Propuesta 18 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-18En esta propuesta debéis escribir un cuento de hadas para niños con una extensión máxima de 3.000 caracteres inspirado en la imagen que veréis debajo de este texto.

 

 

Recordad que para contar las palabras de un texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de palabras en línea como estos:

 


Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

 

Imagen para la propuesta 18

relato de hadas propuesta de redaccion

taller de novela-

TALLER DE NOVELA
presencial en MADRID
Jueves
de 19,30 a 20,45
Zona Retiro
Grupos reducidos

 

El objetivo de este taller es guiar a los participantes en el trazado, la planificación y la redacción de su propia novela.

 

 

 

  9 comments for “Propuesta 18 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    22 septiembre, 2016 at 06:30

    ¿Alguna vez has sentido un ligero viento pasar junto a tu oído? Yo solía hacerlo y pensar que se trataba solo del aire intentando despeinarme, pero no, no era eso. Verás, sucede que un día, al pasar ese ligero viento junto a mi oído, le dije -Viento, ¿porqué me quieres despeinar? Para mi sorpresa, por respuesta escuché una pequeña risa. ¿Una risa? Sí, una risa alegre y juguetona. Voltié la cara para ver quién se reía, y me topé con una pequeña mujercita parada sobre mi hombro. ¿Quién eres tú? – le pregunté sorprendido, pero no respondió nada, sólo siguió riendo. Lo interesante es que no me daba miedo, pues tenía un rostro amable y una risita alegre. Mi miraba curiosa, risueña. -Dime tu nombre- le pedí. La mujercita no dijo nada, tan sólo alzo la mano y sopló, y al soplar, de la palma de su mano se desprendieron un centenar de burbujas que luego flotaron por el aire delante mío. ¡Que hermoso!- pensé. Luego me dí cuenta de que la mujercita tenía dos alistas a la espalda -¡Un hada!- -Oye hadita linda, dime algo por favor que quiero oír tu voz- Entonces el hada sopló a mi oído y sentí ese vientecito que no despeina y comprendí: no era viento, sino la manera en cómo mi hadita se comunicaba conmigo, me dejaba saber que estaba siempre ahí, acompañándome. Así es que ya lo sabes, si en algún momento sientes un ligero viento en tu oído, es la voz de tu hada que te dice que no estás solo, pues ella está siempre contigo.

  2. Narradora de Cuentos
    23 septiembre, 2016 at 17:05

    Las siete lunas que precedieron al gran rito, las jovenes dormitaron alejadas del poblado. Marginadas de ojos masculinos, preservadas de cualquier intromisión , en su azorada catarsis de abandono a la infancia.

    El amanecer las sorprendió excitadas…

    El gran día amaneció irradiando valientes destellos , librando batallas a las ultimas brumas. Los murmullos del bosque, recordándoles que ya no estaban solas , sintonía familiar y armónica. Serena en ese instante, naturaleza, de sonidos mágicos y colorida paleta , salpicada de seres anónimos, pululando por sus entrañas , poniendo el alma y rompiendo los silencios de la amada Pachamama *

    Las mentes anhelantes, los pechos agitados , mohines que adivinan impacientes,noches de abandonados abrazos.

    Mujeres sabias de callosas manos, ungen sus cuerpos de coloridas arcillas , adornando sus cuellos con laboriosa artesanía de sus ancestros.
    Avanza el día, el ayuno y la preparación al chakra culminará al ocaso , entre tanto el viejo chamán ahuyentará, alimañas terrenas y captará deidades empíricas , con devota entrega. Toda la aldea muestra mudo respeto. Inician cabizbajos la senda tortuosa. Descalzos los pies sufren abnegados, con la plenitud de enraizarse con la Pachamama, transitando por el mismo sendero, según reza y recoge la sabiduría popular, que lo hicieran sus ancestros.
    Las púberes elevadas de la tierra, van en volandas ,agasajadas en palanquines, en breve darán la bienvenida, protagonistas absolutas de
    » la danza de las hadas » …

    Vislumbran el manantial, las voces en trance de los machos jóvenes callan , al murmullo de las tibias aguas , las bellas vestales se sumergen delicadas, evolucionan sinuosas , miradas púdicas se dedican unas a otras, la felicidad irradia sus rostros … Lentamente inician el baño purificador , aladas y etéreas fluyen entre fascinantes mágicos y efímeros mundos , que los niños dibujan para ellas en el aire, inmersos en su infantil ensoñación, esferas cristalinas danzan elípticas …

    Pachamama ( Madre Tierra entre los pueblos indígenas de los Andes )

    Me he fijado en la foto y he olvidado que era para niños !!! … Ahora al leerte Azul es cuando me he dado cuenta … En fin !!!

