Propuesta 20 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

taller-de-creatividad-literaria-20En este ejercicio debéis redactar un texto que describa cómo os imagináis un espacio físico cerrado del que un día despertáis y no podéis salir.

El texto debe tener una extensión no superior a 2.000 caracteres.
 

 
Recordad que para contar los caracteres de un texto, podéis usar el menú Herramientas de Word o cualquier contador de caracteres en línea como estos:

 


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  12 comments for “Propuesta 20 – Taller de CREATIVIDAD LITERARIA

  1. Azul Bernal
    24 septiembre, 2016 at 05:58

    ¿Cómo fue que llegué aquí? Con tan sólo acostar el cuerpo, cerrar los ojos y dajerme arrastrar por los oleajes del tiempo he sido arrastrado a este sarcófago de cuatro paredes. No comprendo cómo entré o me metieron aquí. Sin puertas, sin ventanas, ¡NADA! Doy cuatro grandes zancadas y topo con la pared, doy vuelta y cuatro zancadas más hasta topar con un muro más. Dos humedades de cemento, una frente a otra. El cuadro lo completan en los otros dos extremos unos libreros atestados de obras variadas. Los tiro todos al suelo, aparto los libreros de sus paredes… ¡Nada! No hay entradas ni salidas, no hay fisuras ni conductos… Esto es un cubo, un búnker… Pero si no hay escapatoria, tampoco hubo ingreso, ¿entonces? Y la luz, de dónde proviene. Ninguna sombra se proyecta, pero todo está iluminado. ¡Que soledad! ¿Llegaré a tener hambre? ¿Requieriré vaciar el intestino? ¡Lo nunca antes vivido! Me comienzo a impacientar. Dispongo los dos libreros frente a frente, apartados de la paredes, de esa manera logro mantener despejados los muros por si alguien llegara herramienta en mano a abrir un boquete para liberarme. Al estar los libreros así, el cubo ha quedado dividido y puedo recorrerlo como si de habitación en habitación paseara yo, aunque cada espacio no mida más de dos pisadas de largo y de ancho. Recojo los libros del piso, los voy acomodando uno a uno, y al irlos colocando en los estantes, los voy nombrando y conociendo. Me seducen. He terminado. ¿Qué hacer ahora? Ni barrer ni sacudir, nada. Solo me queda pensar o leer. Bien, pues abro el primer libro. Me sumerjo pro completo en el mundo que para mi despliega, y de este mundo paso al siguiente, y luego a otro y a otro más. Aquí no existe el tiempo. Sigo leyendo, pestañeo. Sigo leyendo, parpadeo. Sigo leyendo, duermo.

  2. Narradora de Cuentos
    24 septiembre, 2016 at 19:38

    Agitada, me despierto repentinamente, los ojos vidriosos , la boca seca, la frente perlada, el sudor frío abrazando mi cuerpo… La estáncia en penumbra no deja adivinar nada. Mi cuerpo entumecido y dolorido yace en el suelo… Me siento indefensa, inmensamente frágil y menuda …Me oprime el ambiente enrarecido, apenas mis ojos se han habituado a la tibia luz. Recorro la estáncia una y otra vez incrédula , donde estoy ? Como he llegado aquí ?
    Quiero despertar de esta horrible pesadilla. Histérica mi corazón se acelera ,siento palmitaciones , solo quiero huir, huir, huir, huir !!! Todo es una broma macabra.
    Restriego mis ojos , buscan ávidos e ilusos la salida… La conciencia me ciega y me grita , la evidencia me ahoga , el miedo aterroriza mi garganta y la enmudece. Asustada, y enfermiza me abrazó escondiendo la cabeza entre las piernas. No puede ser verdad, no es cierto , no estoy aquí emparedada. Sus abominables deseos de verme enterrada en vida, solo eran para amedrentarme , no estoy aquí !!!
    Trastornada pierdo la conciencia de mi misma misma. Transcurre el tiempo.

    Súbitamente abro los ojos ,el sol me ciega. Las inmensas ventanas enmarcan el maravilloso jardín , donde las azaleas y las hortensias crecen exultantes , los rododendros siguen melancólicos y la bugambilia florece como cada primavera, llenándome la vida de color .

