Propuesta 17 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-17Hoy os proponemos que redactéis un relato breve con estas características:
 
– Máximo 3.000 caracteres.


– Tema: la naturaleza.


Estructura interna: tradicional (planteamiento, nudo y desenlace).


Estructura según el final del relato: abierta.


Podéis repasar cómo puede ser la estructura de un texto pulsando AQUÍ.

 

 

Para contar el número de palabras de vuestro texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de palabras en línea como estos:

 


Enviad vuestros textos en el espacio para los comentarios.

Para ver todo el taller de Creatividad literaria, pulsa AQUÍ.

taller de 12 a 16

TALLER LITERARIO
para jóvenes
de 12 a 16 años

presencial en MADRID

 

Este taller ayuda a los escritores jóvenes a encontrar su estilo personal, a evitar los bloqueos y a sacar el máximo partido de su creatividad para llegar a escribir con corrección.

 

Sábados
de 12,30 a 13,45
Zona Retiro
Grupos reducidos

 

 

  3 comments for “Propuesta 17 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    22 septiembre, 2016 at 06:18

    Corría de manera desbocada, entre tropiezos y saltos de mata. Jadeaba. El camino serpenteba siguiendo la trayectoria del río, con los árboles y las nubes como quedos testigos de los pies descalzos y los puños anudados. Sudaba un sudor de mente y pensamiento. No daba crédito. No podía ser que la vida lo hubiese traído hasta aquí, que lo hubiese hecho vivir esto. Él había crecido hombre, macho, fuerte, autoritario. Sin temer a nadie, imponiendo su voluntad a fuerza de golpes, gritos, miradas humillantes. Sí, se sabía dar a respetar utilizando el temor. Habia hechando fama sembrando terror, arrasando con cuanta mujer se le cruzase, pasando por la pistola a cuanto hombre le mirara fijamente. ¿Cómo entonces había pasado esto? ¡Una mujer entrada en años! Corría frentéticamente atravesando el bosque, intentando escapar de sí mismo, de esto, de todo. Finalmente llegó hasta el lago que cerraba su camino coartando su desenfreno. Enojado, furioso, se dirigió a un árbol. Retiró el cinturón del pantalón, se lo pasó po el cuello, subió a un árbol. Pidió perdón, sí, perdón.
    La había sorprendido muy de mañana, cuando apenas maduraba la madrugada. En el jardín, la mujer practicaba Tai Chi vestida con un camisón blanco que a la piel se le pegaba. Se le abalanzó de pronto, le cortó la respiración. Menos de un segundo tardó la pobre mujer en pasar de la meditación profunda del movimiento al terror total. Él se alimentaba de ello. Tres días pasó dentro de su casa, asestando golpes sobre la piel, navegando dentro de su cuerpo, golpeando, humillando, cagando. Pero la mujer no era común sino distinta. Agradecía los golpes sin temor, le bendecía a él y le hablaba del amor. Fue por eso que media hora de sexo impuesto se tornó en tres días de intento sobre intento, de espejazos y llanto y algún fulgor de arrepentimiento. Y al tercer día Cristo resusitó. Y al tercer día él abandonó. No pudo más, no el sostener esa mirada. No el seguir humillando y torturando ese cuerpo que le regresaba calor. Llegó a su límite. Le asestó el golpe infinito, ese que se torna en eternidad dentro de los ojos que su mirar han perdido, las pupilas apagadas, los dientes salido. Cuando la vio ahí tendida, magullada, blanca… Lo vio. Vio la pureza, la falta de resentimiento. Vio el amor que todo lo puede, que todo lo da, que libera, que es total. Como un telón de hierro candente, sobre él cayó el arrepentimiento. Acababa de dar fin a lo único que le había validado su propia vida, su existencia. Esa mujer la había hablado del amor como nadie nunca, jamás. Esa mujer le había rendido la mano, entre un golpe y otro golpe, le había sonreído. Entre una violacíon y otra… bendecido. No pudo soportarlo: acabó con el único milagro en su vida. Enloqueció. Salió corriendo, odiándose a sí mismo. Corrió hasta el río, más allá del río, de un lado y del otro lado del agua, dela lago, de sí mismo. Se trepó al árbol, se ató el cinturón, y recordó el nombre de la mujer y lo cantó. No pudo más, bajó de árbol. Sabía lo que tenía que hacer, a dónde caminar…

  2. Narradora de Cuentos
    23 septiembre, 2016 at 14:31

    El desvencijado vagón aminoró el paso, a la zaga de una locomotora resollado decadencia…

    En el andén de la estación, dispuestos a recibirnos, parecían andar allí todos los lugareños de Aguascalientes. La algarabía era tremenda, niños y adultos vociferaban con alegres cantinelas, animosos a vender todas sus viandas. Rostros curtidos al amparo del sol del altiplano, eran surcados por arrugas perennes, que delataban sin rubor su realidad al capricho de unos ojos extranjeros, reparando en el abanico colorido de artesanías, impulsados a la compra repentina y olvidando aquellos rostros cincelados de dificultades.
    Cansados nos apeamos del vagón y sin ánimo de resistir tentación alguna, compramos bebidas frescas, unas arepas con las que calmar nuestros estómagos y dos preciosas muñecas de saco y esparto, que recalarían azoradas, en a saber que esmerado rincón de nuestro hogar.