    • Azul Bernal
      16 octubre, 2016 at 00:25

      jajajaja! A mi se me va contar las palabras! cada quien su olvido–

  3. 27 septiembre, 2016 at 20:56

    Hace mucho, mucho tiempo, las hadas vivían entre nosotros. Estos pequeños y mágicos seres alados, revoloteaban por nuestros jardines, se posaban sobre nuestras flores e incluso las más intrépidas, entraban por nuestras ventanas a plena luz del día. Cuando caía la noche, todas y cada una de ellas buscaban cobijo al abrazo de los seres más dulces e inocentes que existían en nuestros hogares, los niños. Cuanto más pequeñitos mejor pues su dulzura e inocencia eran una fuente de recarga de magia para ellas. Conforme estos niños iban creciendo, cuando cambiaban la cuna por la cama, las hadas buscaban nuevos compañeros de sueños sin ningún tipo de tristeza ni apego, pues nunca antes estos niños fueron conscientes de su presencia nocturna. Los adultos entreabrían las ventanas al caer la noche, pues querían que sus pequeños fueran acunados por las hadas, como un día lo fueron ellos, cuando fueron niños. Aunque no lo recordasen.
    Por su parte las hadas, a cambio del cobijo nocturno, ayudaban a los humanos a cumplir algunos de sus deseos con sus mágicos poderes. Siempre desde la distancia, pues a pesar de la convivencia con nosotros desde tiempos remotos, en su interior tenían un instinto de autoprotección, como lo tienen los pájaros que no se dejan atrapar. Nos amaban y nos temían a partes iguales.
    Y así transcurrió, la convivencia entre los humanos y las hadas, desde tiempos ancestrales. Hasta que llegó Étel y todo cambió.
    Étel era una joven hada que compartió cuna con un bebé muy especial. Desde el primer momento que ella entró por la ventana, Nico fue consciente de su presencia, pues comenzó a sonreír nada más verla volar y lloraba sin consuelo al amanecer al verla partir. Al principio Étel, aun con un gran nudo en el estómago, lo dejaba llorando a su suerte. Pero pronto pensó que la mejor opción sería quedarse tras la ventana, hasta que llegasen sus papás y calmasen su llanto. Cada vez se le hacía más difícil verle llorar. Toda la magia que recargaba por la noche se agotaba con la primera lágrima que derramaba su pequeño amigo al verla marchar. Durante el día permanecía apagada, sin fuerzas para brillar ni cumplir los deseos de los adultos. Sus compañeras, preocupadas, trataron de convencerla para que cambiara de niño, que todos eran igual de bonitos e inocentes, pero ella cometió el error de empezar a quererle y no hacía más que negarles con la cabeza, sin soltar palabra. No podía explicarlo, no lo entenderían.
    Esa noche entró por la ventana de Nico y durmió sobre su regazo. La magia de Étel era ahora tan grande como para volar hasta el cielo y volver. Pero llegó el amanecer, y con él, el momento de su diaria partida. Aunque esta vez no fue así. Estuvieron jugando y riendo hasta que se abrió la puerta y se asomaron sus papás. Étel, temblando de miedo, se mantuvo sentada en la cuna, tratando de mantener una tímida sonrisa en su rosto.
    Los adultos, boquiabiertos, no cesaban de observarla, sin mediar palabra. Al cabo de unos segundos, la mamá de Nico le devolvió una sonrisa tan grande, que a Étel le dejaron de temblar las alas. Desde ese día, fue una más en la familia.
    Nico fue creciendo, pasó de la cuna a la cama, comenzó a ir al colegio y Étel siempre volaba a su lado. Algunos niños se sentían privilegiados de tener un hada en clase, ya que poco a poco fue jugando con todos y cogiéndoles mucho cariño.
    A pesar de ello, otros sentían verdadera envidia, por no tener un hada en casa como compañera de juegos, así que pronto llegaron los problemas.
    Los padres, más envidiosos si cabe que sus propios hijos, comenzaron a cerrar las ventanas de sus hogares para que al amanecer, las hadas que dormían con sus bebés no se escapasen. Lo que no sabían es que un hada retenida contra su voluntad, pierde su brillo, y su magia. Se convierten en seres grises y tan delicados que un simple soplido las podría reducir a cenizas.
    El rumor llegó pronto a las hadas más longevas, y prohibieron a sus semejantes acercarse a cualquier humano, por muy inocente y dulce que pareciese. Tendrían que buscar otra forma de recargar su magia.
    Los humanos, por su parte, comenzaron entonces una caza nocturna de hadas y ahí fue cuando de la noche a la mañana, nadie más volvió a ver a esos seres revoloteando por sus jardines, nadie más veló por sus bebés en la noche y la magia se extinguió para todos. Para todos menos para Nico y sus amigos, pues ésta desoyó las órdenes de sus semejantes y decidió correr el riesgo de quedarse con ellos.
    Un buen día, mientras Étel, Nico y sus amigos jugaban a hacer pompas de jabón en el parque, dos hombres enmascarados corrieron hacia ellos y cazaron a la pequeña hada. Los niños comenzaron a gritar, pero Étel ya estaba dentro de una red y su brillo comenzaba a debilitarse. —“¡Vuela Étel, vuela y escapa!”—gritaba Nico desesperado. Pero le era imposible llevarlo a cabo sin su magia. De pronto, Nico tuvo una idea. Comenzó a tirar hacia ella pompas de jabón. Sus amigos, conocedores del juego, hicieron lo mismo. Los hombres comenzaron a reír y a burlarse de ellos, pues no entendían nada de lo que estaban haciendo. De hecho, todas las pompas explotaban cuando llegaban a rozar la red. Y así estuvieron, un largo rato, los niños inundando el parque de burbujas, los adultos sin parar de reír. Hasta que hubo una que aun contenía algo de polvo de hada del juego anterior, traspasó la dura cuerda, y Étel saltó dentro de ella. Escapó así de una muerte segura y en su huida por el cielo, Nico supo que no volvería a verla nunca más, alzó sus brazos al aire y se despidió de ella con una enorme sonrisa. Mientras, los demás niños, temerosos de que cayese de la frágil pompa, comenzaron a inundar el cielo de muchas más. Étel, ya a salvo, decidió guardárselas, para llevarse consigo un pedacito de cada uno de ellos.
    Hoy en día, se dice que cada pompa de jabón que explota, viaja hasta la luna, rebota en dos estrellas y se adentra en el reino de las hadas. Gracias a ello, las hadas siguen vivas pues en el reflejo de cada pompa de jabón viene dibujada la sonrisa del niño que la creó, aunque ya sea adulto, pues no hay ojos adultos que no brillen como los de un niño cuando persiguen el vuelo de su colorida burbuja por el cielo.