    Desperezándome sonrío divertida , el día convida a cabalgar.
    Me incorporó feliz de un salto , elevo mi mano solicita para cerrar las cortinas mis ojos sensibles todavía rehuyen la luz.
    No atino, el tacto me devuelve sensaciones diferentes a las que percibe mi vista , no acierto a entender … Lo que ven mis ojos y lo que tocan mis manos no se corresponde . Toco , busco , tanteo inquieta, allí no hay nada, no, no, no, no nooooo . Mis manos no encuentran nada, solo palpan vacío , desnudas paredes. Desesperadas las palmas de las manos viajan por toda la estáncia , incrédulas solo sienten fríos muros, que crueles le arrebatan acceder a lo que sus ojos siguen viendo

    Atormentada de pronto tiene plena conciencia, son sus propios pensamientos los que la aprisionan y construyen los muros infranqueables que le privan su libertad …

    • NegHro
      18 julio, 2017 at 02:39

      Si el personaje finalmente tiene plena conciencia y se da cuenta que el encierro solo esta en su mente, entonces:
      1- El encierro no es en un espacio físico como debe ser el ejercicio
      2- Finalmente existe salida, contrario al fin del ejercicio

      • María Cervera
        13 octubre, 2020 at 15:39

        Pero se siente encerrada que creo que es la cuestión. Por lo tanto, lo describe y está bien descrito puesto que la sensación es la misma. Lo que pasa que añade algo original al relato y es un efecto sorpresa. ¿Dónde está tu relato NegHo? Porque veo que comentas pero no participas. Siendo tan estricto me gustaría saber como describes la propuesta.

  3. Azul Bernal
    25 septiembre, 2016 at 03:36

    Me encantan tu luz, tus cortinas, tus ventanas…

  4. 25 septiembre, 2016 at 16:00

    Abro los ojos. La oscuridad es casi más penetrante que cuando permanecían cerrados. Trato de alargar los brazos, pero algo me lo impide. Mi pulso empieza a acelerarse y creo que me falta el aire. No puedo mover las piernas. Mi corazón late tan fuerte que retumba en el eco de esta estancia que se me antoja cada vez más pequeña. Trato de alzar la voz, pero no me sale ni un mínimo suspiro. Tengo mi boca sellada. Cierro los ojos de nuevo, muevo mis pupilas y viajo por el interior de mi propia oscuridad. Una vez leí algo sobre la parálisis del sueño. ¿O era la fase REM donde el cerebro plenamente consciente nos mantiene paralizados? Debo de estar todavía soñando. Mi pulso se va normalizando. Aferrándose a esa posibilidad. Abro los ojos, o eso creo. Y espero. Y espero. Y desespero. Le grito a mi cerebro que ya he dejado de soñar, que ya estoy despierta y que me deje al menos moverme, buscar la luz, porque de algún modo debo escapar de esta pesadilla. Y en mi grito interno noto un movimiento ajeno. Siento que ruedo, y caigo un pequeño escalón. ¿En qué clase de pesadilla estoy que llego al estamparme contra el suelo? ¿Mi mente no debería despertar en la caída? Mis mejillas sienten un tacto suave y aterciopelado y de pronto, una voz. Agudizo el oído y el olfato. Son los únicos sentidos que tengo como arma defensiva. Es una niña con olor a nube de algodón y chocolatinas. Quiero gritarle que me saque de aquí, que pida ayuda al menos, pero mi estúpida boca sigue sin poder emitir ningún sonido. Empiezo a llorar, pero no tengo lágrimas. Froto de nuevo mis mejillas por el suave suelo aterciopelado, consolándome a mí misma, aferrándome a algo que me recuerda y transporta a lo ahora ya añorada realidad. Tiene tacto de rojo, o rosa… Se me enciende una aterradora.
    ¿Estoy enterrada en vida?
    Llega de pronto una luz casi tan cegadora como la propia oscuridad. Una melodía melancólica replica en mis oídos. Mis mejillas dejan de notar el suave terciopelo y noto por el viento que vuelo. Tardo en percatarme de que son unos ojos gigantes los que me miran. Vuelo de nuevo hacia atrás y ahora con perspectiva sé que llevan consigo un rostro. Soy Alicia en el País de las maravillas y ella debe de haber bebido la pócima de la grandeza. Sus descomunales manos me sostienen en el aire y yo, yo voy vestida de bailarina. Tengo los brazos alzados y mis pies de puntillas. Estoy muy absorta como para sentir. Hasta que me posa sobre el cristal y bailo al son de una música que suena a demasiadas revoluciones. Yo doy vueltas infinitas y mis ojos solo alcanzan las ráfagas rojas del rojo terciopelo donde yacía. La música es cada vez más lenta y mis movimientos son ahora más suaves, hasta que suena la última nota y quedo frente al espejo. Recuerdo de pronto mi último deseo a una estrella fugaz: “Daría mi vida al diablo, por ser bailarina”.
    Mi amiga gigante vuelve a darle cuerda a la música y yo emprendo un nuevo y embravecido baile sobre el cristal. Hasta que suena la última nota, me toma en sus manos y me deja con cuidado sobre el terciopelo rojo. Se apagó la luz de nuevo. Silencio, tristeza, oscuridad.