    Todavía faltaba el último tramo del camino. El ascenso por una sinuosa y amenazante carretera, nos contrajo y oprimido el vientre, hasta que el avezado conductor, alcanzó destino en lo alto de la loma.
    Nuestro plácido recogimiento se hallaba en un lugar privilegiado. Agreste hasta donde alcanzara la vista, parecíamos llegar a albergue de dioses…Las brumas y el ocaso se apoderaron del imparable entorno, recogiéndose junto al atardecer nuestras almas.
    El amanecer nos sorprendió más si cabe, la intensidad de la luz nos desprendía de todo halo de ensoñación, para apreciar una rotonda y frondosa realidad, que albergaba de intenso verdor nuestras retinas.
    El corazón anhelante de vislumbrarlo todo y apoderarse más allá de las vetusta ruinas incas, del mágico entorno de un valle cubierto por vegetación tropical a los márgenes del caudaloso río Urubamba. El cálido clima, dulzón y húmedo, nos encomiaba a protegernos bajo alados sombreros de paja, que agazapaban nuestros rostros del intenso sol.

    Conforme nos adentrábamos en las más de 32.000 hectáreas, que conforman la zona protegida, comprendíamos el devenir, de que el principal valor del Santuario de Machupichu , resida en los densos bosques de sus montañas, fundamentales para una región de inigualable belleza.

    Avanzaba el día y cada rincón convidaba a fotografiar con la mirada, almacenando en el disco duro de nuestra memoria, una jornada que muy difícilmente podríamos olvidar.
    Alpacas , vicuñas, campando a sus anchas, parecían erigirse dueñas de las innumerables terrazas que definen el conjunto arqueológico. Ellas a lo largo del tiempo, han permanecido inmutables paciendo altaneras, en un espacio reservado a dioses.

  3. Sandra Carrion Estay
    24 noviembre, 2016 at 06:53

    Las hermanas Ahumada, de 9 y12 años de edad, ingresaron al grupo de Boy Scouts del colegio al que asistìan. Era verano y estaban muy emocionadas pues se acercaba la fecha de su primer campamento con el grupo. Les costò convencer a sus padres de otorgarles el permiso. Este campamento era por cuatro dìas y se irìan en tren hacìa San Felipe de los Andes.
    Llegò el esperado dìa del viaje; que para estas hermanas resultaba muy novedoso, pues viajar en tren era todo un acontecimiento y todo el trayecto fueron cantando, riendo y gritando: propio del ambiente infantil. Llegando al lugar, debieron ubicar la zona màs adecuada para armar las carpas. Encontraron un sitio claro y llano, que tuvieron que limpiar un poco, pues presentaba un poco de basura humana y muchas piedrecillas que podrìan romper el piso de las carpas. Las carpas eran tres; una para las niñas, que sumaban 10, y otra para los niños y el jefe de grupo, y la tercera cumplìa la funciòn de despensa, cocina y enfermerìa. Habìa cerca del campamento un riachuelo, cosa importantìsima, porque allà aprendieron y comprendieron lo vital del agua para la subsistencia humana, vegetal y animal. Despuès de armar el campamento y poner en pràctica toda la teorìa del escultimo hasta ese momento estudiado, fueron separadas por pequeñas patrullas; les asignaron tareas a cada una. A la patrulla en la que estaba la hermana mayor le toco la cocina del dìa, es decir: desayuno, almuerzo y comida. Luego de almorzar vinieron las competencias por patrulla: mensajes en clave morse, mensajes en banderolas, juegos con cantos y uno de esos dìas hubo una competencia en el rìo. El jefe del grupo llamò a quienes sabìan nadar y los puso a competir. La hermana mayor no era una experta nadadora y el rìo no era ni muy profundo, ni muy ancho y la competencia consistìa en atravesarlo a nado y uno de los preceptos de la doctrina de los scouts, es ser valiente y aunque le daba miedo el agua se presentarìa. Comenzò el desafìo, y cuando iba a la mitad del rìo, empezò a hundirse, empezò a tragar agua y su hermanita que estaba en la orilla contraria mirando, se desesperò, le diò un ataque de histeria y ocurriò que un guìa de los mayores, se lanzò al rìo a sacar a la que se estaba ahogando y el jefe de grupo atendìa a la histèrica. Ambas terminaron en la enfermerìa esencial del campamento, mientras llegaba una ambulancia y sus padres. No alcanzaron a visitar la mina abandonada del sector que estaba en el programa, donde sì muestran valor quienes entran allì, porque no hay luz, huele feo, hay murcièlagos y la falta de aire limpio se siente.

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