  4. Cesar Augusto Miranda Arredondo
    8 octubre, 2016 at 05:53

    Mi hada
    Te vi… de pronto apareciste de la nada, no pude ver tu rostro, sólo una silueta tuya, pareció que también me viste y te dirijiste hacia mí; tuve miedo, pero me dijsite -no temas no te hare ningún daño -te pregunte tu nombre – luego te lo digo –me dijiste.. ¿que quieres de mi? –te pregunte. Entonces escuche una melodía parecía que provenía de un violín pero no lo encontré –he venido a darte lo que me pediste soy Clara tu hada ¿qué te pedí? -ya lo veras.
    Estábamos en un lugar muy extraño, al horizonte se podía ver un mar azul “¿dónde estamos? -me pregunte Y esa melodía no paraba de oírse cada vez con más intensidad, tu voz era suave y agradable al oído.
    -Me pediste un don, ¿ya lo olvidaste? -¿Un don? -Trate de recordar pero no podía estaba mas encantado con tu presencia. Y de pronto aparecieron unas pombas que flotaron en el aire, tomaste una en la mano y la mirabas fijamente por un momento y luego la soplaste hacia mí mientras las demás pompas me rodeaban y luego se reventaba; la melodía continuaba escuchándose, no podía saber de dónde provenía, miraba hacia todos lados pero no encontraba al músico; debe ser un gran músico el que toca – pensé
    Entonces sentí que la melodía, esa música tan tierna hermosa provenía de mi interior, como si hubiese entrado en mi pecho. – ¿qué está pasando? – me dije, entonces tomaste la palabra y me dijiste: este pequeño don que te di es para que ayudes a las personas. – no entendía lo que me decías, pero el miedo ya había desaparecido.
    Me diste la espalda y pude ver que tenías alas – es un ángel -pensé quise ir tras de ti pero en ese instante… desperté había sido un sueño, me sentí apenado, eras un hada, y cuál sería el don que me habías dado – en fin solo fue un sueño- pensé
    No quise hablar nada al respecto, era tan bueno para ser verdad – me decía. Para la tarde mi padre llego con un violín, era muy hermoso, pero no quiso que lo tocase.
    – Mañana vendrá un profesor de música a enseñarte, es lo que querías, ¿recuerdas? – me dijo y recordé que le había pedido aprender la a tocar el violín a mi padre, no quería que lo tocase pero la tentación de querer tener entre mis manos ese instrumento pudo más, lo tomé y la música de mi sueño vino a mi mente y lo reproduje con el violín.
    Mi padre no lo podía creer, él sabe que nunca antes había estado en contacto con un violín pero quedo fascinado entonces entendí que el don que me habías dado era ese.

