Propuesta 8 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller de creatividad literaria-8Los refranes y dichos populares son una fuente inagotable de inspiración para escribir.

En esta propuesta tenéis que redactar con un máximo de 400 palabras la historia más original que se os ocurra basada en el siguiente refrán:

Dime con quién andas y te diré cómo eres.

Para que la historia resulte coherente, intentad que, aunque sea de forma breve, contenga la presentación de lo que va a ocurrir, el nudo de la historia y el desenlace final. Por si alguien no recuerda en qué consisten estas partes de la estructura interna de la narración, podéis repasarlo AQUÍ.

Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

 

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

taller de creat literaria madrid

TALLER DE CREATIVIDAD LITERARIA
presencial en MADRID
*

con tutor

grupos reducidos

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Viernes
de 19,30 a 20,45
Zona Retiro
Grupos reducidos
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A través de ejercicios prácticos, los participantes aprenderán diferentes métodos y herramientas para desarrollar la creatividad y cómo aplicarlas a la escritura de textos literarios.
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  21 comments for “Propuesta 8 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    12 septiembre, 2016 at 03:28

    Llego a la oficina, me preparo un café bien cargado, y comienzo a darle frente a otro día más de entrevistas a los nuevos candidatos. Mientras me asomo por los interminables CV’s, me fumo una par de cigarros. Presionó el botón que me comunica con mi secre, y le pido que mande a mi oficina al primer candidato. Su CV me ha impresionado, pues para ser tan joven, la experiencia es larga y buena. Lo imagino vestido con un traje impecable, bien peinado con raya al lado, y un portafolio de cuero en una mano. Seguro que será muy cercano a esta imagen, pues con ver los contactos que tiene, me doy una idea de quien es. Como dice el refrán: Dime con quién andas, y te diré quién eres. Yo siempre lo he aplicado más como : Dime con quién has trabajado y te diré cómo eres. Por fin la puerta se abre, asoma una cabeza rapada a la que le sigue un cuerpo tatuado y unos ojos enrojecidos. -Disculpa- le digo- creo que te enviaron por error. Esperaba yo un joven que ha trabajado en %%%%. – Ese mismo soy, señor. Pero verá usted, cuando uno decide dejar un trabajo, es para poder abrir las propias alas, ser uno mismo. Deja uno la etiqueta, la imagen de la empresa, y se comienza a vender por lo que uno es. Entonces, ¿paso y me entrevista?

  2. Inquisitor Glokta
    12 septiembre, 2016 at 19:04

    Michael se sentía nervioso, estaba entrando en casa de Carl, el mayor dealer de la ciudad. Acompañaba a su amigo Eric a recoger un encargo que tendrían que repartir. “Yo no puedo ocuparme de toda mi zona, le diré que vienes de mi parte y te aceptará.” Le había convencido Eric. Se encontraban esperando en un amplio hall lleno de cuadros, sentados en un sofá. Eric había desparecido durante casi dos años de su barrio para dar sus primeros pasos en el mundo de las drogas, ahora había vuelto y ganaba un buen dinero. Cuando uno de sus hombres les dio la indicación entraron al despacho de Carl. Era un tipo con aspecto hosco pero bien cuidado. Aceptó sin muchos miramientos que Michael entrara en el negocio. Él se sintió mucho más relajado, pensaba que aquello sería más difícil. Pronto ganaría dinero a espuertas. Michael recogió la bolsa con la droga y entonces se escucharon gritos, y después disparos. Procedían de la entrada de la casa y parecía que se multiplicaban. Media docena de hombres entraron en el despacho de Carl.
    -Son los koreanos, -dijo uno de ellos- son demasiados.
    Carl abrió una trampilla que había en medio de su despacho y se metieron por ella. Más tarde salieron al alcantarillado y de ahí a la calle. Michael acabó comentando con Eric lo sucedido en una cafetería.
    -Esto ha sido una señal para mí, no quiero entrar en el negocio.
    -Carl no lo esperaba y por eso ha tenido que huir, pero no tardará en regresar con refuerzos. Una guerra de bandas… -respondía Eric sin hacerle el menor caso- La prensa va a comernos vivos. Michael, no esperaba que esto sucediese tan pronto, pero vas a tener que contarle todo a la policía para que Eric y sus hombres vayan a la cárcel. Te tratarán como testigo protegido y podrás empezar una nueva vida.
    -¿¡Qué!? No volvería a ver a mis padres, ni a mi novia. Díselo tú a la policía si quieres.
    -Ya lo saben. –dijo Eric enseñando su placa de policía- Estuve dos años desaparecido del barrio porque me encontraba en la academia de la policía. Carl no era nuestro objetivo, sino su proveedor. Pero una guerra de bandas es algo que no nos podemos permitir. Puedes elegir Michael, cárcel por tráfico de drogas o testigo protegido. –hizo una pausa- No debiste juntarte con esa clase de gente.