    • NegHro
      18 julio, 2017 at 04:19

      Lindo darle vida a lo inanimado.
      Ojalá no dejes este microcuento de lado y lo sigas puliendo.

    • María Cervera
      14 octubre, 2020 at 10:35

      La idea es muy original. Me ha gustado la manera en la que escribes porque es elegante sin ser complicada. Dicen por aquí que lo tienes que pulir. Yo soy principiante en esto de la escritura así que pienso que quizás si se tenga que pulir, pero a mi me gusta bastante tal y como está escrita. Un saludo.

  5. Sandra Carrion Estay
    28 noviembre, 2016 at 01:02

    ¡Què dormitorio tan bonito,¡Tan acogedor! La cama es ¡Formidable!, blandìsima y cubierta con un plumòn precioso, invita a dormir. Las paredes son como… no se describirlas…, pero cautivan. Lo extraño es que no tiene ventanas, tal vez por eso su techo es muy alto, e imita el cielo muy bien, tiene pintadas unas nubes que parecen reales, y una de las paredes tiene un diseño en tres dimensiones, que te hace sentir el aire exterior. Este lugar te incita a adormecerte…
    ¿Què pasò?… No recuerdo mucho… Saldrè de aquì para despabilarme… ¡No puedo!, ¡La puerta no tiene manilla! ¿Còmo la cojo?, ¡No hay ventanas!, ¿Què hago aquì? ¡Soy prisionera!, ¡Pero de quièn!?, no lo sè… Despertè en este lugar, que es asambroso, ¡Pero es una carce!l y no puedo salir.
    No me gusta esta sensaciòn, me estoy asustando: llamo a la puerta y no responde nadie. ¿Serà que estoy soñando?, ¡Quiero despertar!, esto ya parece pesadilla… ¡Què absurdo!, si este es mi sueño, ¡Yo decido cuàndo despertar!, ¡Pero no puedo!, ¿Por què?

  6. Luis Martin Rivera Morales
    9 julio, 2020 at 08:20

    He despertado en un cuarto, un paralelepípedo ortogonal, bastante extraño, con una pequeña luz de alguna parte de la habitación que a penas me deja ver lo demás. Lo primero que pienso es que es parte de un sueño, pues no recuerdo razones coherentes por las qué debería encontrarme en esa habitación, pero luego de un rato me percato de que la situación es real, o lo más real que puede llegar a ser como cualquier cosa en la realidad.

    Miles de hipótesis se pasan por mi mente de lo que podría estar ocurriendo, de lo cual he de intentar confirmar algunas cuantas, primero verifico la solidez de las paredes, que en efecto, parecen con una considerable, posteriormente medito e intentó pensar si es conveniente el confirmar con la voz mi presencia para indagar de mi situación. Quién me haya colocado allí sabe que me encuentro en el lugar, y tiene que poseer una información moderada sobre mí, además que su interés es particular hacia mí.

    Las intenciones pueden ser de investigación, que es lo más probable, si es el caso dado, entonces de alguna manera he entrado y debería de existir alguna salida, que o fue sellada recientemente o se encuentra oculta. Otras opciones involucran actividades sobrenaturales que me hayan colocado en lugar, aun así, las posibilidades que implican interés particular son considerables, por lo que la decisión es clara, debo de anunciar mi presencia y mi conocimiento de la situación, en espera de respuesta.

    Ni una voz se presenta ante mis declaraciones, es entonces que lo sobrenatural, o el caso de estudio toma mayor fuerza, sea como sea, tengo que salir pronto para terminar mi tarea, por lo que es momento de pensar en la forma del lugar. La distribución de pesos conseguiría que la zona más vulnerable de esfuerzos verticales, sea la parte media del techo, de fuerzas horizontales, las paredes en su centro también tienen menores posibilidades de tener problemática.