  5. Sandra Carrion Estay
    24 noviembre, 2016 at 08:25

    -¿Quièn eres? – Le pregunta curiosa la niña – No me asustas, mi abuela me dijo que los duendes y las hadas existìan para los niños y tù eres un hada. ¿Còmo te llamas? Me llamo como quieras llamarme -Responde- Y sì, tu abuela tiene razòn, yo existo porque existen tus sueños y ahora vamos a volar juntas como soñaste, hasta ese lugar colmado de flores rosadas y lilas y rebosante de pasto tierno y suave. Donde comìas muchas frutillas con chocolate y no te dolìa la guatita y comìas muchos helados diferentes y no te hartabas. ¿Te gustan las burbujas Amanda? …Sì -responde – ¿Còmo sabes mi nombre? Y soplando suavemente hace surgir una infinidad de pompas de diversos tamaños, que provocan la risa de la niña y la niña comienza a saltar tratando de atrapar una burbuja.
    ¡ Amanda!, ¡Amandita!, ¡Despierta mi amor!, te caeràs de la cama con tantos brincos.
    -mamà, un hada vino a jugar conmigo -dijo la niña ansiosa por continuar durmiendo y molesta por haber sido despertada.

  6. Luis Martin Rivera Morales
    9 julio, 2020 at 08:01

    Esta es la historia de una pequeña y alegré hada llamada Ondina, y de una pequeña niña humana llamada Sofía. Ondina era un hada de agua, que luego de sus labores cotidianas en el pueblo de las hadas, solía ir a juguetear en un estanque, acompañada de jabón de unicornio, generaba las más espectaculares burbujas de todo el mundo, que maravillaban a chicos y grandes, que se acercaban al estanque con la mera intención de apreciar los magníficos colores y las extraordinarias formas que lograba esta talentosa hada.

    Podía hacer perros y gatos, conejos y gaznos, altas jirafas o grandes elefantes , de colores rosas, amarillos, azules, moradas, negros, blancos, de toda tonalidad e intensidad con sus conocimientos profundos de su arte en las aguas y el extracto de unicornio de sus jabones mágicos. Ondina tenía muchos seguidores, quienes la veían todos los días, entre ellos la más destacada era una pequeña niña humana llamada Sofía, que sin falta, asistía todos los días en que se presentaba Ondina. Iba al estanque y esperaba horas todos los días, luego de clases, a que aquella alegre hada se presentara y la deslumbrara con sus maravillosas burbujas.

    Sofía inclusive había ahorrado para comprar una pequeña tina, con la que intentaba hacer burbujas tan deslumbrantes como las de Ondina, pero ella no era más que una simple niña, por lo que las burbujas que hacía eran siempre las mismas, del mismo color transparente, esféricas y sin chiste. Fue entonces que a Sofía se le ocurrió una idea, que para ella era brillante, para no tener que esperar a que Ondina se presentara de manera azarosa en el estanque, y poder disfrutar de las increíbles burbujas todos los días, se la llevaría a casa y asunto resuelto.

    La pequeña niña entonces consiguió un frasco, le hizo un solo hoyo pequeño, y se dirigió al pueblo de las hadas. Los humanos tenían prohibido entrar a aquel lugar, pero como nadie lo hacía, las hadas guardia no hacían vigilancia, por lo que fue fácil para Sofía llegar donde Ondina, y colocarla en el frasco mientras dormía.