  3. 12 septiembre, 2016 at 19:53

    Estación de Ángel Guimerá, Valencia. 8.28 a.m
    Es la cuarta vez que Martín mira la hora en la pantalla de su móvil desde que espera el tren en el apeadero. Hace ya tres minutos que tendría que haber llegado y su creciente impaciencia es cada vez más notoria. Aunque nadie se percata de ello, nadie, excepto la señora Eleonora, que es de las pocas personas que no tiene sus ojos postrados en el móvil, porque según ella, es demasiado mayor para las tecnologías.
    —“Este chico, conforme va vestido, seguro que ya llega tarde al trabajo. ¡Haberte levantado antes hijo! A quién madruga Dios le ayuda, ya lo dice el refrán. Estos jóvenes siempre con prisas”.
    Justo en el andén de enfrente, Violeta suelta una carcajada. Nadie le ve la cara, pues se esconde tras la portada de un libro que acerca demasiado a sus ojos.
    La señora Eleonora, desde su reciente proclamado puesto de guardia del andén, trata de averiguar de dónde procede ese inusual sonido matinal.
    —“Tiene que haber sido aquella chica. Quizá, si me levanto un poco, podré ver su rostro por encima del libro. Voy a levantarme disimuladamente, como si quisiera ver si se acerca el tren. Sí. Ha sido ella. Tiene todavía la sonrisa en la cara. ¿Qué habrá leído que le ha hecho olvidarse del resto del mundo? Todos le hemos oído reírse como una loca, y ahí sigue, tan tranquila”.
    Tras su rápida ojeada por el oscuro túnel por donde tendría que haber pasado ya el tren hace varios minutos, la señora Eleonora vuelve a su puesto de mando. De forma inconsciente, continúa con su investigación de vidas ajenas, en un andén cada vez más repleto de gente, pero ya no tiene tiempo de seleccionar a su nueva víctima.
    Con siete minutos de retraso, se escucha ya la llegada del tren. Martín, es de los primeros en entrar, acaba de salir de trabajar, y tiene que sacar a pasear a Dora, que a estas horas le esperará impaciente al otro lado de la puerta.
    Violeta entra dos vagones por delante, hace poco que va a la escuela, a pesar de rondar ya los cuarenta y justo ahora se acaba de dar cuenta de que hoy, no será tan puntual como siempre.
    El tren cierra sus puertas y a su partida deja la estación en absoluto silencio, pero sólo por unos instantes, pues pronto aparecerán nuevas vidas a las que Eleonora, desde su banco, pondrá nombre a su antojo pues, según ella, la suya ya carece de sentido.

  4. Cintia
    12 septiembre, 2016 at 20:25

    Levanté la vista de mis apuntes y los vi pasar haciendo bromas entre ellos. Podían ser muy populares en el colegio, pero sabía por experiencia que en los momentos en que más los necesitabas te abandonaban.
    —¡Vamos! Nadie se dará cuenta de nuestra ausencia —me habían dicho. No tuvieron que insistir mucho, pues yo buscaba encajar en su grupo y esa era mi oportunidad. Pero también temía que mi madre pudiera enterarse, a ella no le agradaban mis amigos, decía que eran mala junta.
    Salimos del colegio evitando encontrarnos con algún profesor y después nós dirigimos a la casa de Damián, el líder del grupo. Nunca había estado en ese barrio y el pánico me estaba invadiendo, los tachos de basura estaban tirados, había grafitis en las paredes de las casas y podía ver algunos roedores correteando. No tardaron en darse cuenta lo asustada que estaba, así que decidieron ponerme a prueba. Dijeron que para entrar en su grupo debía pasar un cerco que rodeaba al único edificio de todo el lugar. Pero después de haberlo hecho noté como unos ojos me observaban, había dos perros que custodiaban el lugar. Intenté subir la cerca para salir de ahí pero no podía por el pánico, rogué la ayuda de mis supuestos amigos pero ellos rieron y luego echaron a correr.
    Justo cuando uno de los perros se lanzaba a atacarme salieron dos chicos por una puerta del edificio y me ayudaron. Me acompañaron hasta el hospital para limpiar la herida que me había dejado su perro en mi pierna.
    Julia y Marcos habían sido más amigos que los que se suponía que lo eran. Mi mamá se enteró de lo ocurrido y me prohibió volver a juntarme con ellos. Además dijo que me cambiaría de colegio si no mejoraba mis notas, lo que logré con ayuda de mis nuevos amigos, pues resultó que íbamos al mismo curso solo que hasta ahora no les había prestado atención porque eran de perfil bajo.
    La biblioteca era nuestro lugar de encuentro, con ellos hasta estudiar resultaba divertido y podíamos pasar horas y horas ahí sin apenas notarlo.
    La cicatriz que llevo en mi pierna es un recordatorio de que debo elegir mejor mis amistades, pues ese día perdí la oportunidad de unirme al grupo popular del colegio, pero gané amigos de verdad a los que jamás olvidaré.

  5. 13 septiembre, 2016 at 13:39

    — No juegues con Agustín.— Decía mi madre. Era un niño pequeño para sus cinco años, diría que casi raquítico, como uno de esos pajaritos que se caen de los nidos y rara vez sobreviven. Las monjas trataban muy bien a Agustín, jugaban con él a menudo. A esa edad, yo no tenía ni idea de por qué mi madre me ordenaba evitar a todos los niños a los que las monjas trataban bien.