    Tendría que intentar realizar rasgaduras en la pinturas para hacer algunas ecuaciones, y determinar tiempos de reposo, de soltar palabras y de actuar en contra de las paredes. El golpe para soltar fragmentos de la pared, cuál sea su material, o el intentar realizar calentamiento, generando incineración para regiones metálicas. Lo único que puede ocurrir en caso de nunca lograr salir, es morir de inanición, por lo que no es la gran cosa, hasta que ese momento llegue, el objetivo es salir.

  7. María Cervera
    14 octubre, 2020 at 10:34

    La idea es muy original. Me ha gustado la manera en la que escribes porque es elegante sin ser complicada. Dicen por aquí que lo tienes que pulir. Yo soy principiante en esto de la escritura así que pienso que quizás si se tenga que pulir, pero a mi me gusta bastante tal y como está escrita. Un saludo.

  8. María Cervera
    14 octubre, 2020 at 10:36

    Estoy dormida, tengo un bonito sueño en el que me encuentro acompañada del amor de vida, pero pese a estar en una nube, sintiéndome mejor que nunca, noto un dolor en la parte alta de la espalda, hacía el lado izquierdo. -Tengo que cambiar este colchón- pienso, hace tiempo que perdió su rigidez y eso empeora mis males. Empiezo a moverme, creo que el dolor es más intenso que otros días. Estiro la pierna y me doy cuenta de que mis pies sobresalen de la cama. ¿Cómo es posible eso? -Me habré movido mientras dormía-. Poco a poco abro los ojos. Me sorprende la claridad que encuentro. ¿Me dejé ayer la persiana subida? ¿Por qué hay tanta luz? Empiezo a mirar a mi alrededor y al ser consciente de lo que veo, me asusto, los nervios se apoderan de mi estomago y el pulso se acelera de golpe. Me doy cuenta de que esa no es mi habitación, ni tampoco mi casa. Me siento en la cama, miro hacia un lado y otro. Todo es muy diferente. Predominan los colores oscuros. Sólo hay un armario y una mesita. Hay dos ventanales enormes en la parte alta, están sucios. Está claro que nadie puede subir hasta ahí para limpiarlos. Si tampoco lo hacen desde fuera, es porque me encuentro en alguna habitación elevada, más de un piso o dos. La cama es pequeña de 90, ahora entiendo porque mis pies sobresalían. Mi cama es de 1.50 y no tengo problemas de espacio. El colchón parece más que usado, aunque aparentemente está limpio. Las sabanas huelen a un perfume que me resulta familiar. Los nervios empiezan a subir desde el estómago hasta la garganta. Se extienden hacia el pecho presionándolo. Me cuesta respirar. La temperatura de mi cuerpo se eleva. Estoy sudando. Noto hervir mis mejillas y mis orejas. Se me escapan algunas lagrimas descontroladas. Me pongo en pie y empiezo a recorrer la habitación. Abro el armario y la mesita. Se encuentran vacíos. Mi cuerpo empieza a temblar. Mis piernas se aflojan, tengo la sensación de que voy a caerme, pero hago un esfuerzo para permanecer en pie. Me miro, tengo un camisón de seda, de color rosa. Anoche me vestí con mi camiseta vieja de Decathlon, no recuerdo tener este tipo de ropa. No soy mujer de encaje y picardías. No me puse pantalones porque sólo tengo unos y estaban sucios, pero sí mis braguitas de noche. Ahora no llevo ropa interior, me doy cuenta de que tengo ganas de orinar. Busco una puerta o una salida hacia un lavabo. Hay dos de diferente anchura. Corro hacia la más grande, se encuentra cerrada. La pequeña comunica a un aseo muy pequeño. En él hay un lavabo y una pica. El estilo es muy antiguo. La verdad es que me encanta. Me sorprendo a mí misma por pensar en eso, dada la situación en la que me encuentro. Vuelvo a la habitación. Empiezo de nuevo a intentar abrir la puerta. Busco más salidas. Intento calcular como poder acceder a las ventanas. Debería llamar. Igual vienen a por mí.
    – ¡Hola! ¿Me escuchan? Por favor, ¿hay alguien?