    Una desorientada Ondina, despertó en la mañana, intentando entender en dónde se encontraba, respuesta que fue rápidamente contestada, por la misma Sofía.
    _ Estas en mi casa_ dijo Sofía_ y desde hoy tú serás mi hada y me harás tus esplendidas burbujas todos los días.
    La pequeña Ondina estaba desconcertada, e intentó razonar con Sofía, pero la niña no aceptaba quejas ni protestas, pues ella solo quería que el hada se pusiera a hacer sus burbujas. Ondina intentó complacer a Sofía, con el afán de regresar a su hogar algún día, pero conforme los días pasaban, la única que se regocijaba era la pequeña niña, pues la pobre hada a penas y recibía comida, y ya no le quedaba ni una gota de energía.

    De a poco, las burbujas de Ondina perdían sus dotes, ya no eran tan llamativas ni tan coloridas, habían perdido algún algo, que les daba aquel toque. Por más que Sofía consiguiera jabón de unicornio de las tiendas de magos, los trabajos de Ondina no volverían a ser lo mismo, y por más que Sofía reprochara, Ondina no podía continuar haciendo sus burbujas como antes. Sofía empezó a dejar días enteros sin comer al hada en forma de castigo, y cada noche la pequeña hadita, comenzaba a sollozar, pidiendo en silencio el poder regresar con sus amigos y familiares.

    La pequeña niña al escuchar al hada llorar, comenzó a meditar sobre sus actos, pues se había dado cuenta que el hada era un ser vivo, que tenía a sus propios amigos y familia, y que ella se sentiría muy mal si alguien se la llevara y obligara a hacer algo que ella no quería. Fue así como cargada de arrepentimiento, Sofía prontamente tomó al hada y la regresó al estanque. Mientras la liberaba, entre lágrimas, Sofía le pedía perdón a Ondina, quien con pocas fuerzas a penas podía moverse, pero que conectó la cachetada más fuerte que pudo en la mejilla de la pequeña niña.
    _ Te perdono_ dijo Ondina_ pero quiero que tengas claro que estas cosas no se hacen, pequeña bobita.
    Entonces las dos se dieron un abrazo, y Ondina regresó a su hogar, donde la recibieron contentos aquellos que la conocían. Por su parte, Sofía, fue a su casa y se entregó a sus padres, quienes no pudieron evitar ponerle castigo, pero que al ver que había aprendido su lección, lo mantuvieron en lo más pequeñito.

    Sofía sigue visitando el estanque donde Ondina hace sus burbujas, siendo que ahora que está contenta, aquellas burbujas recuperaron su belleza, y tanto Sofía como Ondina, tienen una nueva sonrisa.

  7. Melina
    30 agosto, 2020 at 06:46

    Hace algún tiempo ya, cerca de un bosque, vivía una familia común. De hecho, no tenían nada en especial. Eran solo una madre, un padre, un par de gemelos y un perro.

    Pero un día, la madre, por curiosidad, probo un fruto del bosque y cayo gravemente enferma. La fiebre la consumía y las alucinaciones la tenían en un mundo absolutamente diferente. Ya no reconocía a nadie. Físicamente, había dejado de comer y quizás le quedarían pocos días de vida.

    Poco tiempo antes, los gemelos habían escuchado de un ser mágico que vivía del bosque, y que protegía a este, rondaba por aquí y allá alejando humanos, y dormía dentro del agua.

    Los gemelos, desesperados, salieron a hurtadillas una noche en la que el viento azotaba las ventanas y hacia crujir la puerta. ¿Por qué en la noche? Porque así el padre no los vería y el perro no alertaría de la fuga de estos. Vagaron por el bosque toda la noche y hasta el mediodía del siguiente día hasta caer desmayados sobre un enorme roble. Pensaron que quizás no la encontrarían.

    Extrañamente, ambos hermanos soñaron con un ser sin sombra, el cual les enseño el camino que debían seguir para encontrar a la mágica criatura guardiana del bosque. ¿Por qué se las enseño? Lo descubrirían un poco más adelante.

    Los jóvenes caminaron por el bosque, a veces olvidando el camino, pero finalmente llegaron al lago donde se decía que vivía.

    Por supuesto, el lugar estaba vacío, solo el tronar del rio llenaba el silencio absoluto del bosque. Decididos a pedir ayuda, esperaron durante días sin comer y ya sin fuerzas, habían perdido la esperanza.

    De nuevo, durmieron.