    Agustín tenía dos hermanos más, un niño y una niña, los dos sucios y larguiruchos, como su madre, que estaba de nuevo embarazada. El tercer hermano de Agustín fue una niña, que se llamó Eva.

    — No te acerques a Agustín ¿Me oyes? Su madre vende niños.

    Un día, desde detrás de la puerta espié a las monjas, le estaban cambiando el pañal a Eva, se quejaban de que tenía la piel irritada.

    — Pobre niña ¡Qué mala suerte!— Decía la madre Josefa, mientras le ponía los polvos de talco.

    Unos meses más tarde, Eva, que ya estaba más crecidita, juagaba con un “tacataca” en el patio. Era rubia, con la piel rojiza, como su otra hermana. La acompañaba una mujer que no era su madre, aplaudía cada una de sus gracietas. A partir de ese día, siempre vi a Eva con ella.

    Me encontré con Agustín saliendo de una habitación hacia el patio:

    — Tu madre vende niños…— Le dije. Agustín se tapó los oídos y comenzó a emitir un llanto estridente mientras corría a refugiarse en los brazos de una monjas.

    A mí me castigaron a pasar parte de la siguiente a clase con las dos manos sobre la cabeza, como los prisionaros de guerra, nunca lo olvidaré, pero a Agustín ya no volví a verle más por el colegio.

    • 13 septiembre, 2016 at 13:41

      — No juegues con Agustín.— Decía mi madre. Era un niño pequeño para sus cinco años, diría que casi raquítico, como uno de esos pajaritos que se caen de los nidos y rara vez sobreviven. Las monjas trataban muy bien a Agustín, jugaban con él a menudo. A esa edad, yo no tenía ni idea de por qué mi madre me ordenaba evitar a todos los niños a los que las monjas trataban bien.

      Agustín tenía dos hermanos más, un niño y una niña, los dos sucios y larguiruchos, como su madre, que estaba de nuevo embarazada. El tercer hermano de Agustín fue una niña, que se llamó Eva.

      — No te acerques a Agustín ¿Me oyes? Su madre vende niños.

      Un día, desde detrás de la puerta espié a las monjas, le estaban cambiando el pañal a Eva, se quejaban de que tenía la piel irritada.

      — Pobre niña ¡Qué mala suerte!— Decía la madre Josefa, mientras le ponía los polvos de talco.

      Unos meses más tarde, Eva, que ya estaba más crecidita, juagaba con un “tacataca” en el patio. Era rubia, con la piel rojiza, como su otra hermana. La acompañaba una mujer que no era su madre, aplaudía cada una de sus gracietas. A partir de ese día, siempre vi a Eva con ella.

      Me encontré con Agustín saliendo de una habitación hacia el patio:

      — Tu madre vende niños…— Le dije. Agustín se tapó los oídos y comenzó a emitir un llanto estridente mientras corría a refugiarse en los brazos de una monja.

      A mí me castigaron a pasar parte de la siguiente a clase con las dos manos sobre la cabeza, como los prisioneros de guerra, nunca lo olvidaré, pero a Agustín ya no volví a verle más por el colegio.

  6. Narradora de Cuentos
    15 septiembre, 2016 at 01:22

    El camino ascendía serpenteante, las fuerzas flaqueaban, los pasos lentos pero firmes no daban lugar a equivocos, el tiempo amenazaba abortar nuevamente el conseguir coronar la cima. Su temple infundía a sus piernas lo necesario para continuar, la montaña expectante, como telón de fondo, rodeada de brumas, intentado horadar su ánimo …
    El camino cada vez más abrupto, le obligó a ralentizar todavía más el ritmo. En las últimas horas, la marcha había aminorado por la incesante ventisca, consiguiendo mermar los ánimos de por sí ya livianos, desde el abandono del excelente montañero y amigo Juanito Leguina. Una maldita fiebre, le había indispuesto y conseguido fracturar el espíritu, un poco de todos, con su abandono.
    Muchas habían sido las horas compartidas con ese vasco, curtido en mil batallas en la montaña y en la vida… No en vano era consciente de que su amigo, también había encontrado «refugio», en los retos de los cinco ocho miles coronados y ya en sus espaldas. De la misma manera que él buscaba ahora oxigenar su vida, centrándose en aquella «Dama Blanca», el Annapurna, que ya otras veces, le había impedido con sus caprichosos y bruscos cambios de tiempo, culminarla .

