré, pero a Agustín ya no volví a verle más por el colegio.

  6. Narradora de Cuentos
    15 Septiembre, 2016 at 01:22

    El camino ascendía serpenteante, las fuerzas flaqueaban, los pasos lentos pero firmes no daban lugar a equivocos, el tiempo amenazaba abortar nuevamente el conseguir coronar la cima. Su temple infundía a sus piernas lo necesario para continuar, la montaña expectante, como telón de fondo, rodeada de brumas, intentado horadar su ánimo …
    El camino cada vez más abrupto, le obligó a ralentizar todavía más el ritmo. En las últimas horas, la marcha había aminorado por la incesante ventisca, consiguiendo mermar los ánimos de por sí ya livianos, desde el abandono del excelente montañero y amigo Juanito Leguina. Una maldita fiebre, le había indispuesto y conseguido fracturar el espíritu, un poco de todos, con su abandono.
    Muchas habían sido las horas compartidas con ese vasco, curtido en mil batallas en la montaña y en la vida… No en vano era consciente de que su amigo, también había encontrado “refugio”, en los retos de los cinco ocho miles coronados y ya en sus espaldas. De la misma manera que él buscaba ahora oxigenar su vida, centrándose en aquella “Dama Blanca”, el Annapurna, que ya otras veces, le había impedido con sus caprichosos y bruscos cambios de tiempo, culminarla .

    Su mente volvió a pensar en Leguina y en la frustración que le acompañaría en el campamento base.
    Sufría por Leguina , el paralelismo que los medios habían hecho muchas veces entre los dos , le llenaba de orgullo… ” Dime con quién andas y te diré quién eres ” rezaba el último titular que compartieron , para después continuar ; el joven catalán y el coetáneo vasco , hacen un buen tándem , entendiendo y respetando la montaña de la misma manera …

    Volvió a centrarse en sus pasos exhausto , el frío empezaba a entumecerle los pies y las manos …

  7. Sandra Carrion Estay
    30 Septiembre, 2016 at 23:16

    Mi madre agònica, luego de ser capturada por unos humanos, me ordenò continuar por el sendero por el que nos dirigìamos hacìa un lugar màs seguro y no intentar tratar de liberarla porque serìa un suicidio. Me protegiò mientras pudo, y le prometì refugiarme con su hermana, a la que conocìa solamente de nombre. Conseguì llegar donde mis parientes, los que me acogieron sin resquemores y adivinaron el final de mi madre, que antes fue el mismo que el de mi padre.
    _ Dile a Eluney que vuelva antes que oscuresca _ Me indico mi tìa, a la que viera por primera vez _
    _ Còmo reconozco a Eluney tìa
    _ Igual como reconociste nuestro cubil criatura
    _ Es que yo solo seguì a la manada tìa
    _ Y la manada te dirigiò a mi cubil. Haz lo mismo ahora; sigue a la manada y te dirà quièn es Eluney
    _ Mi primo es Eluney y es el lider, va a la cabeza del grupo: van de caza, la caza es nuestro alimento, asì subsistimos, y por lo mismo no puedo entender que a mis padres los hallan matado porque no querìan vivir en cautiverio.
    Mi madre siempre me dijo “Dime con quièn andas y te dirè quièn eres” y no lo entendìa hasta hoy.

  8. 1 Octubre, 2016 at 23:05

    La vida no resulta un paraíso, donde nos vamos a encontrar las cosas hechas y a nuestro favor. Como individuos que somos elegimos (salvo la familia) con quien deseamos compartir nuestras inquietudes. Y en esa selección está el futuro de nuestra existencia.
    Eso fue lo que le ocurrió a Ángel conocido por el “piernas cortas”. Éste vivía en uno de los barrios marginales de la ciudad de Barcelona. De familia pobre, vivían de lo que las entidades sociales les daban cada mes. Era poco y los cinco miembros se tenían que apretar el cinturón.
    El chico de dieciséis años más de una noche se había tenido que ir a la cama después de haber comido un trozo de pan con aceite y a veces, este duro como un leño.
    Los días eran una sucesión de horas en la calle sin un beneficio y demasiado tiempo para pensar en malas jugadas.
    Una mañana, Damián, el más atrevido del grupo les dijo:
    —Haber troncos, esto no puede seguir así. No tenemos un miserable euro para tomarnos unas birras, ni cigarros ni na.
    —Y que quieres que hagamos ¿asaltar un banco? —le contestó “El rizos”
    —No porque tendríamos a la pasma detrás nuestro enseguida. Pero sí que podríamos sacar algunas cervezas del paqui….
    Ángel escuchaba y no daba crédito a lo que oía. Pero sabía que si lo decidían él no podía quedarse atrás. Tardaron poco en ponerse de acuerdo, todos querían lo que otros podían consumir sin robar.
    La acción les salió tan mal, que la policía los detuvo en el momento de salir.
    María, la madre de ángel, acudió al párroco del barrio, para ver que podían hacer. En aquel momento éste se encontraba con Alfredo, un monitor de artes marciales. Enterado de la situación, dijo a la madre que no se preocupara.
    Una vez que el juez determinó el castigo, qué al no haber habido lesiones, fue prestar servicio a la comunidad, Alfredo se reunió con el chico.
    —Mira Ángel. Esta vez te ha sido fácil salir del embrollo, pero si continúas con esa pandilla puedes acabar mal. He hablado con vuestro párroco para que de lunes a viernes nos deje los locales unas horas, para que podamos hacer unos cursos de Kárate, que te vendrían muy bien.
    El joven aceptó participar y consiguió encauzar su vida al tener como compañeros para ese viaje, unas personas que querían ser honradas.

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