    Espero en silencio, agudizo el oído para intentar escuchar algo. No hay ningún tipo de respuesta. Vuelvo a gritar, forcejeo la puerta. Me encuentro empapada de sudor. Mi cabello empieza a pesar sobre mi cabeza. Los nervios se apoderan de mí y pierdo el control. Corro de un lado a otro, doy puñetazos en las paredes, gritando. Tengo la esperanza de que alguien responda, pero todo sigue igual. Mi cuerpo, fuera de si, se lanza contra el suelo, patalea, verraquea, golpeo mi cabeza sobre una alfombra. Me hago daño. Me duele todo. Estoy sangrando. Tengo una brecha en la ceja. Recapacito. Una mezcla de sangre y lágrimas cubren mi rostro. Me limpio la cara con mis propias manos. Me asusto al mirarlas. Decido tomar el control de mi cuerpo de nuevo. Relajarme e intentar reflexionar y pensar. No he ganado nada poniéndome de esa manera. Y aun sabiéndolo por otras situaciones vividas, he perdido el control de mi ser completamente, aunque entiendo que es normal dada la excepcionalidad en la que me encuentro. Me siento en la cama. Mi pecho y mi corazón va a mil, mi estomago se infla y desinfla como nunca en la vida lo había hecho. Mi cuerpo tiembla y no puedo controlarlo. Tengo mucho frío. Cojo las sabanas y rodeo mi cuerpo con ellas. Empiezo a pensar y analizar el entorno. -Esta situación es digna de una película de suspense- Miro el techo y busco alguna cámara que pueda estar grabando. Efectivamente descubro una. Tiene un piloto rojo encendido. Me están viendo. Intento disimular para que piensen que no me he dado cuenta. Sigo mirando a mi alrededor, busco alguna rejilla de ventilación o algún instrumento de acondicionamiento del aire. Veo un fancoil. Me levanto y voy al aseo. Orino. Allí hay ventilación. Quizás pueda comunicarme con alguien. Por suerte hay papel de váter. Me lavo las manos y me seco en una toalla de color turquesa. En ella hay unas iniciales bordadas. J.G. Hay agua caliente y me eso me reconforta. Me doy cuenta de que he manchado el camisón de sangre. Me limpio la cara y la frente. Me duele.
    Vuelvo a la cama. Mi pulso se ha relajado, mi corazón late más suavemente. Pero mi cuerpo no deja de temblar. Me tumbo y me tapo. Me gusta ese olor que tienen las sábanas. Me doy cuenta de que es su perfume. Abro los ojos y me llevo la mano a la boca. Así huele él. ¿Cómo no me he dado cuenta antes? De nuevo el nudo en el estómago. Las lagrimas caen por mi rostro. Esta vez intento dominar los nervios, no quiero acabar como anteriormente. Es probable que nadie venga a socorrerme en pleno ataque de ansiedad, así que no puedo dar pie a ello.
    Pienso en lo que hice ayer, fue un día normal dentro de la monotonía de mi vida. Fui a trabajar a la perfumería. Como llovía, la tienda estaba a reventar de gente. Trabajamos mucho y como siempre, volví a casa después del turno, comí y por la tarde fui a pasear por la playa. Cené un yogurt y me metí en mi cama muy pronto, quizás sobre las 9.30 horas. Me dormí con la televisión encendida… No hice nada especial y tampoco me encontré con él. Así que, alguien tuvo que sacarme de mi cama y mi casa. Para ello tuvo que drogarme o administrarme alguna sustancia para evitar que me despertara. No había nadie en casa ni comí nada en el exterior. Alguien entró por la noche, me drogó y me trajo hasta aquí.
    ¿Cómo es posible que las sábanas huelan a su perfume? ¿Pueda ser que sea él quien me trajo? ¿O quizás también ha estado retenido aquí? Pienso en pronunciar su nombre. En llamarlo. Pero estoy agotada y tengo mucho miedo. No paro de temblar. Me acurruco en la cama, destrozada y humillada. Es increíble en lo que he convertido mi cuerpo en cuestión de minutos. Dolor, sangre, sudor, lágrimas. Me siento sucia. Mi pulso disminuye, siento como mis músculos se aflojan, pesan sobre el colchón. Cierro los ojos, me relajo, entro en una especie de estado de letargo donde parece que mi cuerpo se eleva y se mantiene suspendido en el aire. Pese al dolor me siento muy bien. El sueño me invade y me quedo dormida.

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