    Su mente volvió a pensar en Leguina y en la frustración que le acompañaría en el campamento base.
    Sufría por Leguina , el paralelismo que los medios habían hecho muchas veces entre los dos , le llenaba de orgullo… » Dime con quién andas y te diré quién eres » rezaba el último titular que compartieron , para después continuar ; el joven catalán y el coetáneo vasco , hacen un buen tándem , entendiendo y respetando la montaña de la misma manera …

    Volvió a centrarse en sus pasos exhausto , el frío empezaba a entumecerle los pies y las manos …

  7. Sandra Carrion Estay
    30 septiembre, 2016 at 23:16

    Mi madre agònica, luego de ser capturada por unos humanos, me ordenò continuar por el sendero por el que nos dirigìamos hacìa un lugar màs seguro y no intentar tratar de liberarla porque serìa un suicidio. Me protegiò mientras pudo, y le prometì refugiarme con su hermana, a la que conocìa solamente de nombre. Conseguì llegar donde mis parientes, los que me acogieron sin resquemores y adivinaron el final de mi madre, que antes fue el mismo que el de mi padre.
    _ Dile a Eluney que vuelva antes que oscuresca _ Me indico mi tìa, a la que viera por primera vez _
    _ Còmo reconozco a Eluney tìa
    _ Igual como reconociste nuestro cubil criatura
    _ Es que yo solo seguì a la manada tìa
    _ Y la manada te dirigiò a mi cubil. Haz lo mismo ahora; sigue a la manada y te dirà quièn es Eluney
    _ Mi primo es Eluney y es el lider, va a la cabeza del grupo: van de caza, la caza es nuestro alimento, asì subsistimos, y por lo mismo no puedo entender que a mis padres los hallan matado porque no querìan vivir en cautiverio.
    Mi madre siempre me dijo «Dime con quièn andas y te dirè quièn eres» y no lo entendìa hasta hoy.

  8. 1 octubre, 2016 at 23:05

    La vida no resulta un paraíso, donde nos vamos a encontrar las cosas hechas y a nuestro favor. Como individuos que somos elegimos (salvo la familia) con quien deseamos compartir nuestras inquietudes. Y en esa selección está el futuro de nuestra existencia.
    Eso fue lo que le ocurrió a Ángel conocido por el “piernas cortas”. Éste vivía en uno de los barrios marginales de la ciudad de Barcelona. De familia pobre, vivían de lo que las entidades sociales les daban cada mes. Era poco y los cinco miembros se tenían que apretar el cinturón.
    El chico de dieciséis años más de una noche se había tenido que ir a la cama después de haber comido un trozo de pan con aceite y a veces, este duro como un leño.
    Los días eran una sucesión de horas en la calle sin un beneficio y demasiado tiempo para pensar en malas jugadas.
    Una mañana, Damián, el más atrevido del grupo les dijo:
    —Haber troncos, esto no puede seguir así. No tenemos un miserable euro para tomarnos unas birras, ni cigarros ni na.
    —Y que quieres que hagamos ¿asaltar un banco? —le contestó “El rizos”
    —No porque tendríamos a la pasma detrás nuestro enseguida. Pero sí que podríamos sacar algunas cervezas del paqui….
    Ángel escuchaba y no daba crédito a lo que oía. Pero sabía que si lo decidían él no podía quedarse atrás. Tardaron poco en ponerse de acuerdo, todos querían lo que otros podían consumir sin robar.
    La acción les salió tan mal, que la policía los detuvo en el momento de salir.
    María, la madre de ángel, acudió al párroco del barrio, para ver que podían hacer. En aquel momento éste se encontraba con Alfredo, un monitor de artes marciales. Enterado de la situación, dijo a la madre que no se preocupara.
    Una vez que el juez determinó el castigo, qué al no haber habido lesiones, fue prestar servicio a la comunidad, Alfredo se reunió con el chico.
    —Mira Ángel. Esta vez te ha sido fácil salir del embrollo, pero si continúas con esa pandilla puedes acabar mal. He hablado con vuestro párroco para que de lunes a viernes nos deje los locales unas horas, para que podamos hacer unos cursos de Kárate, que te vendrían muy bien.
    El joven aceptó participar y consiguió encauzar su vida al tener como compañeros para ese viaje, unas personas que querían ser honradas.

  9. Aria Scee
    13 diciembre, 2018 at 23:32

    Después del instituto quedé con mis amigas para vernos y dar una vuelta. A mi madre nunca le han gustado mis amistades, dice que no me dan buen ejemplo pero a mí me da igual. Estaba cansada que siempre me dijera el refrán de “Dime con quién andas y te diré cómo eres. Yo siempre le decía que nunca me iban a cambiar y que iba a ser la misma de siempre pero mi madre no confiaba.
    Mis amigas son las más populares del instituto. Van al mismo curso que yo pero a diferente centro así que siempre que nos veíamos era por el camino. Por esa parte mi madre se alegraba pero a mí no me gustaba estar sin ellas porque se estaban convirtiendo en una arte de mí.
    Puede que sí que estuviera cambiando pero ellas me hacían sentir libre y era yo quien decidía que hacer con mi vida, con mi cuerpo y con mi tiempo.

  10. 8 febrero, 2019 at 14:13

    “¡Dime con quién andas y te diré cómo eres!”