    En sus sueños, que debo decir, fueron conjuntos, vieron a una hermosa mujer con una gran ave a la espalda. Al acercarse los gemelos, vieron que esta mujer era ciega, a pesar de que los miraba directamente.

     ¿Qué buscan en mi bosque, ustedes moribundos?

    Los hermanos, temerosos y admirados, respondieron al unisonó.

     Pedimos por la vida de nuestra madre. Es una gran mujer, pero comió un fruto envenenado de tu bosque. Venimos a rogar de tu ayuda, pues ella esta muriendo y no le queda mucho.

    La mujer, que a causa de su ave parecía tener un par de alas, pensó en su pedido y se acercó. No llego a tocarlos, pero acerco la mano a sus pechos y sin mirar, observo dentro de sus corazones.

     La salvare, mas una gracia se paga con otra. La salvare, a condición de que ustedes protejan este bosque para siempre en mi lugar.

    Los gemelos se miraron entre sí, dudando, pues era un juramento de vida a un ser divino, pero ¿Qué más podían hacer? La vida de su madre estaba en sus manos.

    Aceptaron, y sin tardanza, despertaron.

    Tardaron poco en volver a su hogar, pues aquella mujer les había obsequiado el bosque en la palma de sus manos y ahora lo conocían mejor que a cualquier cosa. Al llegar, su madre se encontraba en la entrada del bosque, mirando ansiosa la llegada de sus hijos, pues sabia en el fondo de su corazón que allí se encontraban.

    El encuentro fue entrañable y los abrazos duraron mucho tiempo. Jamás se vio a una familia tan alegre.

    Aquellos gemelos, a causa de su deuda, jamás se fueron del bosque. Se casaron, y crearon sus propias familias, vivieron felices y juntos, pero jamás olvidaron el obsequio de aquel ser mágico que los había ayudado, y honraron su palabra hasta el último día de sus vidas.