    Los Pérez Acostas, son una familia de clase media alta de la ciudad autónoma de Buenos Aires. Un matrimonio formal con cinco hijas. Agustina es la tercera, justo la del medio. Según el saber popular, sería quien recibió menor atención, y por ende pasó a ser la más independiente y problemática. En la vecindad, los Pérez Acostas fueron siempre muy bien vistos. El matrimonio tiene como lema: “Dime con quién andas y te diré cómo eres” Esto marca persistentemente el cercó de relaciones de cada uno de los miembros de la familia. Actualmente Agustina tiene veinticinco años, está casada y vive en Nordelta, en Los Castores que posee la mejor ubicación de cara al Lago Central.
    Como si pudiera ver la película de su tan desgraciada y solitaria vida, los ojos de Agustina miran el horizonte desde aquel ventanal de su confortable casa. La joven parece ahogarse, aquellas quizás, sean sus últimas lagrimas… Se acerca el momento de la llegada del trabajo de Alonso, el “engendro humano” con quien vive. La calificación que ella suele darle en secreto a su esposo no es por su aspecto físico, ya que es un joven alto, de tes blanca, cabellos castaños, ojos claros, muy buen mozo, como dice su madre. Según su hermana menor, “tinchísimo” por su posición económica elevada de la que hace ostentación y «re cool» ya siempre parece tener la situación bajo control, con estilo personal, es decir, un rebelde con éxito. ¡Sí, tanto éxito tuvo, que sus padres casi la obligaron a “andar con él para decirle finalmente quién era ella…” El maltrato psicológico y físico al que se expone cotidianamente Agustina, han logrado que su respiración parezca condensarse de odio hacia él. Cuanta repugnancia le causa que la toque. Cuánta ira gesta en su presencia. Él es un verdadero psicópata, algún científico diría que su cerebro no produce la llamada molécula de la moral. Carece de empatía. Es por eso, que, mirando el horizonte desde su ventana, Agustina también busca ver la puerta de su casa paterna… Y llega formalmente hasta ella para gritarles bien fuerte: “Miren, miren con quien ando y les diré que siento… Miren, miren con quién ando y les diré cómo soy ahora…
    La resolución absoluta, de enfrentar a su marido, la lleva a pensar que tiene desde hoy, contado sus días: 1… 2… 3…

  11. Aurora Garrigós
    21 julio, 2019 at 23:00

    La abuela había repetido tantas veces aquella frase que se le había quedado grabada a fuego en su mente. “Dime con quién andas y te diré como eres”…¿Sería verdad? Su mente era tan literal que se quedaba atascada en las frases más tontas. Era un chico tímido y reprimido. Tenía dieciocho años y ningún amigo. Solo un compañero, Raúl, se había acercado a él con la intención de entablar amistad, pero no había logrado sacar más de dos frases a aquel extraño chico de mirada misteriosa.
    En los recreos siempre estaba solo, mirando con atención a los grupos de chicos y chicas. Actitud que le costaba más de una burla.
    Nadie podía imaginar que se hubiera fijado un objetivo. Conocer a aquellos chicos, observando con quien andaban.
    Era el mejor en matemáticas y le encantaba hablar con el profesor del Teorema de Pitágoras, de Geometría y Topología etc. pero parecía que no existiera otra cosa en el mundo para él. Cada día, cogía sus cosas y salía el primero de clase en cuanto sonaba el timbre, lo hacía deprisa para no tener que cruzarse con nadie. En casa, leía una y otra vez las hojas en las que había escrito sus observaciones del día:
    Rosa Martínez Maso, lleva ropa limpia y colorida. Su cara sonríe todo el tiempo, habla correctamente y es amable con la gente, lleva los libros en una mochila azul plomo de la marca Nike. Sus compañeras son como Rosa porque andan con ella.
    —¿Podría yo andar con este grupo de chicas?—Esta era la pregunta que se hacía al leer cada grupo, una y otra vez.
    Santiago Pons Rodríguez dice palabrotas y se ríe cuando alguien se cae. Gasta bromas que no entiendo. A veces me encierra en el baño y se ríe con sus compañeros diciendo palabras que no entiendo. Me da miedo. Los demás también le tienen miedo y solo unos pocos quieren estar con él.
    —¿Puedo andar con este grupo? — Al no encontrar respuesta, la angustia crispaba su rostro. Cada día, su mente se debatía en un mar de dudas terribles que le obsesionaban e impedían hacer otras cosas. ¡¿Por qué no podía decidir con qué grupo andar?!
    Un día, de pronto, cayó en la cuenta:
    —¡No pudo decidirlo porque no sé cómo soy! ¿Cómo voy a saberlo, si nunca he andado con nadie?

  12. Nicolás
    18 enero, 2020 at 06:26

    Voy con él a todas partes, incluso al baño. Generalmente nos la llevamos muy bien, otras veces no tanto, pero creo que es nuestra inexorable condición de inseparabilidad lo que nos obliga a reconciliarnos siempre. Es un sujeto bastante sociable, suele caerle muy bien a las personas a quién conoce y todos siempre me elogian a mí por andar con tan buena compañía, se hace el humilde, pero yo lo conozco mejor que nadie, es un engreído, pero en su defensa, odia el hecho de serlo y siempre tratará de ocultarlo lo mejor que pueda.
    Es un buen tipo, en mis peores momentos él siempre me ha apoyado y viceversa, lo cual ha hecho que se haya convertido en la persona en la que más confío en este mundo, pero también a la que más temo, puesto que ha hecho un gran esfuerzo por conocerme y diría yo que lo ha hecho bastante bien, en fin, si algún día me dicen “dime con quién andas y te diré quien eres”, por supuesto que con quien siempre ando es quien soy.

  13. Antonio Santos
    2 febrero, 2020 at 17:57

    Diez veces grité tu nombre
    imposible de olvidar.
    Mis brazos agité en lo alto
    esperando tu contestar.
    Cuán ingenuo fui
    obviando tu madurar.

    Nadie en esta guerra
    quisiera un día despertar
    ufano de ver sus manos
    ingenuas con sangre manchar.

    Educados zapatos nuevos,
    nieve oscura han de pisar;
    ahora nada importa,
    nuevos caminos elegidos están.

    Diez veces ignoraste mi advertencia
    aunque en buena cuna supiste llorar
    sólo dime ahora,
    y cuéntame la verdad:
    Tu…¿estas dispuesto a la penitencia
    eterna de un ladrón ayudar?

    Detestado por todos,
    incluso los más necios
    repudiarán tu nombre.

    Estudia sabiamente tus opciones,
    que bien querido fuiste siempre
    unido al escudo familiar.

    Ignorante saco de dudas,
    en cuanto recibas este escrito
    no sólo tu presente
    endeudado será,
    rompe con ese malnacido
    en cuya rama has posado tu cantar.

    Siempre tuyo. Papá.

  14. Lipegario
    31 marzo, 2020 at 17:46

    Si no decías nada, las cosas no hubieran cambiado… Estás segura que no hay marcha atrás? – Pregunté preocupado.
    Un paso más… Mía no dijo nada. Caminaba absorta pisando las sombras que las nubes proyectaban en el campo y ajustaba el paso a la velocidad que estas recorrían.
    -¿Porqué? –y agregué- ¿podés decirme, al menos, porqué?
    Nada. No agregó nada. Lo suyo parecía una extraña danza que de momentos parecía cobrar velocidad y momentos se detenía estática como si una voluntad invisible la hubiera congelado, allí donde permanecía quieta y muda con los rizos al viento. Yo, en cambio, me movía como uno de esos pesados abejorros que no saben si posarse o darse la media vuelta y huir por donde había venido. Me pregunté si mi voz podría haberla alterado al punto de sentirla como el zumbido recalcitrante de las cigarras a la hora de la siesta.
    Me recordaba esas albas figuras de capelina con que los artistas decimonónicos esbozaban a sus amores secretos, como si los deseos tuvieran una forma y color determinados para dejar plasmado en la tela lo mucho que adoraban la imagen de esas mujeres.
    Suspiré. Me pareció que estaba a punto de remontar vuelo, instada por los arrullos del viento que susurraba promesas de encuentros ideales con otros artistas; como si fuera posible que las musas se compartieran.
    De repente y sin mediar palabras, la brisa la separó de la tierra y ella hechó a volar a mejores puertos, y yo… en cambio, quedé allí mirándola, perderse en lo alto y deseando volar junto a ella… pero no, a mi me aguardaban, en cambio, otras doscientas en el escritorio.
    Me volví.
    Dime con quien andas… Tal vez debiera comenzar mi día y remontar momentos a fin de terminar lo que quedaba allí, huérfana y aislada de su presencia.

  15. 4 abril, 2020 at 11:55

    El parque del retiro en primavera, era el lugar idóneo para reunir al grupo que tanto esfuerzo nos había costado formar y dirigir en una meta común, era un grupo heterogéneo y vivo, ya que nuestra unión venía dada por una habilidad que teníamos en común -cocinar- y que habíamos desarrollado a lo largo de estos años con paciencia y tenacidad. Hace 10 años se me había ocurrido contactar con mis antiguas compañeras de universidad, no sólo para socializar, sino para unirnos en un proyecto en común que tenía que ver con la comida casera, la idea era desarrollar “el guiso casero mas grande de mundo” y así entrar en el libro guinnes de los records .Éramos 25 mujeres, todas con carrera universitaria y con gusto por la comida casera. A lo largo de todos estos años, nos organizamos y estructuramos de tal manera que conseguimos desarrollar entre todas un método basado en un ensayo ciéntifico de cómo hacer un guiso casero para 500 personas, hasta el momento el record estaba en 350, todo lo que superara esa cantidad había resultado en fracaso, el guiso de alubias canela con manitas de cerdo troceadas al vino tinto y crujiente de patata y morcilla ,era nuestro guiso. En nuestro laboratorio gastronómico lo habíamos repetido una y otra vez, en distintas proporciones para sacar la fórmula exacta para guisarlos para 500 comensales. Todo estaba medido, organizado, estructurado, teníamos la fecha exacta del evento, cada una dentro del grupo tenía su función y su parte de la fórmula que ejecutaba de forma eficaz, entre todas nos hacíamos una, ese era el secreto de nuestro éxito durante todos estos años. Reunidas aquel día en ese hermoso parque para ultimar los detalles del evento, estábamos alegres y motivadas, repletas de serotonina por todo el trabajo realizado el cual preveíamos sería un éxito. Martina -la portavoz del grupo- nos quería dirigir un mensaje. Comenzó a hablar diciendo, queridas amigas del alma, estamos unidas en un proyecto sin precedentes, pero antes quiero deciros que -su silencio nos dejó sumidas en la incertidumbre por momentos-, mientras, por sus mejillas rodaban gruesas lágrimas silenciosas mientras nos decía, me habéis salvado la vida, comenzamos a murmurar hasta que ella, repuesta del primer momento de ansiedad, continuó hablando. Según hablaba de su vida, de las circunstancias que la rodeaban cuando contactamos con ella, de cómo este proyecto la había devuelto la esperanza cuando estaba sumida en una profunda depresión de la que sólo pensaba escapar poniendo fin a su vida, de como había recuperado su identidad como persona y su valía perdida, de como había abandonado al grupo de “amigos” que la había catapultado a la desesperación, esos mismos que la decían que ella no era mejor que ellos que era igual de adicta a la cocaína y que nunca podría escapar de ese círculo, en ese momento mientras mi mente viaja al fondo de mis recuerdos, oí la voz de mi fallecida abuela que me decía “dime con quién andas y te diré hijita como eres”, esa voz me vino a recordar que estaba en el mejor lugar y con la mejor gente y que esa misma gente hacía que mi vida fuera también mejor de lo que había imaginado cuando mi abuela preocupada por mis amistades del momento me repetía una y otra vez aquel refrán de su época