  8. María Cervera
    12 octubre, 2020 at 21:51

    Había una vez una niña llamada Paula. Vivía en un pueblo muy pequeño al lado del mar. Paula era una niña inteligente. Le gustaba leer, escribir y pintar. Por las noches escuchaba a su padre, le contaba cuentos antes de ir a dormir. Tenía una habitación con una litera. Ella dormía en la parte de arriba, su hermano pequeño en la parte de abajo, aunque muchas veces acababa durmiendo en la habitación de sus padres. Paula tenía muchos sueños, quería ser profesora, escritora, pintora y diseñadora de moda. Su color preferido era el verde, empatado con el azul y a veces con el rosa. Tomaba infusiones muy diluidas y un poco frías. Era experta en cocina, ayudaba a su madre a hacer la comida.
    Un día paseaba con su hermano y su primo por el bosque. Jugaron a enterrar semillas de diferentes plantas, calabaza, nuez, etc. Mientras removían la tierra, Paula encontró una piedra muy bonita. Estaba muy sucia, pero llamó mucho su atención. Decidió guardarla en su bolsillo hasta que encontrara una fuente donde poder limpiarla. Después de jugar y caminar un buen rato, encontró una en un parque infantil. Allí cogió la piedra y la lavó. Resultó ser de color blanco algo transparente. En ella parecía haber unas iniciales: H.M.
    Paula pensó que quizás pertenecía a alguna niña del barrio. Su nombre empezaría por H y el apellido por M, pero no conseguía encontrar ningún nombre que tuviera una H como primera letra. Quizás fuera de otro país. De cualquiera manera ella no estaba dispuesta a darle la piedra, porque era muy bonita y a parte le había costado mucho limpiarla.
    Cuando llegó a casa, escondió la piedra en su caja de la buena suerte, porque sabía que la ayudaría a conseguir muchas cosas que ella quería. Empezando por unos lápices de colores con dibujos de Minie Mouse que hace mucho que pedía a sus padres. Su hermano Martín era algo chafardero y en seguida quiso saber que era lo que su hermana escondía en su caja.
    – Es un secreto. No se lo puedes decir a nadie. He encontrado la piedra de la buena suerte. Podemos pedirle todo lo que queramos. Pero no se lo puedes decir a nadie.
    Martín asintió con la cabeza, aunque sabía que lo que realmente tenía que hacer, era robarle la piedra a su hermana. Hace mucho tiempo que había pedido un camión de bomberos nuevo y con ella lo podría tener.
    Aquella noche Paula soñó que era una profesora muy importante. Sus alumnos eran sus propios compañeros de clase. Se sentía poderosa. Podía castigar a aquellos niños que siempre se portaban mal y premiar a sus amigos. Fue una de sus mejores noches, en mucho tiempo. Al levantarse, se dirigió hasta la caja y sacó la piedra. Seguro que gracias a ella había podido dormir tan plácidamente y con ese sueño, le había mostrado el que seguro sería su futuro. La guardó de nuevo en la caja, su madre la llamaba para ir a desayunar y no quería que la viera. No le gustaba que recogiera cosas del suelo. Decía que, seguramente, un perro podía haber orinado encima. En el barrio había muchos perros, con lo cual era muy probable.
    Paula se fue al colegio aquella mañana. Su hermano pequeño se inventó que no se encontraba bien y que le dolía la barriga para no tener que ir. Mientras su madre hacía faena, entró en la habitación de su hermana y sacó la piedra de la caja.
    – ¿Y ahora como funciona esto? Piedra bonita, quiero un camión de bomberos.
    Esperó en silencio….
    – Piedra bonita, dame lo que quiero. El camión de bomberos.
    Martín frotó la piedra y de repente se iluminó. Aquella luz se hizo grande e intensa y de ese resplandor, apareció una mujer muy hermosa con unas alas en la espalda. Era un hada.
    – Hola Martín, soy el Hada Mada. Se que eres un niño bueno, aunque le hayas cogido la piedra a tu hermana. Te daré el camión que tanto deseas, pero has de cumplir lo que te voy a decir ahora. Quiero que le digas a tu hermana todo lo que ha pasado. Los dos debéis darle esta piedra a un niño que realmente la necesite. Pero él no puede ver que se la dais, Ha de encontrarse la piedra, al igual que le pasó a tu hermana, y la ha de querer y cuidar. La Hada Mada premia a los niños buenos que aman y respetan la naturaleza.
    – ¿Pero cuando me vas a dar el camión?
    – El deseo te será concedido cuando otro niño tenga la piedra. Mientras tanto, tu y tu hermana la debéis cuidar y proteger de los adultos.
    – ¿Qué pasa si un adulto coge la piedra?
    – La magia desaparece Martin, y todos los niños pierden todos los deseos concedidos. Se buen niño y hazme caso. Me tengo que ir.
    La Hada Mada desapareció. Martín se quedó con lo ojos muy abiertos mirando la piedra. La guardó en la caja de su hermana y esperó pacientemente a que ella llegara.
    Paula corrió hacia su habitación nada más llegar. Abrió su caja y cogió su piedra. Martin llegó rápidamente y le contó lo sucedido.
    – ¿Pero qué has tomado, tienes fiebre? Quería enseñarle la piedra a mi amiga Alba.
    – No podemos hacer eso, no me dará mi camión.
    – ¿Por qué te ha de conceder a ti un deseo si la piedra la he encontrado yo? ¿Cómo sé que todo lo que has dicho es verdad?
    – Frotemos la piedra, quizás aparece de nuevo.
    – La piedra es mía y tu no deberías haber tocado mi caja de la suerte. No tengo ganas de hablar contigo. Sal de aquí si no quieres que llame a mamá.