  16. Esther
    12 junio, 2020 at 17:35

    “No desbebiste escuchar ni seguir a esa chica, te lo advertí”. Esa frase resonaba una y otra vez en la cabeza de Cris, era la voz de su madre y si probablemente si la hubiera escuchado con más atención, hoy no estaría en la cárcel de mujeres al otro lado del mundo. Pat y ella robaron un banco, contactaron con unos narcos para pasar droga a otro país. Ella no quería en un principio, le daba miedo, pero finalmente su amiga la convenció y no lo hicieron una, ni dos, lo hicieron tres veces. Tres atracos e innumerables servicios a los narcos, hasta que en una de sus entregas en Sudamérica, la policía estaba esperándolas y no tuvieron manera de huir. Ahora recuerda en su celda, como su amiga Pat murió a tiros por la policía mientras intentaba huir y también recuerda, todas las veces que su madre le había advertido sobre su amiga, que no era trigo limpio, que no era de fiar, que tuviera cuidado, que no le gustaba, le pidió muchas veces que alejara de ella. Pero Cris no la escuchó, pensaba que todo estaba controlado, y ahora tenía una larga condena, fuera de su país sin poder ver a su madre, sólo alguna llamada telefónica de tanto en tanto y se sentía sola, muy sola, se arrepentía de no haber escuchado todas las voces de familiares y amigos de que se alejara de Pat. Ahora no había vuelta atrás y tenía que aceptar la situación de vida que ella sola había elegido.

  17. Luis Martin Rivera Morales
    9 julio, 2020 at 06:03

    El detective pluriversal tenía un problema bastante importante, la determinación de la asociación entre un grupo de guardianes pluriversales, aquellos seres cuya forma de agruparse era tan ambigua, que ni siquiera los regentes de las normas fundamentales, serían tan osados de declarar alguna clasificación, aún ante los niveles iterados más insospechados de aquellos cargos. Entre las permutaciones permitidas y reglamentarias de la existencia, el detective en cuestión desconocía por necesidad la respuesta, y no tenía más que su propia poderosa mente, para intentar responder una incógnita que podría desembocar en su muerte.

    De color rojo su pelo, de caramelo sus labios, de mente colectiva, de secreto su entidad, y de rabia su estado; aquella que guardaba, y que entre los sospechosos estaban, era tan conocida para el detective como declaraba ser desconocida para el resto. Su mirada recelosa de la mención, perforaba de manera tan metafórica como literal, las entrañas del inconmensurablemente poderoso investigador, con intención de cesar el acto de aquel que representaba un poder más grande incluso. Sin embargo la mención había sido dada, y con ella la respuesta quedaba más clara.

    Si esa mujer descarada, arpía y sedienta de destrucción estaba allí, no cabía duda de que quienes la acompañaban serían otros agentes del caos como su compañera, atrapados por las incurrencias ante los decretos más básicos de sus cometidos. Era una aseveración arriesgada aun con todas, pues ser pluriversal era, después de todo, pero él detective unió cabos tan rápido, que se presentó ante él como una epifanía, misma que al final le dio la razón y le permitió vivir un conjunto más para continuar laborando.

  18. Cristina SR
    11 agosto, 2020 at 00:02

    La educación, puede serlo todo. El entorno en el que crezcas, puede también serlo todo. Después están los espíritus divididos entre aquellos de insaciable sed de saber y conocer más y, por otro lado, aquellos que no llegan a albergar la luz del cuestionamiento.
    Nergüi no conocía otro escenario que la taiga de Mongolia. Había nacido y crecido en el seno de la tribu Dukha y llevaba una vida itinerante; los renos eran el eje sobre el que giraban su supervivencia, su identidad cultural y también la espiritual.
    Pero la globalización llegaba también a ellos y, este modo de vida, se iba reduciendo a cada vez menos miembros de la tribu. Ligado también, al importante descenso del citado animal. Hoy, grupos de turistas los visitan. Y Nergüi pronto empezó a tener más y más curiosidad que, un día, lo llevaría a partir en uno de esos viajes con los turistas de vuelta. Su contacto y ayuda había sido un fotógrafo que venía mucho con las excursiones.
    Empezaba una nueva etapa de su vida y no sabía hasta qué punto ya había empezado.
    Al parar en un campamento a descansar en el largo viaje, Nergüi tropezó con un joven que le sonrió. Adil venía del Valle de Hunza, en Pakistán. Hacía cosa de dos años, había dejado atrás a su poblado, para descubrir todo lo que había más allá de las montañas.
    – Me llamo Nergüi, que significa sin nombre.
    En seguida Adil entendió lo que estaba pasando con ese muchacho. Miró sus ropajes, vio su rostro de incertitud e ilusión y se sintió identificado.
    Se sentaron a charlar y Adil dijo:
    – Háblame pues de tu pueblo, así entenderé quién eres.

  19. Asara
    15 agosto, 2020 at 22:40

    Miro a mi alrededor y me percato de que todos los «grupitos» ya se están formando. Me obligo a tomar una inmensa bocanada de aire. Tengo que darme prisa. Comienzo a analizar las alianzas. El instituto es una selva despiadada en la que las inseguridades se reflejan mediante la falta de compasión. Si no eres parte de una «tribu», ya puedes ir olvidándote de una experiencia juvenil placentera: te conviertes en carnaza. Ya había pasado por este proceso cuando era más pequeña y sabía que no me quedaba mucho tiempo para lanzarme al ataque.
    El problema es que la adolescencia es una etapa en la que la autoimagen aún no está definida. No sabemos quiénes somos ni quiénes queremos ser. Tenemos una idea, posiblemente equivocada, de quién creemos ser; y tenemos una idea, posiblemente aún más errónea, de en quién creemos que nos vamos a convertir. Esta triste verdad nos obliga a hacer nuestra elección «tribal» basándonos únicamente en las falsas verdades que nos decimos y en lo que creemos que nos va a beneficiar más.
    Reemprendo mi búsqueda del grupo perfecto (el «necesario»). Es una decisión trascendental, así que me planteo en ese momento las cruciales preguntas: ¿En quién me quiero convertir? ¿Cómo quiero ser percibida? Si voy con ese grupo de ahí, ¿qué pensarán los demás? ¿Cómo cambiará mi personalidad si decido ir con ésos o con aquéllos?
    «Dime con quién andas y te diré cómo eres». Si eso es cierto, tengo la oportunidad, aquí y ahora, de forjar mi propio destino; mi elección puede ayudarme a moldear mi «futuro yo». Y si no lo hago deprisa y demostrando absoluta confianza en mi misma, me devorarán los leones. Quién es quién. Quién quiero ser. La importancia de las apariencias, contrastada con la importancia de ser sincero con uno mismo.
    Muy bien, ya está. Tengo que caminar hacia ellos como si fuese lo más natural del mundo. Soy parte de ESTA manada. No hay lugar para error, para dudas. No puedo dejar que huelan mi miedo. Adelante; sigo adelante. Solo quedan unos pasos. Considero cuidadosamente los siguientes pasos, literales y figurados. ¿Saludo y me presento, ofreciendo una gran sonrisa? ¿Me acerco medio sigilosa y simplemente me pongo a su lado, como si llevara ahí toda la mañana? ¿Hago como que me tropiezo con uno de ellos?
    Ya he llegado. Respiro. Mi vida está a punto de cambiar…

  20. Melina
    19 agosto, 2020 at 01:27

     Dime con quien andas y te diré quién eres.

    Oh, cariño, si supieras cuanto te equivocas, pensé, mientras los firmes ojos de Tarek excavaban en mi alma al pronunciar una frase tan común.

    ¿Quién quería que fuera yo, acaso? ¿Una persona seria, correcta y perfectamente corriente? O quizás, ¿aquella persona salvaje con la que salías un día y perdías para siempre? En esa pequeña fracción de segundo, me pregunte cual seria la respuesta correcta al ligar.

     Tal vez el mundo anda conmigo y tu no te has dado cuenta; y tal vez soy una composición perfectamente fluida de todas las voces que en el habitan.

    Y lo conseguí, finalmente, ligue. Pero al volver a casa, con mi pequeño secretito metido en la piel, solo las sombras esperaban por mí, discretas y siempre atentas.

    Mas no les dije nada, para sorpresa de todos, y solo me desgarré la piel. Allí estaba, el Ser de Tarek, su conciencia más profunda, su alma, brotando de mi sangre; y se las ofrecí, porque era lo que debía hacer, aquel era mi pago y mi deuda.

    Como era de esperarse, solo tuve un segundo para apartarme antes de verlos devorar cierta alma con sevicia y fijar sus profundos e inhumanos ojos en busca de más.

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