    Martín salió resignado de la habitación y se dirigió a la cocina donde estaba su madre. Quería controlar que Paula no le contara nada a cerca de la piedra. Según la Hada Mada, si un adulto se enteraba de su existencia, los demás niños se quedarían sin sus deseos concedidos y de rebote él también. Tenía que convencer a su hermana de que su historia era real, pero la verdad no sabía cómo hacerlo.
    Paula estaba enfadada con su hermano. Siempre estaba tocando sus cosas. Sus juguetes, sus libros, sus pinturas…y ahora también su piedra. Estaba segura de que se había inventado esa historia para quedarse con ella. Pero ¿y si todo lo que le había comentado era verdad? ¿Qué pasaría si frotaba la piedra? ¿Aparecería la tal Hada Mada? Sabía que su hermano no creía en hadas ni en princesas. Apenas atendía a su padre cuando le explicaba cuentos. Era muy diferente a ella. Alguna vez había intentado jugar con él a crear historias fantásticas, pero siempre acababa aferrado a sus coches y sus camiones. Poco a poco el enfado se fue desvaneciendo y las dudas se iban incrementando. Cogió la piedra y empezó a mirar las iniciales grabadas. H.M. ¿Hada Mada? ¿Podría su hermano crear un cuento a partir de esas iniciales? La frotó con sus manos y empezó a brillar. Asustada, la lanzó contra la cama. Llamó a su hermano, con mucho cuidado de que su madre no se diera cuenta de lo que tramaban.
    – Martín, he frotado la piedra y ha empezado a brillar. Empiezo a creer que la historia que me has contado es cierta.
    – Pues me alegra que te creas lo que digo por una vez. He visto a esa Hada y me ha pedido que hagamos que un niño la encuentre. Así se cumplirá mi deseo.
    – No entiendo porque tendría que ayudarte. Yo no le he pedido al hada ningún deseo. Así que todo lo que haga será en beneficio tuyo, mientras que a mi no me concederá nada y me quedaré sin la piedra.
    – Podemos hacer que el Hada vuelva a aparecer para que te conceda a ti también un deseo.
    – Explícame como era, igual me da miedo verla.
    – Pues alta y delgada. Estaba envuelta en una especie de aureola con los colores del atardecer. Tenía el pelo largo y liso, dos alas de mariposa en la espalda. Estaba envuelta esferas. Parecían pompas de jabón. Dentro había cosas muy diversas, coches, niños riendo…Olía al perfume de la abuela Antonia. Tenía los ojos muy pequeños y una sonrisa muy grande. Su voz era dulce y delicada. Más que hablar parecía que cantaba. Era muy guapa.
    – Puede ser que en esas pompas están los deseos de los demás niños… creo que no debemos hacer aparecer al hada de nuevo y he decidido ayudarte a pasar la piedra. Conozco una persona que sabrá tratarla bien y la apreciará. Le gusta la naturaleza y creerá en la historia.
    – ¿Puede ser el primo Adrián?
    Paula sonrió.
    – ¿Quién si no?
    – ¿Qué pasa con tu deseo? ¿No vas a pedir ninguno?
    – Si todo sale bien, no será necesario.
    Aquella misma tarde acordaron un plan para pasar la piedra a su primo. Adrián era algo mayor que Paula. Al igual que su prima, brillaba por su inteligencia. Era un gran amante de la naturaleza y de los animales en general. Des de muy pequeño, habían tenido mucha relación. Se querían como hermanos. Muchas veces, en secreto, habían hablado de pasar sus vidas unidos de alguna manera u otra. Sobre todo, Paula y Adrián. Ella ayudó mucho a su primo cuando se enteró que era adoptado. Sus padres no quisieron ocultarle nunca la verdad. Al principio le fue difícil entender el concepto. Era muy pequeño, y para él sus padres eran los que veía a diario. Después empezaron a surgir las dudas y en su mente se crearon muchos interrogantes. Por suerte, siempre estaba su prima para escucharlo o simplemente acompañarlo en esos momentos.
    Los dos hermanos cogieron la piedra y la dejaron en la puerta de entrada de casa de su primo, justo antes de que él saliera para ir al colegio. Normalmente se solían esperar en una esquina de la calle para ir los tres juntos. Fueron muy cautelosos porque sus tíos no podían encontrarla. Mientras esperaron en la esquina vieron que Adrian se acercaba con algo en la mano.
    – Hola! Mirad que piedra más bonita me he encontrado. Tiene unas iniciales grabadas. Me la quedaré y la guardaré en mi colección de minerales.
    – Pues sí. Parece mágica. Igual puede hacer que tus deseos se cumplan.
    – Jajaja quizás…más bien me parece que alguien la ha dejado en la puerta de mi casa para que la encuentre. ¿Acaso sabéis algo al respecto?
    – ¿Nosotros? Hemos llegado ahora mismo… ¿Cómo crees que hemos podido dejarla ahí?
    Adrián se encogió de hombros y guardó la piedra en su bolsillo.

    Cuenta la leyenda que la Hada Mada sigue apareciéndose a los niños que aman y respetan la naturaleza, que saben guardar secretos y que buscan el bien para otros. Cada vez que esto pasa, pueden verse en el cielo, pequeñas esferas luminosas que brillan más que las estrellas.

    Martín actualmente trabaja como bombero, en concreto es el encargado de la conducción de un camión. Es voluntario y ayuda a reinsertar en la sociedad a jóvenes con problemas de conducta.

    Paula es profesora y Adrian paleontólogo. Ambos se casaron y tienen una niña: Mada. El sueño de Paula se cumplió gracias a Adrian. Los dos querían estar juntos y eso es precisamente lo que él pidió.

    FIN

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